LAS COSAS TIENEN MOVIMIENTO
Las cosas tienen movimiento
Sentirse encerrado debe ser peor que sentirse deprimido, digo debe ser porque jamás en la vida he estado deprimido, pero si encerrado, no de la forma tradicional, no bajo llaves en un cuarto o en lo que debe ser lo insoportable de la cárcel. Pero si me he sentido encerrado en mi propia vida, no pretendo ser cursi ni derramar lágrimas en mi relato, solo cuento como me siento.
Encallado es una de las tantas palabras correctas para mi sentir, lleno de bronca, no de temor, solo de bronca. También de cobardía, podrían decir que cobardía es un sinónimo de temor, yo no estoy tan seguro, no temo al futuro, ni al presente, ni mucho menos a la muerte, pero me siento acobardado.
Me resulta difícil cambiar mi vida, ya no quiero a los fantasmas rondando por mi mente, sin embargo siguen ahí. Podría echarlos, decirles que se vayan que ya no me molesten más. Pero no lo hago, seguramente no podría hablar con ellos, ¿conocen a alguien que hable con sus fantasmas?, yo no. Creo entonces que si no se es posible hablar lo mejor es actuar, hacer; entonces los fantasmas se irán.
La otra mañana me levante con decisión, estaba a punto de terminar con todo, era hora del cambio, nada ni nadie me iba a detener, sería mi último día en aquel encierro de trabajo sin futuro, sería mi última mañana de angustia. Sin embargo me encalle, me detuve y el encierro nuevamente se apodero de mi pecho. Los fantasmas otra vez se rieron de mi, bailaron a mi alrededor con las mascaras de mi mujer e hijos. Pero yo sabía que ellos no eran los fantasmas, sino que yo era el principal, y el trabajo una especie de parca que amenazaba con mi pronta muerte si dejaba de concurrir a él, ese era mi temor no mi miedo, si es que existe tal diferencia, yo prefiero creer que sí.
Cuando regrese a casa las cosas comenzaron a esconderse, objetos inanimados se burlaban de mí haciéndome quedar como un demente ante la mirada de mi familia.
Mi mujer y mis hijos se encontraban parados frente a mi persona, observando como me movía para todos lados y miraba a mí alrededor buscando cada objeto que se había ocultado. “No me miren así – grite –, ¿acaso no se dan cuenta que los objetos se burlan de mi?”.
Era cierto, los objetos se burlaban de mí, pero claro estaba que mi mujer no lo creía, y tomo mi actitud como un ataque de nervios que roza la locura. Solo el más pequeño de mis hijos me creyó y me ayudo a buscar los objetos que corrían de mí. Para justificarme encontró un cenicero que yo había visto bajar de la mesa, lo encontró justo al borde de la pata del mueble, se lo esplique a mi mujer quien me dijo que el cenicero solo se había caído de la mesa. Luego tomo al niño de la mano y le dijo que ya no me siguiera la corriente, que lo único que hacía era confundirme más. Pero yo no estaba confundido.
De seguro toda aquella situación extraña tenía que ver con el estancamiento de mi vida, algo estaba pasando y tenía un porqué.
Mi mujer llevó a los chicos a su habitación y les ordeno que se quedaran allí jugando; luego me ordeno a mí que me sentara y la escuchara.
-¿Por qué haces esto, porque te comportas como un loco?
Las palabras de mi mujer me herían, yo no me comportaba como un loco, yo no estaba loco. Las cosas se movían y se ocultaban de mí, ¿qué culpa tenía yo de eso?
- ¡No me comporto como un loco!, realmente me ofendes, las cosas tienen movimiento. Si no, ¿por qué no puedo encontrar mis llaves?
- Porque nunca las encuentras, porque siempre las dejas en cualquier lado.
Aquello tenía sentido para mi mujer porque era cierto, siempre dejaba las cosas en cualquier parte, pero esta vez era diferente, yo había visto a las cosas moverse.
La charla concluyo sin dejar nada en claro, al menos para mi mujer que me creía loco.
Me acosté pero no tenía nada de sueño, mi esposa dormía profundamente. La luz estaba apagada pero yo distinguía perfectamente la habitación, es que mi vista se había acostumbrado a la oscuridad de la pieza. Entonces sucedió nuevamente, no pude ver como la mesa de luz de mi lado se movió, pero pude darme cuenta cuando trate de prender la lámpara veladora para buscar en el cajón de aquella mesita unas pastillas que me ayudaran a dormir.
