Necesito algo...
¡Con desesperación!
¡Todo lo acepto!
Lo que quiero lo seguiré buscando por siempre,
pero con algo para mí me conformo...
En este momento...
busco ayuda,
sea de donde sea que venga.
Tengo un sol sin sentido
hecho de esperanza,
y no la quiero matar
porque es inmortal
y soy yo el que termina muriendo por esa causa.
Quiero buscar
ayuda,
una herramienta
que pueda usar
para mi ardua tarea.
Una brújula siquiera
que apunte el camino exacto hacia el cual caminar;
una estrella del Norte en el cielo a la cual seguir con fidelidad.
Quiero tener fe,
no dejar que me muera
ahogado en mi mar
por mi culpa.
Y quiero continuar esa búsqueda
de algo que me ayude
a superar
toda adversidad.
Alguna clase de talismán,
por lo menos un manual
o alguna verdad poderosa,
aún si la Vida donde debo hallar tal ayuda
no se pueda encontrar nunca...
Pero...
Aún si en ella ya no hay esperanza,
aunque en ella todo sea fatalidad,
aunque solo ofrezca laberintos sin salida,
aunque esté muerta
o todo en ella desee morir
o todo a su alrededor muera...
Estoy buscando una herramienta
para usar
en esta difícil construcción,
donde estoy en condiciones injustas
y donde por primera vez
quiero construir algo
mío,
y que el accionar de la crueldad del universo no lo destruya...
Camino un poco más.
¿Y cuándo se irá a terminar mi caminar?
Jamás.
Esa es la existencia...
Se acaba el desierto y me encuentro con la primera criatura:
una Polilla.
Le empiezo a suplicar
por ayuda,
a ver si me escucha
y me ofrece algo
que me sirva.
—Te vendo la sombra por una chispa,
y la chispa por tu sombra... —dijo la Polilla.
No puedo acceder a tal demanda;
todavía un poco de la luz de mi corazón me respalda
y no estoy dispuesto a ceder ni una sola chispa.
Insiste la Polilla.
Insiste como insiste todo lo que encuentra arraigo en el frío y la sombra:
—Te devuelvo la luz, pero me quedo con el fósforo —dice de nuevo, en un susurro,
la Polilla.
No puedo ceder a tal oferta,
mi luz es todo lo que me acompaña
en esta naturaleza
que no sé
si ya está muerta
o si estoy todavía
inmerso en su agonía.
Sigo mi camino, no me interesan los deseos que tiene con mi luz esta Polilla...
Avanzo un poco más.
Estoy cerca de un engañoso rincón del universo cualquiera:
me encuentro una Araña
y le suplico lo mismo.
Ayuda.
No que me salve,
sino que me dé algo
que me ayude a salvarme.
No necesito un héroe,
solo una bocanada de aire...
La astucia de la Araña tiene algo para decirme:
—Te cambio mi seda por tu cuello,
y tu cuello por mi seda.
No puedo darte mi cuello,
todavía no lo han besado,
todavía no lo han abrazado,
y tu seda solo sería un alivio momentáneo.
La Araña, engreída,
se enfureció
por apreciar más un cuello no besado
que sus hilos.
Se retiró
a seguir siendo el dios
de su microcósmico mundo vibratorio...
Yo no sé por qué sigo deambulando.
Sería mejor
que no me diera el sol
tan plenamente
como lo estoy sintiendo
hoy...
Pero pronto entro a lo sombrío
de un bosque solitario y secreto, lleno de melancolía y hastío.
Conozco este frío,
hace tiempo era el clima mío.
Pero se apareció un sol
que oculto aquí para que su luz no se me escurra de entre las manos.
De pronto, en la rama de un chamizo
gris y negro,
un Cuervo...
Le pido por favor
que se apiade de mí
de alguna manera,
a ver si puedo cumplir mi tarea
secreta
de hacer del cielo de mi vida,
con este sol que guardo en silencio esperando,
el cielo de mi felicidad...
El Cuervo,
elegante como lo son todos los taciturnos,
dijo:
—Te doy la llave por tu Secreto,
y tu Secreto por la puerta...
