Hay en la Bahía de Cádiz una localidad, que entre otras clínicas médicas, una se denomina Hermes. Nada fuera de lo normal ¿Nada?
La primera vez que entré en aquella clínica no me llamó la atención nada en particular, excepto que el suelo parecía moverse bajo los pies a cada paso que daba cualquier paciente, celadora o médico.
A la segunda cita sí me llamó la atención el cartel que se encontraba frente a mí. ¨No dejen cerrada esta puerta¨ rezaba. Ni pintado para escribir un cuento de terror.
Con una diferencia. El Terror ya estaba latente.
Cuando por motivos de hacerme una analítica, hablé con las celadoras de mi intención de escribir dicho cuento, me advirtieron que más sobrenatural que el cartel, que no tenía más misterio aparente, eran las puertas que se abren solas, conversaciones telefónicas desde consultas vacías, pasos sin que nadie más esté en el pasillo, ordenadores que se encienden solos.
Al cabo de los años volví a dicha clínica ya con nuevas celadoras y ATS y les comenté lo mismo.
Ambas me dijeron que los fenómenos siguen produciéndose.
Intrigado, esta noche he mirado el significado de Hermes. Entre otras funciones de este Dios es la de llevar a las almas a su morada definitiva. Es el Dios que lleva al más allá a las almas de los humanos; personas, animales o vegetales. Sólo que cómo todos sabemos, algunas Almas no están preparadas para... MORIR.
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