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La Luz del Fin del Ilusionismo (Fábula filosófica en verso libre)

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30 ago 2026·10 min de lectura

Necesito algo...

¡Con desesperación!

¡Todo lo acepto!

Lo que quiero lo seguiré buscando por siempre,

pero con algo para mí me conformo...

En este momento...

busco ayuda,

sea de donde sea que venga.

Tengo un sol sin sentido

hecho de esperanza,

y no la quiero matar

porque es inmortal

y soy yo el que termina muriendo por esa causa.

​Quiero buscar

ayuda,

una herramienta

que pueda usar

para mi ardua tarea.

Una brújula siquiera

que apunte el camino exacto hacia el cual caminar;

una estrella del Norte en el cielo a la cual seguir con fidelidad.

Quiero tener fe,

no dejar que me muera

ahogado en mi mar

por mi culpa.

Y quiero continuar esa búsqueda

de algo que me ayude

a superar

toda adversidad.

Alguna clase de talismán,

por lo menos un manual

o alguna verdad poderosa,

aún si la Vida donde debo hallar tal ayuda

no se pueda encontrar nunca...

​Pero...

Aún si en ella ya no hay esperanza,

aunque en ella todo sea fatalidad,

aunque solo ofrezca laberintos sin salida,

aunque esté muerta

o todo en ella desee morir

o todo a su alrededor muera...

Estoy buscando una herramienta

para usar

en esta difícil construcción,

donde estoy en condiciones injustas

y donde por primera vez

quiero construir algo

mío,

y que el accionar de la crueldad del universo no lo destruya...

​Camino un poco más.

¿Y cuándo se irá a terminar mi caminar?

Jamás.

Esa es la existencia...

​Se acaba el desierto y me encuentro con la primera criatura:

una Polilla.

Le empiezo a suplicar

por ayuda,

a ver si me escucha

y me ofrece algo

que me sirva.

​—Te vendo la sombra por una chispa,

y la chispa por tu sombra... —dijo la Polilla.

​No puedo acceder a tal demanda;

todavía un poco de la luz de mi corazón me respalda

y no estoy dispuesto a ceder ni una sola chispa.

Insiste la Polilla.

​Insiste como insiste todo lo que encuentra arraigo en el frío y la sombra:

—Te devuelvo la luz, pero me quedo con el fósforo —dice de nuevo, en un susurro,

la Polilla.

No puedo ceder a tal oferta,

mi luz es todo lo que me acompaña

en esta naturaleza

que no sé

si ya está muerta

o si estoy todavía

inmerso en su agonía.

​Sigo mi camino, no me interesan los deseos que tiene con mi luz esta Polilla...

Avanzo un poco más.

Estoy cerca de un engañoso rincón del universo cualquiera:

me encuentro una Araña

y le suplico lo mismo.

Ayuda.

Página 2

No que me salve,

sino que me dé algo

que me ayude a salvarme.

No necesito un héroe,

solo una bocanada de aire...

​La astucia de la Araña tiene algo para decirme:

—Te cambio mi seda por tu cuello,

y tu cuello por mi seda.

​No puedo darte mi cuello,

todavía no lo han besado,

todavía no lo han abrazado,

y tu seda solo sería un alivio momentáneo.

La Araña, engreída,

se enfureció

por apreciar más un cuello no besado

que sus hilos.

Se retiró

a seguir siendo el dios

de su microcósmico mundo vibratorio...

Yo no sé por qué sigo deambulando.

Sería mejor

que no me diera el sol

tan plenamente

como lo estoy sintiendo

hoy...

Pero pronto entro a lo sombrío

de un bosque solitario y secreto, lleno de melancolía y hastío.

Conozco este frío,

hace tiempo era el clima mío.

Pero se apareció un sol

que oculto aquí para que su luz no se me escurra de entre las manos.

De pronto, en la rama de un chamizo

gris y negro,

un Cuervo...

Le pido por favor

que se apiade de mí

de alguna manera,

a ver si puedo cumplir mi tarea

secreta

de hacer del cielo de mi vida,

con este sol que guardo en silencio esperando,

el cielo de mi felicidad...

​El Cuervo,

elegante como lo son todos los taciturnos,

dijo:

—Te doy la llave por tu Secreto,

y tu Secreto por la puerta...