Y graznó
con indiferencia...
Lo siento demasiado, ave Maestra,
no podré entregarle mi Secreto jamás.
¿Y qué hay tras la puerta?
¿Una promesa por un Secreto del alma no es un fraude, ave de rapiña?
Y una llave sin puerta
es una promesa
que nunca se cumplirá...
El pajarraco ni se inmuta.
Mejor proseguiré mi ruta,
no vaya a ser que me atrape aquí
la oscuridad.
Las criaturas taciturnas
exigen de ti cosas
demasiado complejas,
porque lo que ofrecen ellos
son laberintos de subterránea profundidad...
Llego al bosque tropical.
El calor es algo que recuerda
que estamos vivos
y estamos hechos de carne
que se mueve
por la sangre
que siempre está caliente;
y, con el calor de afuera,
por dentro incomoda...
Me gusta caminar
por acá.
Igual,
siempre pasa algo
y se acaba mi paz...
En una rama,
una majestuosidad:
una Serpiente que ostentaba
su dominio
colgando como desafiando
la gravedad.
Me mira con la displicencia
de los reyes.
Yo le hice la debida reverencia
y le pedí
ayuda...
Ella tomó bien mi cortesía
y se dignó a decirme:
—Te cambio un trago de veneno por un beso,
y un beso por tu último aliento... —dijo la Serpiente,
sonriente,
al terminar de ofrecerme
lo que ella cree que yo puedo llegar a merecer...
¿En serio, su alteza?
¿No le parece una ruindad
ofrecerle ponzoña
para beber a la visita?
Y eres tan descarada
que me pides actos de amor que solo son verdad
con el alma desnuda.
¿Me voy a desnudar ante la reptil majestad?
¿Voy a darle las dos únicas cosas que quisiera dar para crear vida?
Mi beso y mi último aliento serán la ofrenda
que le daré a la Vida
para transformarme en una estrella danzarina
y alcanzar la felicidad.
Voy caminando
y aparezco
en una mansión
que me abruma por ser algo tan ostentoso.
En una pared de un pasillo,
un Reloj.
Le digo en términos educados
que sería bastante bueno
y muy útil para mí, sobre todo,
si pudiera darme algo
para ayudarme en mi camino de días tan arduos
y vacíos.
El Reloj dijo,
también bastante correcto:
—Te regalo el tiempo si me das la hora,
pero la hora ya es mía.
¿Es acaso una broma de melancolía?
Ya tengo demasiada fatalidad
qué rumiar.
Nunca terminaré de hacerlo;
es mi condena:
pastar para siempre en las praderas
de la pena,
de la vergüenza
y de la náusea eterna,
y ni siquiera el poder del tiempo, insuperable ilusión, me ayudará...
Camino mirando hacia el suelo,
estoy cansado.
Veo una roca y me siento,
no puedo permitirme estar sediento;
la sed de mi alma ya me carcome de por sí demasiado.
De pronto,
del negror de la tierra aparece un Gusano
y yo
le suplico a ese ser baboso y rosado
lo mismo:
una opción,
un salvavidas sólido,
un auxilio,
una muleta.
—Te cambio una puñalada por una flor,
y una flor por una puñalada... —dijo con una sonrisa
dibujada
en su cara.
Con un puñado de tierra que tengo, la entierro;
empujo el trozo de tierra contra la tierra del suelo.
Si no se hundió, pues la maté,
criatura inmunda.
La belleza como trampa mortal:
eso ofrece la vulgaridad grotesca
de este mundo...
Caminaré o hasta el final del tiempo o hasta el final de la vida,
que son exactamente lo mismo.
Yo quiero llegar
más allá,
a otro lugar:
hasta la Luz del Fin del Ilusionismo...
Bajo unas rocas,
ya saliendo del bosque,
un dorado Escorpión
está en el centro
de su Todo...
Yo lo interrumpo,
tengo que ser molesto,
y eso solo quiere decir que debo hacer que, sin ganas, me ponga atención,
porque lo exijo
como un mendigo.
Suplico y pido
de todo.
