vientos y niebla y el frío inmortal
se adueñan del cielo y abajo de la
tierra que cae sepultada por la nieve
y más abajo, en la ciudad,
la muralla de lluvia que la tapa. 
Diluvio irremediable,
parto de vagidos insoportables,
con ojos esperanzados detrás,
y en ese dudoso calor de los
 sinuosos caminos,
siempre hay ojos esperanzados, 
y detrás de las edificaciones de
piedra,
en los techos donde los gatos se aterran,
ecos extraños
negadores de Dios sufren agonías,
mientras en lo alto la nevisca se lanza
a redoble,
retumba al desbarranque
y debajo del alud
voces penosas encerradas suspiran.
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