el viejo
Las manos quemadas por el sol y el frio no se rendían para empujar el viejo triciclo lleno de periódicos y desechos de cartón. El atisbo del hombre solo miraba el suelo gris sin siquiera percatarse si recordaba el sonido de los autos o el color de los arboles que cantaban al compas del otoño inquietante que revoloteaba en cada rincón de la ciudad.
El aspecto de la tristeza es a veces un montón de lágrimas o un olvidado aspecto de desdicha que se transforma en la apariencia de un hombre cansado que toda su vida ha caminado en cada esquina para encontrar las maneras de comer o de vivir.
En una puerta había una hermosa y joven mujer sentada en una silla de ruedas con su cabeza inclinada. Sus hermosos ojos azules eran un manantial que derramaba un candor especial en las aguas de los cielos cuya canción invisible era el canto para entrar a un solitario corazón.Su corazón entonaba una canción tan hermosa que parecía el ruido de las olas del mar atrayendo a los amantes a dejar empapar su corazón con la brisa marina recordándoles del simple disfrute del momento de tenerse el uno al otro como una eterna promesa que debe volver constantemente para tener vivo el grito de clemencia a la Luna, para suplicarle jamás apagar ese magnífico canto del mar.
El viejo sacudió el sudor de su frente con su brazo y se sentó en la orilla de la calle para seguir observando el suelo cuyos miles de granos de polvo parecían reflejar las infinitas preguntas de un corazón tan cansado y tan dividido que para él ya era un extraño de muchas caras que lo engañaba constantemente con miles de sueños que al despertar solo eran amargos recuerdos de una fantasía efímera de felicidad.
La hermosa mujer parecía darse cuenta del cansado viejo a pesar de estar sumergida en la nada, en ese mundo tan blanco y silencioso que solo una verdadera alma suplicante de amor podía escuchar.
- Por favor…ven… estoy aquí… siempre he estado aquí…
El hombre lentamente levanto su perdida mirada hacia la muchacha y la observo con ojos de locura.
- Pensé que nunca llegaría… por fin me estoy volviendo loco… por fin podre olvidar… por fin podre dormir estando despierto…
El hombre movió su cabeza hacia atrás y cerró los ojos sin contemplar el cielo oscurecido que amenazaba con dejar caer angustia de manera temprana.
- Estoy aquí… esperando… esperándonos… mírame… por ti estoy aquí… abre tus ojos y viaja hacia mi…
El hombre escucho una hermosa voz en sus avejentados oídos como una hermosa canción de una sirena del mar cuya miel endulzaba el entorno con tan bella emoción.
- Bendita locura que hace soñar a los hombres viejos como yo… eres capaz de entregar gracias a la piedad de mi aspecto un dolor que sabe como un joven elixir que baña mis cansados huesos y que por fin… en este instante de mi vida puedo disfrutar de manera plena…- el hombre rompió su grueso cascaron de mármol y sonrió después de tantos años, tantas angustias amordazaban su boca, tantas voces amenazantes en su mente le prohibían sentir o soñar.- Estoy aquí… tan cerca de ti que puedes sentirme, yo se que puedes… no me ignores por favor… acércate… acércate y toma el camino que te muestran mis ojos… te lo suplica un corazón cargado de ansias de sentir tus manos, tu rostro, de conocer cada espacio de tu alma que pueda ser invadida por mis sentimientos que como semillas ahogaran tu corazón y solo dejaran crecer nuestro encuentro.
El enjuto viejo cambio su rostro a una mirada suplicante hacia la muchacha que reposaba en una vieja silla de ruedas. Se levanto torpemente y comenzó a caminar hacia ella.
- Tú debes ser la locura… tú debes ser esa dama de bello aspecto cuya poesía embriaga a los locos como yo… te esperé tanto… muchas veces suplique que me llevaras contigo hacia ese desconocido lugar del que no hay regreso… y ahora tomas el aspecto de una frágil y hermosa muchacha cuyos ojos color mar me atraen hacia un baile eterno de unión…
El hombre y la muchacha eran dos mundos unidos por el silencio y la desesperación que uno de ellos fue capaz de despertar y que provoco la cercanía de corazones cuya razón jamás entro en razón y cuya locura es la consejera fantástica entre dos emociones que inventan encontrarse fuera de la conciencia y de toda reflexión.