Y graznó

con indiferencia...

​Lo siento demasiado, ave Maestra,

no podré entregarle mi Secreto jamás.

¿Y qué hay tras la puerta?

¿Una promesa por un Secreto del alma no es un fraude, ave de rapiña?

Y una llave sin puerta

es una promesa

que nunca se cumplirá...

​El pajarraco ni se inmuta.

Mejor proseguiré mi ruta,

no vaya a ser que me atrape aquí

la oscuridad.

Las criaturas taciturnas

exigen de ti cosas

demasiado complejas,

porque lo que ofrecen ellos

son laberintos de subterránea profundidad...

​Llego al bosque tropical.

El calor es algo que recuerda

que estamos vivos

y estamos hechos de carne

que se mueve

por la sangre

que siempre está caliente;

y, con el calor de afuera,

por dentro incomoda...

Me gusta caminar

por acá.

Igual,

siempre pasa algo

y se acaba mi paz...

​En una rama,

una majestuosidad:

una Serpiente que ostentaba

su dominio

colgando como desafiando

la gravedad.

Me mira con la displicencia

de los reyes.

Yo le hice la debida reverencia

y le pedí

ayuda...

Ella tomó bien mi cortesía

y se dignó a decirme:

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​—Te cambio un trago de veneno por un beso,

y un beso por tu último aliento... —dijo la Serpiente,

sonriente,

al terminar de ofrecerme

lo que ella cree que yo puedo llegar a merecer...

​¿En serio, su alteza?

¿No le parece una ruindad

ofrecerle ponzoña

para beber a la visita?

Y eres tan descarada

que me pides actos de amor que solo son verdad

con el alma desnuda.

¿Me voy a desnudar ante la reptil majestad?

¿Voy a darle las dos únicas cosas que quisiera dar para crear vida?

Mi beso y mi último aliento serán la ofrenda

que le daré a la Vida

para transformarme en una estrella danzarina

y alcanzar la felicidad.

​Voy caminando

y aparezco

en una mansión

que me abruma por ser algo tan ostentoso.

En una pared de un pasillo,

un Reloj.

Le digo en términos educados

que sería bastante bueno

y muy útil para mí, sobre todo,

si pudiera darme algo

para ayudarme en mi camino de días tan arduos

y vacíos.

El Reloj dijo,

también bastante correcto:

​—Te regalo el tiempo si me das la hora,

pero la hora ya es mía.

​¿Es acaso una broma de melancolía?

Ya tengo demasiada fatalidad

qué rumiar.

Nunca terminaré de hacerlo;

es mi condena:

pastar para siempre en las praderas

de la pena,

de la vergüenza

y de la náusea eterna,

y ni siquiera el poder del tiempo, insuperable ilusión, me ayudará...

​Camino mirando hacia el suelo,

estoy cansado.

Veo una roca y me siento,

no puedo permitirme estar sediento;

la sed de mi alma ya me carcome de por sí demasiado.

​De pronto,

del negror de la tierra aparece un Gusano

y yo

le suplico a ese ser baboso y rosado

lo mismo:

una opción,

un salvavidas sólido,

un auxilio,

una muleta.

​—Te cambio una puñalada por una flor,

y una flor por una puñalada... —dijo con una sonrisa

dibujada

en su cara.

​Con un puñado de tierra que tengo, la entierro;

empujo el trozo de tierra contra la tierra del suelo.

Si no se hundió, pues la maté,

criatura inmunda.

La belleza como trampa mortal:

eso ofrece la vulgaridad grotesca

de este mundo...

​Caminaré o hasta el final del tiempo o hasta el final de la vida,

que son exactamente lo mismo.

Yo quiero llegar

más allá,

a otro lugar:

hasta la Luz del Fin del Ilusionismo...

​Bajo unas rocas,

ya saliendo del bosque,

un dorado Escorpión

está en el centro

de su Todo...

Yo lo interrumpo,

tengo que ser molesto,

Página 4

y eso solo quiere decir que debo hacer que, sin ganas, me ponga atención,

porque lo exijo

como un mendigo.

Suplico y pido

de todo.

Le pido

que me aclare qué es mejor:

si ser sincero

o tragarse la mentira completa siendo solo verdad...

​El Escorpión dijo:

—Prefiero una espina en la garganta

que un secreto en los labios.