La mesa de luz se encontraba junto a la puerta del dormitorio cuando debería estar junto a mi cama.
Mi primera reacción fue querer despertar a mi esposa, pero claro que no lo hice, no tendría ningún sentido aquel fin. Entonces solo me quede mirando fijamente a la mesa de luz esperando ver su movimiento, pero la muy vil no se movía. De repente escuche un ruido como si alguien arrastrara un mueble, era la mesa de luz de mi mujer que también se movía y se depositaba en el rincón de la pared.
Creo que a cualquier persona que le sucediese algo similar relacionaría a semejantes hechos con los fantasmas y espíritus molestos. Pero yo no lo hice, no creía que espíritus rondaban mi casa con el fin de asustarme, para mí era más sencillo, las cosas tenían movimiento.
Todos los objetos de aquella habitación comenzaron a moverse, el placar se adelanto hasta el borde de la cama, los zapatos de mi mujer comenzaron a pasearse por toda la pieza causando un ruido que despertaría a cualquier persona; sin embargo mi mujer seguía durmiendo muy profundamente.
La noche se paso en un parpadeo viendo a todos los objetos moverse y danzar. El despertador sonó anunciando la hora de levantarse, pero yo no había dormido en toda la noche. Mi mujer se desperezó y estiro el brazo para apagar el despertador que se encontraba en su mesa de luz. Desde ya que no pudo dar con ella, el sonido del despertador la ponía de mal humor y era peor si no lo podía apagar.
Salió de la cama al borde del insulto, y de hecho lo pronuncio cuando descubrió el terrible desorden que había en la habitación. Por fin localizo el despertador lo apago y siguió pronunciando insultos dirigidos a mí. Claro está que ella me culpaba de que las cosas del cuarto no se encontraran en su lugar, ¿y yo como iba a explicarle que nada tenía que ver con ello?
Solo escuche los insultos de mi mujer en silencio, no le dije que las cosas se habían movido durante toda la noche, pero tampoco le di la razón de ser yo el culpable. Solo me vestí y me dirigí al trabajo que tanto detestaba.
No tenía ganas de realizar mi trabajo, como me pasaba siempre, pero la diferencia fue que esta vez no lo realice, sino que me encerré en el baño a pensar lo que me estaba pasando. Pensé porque había tardado tanto tiempo en descubrir que los objetos inanimados en verdad no eran tal cosa, pensé porque nunca antes los había visto moverse. Tal vez era porque nunca antes se habían movido delante de mí.
Golpearon la puerta del baño barias veces, me preguntaron si estaba descompuesto y toda esa sarta de boludeces. Yo no respondí, entonces siguieron preguntando y pude notar que en sus tonos de voces comenzaba a reinar la desesperación. Tal vez pensaban que estaba muerto en el escusado, que había muerto mientras cagaba. Entonces decidí salir antes que ellos decidieran tirar la puerta abajo.
Una vez fuera del baño mis compañeros volvieron a preguntarme lo que ya me habían preguntado, yo seguí sin responder y me dirigí a la oficina del jefe para presentar mi renuncia.
Me sentí realmente libre, el encierro había dejado de presionarme el pecho. No sé cómo ni porque pero las cosa en movimiento habían ayudado a que yo por fin tomara aquella decisión. Ahora estaba seguro que los fantasmas dejarían de rondar mi cabeza por siempre.
Llegue a mi casa muy calmado, salude a mi esposa e hijos con el placer de quien no carga nada sobre sus hombros, ninguna responsabilidad maldita.
Busque en la heladera una cerveza fría, sentía muchas ganas de beber, pero no la encontré. Yo no era muy habitúe a tomar alcohol entre semana. Entonces solo me senté en el sofá y les pedí a mi esposa e hijos que se sentaran junto a mí. Los niños obedecieron alegres, pero mi mujer siguió parada con cara de enfado. Al parecer ella no compartía mi felicidad.
Al rato mi mujer envió a los chicos a su habitación, y entonces si se sentó junto a mí en el sofá.
- Debes ver a un psicólogo – me dijo con tono serio.
- ¿Por qué debería de hacer tal cosa?
- ¡Porque no estás bien!
