Escribiéndole a la vida.
Escribiéndole a la vida.
Prosas inspiradas,
sentidos versos,
clamorosos poemas,
necesidades del alma,
ímpetus hambrientos de ser oídos…
¿Cuántos de todos ellos en ésta página son realmente ciertos..?
Sí, es una extraña pregunta. Puede, incluso, llegar a ser desconcertante…
No obstante, lo pregunto porque al poner totalmente nuestra sinceridad al descubierto no podemos desconocer que actuamos con la ventaja sutil de un cierto anonimato y sin que sea necesario acusar a nadie puntualmente, han existido situaciones en las que ha resaltado muy claramente la fantasía en su manifestación.
Pero en mi entendimiento este fenómeno no debe ser, en lo absoluto, condenable, porque al final de cuenta responde a un impulso digno de atender. Es porque se nos quiere presentar el ideal de una idea, bien o mal escrita, falsa o verdadera. No importa. Lo que verdaderamente interesa es que detrás de la pantalla existe un ser sensible que en su realidad quizás tenga muchas culpas de las que no se puede zafar cuando mira a la cara, pero en la virtud del teclado descubre la posibilidad de crear un mundo de ensueños que pueden convertirle en una mejor persona, aunque sea solamente para su secreta complacencia y la de los del otro lado que difícilmente podrán llegar a conocer su verdad.
Prosas inspiradas,
sentidos versos,
clamorosos poemas,
necesidades del alma,
ímpetus hambrientos de ser oídos…
¿Cuántos de todos ellos en ésta página son realmente ciertos..?
Sí, es una extraña pregunta. Puede, incluso, llegar a ser desconcertante…
No obstante, lo pregunto porque al poner totalmente nuestra sinceridad al descubierto no podemos desconocer que actuamos con la ventaja sutil de un cierto anonimato y sin que sea necesario acusar a nadie puntualmente, han existido situaciones en las que ha resaltado muy claramente la fantasía en su manifestación.
Pero en mi entendimiento este fenómeno no debe ser, en lo absoluto, condenable, porque al final de cuenta responde a un impulso digno de atender. Es porque se nos quiere presentar el ideal de una idea, bien o mal escrita, falsa o verdadera. No importa. Lo que verdaderamente interesa es que detrás de la pantalla existe un ser sensible que en su realidad quizás tenga muchas culpas de las que no se puede zafar cuando mira a la cara, pero en la virtud del teclado descubre la posibilidad de crear un mundo de ensueños que pueden convertirle en una mejor persona, aunque sea solamente para su secreta complacencia y la de los del otro lado que difícilmente podrán llegar a conocer su verdad.
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