LA SOLEDAD Y YO.
Hay días en los que me siento sin escapatoria, es como si estas 4 paredes merecieran tenerme atada todo el tiempo. ¿Tanto lamento no les perturba? ¿Tanto llanto no los desespera? ¿Por qué no me ayudan? La soledad quiere acabar conmigo, llega sin avisar; y la odio igual que a mi vida. Me ha escuchado gritando y suplicando que se vaya, y en medio de mi suplica más me abraza, sintiendo burla hacía mí. ¡Que te largues de una maldita vez! ¿a caso no te das cuenta del desastre que creaste?

Cuando ella se va puedo respirar en paz, puedo sentirme inútilmente libre; su ausencia no borra el dolor que me genera, pero aún así puedo verme radiante, aunque mi maquillaje borre las ojeras que indican lo mal que la pasé. La soledad se va, y mientras tanto yo, busco un refugio que me haga huir de ella, que ni si quiera tenga rastro de mí. Pero es imposible, es como si todo el tiempo estuviese detrás de mí, cuando más a gusto estoy es cuando llega sin avisar y me hace postrar nuevamente en el mismo lugar de siempre. 

Me dijeron que solo quieres protegerme, pero no entiendo tu manera de hacerlo porque cada vez más siento que me lastimas. ¿Por qué no me dejas ir?, han sido muchos años en los que me he ocupado de mí, en los que me han hecho sentir que no necesito ayuda de nadie. ¿A caso te preocupo en realidad?, no me digas que solo quieres amarme porque yo no podría amarte a ti. No ahora.

Percibo que tu esencia es desalmada, que no tienes amor para brindar, que eres fría. Porque cada que llegas empiezo a temblar, a sobre pensar, a sentir de más. 
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