- Yo estoy bien, sé que no me crees cuando te digo que los objetos de la casa se mueven, y no estoy diciendo que haya fantasmas en la casa, solo se mueven. No quiero obligarte a que me creas, no lo intentare, porque creo que tarde o temprano dejaran que tú también veas cómo se mueven.
- ¡Por favor!, ¿acaso escuchas lo que dices? Las cosas no se mueven, es irreal, yo nunca veré tal cosa.
Era cierto, mi mujer jamás vería tal cosa, pero no porque una taza no fuera capaz de decidir sus movimientos, sino porque ella era diferente y jamás cambiaria, y una silla no se correría por su cuenta del borde de una mesa ante una persona como ella.
Lo peor fue cuando le comunique a mi esposa que había dejado mi empleo, que quería empezar una vida nueva y que no necesitaba del trabajo para hacerlo. Por supuesto que aquello termino de desesperar a mi mujer. Entonces me abandono, se llevó a los chicos para que no los arrastrara hacia mi locura. Dijo que cuando yo volviera a hacer el de antes volvería a ver a los niños y tal vez también a ella. Pero yo no quería ser el de antes, y tal vez tampoco quería volverla a ver a ella. Pero que injusto era que se llevara a mis hijos, de seguro ellos veían a los objetos moverse, pero no lo comunicaban porque era algo natural para sus mentes puras y maravillosas.
Había tardado muchísimo tiempo en tomar dicha decisión, había tardado muchísimo tiempo en dejar de sentirme acobardado. No podía volver atrás, no tenía sentido hacerlo.
Me senté en el piso, no quería molestar al sofá, pero él se acercó hasta mí invitándome a hacerlo. Entonces me senté en él y contemple a todos los objetos de la casa pasearse libremente por todo el lugar como si fuera una película animada.
Mi nueva vida había comenzado, sé que es extraño, algunas personas son afines a otras personas, otras a los animales. Pero yo era afín a los objetos equívocamente llamados inanimados, ellos me guiarían a la libertad de una nueva vida, si ellos podían moverse yo tranquilamente podía comenzar una nueva vida casi surrealista presente en mi mente, despojada de fantasmas y de una esposa incrédula. Solo debería conseguir ver a mis hijos, y así mi libertad seria completa.
Sentirse encerrado debe ser peor que sentirse deprimido, digo debe ser porque jamás en la vida he estado deprimido, pero si encerrado, no de la forma tradicional, no bajo llaves en un cuarto o en lo que debe ser lo insoportable de la cárcel. Pero si me he sentido encerrado en mi propia vida, no pretendo ser cursi ni derramar lágrimas en mi relato, solo cuento como me siento.
Encallado es una de las tantas palabras correctas para mi sentir, lleno de bronca, no de temor, solo de bronca. También de cobardía, podrían decir que cobardía es un sinónimo de temor, yo no estoy tan seguro, no temo al futuro, ni al presente, ni mucho menos a la muerte, pero me siento acobardado.
Me resulta difícil cambiar mi vida, ya no quiero a los fantasmas rondando por mi mente, sin embargo siguen ahí. Podría echarlos, decirles que se vayan que ya no me molesten más. Pero no lo hago, seguramente no podría hablar con ellos, ¿conocen a alguien que hable con sus fantasmas?, yo no. Creo entonces que si no se es posible hablar lo mejor es actuar, hacer; entonces los fantasmas se irán.
La otra mañana me levante con decisión, estaba a punto de terminar con todo, era hora del cambio, nada ni nadie me iba a detener, sería mi último día en aquel encierro de trabajo sin futuro, sería mi última mañana de angustia. Sin embargo me encalle, me detuve y el encierro nuevamente se apodero de mi pecho. Los fantasmas otra vez se rieron de mi, bailaron a mi alrededor con las mascaras de mi mujer e hijos. Pero yo sabía que ellos no eran los fantasmas, sino que yo era el principal, y el trabajo una especie de parca que amenazaba con mi pronta muerte si dejaba de concurrir a él, ese era mi temor no mi miedo, si es que existe tal diferencia, yo prefiero creer que sí.
Cuando regrese a casa las cosas comenzaron a esconderse, objetos inanimados se burlaban de mí haciéndome quedar como un demente ante la mirada de mi familia.