Le pido
que me aclare qué es mejor:
si ser sincero
o tragarse la mentira completa siendo solo verdad...
El Escorpión dijo:
—Prefiero una espina en la garganta
que un secreto en los labios.
Pues te lo digo:
de todos los ponzoñosos
y malintencionados,
tú eres el más sabio.
Se esconde rápido,
no quiere estar en mi campo de visión.
Es demasiado superior
y lo comprendo perfecto...
Vuelvo a la mansión
del espejo.
Su lujo
es abuso.
En otro amplio pasillo
está colgado un Espejo.
No voy a reflejarme en él,
no puedo.
Le hablo desde donde no pueda verme;
le pido que me dé una imagen
la cual perseguir vehementemente.
Le pido que me refleje
un mundo habitable
que... me pertenezca verdaderamente.
Susurra el Espejo:
—Le regalé mi sombra a la estatua
y ahora
no sé cuál de los dos es el de piedra.
Paso de largo...
Qué trago tan amargo
saber que solo lo petrificado
queda reflejado,
y que estatua, ser y sombra
quedan erróneamente unidos
en una imagen
que no se entiende
si no se mira por partes,
nunca el conjunto completo...
En la misma mansión,
que es un mundo infinito,
camino ya sin rumbo.
¿Olvidé mi propósito?
Es lo que he sentido
desde que estoy sumergido
en la atmósfera lúgubre de esta estructura.
Si me quedase aquí
caminando para siempre,
no sería algo malo...
Me lo cruzo sin querer:
un fantasma con silueta de mujer.
Es muy conmovedor su recorrer,
pero no me enternece.
Es la marcha de la esperanza bonita que se desvanece.
Antes de que se disuelva en el aire,
llego y le pregunto
qué es lo más valioso
para su corazón...
El Fantasma dice:
—Cambio tres gotas de veneno
por una lágrima sincera.
Se desvanece sin permitirme una respuesta...
Morir por la sinceridad pura
es lo más noble para toda alma,
aunque cuerpo ya no tenga...
En la parte de afuera
de alguna puerta,
un Perro
se mordía y lamentaba al mismo tiempo.
Me acerqué al desesperado y enfurecido animal;
parecía discutir consigo mismo,
pero
discutía con su parásito.
Le decía:
—No me duele la mordida;
me duele
que hayas usado mis propios dientes... —el Perro se lo dijo
a su Pulga.
Fieras desesperadas,
enzarzadas
en peleas que nunca ganarán
en contra de sus parásitos,
de sus karmas,
horadándose en cuerpo y alma,
esforzándose en una completa inutilidad...
No me interesa.
El círculo vicioso gira
sin que el Absurdo
le proporcione impulsos
tan palpables...
Llego a un jardín
de inexorable belleza.
No hay allí más que flores
y nada más.
Camino con el vacío en el corazón de que la búsqueda de ayuda
fue un fracaso total,
pero que, sin duda, no permitirá
que mi pequeño sol de esperanza se extinga.
Pase lo que pase desde hoy,
ese es el sueño,
no se necesita nada más
dentro de la aridez
de la realidad
para avanzar
a ciegas,
de la mano del sinsentido,
de una esperanza sin sentido e inmortal;
y quizás llegar a desplegar ese sol
en algún cielo
y hacer de ese cielo
el cielo de mi felicidad...
Llego al centro del jardín.
Allí
hay un caballete
con un lienzo.
En él, una pintura
de un bodegón.
Frutos brillantes,
frutos de brillante color,
pero en ese dilema permanente
que posee en su ser
todo aquello que puede existir y sin embargo no lo hace a la misma vez.
En ello,
una Mosca se posa sobre el lienzo,
chupa la «fruta»
y, con visible irritación,
susurra en zumbido sentencioso:
—Para entender la belleza
hay que haber sido alimento.
Yo no puedo estar más de acuerdo...
Sin respuestas,
sin mentiras,
sin nada por ganar,
nada que ocultar que no me dé miedo sino vergüenza,
nada qué ejecutar con solución inmediata,
me siento en una banca que se eleva
a pensar en la eternidad de no tener que recurrir a pensar en la Eternidad...
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