Pobre niña mimada por el sol, acunada por la nieve
silbidos de pajaros y melodias pasajeras, estas muerta desde entonces.
¿Hacia donde ha ido tu alma compañera, alma de cristal y silueta?
¿Hacia que cielos arribas?, ¿por que vuelas tan deprisa?
¿Temiste caer al suelo, por el viento?

Salvaje asesino de sueños y quimeras.

¿Quien te dirá, mi niña? ruiseñor de un castillo fantasioso, siempre encerrada, triste y melancólica.
¿Has escuchado esa sinfonía? razón de olvidos, furia de alquitran.
¡Te soplan las mareas que amorosas entrelazan tus cabellos con guirnaldas y topacios!, de un beso nace tu vida.
¿Quien sabrá de ti? ángel Mio, angel irreal.
¿Planeas fuera del tiempo? , el espacio, las arenas.
¿Para donde vas?

Quiero ir contigo, princesa.
Lejos, lejos. ¿El mar me aceptara?
¿Cuando despertaremos?
esta quimera inevitable nos arrastra, nos lleva,
pone en nosotras brebajes de fantasías locas e imposibles,
achís sin sabor; nos tuerce el estomago,
¿Si intentamos hablar?

Ciega, dormitas,
como Jibril al estanque besas
le entregas tus perlas preciosas
una cruz de sacrificio.

Buen viaje y hasta luego
Hermana.
Canción nocturna,
partitura salvaje.
Amante del mismo sol,
nuestro amor.
¡Que El te abrace con amor, y te inspire el dulce aliento, ese que aquí no hallaste, y tampoco se, si lo podré encontrar!
Si, ese hermoso perfume, rastro de necias palabras, cruel palpitar.
¿Adonde lo hemos de hallar?
Ese, amor, tan imposible,
LA PAZ.
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