En unos de los grandes charcos que se formaban en ese suburbio de un pueblo escondido y anónimo, en una de las peores calles de tierra que existían en ese pueblo de ínfulas en lo que pretendían ser aristócratas de pueblito para granjearse la sumisión de los empleados y ciudadanos de los barrios bajos. El niño entonces retrocedió unos metros en la caminata que efectuaba con sus hermanas. A esa hora el barrio dormitaba en la siesta eterna. A nadie se le ocurre mejor plan para un día de lluvia pos almuerzo que echarse a dormir una siesta a fin de descansar a fin de poder continuar la rutina que consume sus días. Las hermanas lo advirtieron, entusiasmadas como iban, recién cuando el niño había emprendido una veloz carrera camino al charco más grande, el que provocaba un camión enorme que un vecino utilizaba para el transporte de cereales. Y como si se tratara de una piscina radiante y con un soleado marco, el niño fuese a caer con un acrobático vuelo al charco como si se tratase de un artista. La primera impresión de las hermanas fue de desconcierto. Luego dieron paso a la reprimenda:
_ ¿Qué hacés? ¿Estás loco?
Y el niño, clemente, solo pudo reprimir una carcajada para no llamar la atención de los vecinos.
_ Ustedes no entienden nada…
Y fue a pasarse barro todavía en las partes que no habían sido afectadas. Se pasó por la cara y la cabeza la arrimó agachándose y poniéndose con sus propias manos.
- Je je, vengan al montecito…
Y fueron los hermanos, acompañados de sus caballos. Y el niño habló:
_ Me parece que va a haber lío enseguida, je je je me embarré todo para decirle a papi que el loco me corrió y me tiró al barro. Ustedes tienen que prometerme que van a decir todo lo que yo diga… si papi y mami preguntan si es verdad ustedes tienen que jurar que es verdad. No quiero que después se den vuelta y se pongan a llorar… ya lo va a agarrar papi al loco ese puto y lo va a matar a piñas. Yo no sé por qué la gente le tiene miedo. Si ustedes vieron que es re flaquito y petisito, bah no tan petiso como papi pero papi es musculoso… así que ya saben no me vayan a decir atrás mío de que es mentira porque las mato a palos a las dos por más que después mami me castigue…
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Las niñas oían. En absoluto silencio. Sus ojitos evitaban cualquier innecesario pestañeo. Sin embargo en la más pequeña, que más que una niña parecía una muñeca animada, resultábale un aire mohíno que no es justamente signo de buena suerte y de espléndidos presagios.
 
Primero que todo fue el grito desaforado de la mamá:
_ ¡Pelotudo de mierda qué mierda te hiciste pajero!
La atravesó una furia inmediata. A decir verdad la verdadera alma iracunda de la familia era la de la mamá del niño. Ampliamente superaba a la del papá del niño. Caminó porruda, pues acababa de levantarse de tener una agitada siesta que no utilizaron para dormir. Pues el papá trabajaba por las noches en el hurto de ganado y no volvía a la casa sino a la mañana, y recién acababa de levantarse sobre el mediodía.
_ ¿Pero pelotudo quién te tiró al barro? Si dieran un premio al boludo mayor vos recibirías el segundo premio… Mirá cómo estás. Embarrado hasta las orejas…
_ Sí, las orejas también… -dijo Gladiola, por articular sonido.
_ Pero callate infeliz.
Un tremendo cachetazo fue a caer en el rostro de Gladiola. Acto seguido, la muñeca que tenían como hermana menor prorrumpió en un llanto desesperanzador.
_ ¿Pero qué les pasa a ustedes? A ver venga mi chiquita…
Pero la chiquita hizo caso omiso a la invitación de su madre y corrió rauda al interior de la vivienda.
_ Fue el loco…
Dijo en ese momento el niño que era hijo del padre. Y puso su mejor cara de ser humillado en el infierno, en aquellos fatales tormentos soñados por el Dante.
_ ¿Pero qué te pasó tarado? Hablá de una vez… -la madre estaba en un estado de crispación superior a la del padre.
Y ante esas palabras de su hijo, revió su intención primigenia de buscar a su pequeñita a manos de saber qué quería explicitar su hijito.
Y el niño, actor notable, hizo brotaran lágrimas con una sinceridad espeluznante, que incluso sorprendió a Gladiola, cómplice en la actuación a que daban vida.
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