-Suéltalo.- Me dijo. 
Había tomado asiento en una banca, en el parque menos transitado y mas peligroso de mi ciudad. 
-No quiero.- Le dije, mirándole con extrañeza. 
-Se nota que es de esos globos más bonitos.- Se sentó al lado mío 
-Si... el Helio que lleva es el más extraño del mundo. 
-Pero también causa severos problemas a la salud si estas tan cerca de el todo el tiempo. 
-Lo sé... 
-Mira. -Me dijo, mostrándome uno de los globos que llevaba. Miré con ilusión, nunca había visto ese globo en mi vida, tenia unos colores 
que nunca había visto. 
-Es hermoso. 
-Exacto... 
-... 
En ese momento, le miré a los ojos; combinaban con su globo, y no era que el mismísimo globo se reflejase en sus ojos, si no que más bien un rompecabezas, que, si sus ojos y el globo fueran piezas, encajarían perfectamente. No sé cuanto tiempo pasó, pero sentí como si 
cada segundo durase el triple. 
-¿Lo quieres? 
-Eh...- Reflexioné, era hermoso, lo quería definitivamente, pero entonces dejaria de lado el globo que ya tenía. 
 
 
Me decidí a responderle con mi corazón latiendo a mil, pero en el momento que iba a tomar el globo, solté el mío sin darme cuenta. 
 
 
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