Mi mujer y mis hijos se encontraban parados frente a mi persona, observando como me movía para todos lados y miraba a mí alrededor buscando cada objeto que se había ocultado. “No me miren así – grite –, ¿acaso no se dan cuenta que los objetos se burlan de mi?”.
Era cierto, los objetos se burlaban de mí, pero claro estaba que mi mujer no lo creía, y tomo mi actitud como un ataque de nervios que roza la locura. Solo el más pequeño de mis hijos me creyó y me ayudo a buscar los objetos que corrían de mí. Para justificarme encontró un cenicero que yo había visto bajar de la mesa, lo encontró justo al borde de la pata del mueble, se lo esplique a mi mujer quien me dijo que el cenicero solo se había caído de la mesa. Luego tomo al niño de la mano y le dijo que ya no me siguiera la corriente, que lo único que hacía era confundirme más. Pero yo no estaba confundido.
De seguro toda aquella situación extraña tenía que ver con el estancamiento de mi vida, algo estaba pasando y tenía un porqué.
Mi mujer llevó a los chicos a su habitación y les ordeno que se quedaran allí jugando; luego me ordeno a mí que me sentara y la escuchara.
-¿Por qué haces esto, porque te comportas como un loco?
Las palabras de mi mujer me herían, yo no me comportaba como un loco, yo no estaba loco. Las cosas se movían y se ocultaban de mí, ¿qué culpa tenía yo de eso?
- ¡No me comporto como un loco!, realmente me ofendes, las cosas tienen movimiento. Si no, ¿por qué no puedo encontrar mis llaves?
- Porque nunca las encuentras, porque siempre las dejas en cualquier lado.
Aquello tenía sentido para mi mujer porque era cierto, siempre dejaba las cosas en cualquier parte, pero esta vez era diferente, yo había visto a las cosas moverse.
La charla concluyo sin dejar nada en claro, al menos para mi mujer que me creía loco.
Me acosté pero no tenía nada de sueño, mi esposa dormía profundamente. La luz estaba apagada pero yo distinguía perfectamente la habitación, es que mi vista se había acostumbrado a la oscuridad de la pieza. Entonces sucedió nuevamente, no pude ver como la mesa de luz de mi lado se movió, pero pude darme cuenta cuando trate de prender la lámpara veladora para buscar en el cajón de aquella mesita unas pastillas que me ayudaran a dormir.
La mesa de luz se encontraba junto a la puerta del dormitorio cuando debería estar junto a mi cama.
Mi primera reacción fue querer despertar a mi esposa, pero claro que no lo hice, no tendría ningún sentido aquel fin. Entonces solo me quede mirando fijamente a la mesa de luz esperando ver su movimiento, pero la muy vil no se movía. De repente escuche un ruido como si alguien arrastrara un mueble, era la mesa de luz de mi mujer que también se movía y se depositaba en el rincón de la pared.
Creo que a cualquier persona que le sucediese algo similar relacionaría a semejantes hechos con los fantasmas y espíritus molestos. Pero yo no lo hice, no creía que espíritus rondaban mi casa con el fin de asustarme, para mí era más sencillo, las cosas tenían movimiento.
Todos los objetos de aquella habitación comenzaron a moverse, el placar se adelanto hasta el borde de la cama, los zapatos de mi mujer comenzaron a pasearse por toda la pieza causando un ruido que despertaría a cualquier persona; sin embargo mi mujer seguía durmiendo muy profundamente.
La noche se paso en un parpadeo viendo a todos los objetos moverse y danzar. El despertador sonó anunciando la hora de levantarse, pero yo no había dormido en toda la noche. Mi mujer se desperezó y estiro el brazo para apagar el despertador que se encontraba en su mesa de luz. Desde ya que no pudo dar con ella, el sonido del despertador la ponía de mal humor y era peor si no lo podía apagar.
Salió de la cama al borde del insulto, y de hecho lo pronuncio cuando descubrió el terrible desorden que había en la habitación. Por fin localizo el despertador lo apago y siguió pronunciando insultos dirigidos a mí. Claro está que ella me culpaba de que las cosas del cuarto no se encontraran en su lugar, ¿y yo como iba a explicarle que nada tenía que ver con ello?
Solo escuche los insultos de mi mujer en silencio, no le dije que las cosas se habían movido durante toda la noche, pero tampoco le di la razón de ser yo el culpable. Solo me vestí y me dirigí al trabajo que tanto detestaba.
