Le dicen el hombre del medio. Quise pasarlo a mi lado, convencerlo de ser como yo y pelear por ideas a contracorriente. Dice que soy una persona muy pasional, Aramis prefiere vivir tranquilo, conforme con sus pequeños logros. Lo idealicé como una persona diferente, con el tiempo acabé encariñándome de su extraña normalidad. Conozco sus debilidades, sus fortalezas, no prestaría atención a estas cuestiones. Considero a mi amigo como la excepción de las excepciones. La persona que escribe resulta ser alguien muy particular, entre mis patrones más evidentes está el de no conservar las amistades como esta.
Me causa gracia pensar que una persona como Aramis podría cometer muchas locuras, podría matarme, podría quererme, podría morir en cualquier momento. Sé que lo buscan fantasmas del pasado, pensé en entregarlo, pero no es asunto mío. Cada uno puede ocultar su basura bajo la alfombra, es una mala decisión que todos decidimos tomar.
Volviendo a nuestra relación, diría que es el hombre que más cerca estuve de querer, y con esto quiero decir que con el tiempo aprendí a no odiarlo. No puedo despreciarlo como lo hago con mis pares. Puede que sea culpa de esa pequeña chispa que le vi en su momento, lo que pudo haberlo convertido en una persona especial. Si bien no soy un factor crucial en su destino, no puedo seguir ignorando su imagen como si se tratara de un extra. Le daría la importancia de un personaje secundario, aquel con su trama, su desarrollo y desenlace. Un entrañable sujeto que no quisieras ver sufrir, al menos no la mayoría del tiempo.
Aramis es una de mis personas preferidas, representa todo lo que no soy, lo que nunca seré, ¿Lo que quise ser? En algunos puntos sí. Tiene un amor simple, objetivos simples, una vida simple dentro de lo complejo que puede llegar a ser este mundo. Aún con todas estas características, no es un completo idiota, lo cual es raro.
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Somos muy diferentes, pero la mera convivencia y estabilidad de una relación estándar nos ha hecho amigos. Siempre estuvo allí, en la sombra, atrás de cada uno de mis cambios. Es cierto que fuimos increíblemente distantes. Quizá la falta de confianza sea un problema, pero a diferencia de Elisa, por ejemplo, mi relación con Aramis no tiene progreso, no tiene mejora, es la que es y funciona. Jamás rozaré mis límites con él, ni para bien ni para mal, sería muy complicado. Creo que ambos sabemos el único motivo que nos haría pasar de un gran cariño a un odio asesino, lo mismo que mueve nuestros mundos. No sucederá, estoy contento con tenerlo cerca. Podría considerarlo mi familia, y aunque eso no sea pertenecer al escalón más alto de mi escala de valores, es un lugar que nadie más pudo conseguir, nadie de sus características.
En un profundo análisis, somos dos borrachos felices, y luego seremos dos jóvenes sin rumbo. Sé que al igual que el resto, Aramis nunca será como yo, pero eso no es lo que pido, más que inclusión necesito entendimiento. Para mí es importante entender a cada una de las personas que conforman (o alguna vez lo hicieron) mi vida, para tratar de darles soluciones. Al terminar mi trabajo, nadie me escucha, no los culpo… pero no dediqué tanto tiempo al resto para quedarme callado.
Aramis no ha cambiado desde mi punto de vista, pero sé que en realidad lo ha hecho. Aquel hecho trágico lo rompió, porque, aunque intentes ocultar tus traumas bajo firmes corazas, alguien acabará destapándote. Es absurdo fingir, pero siguen haciéndolo. Ni siquiera él se salvó de las falsas apariencias. Toda mi vida traté de traspasar distintas corazas de personas similares. Nunca tuve éxito, y por lo tanto tampoco lo tendría con Aramis. Si me pide ayuda la tendrá, pero entre mis raras creencias existe la de no jugármela por alguien que no amo. Sin embargo, no quiero irme sin dejarle un mensaje, ya que estoy seguro de que será una de las pocas personas que me extrañará. Sabe que no puede detenerme, pero hay un camino que recorrer.
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En fin, yo solo quería hablar de las personas consumidas por el mal exterior, que llega como un virus para contagiarnos y destruirnos desde dentro. Es un factor social que nos confunde, unido al factor emocional que nos hunde. Sé que Aramis encontrará su lugar en el mundo, será muy feliz con la mujer que ama, con la salud justa y dinero suficiente para no pensar en su valor real. A las personas comunes, como él, les digo que no se dejen llevar por sus fantasmas, por esas aberrantes ideas, por esas lujuriosas provocaciones, por esos tramos finales. La vida resulta ser una cosa maravillosa, y las personas que nos rodean son criaturas maravillosas. Cuando mueras, alguien te recordará, es importante no arruinar ese recuerdo.
 A veces me pongo triste porque pienso mucho. Sería una pena no poder terminar nuestra historia borrachos en un bar. Consumiremos tanto alcohol que olvidaremos que se trata de nuestro último día en la tierra. Las mesas cercanas nos mirarán con rechazo, no nos daremos cuenta, lo impediría la importancia de nuestra conversación. ¿Temas a tratar? Estaremos cansados de pensar en angustias, en mujeres, en trabajo. Seguramente comentaremos la calidad de los jugadores de futbol de un país olvidado de Europa, o la extraña estrategia de un juego japonés. Compartiremos una vez más nuestro conocimiento más inútil. Me dolerá el rostro de tanto reír. Al salir, caminaríamos tambaleantes en busca de un destino complaciente, siguiendo las luces de una calle muy transitada.
Antes de volver a casa, te miraría en tu peor momento. Pensaría que desde hace tiempo tengo el poder de volver el tiempo atrás con tan solo chasquear los dedos. ¿Te dije que nunca aprendí a chasquear los dedos? Es un detalle que se nos escapará. Hasta que aprenda a dominar mis absurdos poderes, el reloj seguirá corriendo.
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