Hoy un espíritu cohibido me ha visitado. De sus labios, ah surgido distintas maldiciones sugerentes. Lucía un largo vestido ceñido al cuerpo color negro y de su puño sostenía la navaja de la muerte. Traspasaba mis cuencas, quebrantadas con mirada turbia. Adivinaba cada pensamiento entrecerrado en mis adentros y mecía tremulosamente su danza vertiginosa en el escenario fantasmagórico. Adoraba tenerme atrapada bajo la curva encrespada, muy debajo del cielo enfermizo manchado de sangre blasfemica. Gemí enrabiada una oración silenciosa; entonces, aquel espíritu sufrió la muerte en vida, hizo una última advertencia al caer la lámpara resplandeciente que aún me alumbraba y con voz estridente suscito su réplica -¡Jamás podrás librarte mientras te mantengas viva!
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