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El comedor de helados

facundo aguirre@ateo
31 mar 2009·3 min de lectura

El general Francisco Villa tiene la costumbre de comer helados de fresa, no beber alcohol y amar a muchas mujeres. Son innumerables las mujeres que ha desposado Villa. Campesinas todas, como campesino es todo su ejército, la División del Norte que marcha a la batalla con las soldaderas, las mujeres de los milicianos y combatientes villistas. La mayoría son de Chihuahua y Sonora, vaqueros, hombres y mujeres de armas llevar que supieron combatir a los indios sioux y la oligarquía de los Terrazas. Ellos luchan por la tierra y la libertad.
Los soldados del general Villa son los mejores y más audaces jinetes de México, él mismo es un jinete extraordinario. Las cargas de caballería villistas son famosas y letales. Sino pregúntenle al manco Álvaro Obregón, que perdió el brazo y fue derrotado por las tropas villistas. El manco Obregón, que se salvo de ser fusilado porque el general Villa se arrepintió de su orden y lo libero, para volver a ordenar que lo fusilaran cuando ya Obregón había logrado huir. Otro hombre duro el manco Obregón, que luego sabrá derrotar a Villa, y al Centauro Zapata, apoyado por la burguesía y los arribistas de las fuerzas constitucionalistas e imitando la guerra que se hace en Europa, con nidos de ametralladoras y trincheras. Astuto el manco Obregón que supo ganarse a los anarcosindicalistas del magonismo con la jornada de 8 horas y legalizando la Casa del Obrero Mundial.
Seguramente a Villa le dio un ataque de cólera cuando se dio cuenta que Obregón se le había ido de las manos. Habrá maldecido, hijo de una chingada, y nadie se acerco por miedo a terminar con un tiro en el pecho. Porque el general no se mide. Una vez, durante una discusión el cónsul ingles levanto la voz frente a Villa. Cuando los de la habitación contigua oyeron el tiro y corrieron para ver pasaba, se encontraron con el cónsul ingles derrumbado en su silla y al general Villa con su revolver humeante en la mano.
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Las tropas de Villa combaten de día, para poder ser filmados por los estudios norteamericanos interesados en retratar la épica revolución de a caballo en su patio trasero. El periodista John Reed ve en la milicia villista -y trata de convencer a sus desconfiados camaradas de las IWW- la fuerza combatiente de una revolución social. Reed esta sorprendido allí donde la División del Norte triunfa, se reparte el dinero expropiado entre las viudas, la tierra entre los campesinos y Villa firma su propio dinero. Villa utiliza las vías ferroviarias y los trenes como trazado de sus movimientos militares, duerme todas las noches en un pueblo distinto y con una amada distinta, todas esposas del general, porque en las noches donde no hay batalla, cuando la tropa descansa, Villa toma helados, los milicianos tequilas y las soldaderas preparan sus enchiladas y tortillas y danzan con sus hombres, antes de hacer el amor bajo la luna de Chihuahua.
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© CC BY-NC-ND 4.0 — Solo lectura
Publicado en Textale · Obra registrada bajo licencia de autor
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Escrito porfacundo aguirreCoautor del libro Insurgencia Obrera en Aregentina 1969/1976 junto a Ruth Werner (Ediciones IPS 2007…
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