El sol
Alejandro tomó un baño por la noche, se cepilló los dientes y se puso ropa. Nada especial, solo ropa de estar en casa. Luego, sin decir nada más, se tiró de un décimo piso y cayó directo al asfalto. Murió al instante. Nadie entendió sus motivos, era un joven amable; la mayor esperanza para una familia con muchos problemas. Sus padres fueron avisados a altas horas de la madrugada, debían reconocer el cuerpo. Realmente era él. Su madre rompió en llanto mientras su padre se tapaba la boca para no gritar. Todas las personas miraban tristes y conmocionados como se llevaban el cuerpo. Las tragedias de la familia colmarían el vaso hasta llevarlos a este funeral. Una foto del muerto mira detenidamente a la audiencia, hombres y mujeres de todas las edades. Realmente no tenía grandes amigos, pero de tantos conocidos no hubiera reconocido ni a la mitad.
En el lugar también estaba Jana, una compañera de clase de Alejandro. Ambos compartieron universidad durante un par de años, sin embargo, solo tuvieron un par de meses para conocerse. Alejandro la acompañó a casa una vez, en el camino le contó una historia antigua sobre un niño perdido, algo así como una leyenda. A partir de ese día, Jana dejó que la acompañara todos los días.
La madre de Alejandro y Jana se sentaron a la par para hablar, la joven tenía algo para entregarle, y algunas respuestas para dar.
- ¿Cuándo fue la última vez que se vieron?
-El sábado pasado. Fuimos juntos al zoológico.
- ¿Y se veía diferente?
-La sensación que me dio ese día… fue la misma de siempre. Era tan amable que, a veces pienso, le daba todo lo bueno que tenía a los demás. Se guardaba lo malo para él mismo… De camino a casa me preguntó, “¿Cuál es la cosa más hermosa del mundo?”
- ¿Y que dijo?
-Dijo que era el sol, no me dio explicaciones allí, solo echó una risa. Y no volvimos a vernos.
- ¿Por qué?
-No fue más a clases. Le escribí, pero no respondió.
Su madre pensaba que seguía yendo a clases, que pasaba todo el día fuera porque también tenía sus reuniones con amigos; ella de verdad pensaba que su hijo estaba conforme con su vida.
-Un día me envió un mensaje- Dice Jana. - ¿No pudo verlo en su celular?
-Borró todos los mensajes y archivos de su celular. Ordenó todo antes de irse, como si no quisiera molestarnos… ¿Puedes enviarme el mensaje?
Jana asintió mientras comenzaba a llorar. Todavía no podía entender como había terminado así. Realmente comenzaba a enamorarse de Alejandro, y de un día para el otro, él desapareció. Se derrumbó frente a una madre que ya había llorado suficiente, se tomaron las manos para consolarse mutuamente.
- ¿Eras su novia?
-No lo sé, pero hubiera querido serlo.
El mensaje era una carta devastadora, la madre de Alejandro se dispuso a leerla pensando en todo lo malo que había hecho.
La cosa más hermosa del mundo es el sol. Sin importar donde estés, el sol seguirá allí en periodos iguales de día y de noche. Fuimos al zoológico hace unos días, el sol brillaba tanto que los animales no lo soportaban. Todos encontraron una sombra donde ocultarse. Tuve una sensación que no puedo describir con palabras. Deseé, al igual que esos animales, poder ocultarme en la sombra. Pero, al mirar a mi alrededor, vi que no solo los animales se ocultaban en la sombra. Jana, tú también lo haces, y mi madre, y mi padre, y mi hermano, y todo el mundo. Ustedes lograron encontrar sombras que los oculten… pero yo no. No tenía donde esconderme, solo la luz del sol dándome en el rostro, las 24 horas del día, ininterrumpidamente, radiante y cálida, iluminándolo todo.
En el lugar también estaba Jana, una compañera de clase de Alejandro. Ambos compartieron universidad durante un par de años, sin embargo, solo tuvieron un par de meses para conocerse. Alejandro la acompañó a casa una vez, en el camino le contó una historia antigua sobre un niño perdido, algo así como una leyenda. A partir de ese día, Jana dejó que la acompañara todos los días.
La madre de Alejandro y Jana se sentaron a la par para hablar, la joven tenía algo para entregarle, y algunas respuestas para dar.
- ¿Cuándo fue la última vez que se vieron?
-El sábado pasado. Fuimos juntos al zoológico.
- ¿Y se veía diferente?
-La sensación que me dio ese día… fue la misma de siempre. Era tan amable que, a veces pienso, le daba todo lo bueno que tenía a los demás. Se guardaba lo malo para él mismo… De camino a casa me preguntó, “¿Cuál es la cosa más hermosa del mundo?”
- ¿Y que dijo?
-Dijo que era el sol, no me dio explicaciones allí, solo echó una risa. Y no volvimos a vernos.
- ¿Por qué?
-No fue más a clases. Le escribí, pero no respondió.
Su madre pensaba que seguía yendo a clases, que pasaba todo el día fuera porque también tenía sus reuniones con amigos; ella de verdad pensaba que su hijo estaba conforme con su vida.
-Un día me envió un mensaje- Dice Jana. - ¿No pudo verlo en su celular?
-Borró todos los mensajes y archivos de su celular. Ordenó todo antes de irse, como si no quisiera molestarnos… ¿Puedes enviarme el mensaje?
Jana asintió mientras comenzaba a llorar. Todavía no podía entender como había terminado así. Realmente comenzaba a enamorarse de Alejandro, y de un día para el otro, él desapareció. Se derrumbó frente a una madre que ya había llorado suficiente, se tomaron las manos para consolarse mutuamente.
- ¿Eras su novia?
-No lo sé, pero hubiera querido serlo.
El mensaje era una carta devastadora, la madre de Alejandro se dispuso a leerla pensando en todo lo malo que había hecho.
La cosa más hermosa del mundo es el sol. Sin importar donde estés, el sol seguirá allí en periodos iguales de día y de noche. Fuimos al zoológico hace unos días, el sol brillaba tanto que los animales no lo soportaban. Todos encontraron una sombra donde ocultarse. Tuve una sensación que no puedo describir con palabras. Deseé, al igual que esos animales, poder ocultarme en la sombra. Pero, al mirar a mi alrededor, vi que no solo los animales se ocultaban en la sombra. Jana, tú también lo haces, y mi madre, y mi padre, y mi hermano, y todo el mundo. Ustedes lograron encontrar sombras que los oculten… pero yo no. No tenía donde esconderme, solo la luz del sol dándome en el rostro, las 24 horas del día, ininterrumpidamente, radiante y cálida, iluminándolo todo.
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