Leño y Carbón.
Me acuerdo dulcemente de mi casa. Acogedora, cocina amplísima, habitaciones coquetas y salón familiar.
Pero era la cocina dónde más me gustaba entrar. El fogón era todo negro y para calentar el café, la rica sopa o los no tan gustosos, a mi decir, fideos no se usaba la bombona de gas ni el ciudad.
Eran leños y carbón. Todo negro con su olor característico, mezcla de ambos.
Hoy, más de cuarenta años después, cuando ya ni el gas es necesario para calentar nuestros alimentos, he visto en el paseo, los leños apiñados de varios árboles podados.
Y recordé esos entrañables momentos de los llares ya inexistentes.
Contrastes.
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