- Toma mis manos… toma mis manos y viaja conmigo al gran salón del vals eterno de comunión de nuestro encuentro y dancemos extasiados hasta la eternidad…
El hombre tomo sus manos y una palpitación enorme inundo a dos corazones solitarios en una complicidad extrema y al compás de una hermosa melodía de piano y en un inmenso jardín de flores, una hermosa mujer de ojos azules danzaba libre del silencio acompañada de un hombre cuyo rostro resplandecía como el de ella y cuyos sentimientos estaba tan vivos como las almas de los enamorados que por fin encuentran un lugar para descansar su amor y pueden hablarse diciendo todo en una mirada y alcanzar juntos la esquiva oportunidad de estar para siempre unidos.
- Se que esta locura es mía… mi verdadera realidad… esa que siempre soñé… cuantas veces estuve enfrente de vuestra casa y jamás escuche tu llamado, cuantas veces suplique en silencio que un amor me llamara y deseara darse cuenta que mis sentimientos jamás envejecieron, jamás se cansaron de soñar con esta maravillosa oportunidad de encontrar lejos de la realidad un amor tan distinto del que buscan todos, un amor que refleja tu rostro verdadero, tus ojos azules que siempre grite suplicando… que llore y retorcí tantas veces en mi desierta alma, que ahora florece con cada suspiro de tu corazón…-una pequeña lagrima corría por la blanca mejilla del muchacho y que antes de caer fue rescatada por la hermosa joven de ojos de color sueño y que envolvió con sus mano apretándola en su pecho.
- ¿Locura o amor?... respira, siente este exquisito perfume cuyo olor es tan agradable y desconocido a la vez que confunde mi ser… gracias, gracias por llamarme en lo más profundo de tu ser y anhelarme en tus sueños sin rostro y sin forma, gracias por dejarme espacio en tu alma para moldear la suplica de tu corazón y darme el espacio para estar aquí, ocupando ese lugar que es solo para mi, gracias por darme la oportunidad de ser una poetisa que encantó tu alma y que supo despertar en ti esa mirada dormida que supo ver mi verdadero yo, un alma viva y graciosa de ojos azules que no son nada más que el reflejo del color de tus más secretos deseos.
El hombre levanto el rostro de la muchacha.
- Mírate y míranos… un viejo que por fin encontró una grieta en el olvido y que aprendió a escuchar aun ahora el llamado que hacia mi gran amor.Eras el secreto que observaba cada vez que yo pasaba, los detalles de este interior cuya marchitez tan solo era aparente y que por fin me mostro mi joven y fértil corazón que siempre estuvo lleno de vida, lleno de un infinito campo de flores cuya raíz crece en tu corazón y cuyo sol la alimenta esta esperanza de no dejarte jamás… de nunca soltar tus suaves manos y dejar de acariciar tus palabras y tu rostro, que al compas de la sinfonía de nuestro amor, me recuerda a cada instante el gran privilegio que tengo de amarte y tenerte para toda la eternidad… si… toda la eternidad… porque solo el infinito será capaz de contener lo que sentimos y la entropía solo podrá esconder de todos los demás lo que estamos construyendo, algo único que no se repetirá si tomados de la mano desafiamos el veredicto del tiempo y nos mantenemos por siempre unidos para amarnos, de conocernos, de luchar por la felicidad del otro no solo aquí… sino donde nuestro amor y baile nos lleve…
- Jamás dejes de buscarme… nunca dejes de verme así… jamás dejes que me duerma otra vez en los brazos del silencio…-la muchacha cerro sus ojos y la caricia del viento se transformaba en un beso cuyo eco recorrería eternamente ese hermoso jardín gritando en cada esquina que jamás lo dejaran morir.Siguieron bailando juntos mirándose, conociéndose, clamando cada uno de ellos que la sinfonía jamás terminase, que la oportunidad de los sueños jamás los dejara morir y prohibir estar en ese bello jardín, bailando bajo el hechizo de tan bella música.
El cielo gris de un otoño cualquiera era mudo testigo de la existencia de dos almas. El cielo gris era mudo testigo de dos vidas que ahora se encontraban y que vivían lejos, en un lugar cualquiera, rodeados de un jardín cuyos colores no podían ser vistos por nadie y que al compás de un bello vals bailaran por toda la eternidad acompañados de un amor libre del silencio y de la marchitez.Las pequeñas gotas de lágrimas que sollozaba el cielo cayeron sobre una hermosa muchacha de ojos azules que ahora estaban dormidos y sobre un mudo viejo que postrado a su lado tomaba sus manos.Por las cercanías se escuchaban los murmullos de los arboles que se movían al canto de la lluvia que se dejaba sentir y a la angustia de la brisa que comenzó después de llover.
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