“La nieve que arde sin quemar”

Edurne Brazal Goitia@edurnebrazalgoitia
2 oct 2026·1 min de lectura

Cayó una nieve encendida

sobre el borde de mi pecho.

No quemaba: daba vida

a un recuerdo deshecho,

a una herida adormecida

que pedía otro derecho.

Y en su luz estremecida,

en su frío satisfecho,

descubrí mi piel erguida.

Era una nieve extraña,

hecha de fuego y rocío,

que al tocarme no me daña,

sino que despierta el río

que dormía entre la entraña

de mi invierno más sombrío.

Cada copo era una llave

que abría un lugar secreto,

un latido que no sabe

si es memoria o es comienzo,

una palabra que cabe

en el hueco del silencio.

Y la nieve, lentamente,

fue borrando mis fronteras;

se quedó sobre mi frente

como un puñado de estrellas,

y entendí que, de repente,

mis heridas eran huellas.

No era hielo lo que ardía

en la mitad de mi invierno:

era el fuego que escondía

por debajo de mi miedo.

Era mi propia energía

regresando desde dentro.

Y dejé que aquella nieve

me cubriera sin medida,

porque a veces lo que llueve

sobre el alma no la olvida:

la despierta, la remueve

y le devuelve la vida.

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© Todos los derechos reservados — Uso exclusivo del autor
Publicado en Textale · Obra registrada bajo licencia de autor
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Escrito porEdurne Brazal GoitiaEscritora y poeta de emociones, memoria y piel. Escribo poesía, relatos y libros sobre aquello que …
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