Inevitablemente.
Inevitablemente
la porfía de la vida avanza entre el enjambre de las circunstancias;
la existencia se viste con inclemencia,
nuestro instinto sobre protector busca afanosamente una salida
y se hacen denodados esfuerzos para dejar sepultados
los hirientes imperios que nos dañan.
Huimos un poco de nosotros mismos…
Inevitablemente,
entonces, hundidos en sueños,
corremos por la senda del tiempo
y se suceden consecuentemente nuevos amaneceres,
muchas estaciones e implacables calendarios,
hasta sumar una prolongada era…
Inevitablemente,
sin embargo, los fantasmas del pasado seguirán las huellas
y hallarán la forma de husmear,
en cada paso que fue sembrado,
las sensaciones, las ilusiones y los aromas del camino recorrido.
Inevitablemente
habrá en aquellos tiempos avanzados,
inesperados espacios vacíos donde acudirán los resabios
que abrirán amplitud a las aguas perdidas,
las que decantarán insospechadamente en su cuna
las viejas sonrisas de los tenues y porfiados fantasmas.
Inevitablemente,
nuestro torpe corazón, invadido de curiosidad,
se sumirá en aquella laguna de recuerdos
confiando en la supuesta impermeabilidad de los años transcurridos,
visitando con entusiasmo los restos naufragados,
creyéndonos, ilusoriamente,
blindados de las consecuencias.
Inevitablemente,
no obstante,
esos apegos que, en un obligado momento
debieron combatirse
con especiales armas de soberanía,
fueron aquellos que se construyeron sobre complejas y tortuosas circunstancias,
pero que, a pesar de ello, se nutrieron con abundantes matices de gozo y lúdicas historias.
Inevitablemente
los viejos y poderosos fantasmas
que alguna vez dominaron los picos del placer
poseen en sus estructuras fuertes aceites esenciales
que sobreviven empecinadamente en las eternidades
y los años, aun cuando muchos sean,
han de dar siempre paso a los recuerdos…
… y ellos a la nostalgia.
Es inevitable.
la porfía de la vida avanza entre el enjambre de las circunstancias;
la existencia se viste con inclemencia,
nuestro instinto sobre protector busca afanosamente una salida
y se hacen denodados esfuerzos para dejar sepultados
los hirientes imperios que nos dañan.
Huimos un poco de nosotros mismos…
Inevitablemente,
entonces, hundidos en sueños,
corremos por la senda del tiempo
y se suceden consecuentemente nuevos amaneceres,
muchas estaciones e implacables calendarios,
hasta sumar una prolongada era…
Inevitablemente,
sin embargo, los fantasmas del pasado seguirán las huellas
y hallarán la forma de husmear,
en cada paso que fue sembrado,
las sensaciones, las ilusiones y los aromas del camino recorrido.
Inevitablemente
habrá en aquellos tiempos avanzados,
inesperados espacios vacíos donde acudirán los resabios
que abrirán amplitud a las aguas perdidas,
las que decantarán insospechadamente en su cuna
las viejas sonrisas de los tenues y porfiados fantasmas.
Inevitablemente,
nuestro torpe corazón, invadido de curiosidad,
se sumirá en aquella laguna de recuerdos
confiando en la supuesta impermeabilidad de los años transcurridos,
visitando con entusiasmo los restos naufragados,
creyéndonos, ilusoriamente,
blindados de las consecuencias.
Inevitablemente,
no obstante,
esos apegos que, en un obligado momento
debieron combatirse
con especiales armas de soberanía,
fueron aquellos que se construyeron sobre complejas y tortuosas circunstancias,
pero que, a pesar de ello, se nutrieron con abundantes matices de gozo y lúdicas historias.
Inevitablemente
los viejos y poderosos fantasmas
que alguna vez dominaron los picos del placer
poseen en sus estructuras fuertes aceites esenciales
que sobreviven empecinadamente en las eternidades
y los años, aun cuando muchos sean,
han de dar siempre paso a los recuerdos…
… y ellos a la nostalgia.
Es inevitable.
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