​Pues te lo digo:

de todos los ponzoñosos

y malintencionados,

tú eres el más sabio.

Se esconde rápido,

no quiere estar en mi campo de visión.

Es demasiado superior

y lo comprendo perfecto...

​Vuelvo a la mansión

del espejo.

Su lujo

es abuso.

En otro amplio pasillo

está colgado un Espejo.

No voy a reflejarme en él,

no puedo.

Le hablo desde donde no pueda verme;

le pido que me dé una imagen

la cual perseguir vehementemente.

Le pido que me refleje

un mundo habitable

que... me pertenezca verdaderamente.

​Susurra el Espejo:

—Le regalé mi sombra a la estatua

y ahora

no sé cuál de los dos es el de piedra.

​Paso de largo...

Qué trago tan amargo

saber que solo lo petrificado

queda reflejado,

y que estatua, ser y sombra

quedan erróneamente unidos

en una imagen

que no se entiende

si no se mira por partes,

nunca el conjunto completo...

​En la misma mansión,

que es un mundo infinito,

camino ya sin rumbo.

¿Olvidé mi propósito?

Es lo que he sentido

desde que estoy sumergido

en la atmósfera lúgubre de esta estructura.

Si me quedase aquí

caminando para siempre,

no sería algo malo...

​Me lo cruzo sin querer:

un fantasma con silueta de mujer.

Es muy conmovedor su recorrer,

pero no me enternece.

Es la marcha de la esperanza bonita que se desvanece.

Antes de que se disuelva en el aire,

llego y le pregunto

qué es lo más valioso

para su corazón...

​El Fantasma dice:

—Cambio tres gotas de veneno

por una lágrima sincera.

​Se desvanece sin permitirme una respuesta...

Morir por la sinceridad pura

es lo más noble para toda alma,

aunque cuerpo ya no tenga...

​En la parte de afuera

de alguna puerta,

un Perro

se mordía y lamentaba al mismo tiempo.

Me acerqué al desesperado y enfurecido animal;

parecía discutir consigo mismo,

pero

discutía con su parásito.

​Le decía:

—No me duele la mordida;

me duele

que hayas usado mis propios dientes... —el Perro se lo dijo

a su Pulga.

​Fieras desesperadas,

enzarzadas

en peleas que nunca ganarán

en contra de sus parásitos,

de sus karmas,

horadándose en cuerpo y alma,

esforzándose en una completa inutilidad...

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No me interesa.

El círculo vicioso gira

sin que el Absurdo

le proporcione impulsos

tan palpables...

​Llego a un jardín

de inexorable belleza.

No hay allí más que flores

y nada más.

Camino con el vacío en el corazón de que la búsqueda de ayuda

fue un fracaso total,

pero que, sin duda, no permitirá

que mi pequeño sol de esperanza se extinga.

Pase lo que pase desde hoy,

ese es el sueño,

no se necesita nada más

dentro de la aridez

de la realidad

para avanzar

a ciegas,

de la mano del sinsentido,

de una esperanza sin sentido e inmortal;

y quizás llegar a desplegar ese sol

en algún cielo

y hacer de ese cielo

el cielo de mi felicidad...

​Llego al centro del jardín.

Allí

hay un caballete

con un lienzo.

En él, una pintura

de un bodegón.

Frutos brillantes,

frutos de brillante color,

pero en ese dilema permanente

que posee en su ser

todo aquello que puede existir y sin embargo no lo hace a la misma vez.

​En ello,

una Mosca se posa sobre el lienzo,

chupa la «fruta»

y, con visible irritación,

susurra en zumbido sentencioso:

​—Para entender la belleza

hay que haber sido alimento.

​Yo no puedo estar más de acuerdo...

​Sin respuestas,

sin mentiras,

sin nada por ganar,

nada que ocultar que no me dé miedo sino vergüenza,

nada qué ejecutar con solución inmediata,

me siento en una banca que se eleva

a pensar en la eternidad de no tener que recurrir a pensar en la Eternidad...

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© CC BY-NC-ND 4.0 — Solo lectura
Publicado en Textale · Obra registrada bajo licencia de autor
Escrito porM09B10Z91 91zb10m09Fantasma y sombra de mí mismo, habitante del Caosmos, poeta del fín de mi mundo y fanático de mi pro…
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