No tenía ganas de realizar mi trabajo, como me pasaba siempre, pero la diferencia fue que esta vez no lo realice, sino que me encerré en el baño a pensar lo que me estaba pasando. Pensé porque había tardado tanto tiempo en descubrir que los objetos inanimados en verdad no eran tal cosa, pensé porque nunca antes los había visto moverse. Tal vez era porque nunca antes se habían movido delante de mí.
Golpearon la puerta del baño barias veces, me preguntaron si estaba descompuesto y toda esa sarta de boludeces. Yo no respondí, entonces siguieron preguntando y pude notar que en sus tonos de voces comenzaba a reinar la desesperación. Tal vez pensaban que estaba muerto en el escusado, que había muerto mientras cagaba. Entonces decidí salir antes que ellos decidieran tirar la puerta abajo.
Una vez fuera del baño mis compañeros volvieron a preguntarme lo que ya me habían preguntado, yo seguí sin responder y me dirigí a la oficina del jefe para presentar mi renuncia.
Me sentí realmente libre, el encierro había dejado de presionarme el pecho. No sé cómo ni porque pero las cosa en movimiento habían ayudado a que yo por fin tomara aquella decisión. Ahora estaba seguro que los fantasmas dejarían de rondar mi cabeza por siempre.
Llegue a mi casa muy calmado, salude a mi esposa e hijos con el placer de quien no carga nada sobre sus hombros, ninguna responsabilidad maldita.
Busque en la heladera una cerveza fría, sentía muchas ganas de beber, pero no la encontré. Yo no era muy habitúe a tomar alcohol entre semana. Entonces solo me senté en el sofá y les pedí a mi esposa e hijos que se sentaran junto a mí. Los niños obedecieron alegres, pero mi mujer siguió parada con cara de enfado. Al parecer ella no compartía mi felicidad.
Al rato mi mujer envió a los chicos a su habitación, y entonces si se sentó junto a mí en el sofá.
- Debes ver a un psicólogo – me dijo con tono serio.
- ¿Por qué debería de hacer tal cosa?
- ¡Porque no estás bien!
- Yo estoy bien, sé que no me crees cuando te digo que los objetos de la casa se mueven, y no estoy diciendo que haya fantasmas en la casa, solo se mueven. No quiero obligarte a que me creas, no lo intentare, porque creo que tarde o temprano dejaran que tú también veas cómo se mueven.
- ¡Por favor!, ¿acaso escuchas lo que dices? Las cosas no se mueven, es irreal, yo nunca veré tal cosa.
Era cierto, mi mujer jamás vería tal cosa, pero no porque una taza no fuera capaz de decidir sus movimientos, sino porque ella era diferente y jamás cambiaria, y una silla no se correría por su cuenta del borde de una mesa ante una persona como ella.
Lo peor fue cuando le comunique a mi esposa que había dejado mi empleo, que quería empezar una vida nueva y que no necesitaba del trabajo para hacerlo. Por supuesto que aquello termino de desesperar a mi mujer. Entonces me abandono, se llevó a los chicos para que no los arrastrara hacia mi locura. Dijo que cuando yo volviera a hacer el de antes volvería a ver a los niños y tal vez también a ella. Pero yo no quería ser el de antes, y tal vez tampoco quería volverla a ver a ella. Pero que injusto era que se llevara a mis hijos, de seguro ellos veían a los objetos moverse, pero no lo comunicaban porque era algo natural para sus mentes puras y maravillosas.
Había tardado muchísimo tiempo en tomar dicha decisión, había tardado muchísimo tiempo en dejar de sentirme acobardado. No podía volver atrás, no tenía sentido hacerlo.
Me senté en el piso, no quería molestar al sofá, pero él se acercó hasta mí invitándome a hacerlo. Entonces me senté en él y contemple a todos los objetos de la casa pasearse libremente por todo el lugar como si fuera una película animada.
Mi nueva vida había comenzado, sé que es extraño, algunas personas son afines a otras personas, otras a los animales. Pero yo era afín a los objetos equívocamente llamados inanimados, ellos me guiarían a la libertad de una nueva vida, si ellos podían moverse yo tranquilamente podía comenzar una nueva vida casi surrealista presente en mi mente, despojada de fantasmas y de una esposa incrédula. Solo debería conseguir ver a mis hijos, y así mi libertad seria completa.
920


Cargando comentarios...