La hoja en blanco
 
Tengo mucho tiempo para leer; debido a que ya no tengo mujer con quien discutir o hablar amistosamente, o ir al cine, o compartir algún programa en la televisión que solo le guste a ella. Tampoco tengo mujer con quien hacer el amor; aquel acto suele llevar tiempo aunque uno sea eyaculador precoz “no digo que lo sea”, es solo un decir. Nos debemos a un cortejo por mas tosco que sea. A veces hasta debemos ser románticos para conseguir un poco de acto carnal con la mujer que amamos. Pero no estoy diciendo que me disguste aquel sentir previo, me gusta el juego de seducir, sobre todo cuando es con una pareja estable, porque ya la conocemos y entendemos cuando la chica en cuestión está dispuesta a tener sexo. Entonces la seducción es solo un juego preliminar, ya sabemos en lo que terminara. Lo difícil es seducir a una desconocida, porque no sabemos cómo terminara, entonces el juego se transforma en trabajo, y uno que no es un seductor nato casi siempre termina por perder a la chica en cuestión. Podría masturbarme, eso no merece juego previo, podría masturbarme veinte veces en el día e igual seguiría teniendo tiempo para leer. Pero no tengo ganas. El problema es que leo y no escribo, tengo una hoja en blanco de hace días frente a mí. Podría tratar de plagiar algo para comenzar, como el personaje de Fogwill “Pablo”, quien plagia la almohada de un cuento de Horacio Quiroga. Pero yo no soy tan bueno, ni siquiera para plagiar. En fin, la musa no baja y se hace presente en mi intelecto. Tal vez porque no crea demasiado en aquello de la musa inspiradora, tal vez porque yo no sea un elegido. Soy un simple trabajador que intenta escribir.
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Los últimos seis meses fueron los más trágicos de mi vida, por exagerar, porque en verdad no fueron tan trágicos viéndolo a distancia, una distancia que aun sigue siendo estrecha. Tal vez fueron más de seis meses, tal vez un año. Un año que pensaba de transición, de cambio, pero la verdad es que ya me aburre. Al principio no era tan malo, ya que si escribía con frecuencia. Tal vez mi musa era aquellos meses fatídicos de indecisión, de transición. Mi lúgubre penar me hacía escribir; no sé si cosas buenas o malas, pero lo prodigioso era que escribía. Sin embargo ahora tengo una hoja en blanco de hace días, ni siquiera un titulo se me ocurre. Solo leo y envidio a Bukowski y a Fogwill. Que idiota de mi parte, envidiar a tan grandes escritores cuando yo soy un don nadie.
 
Ya escribí sobre mi desgracia, sobre mujeres inventadas, sobre fatídicos sueños. Ya escribí inmensas porquerías, quizás pueda rescatar algún buen relato, de seguro que sí. Tampoco voy a creerme tan malo escribiendo, sino ya lo hubiese dejado de hacer hace tiempo. ¡Pero la puta!, ahora nada se me ocurre y la hoja en blanco se ríe de mi, los libros se ríen de mi. Tal vez tenga que masturbarme, pero no tengo ganas. Quizás deba salir a la calle a buscar una mujer a la que pueda conquistar y convencer de que hagamos el amor. O mejor aún, concurrir a un prostíbulo y elegir a la chica mas voluptuosa, puta y mentirosa. Entonces si tendría sexo, y quizás la hoja en blanco comenzaría a llenarse, gracias a aquella prostituta que me sirvió de musa. Pero no lo creo tan fácil. Me resultaría simple, si escribir sobre aquella trabajadora del sexo: como le hice el amor pagándole, como me hizo creer que era el mejor en la cama, por lo que le deje una buena propina. Pero no tendría valor alguno, no es lo que estoy buscando, tal vez porque no sé lo que estoy buscando. Y la hoja sigue allí esperando; entonces seguiré leyendo y durmiendo, eventualmente comiendo algo y bebiendo algún liquido para no morir. Tal vez también Vaya a trabajar, si entre lectura y sueños recuerdo hacerlo.
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