La Teoría de la Mosca
Loco, ¿no les parece? Ahuyentas a una mosca y sigue volviendo hacia ti, esperando a que la dejes recorrer tu cuerpo en busca de lo que ella necesita. En ese sentido, los humanos somos iguales a las moscas. No importa cuánto daño nos hagan, cuantas veces nos lastimen, ni si quiera nos importa si nos dan manotones o nos gritan en la cara que no nos quieren cerca, simplemente volvemos a intentarlo una y otra y otra y otra vez, hasta que nos cansamos y nos vamos a otro cuerpo; volando heridos por el rechazo. Nos posamos en algún lugar solos o con otras moscas, para socializar y contarnos nuestros problemas, luego salimos volando otra vez hacia el rechazo, porque tenemos la mínima esperanza de que ese rechazo se vuelva aceptación y nos dejen, al fin, recorrer ese territorio lleno de satisfacción para nosotros. Lo raro es, que en algunos casos, terminamos como las moscas. Muertos. Nos dan un manoton y nos matan. Nos dan veneno y nos matan. Nos matan simplemente con la monotonía. No nos damos cuenta de que lentamente nos vamos muriendo. Y cuando al fin estamos en el piso, con todas nuestras esperanzas derramadas por ahí, con nuestros esfuerzos e ilusiones fluyendo como agua, culpamos a los que nos mataron. Los culpamos, sí, lo hacemos. Deseamos que ellos y ellas sufran, que pasen por lo mismo que nosotros. Deseamos con la poca fuerza que nos queda, que se mueran. Pero no es así, ni ellos ni ellas tienen la culpa de nuestra muerte. Nosotros la tenemos. Fuimos nosotros quienes insistieron en volver, en sufrir una y otra vez con lo mismo. Fuimos nosotros quienes nos cegamos y creímos que todo iba a ser diferente. Nadie mas tiene la culpa. Tú y yo caímos en esa trampa. Tú, yo, ellos, ellas, todos. Creímos que todo iba a cambiar si demostrábamos ser mejores, menos molestos, si cambiabamos nuestro ser; en otras palabras, estábamos tan ciegos, tan ilusionados, que no nos dimos cuenta de que estabamos cambiándonos a nosotros mismos con tal de estar con esa persona. Con tal de sentirnos aceptados, amados. Pero al fin y al cabo terminamos muriendo como algo que no somos. Morimos desilusionados, desesperanzados, ciegos y crédulos de falsas amistades y amores. Terminamos como el resto, como una mosca más.
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