Hace cuatro años, hube de salir de casi madrugada, con la relente y el frio a casa de una pariente, los motivos, personales, no vienen al caso. Inspirada en la soledad de la calleja, donde ahora hay un solo edificio esquelético, escribí la olla del inope, basada en un ser humano que solo consiguió hacerse un caldo con un hueso de jamón para, acaso, engañar su hambriento estómago.
Pero el mes pasado volviendo a aquellos lares, me encontré con un grupo de jóvenes, cantantes, sentados en un sofá a la intemperie, dando buena cuenta además de sus lixivídicos alcoholes, canutos y risas.
Anoche volví al lugar. del canapé ya no quedaba mas que el esqueleto cómo el edificio. Como la miseria, como la libertad, como acaso el clan de los músicos libres.
 
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