La fogosa trampa.
La fogosa trampa:
Iba directo hacia lo que sería quizás el último adiós a una persona que no sabía si quería o si ya no sentía nada. Pensé que sería fácil; no lo veía hace mucho, no sabía nada de él y la verdad que tampoco me interesaba nada de lo que le pudiera pasar… Se podría decir que iba por un compromiso familiar, o eso pensé. Llegué a la casa de mi padre, seguía siendo indiferente para mí esa experiencia que para cualquiera hubiese sido inefablemente trágica. Todos se estaban despidiendo, mi hermana, su mujer, mi hermanastra, amigos, familiares; y cada persona que entraba, por más indiferente que pareciera serle la situación, salía llorando de la habitación.
Decidí que veía innecesario querer alargar tanto la situación, es decir, qué tanto podía afectarme. Entonces pasé, y lo vi, vi como una de las personas que más había querido en el pasado, pero que más poco me importaban actualmente estaba moribundo y solo en su cama. En la cama donde quizás, y sólo quizás, pensaba en hablarme o soñaba y recordaba con nuestros buenos momentos. Entonces comencé a pensar y a analizar la situación, aceptar que ya no lo iba a ver más y que nunca volvería a ser todo como antes entre él y yo, porque ya no habría un “él”, sólo un triste y solitario “yo”. Fue entonces cuando todo mi pensamiento acerca de él había cambiado, de repente era un ser diáfano para mí, sin darme cuenta había vuelto a mi inocencia infantil y había idealizado a mi padre; volvía a ser un superhéroe para mí. Lo abracé fuertemente y le dije que lo perdonaba, que todo estaba bien, que no importaba lo que hubiera hecho o dicho en el pasado, que lo quería y que ojalá todo hubiese sido mejor. Él me decía unas vagas palabras de las cuales no entendí casi ninguna, sólo logré reconocer un "te quiero, gracias". Posteriormente a eso, le di un beso y me retiré, igual que todos, quebrado en llanto.
Iba directo hacia lo que sería quizás el último adiós a una persona que no sabía si quería o si ya no sentía nada. Pensé que sería fácil; no lo veía hace mucho, no sabía nada de él y la verdad que tampoco me interesaba nada de lo que le pudiera pasar… Se podría decir que iba por un compromiso familiar, o eso pensé. Llegué a la casa de mi padre, seguía siendo indiferente para mí esa experiencia que para cualquiera hubiese sido inefablemente trágica. Todos se estaban despidiendo, mi hermana, su mujer, mi hermanastra, amigos, familiares; y cada persona que entraba, por más indiferente que pareciera serle la situación, salía llorando de la habitación.
Decidí que veía innecesario querer alargar tanto la situación, es decir, qué tanto podía afectarme. Entonces pasé, y lo vi, vi como una de las personas que más había querido en el pasado, pero que más poco me importaban actualmente estaba moribundo y solo en su cama. En la cama donde quizás, y sólo quizás, pensaba en hablarme o soñaba y recordaba con nuestros buenos momentos. Entonces comencé a pensar y a analizar la situación, aceptar que ya no lo iba a ver más y que nunca volvería a ser todo como antes entre él y yo, porque ya no habría un “él”, sólo un triste y solitario “yo”. Fue entonces cuando todo mi pensamiento acerca de él había cambiado, de repente era un ser diáfano para mí, sin darme cuenta había vuelto a mi inocencia infantil y había idealizado a mi padre; volvía a ser un superhéroe para mí. Lo abracé fuertemente y le dije que lo perdonaba, que todo estaba bien, que no importaba lo que hubiera hecho o dicho en el pasado, que lo quería y que ojalá todo hubiese sido mejor. Él me decía unas vagas palabras de las cuales no entendí casi ninguna, sólo logré reconocer un "te quiero, gracias". Posteriormente a eso, le di un beso y me retiré, igual que todos, quebrado en llanto.
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