El abuelo
El abuelo
Un tarde fría y brumosa, (no tan diferente a el trato que tengo conmigo mismo). Me encontraba sentado en uno de los asiento del transporte público, me dirigía a mi hogar, era uno de esos días en los que mi cuerpo andaba en piloto automático, ya que en mi mente se desencadenaba un dialogo con las multitudes que me habitan. -Mi mente volaba y la esencia en la tierra andaba- mi entorno no me importaba, ni las personas, ni cuanto me tardara en llegar a mi hogar, solo iba concentrado en el dialogo interno que llevaba. De pronto un abuelo se sentó a mi lado, momentáneamente no le di importancia a ello, no quería perder la noción de lo que hacía. Pero pocos minutos después note que el abuelo me observaba detenidamente, Podía sentir como la mirada se posaba en mí, como quien admira la portada de un libro, solo que no podía saber cuál era el veredicto que tenía el de lo que veía, yo no entendía por qué me miraba, aunque en realidad no me molestaba que lo hiciera; ya que era un ser con demasiada calma y transmisor de la misma. Podía percibir en su mirada algo de gracia pero a la vez de asombro, fue muy confuso y poco común a la vez, era como si estuviese leyendo un libro o tal vez mi alma a través de esa ventana la cual son los ojos.
Por un segundo paso este pensamiento por mi cabeza, “solo es otra paranoia más.” Como un abuelo podría saber que está ocurriendo en mi cabeza ¿cabría la posibilidad? Proseguí a voltear mi mirada hacia la ventana de aquel viejo autobús para ver que “sucedía” en sus alrededores, en realidad eso era lo que menos me importaba; solo quería volver a esos pensamientos que cuestionaba pocos minutos antes de a verles interrumpido. Pensaba en esa bella mujer la cual había citado unas horas antes para tomar una taza de buen café en aquel local el cual suelo frecuentar. Ella estaba deslumbrante, era notable que se había arreglado para mí y me gustaba el detalle pero al mirar más a fondo podías ver también que se había arreglado para ella y eso simplemente me encantaba, me parecía atractiva aunque mientras charlábamos no conseguía darle la importancia debida. Sentía una gran ausencia de aquel equilibrio que ha de interesarme para una relación, sé que ella posee una gran belleza; eso es innegable, recordaba esa hermosa cascada de risos negros que la adornaban, unos bellos ojos café, el color de mi rehabilitante de vida favorito, unos preciosos labios carmesí y un hermoso cuerpo colmado de dotes, toda su belleza es angelical, es una de esas mujeres las cuales atraen miradas como pintura exhibida en galería. Pero a pesar de toda esa belleza no sentía esas ganas de estar, de hacer germinar sentimientos por esa persona, tal vez no era tan interesante como yo esperaba o simplemente yo he de idealizarle antes de haberle conocido, ese es mi dilema.
Volví a tornar la mirada con la de aquel abuelo y el seguía mirándome con la misma tranquilidad y gracia que lo acompañaba, pero esta vez él me dijo –Que tal joven, disculpe mi intromisión pero le veo un poco preocupado.- Sus palabras iban con un mensaje implícito, fue como si se lanzara una roca la cual impacta una botella de un golpe, un acierto muy certero, sin la necesidad de otra oportunidad para poder acertar. Era como si mi taciturno mirar dejara ver todo lo que por mi mente pasaba. Muy sorprendido le respondí con una sonrisa y le dije –no se preocupe, pero que le hace pensar tal acusación.
-Hijo tus ojos hablan por ti, puedo ver que una tormenta embiste ese pensamiento, quizás solo necesitas hablar con alguien sobre aquello que te preguntas y tal vez encuentres un claro en medio de esa tormenta.- Por un momento pensé en las palabras de aquel anciano… y decidí hablar del tema con él ya que era una de esas personas las cual destellan confianza, a pesar de no conocerle, yo podía sentir confianza en ese momento. – No sé cómo, pero tiene usted razón. Le he estado dando vueltas a algo y no he encontrado una buena respuesta, solución a aquello. Mi dilema tal vez es simple o tal vez yo mismo lo he de complicar, pero le he de dar su importancia porque no quiero herir a nadie y si es inevitable que el herido sea yo, me gustaría escuchar ¿Qué opina usted de la belleza?
El abuelo respondió – La belleza física es un estereotipó creado por alguien que vio su reflejo distinto y que para las mentes simples se ha convertido en una necesidad obsesiva y denigrante para quien no la posee, pero si se mira más a fondo todos poseemos belleza, en las imperfecciones la hay también; solo es posible verle cuando se observa con el alma. La belleza está hecha para admirarla solo hay que saber mirar para encontrarla… Joven es inevitable el no herir a las personas que le importamos, cuando las protegemos hiriéndonos a nosotros mismo sin darnos cuentas le herimos a ellos también y algunas veces es hasta necesario. -
Le dije – Hoy tuve la dicha de tener un momento ameno, visto desde algún punto de vista, con una mujer muy preciosa en una variabilidad de aspectos, ella es muy agradable, la verdad. Pero mientras más y más nos conocemos, con cada frase que ella deja salir, va desapareciendo el encanto, el interés, son muchas banalidades. Ella es hermosa pero para mí, la belleza no lo es todo, yo más bien esperaba un equilibrio, tal vez mi error fue ¿idealizarle antes de conocerle? -Hijo te diré estas palabras que me dijo mi padre en algún momento. “ Cuando te cases hazlo con alguien que sepa platicar, porque es más fácil enseñarle a besar que a ser interesante." Suena tal vez un poco cruel, pero a lo que él se refería es que es muy difícil cambiar personas de hecho hay quienes lo consideran imposible. Puedes quedarte con quien sepa escucharte y tenga que decir, con aquella persona que está dispuesta a compartir su tiempo con el tuyo… Mi joven amigo la mayoría de las personas tenemos la tendencia de esperar siempre algo de los demás, acciones, palabras y ese es el mayor error que cometemos, esperar algo, por ende la mayoría de las ocasiones terminamos dándole paso a la constante decepción. A lo largo de la vida me he basado en una filosofía que dijo algún sabio “todas las personas son un asco, y me sorprendo gratamente cuando conozco a alguien que no lo es.” Es preferible no esperar nada de nadie y sorprenderse con lo espontaneo,aquello que no has esperado. Tú tienes el poder de decidir qué es lo que quieres…
El abuelo me regalo una sonrisa cómo diciendo todo estará bien, algo en lo que muy poco creo, vil mentira. El miro al entorno y brevemente volvió su mirada hacia mí, pude notar como algún tipo de tristeza le invadía su rostro, su ser. Él había caído en un estado en el cual sus pensamientos, nostalgia y una mezcla de emociones se habían apoderado de él, como si sus palabras le hubiesen hecho recordar algo. El viejo autobús se detuvo en una parada no muy lejos de mi destino y el abuelo volvió a tener conciencia de su entorno, yo quería indagar que pasaba por su mente ya que de alguna manera me desconcertó tal escena, aquel abuelo me estiro su mano y me dijo -hijo este el fin de esta intersección, de nuestros caminos cruzados, gracias por tu grata conversación, recuerda tú eres el dueño de tu propio destino.- Aquel abuelo se bajó del viejo autobús yo le observaba con un poco de tristeza en mi ser, pues quería seguir hablando con él... con cada paso él iba adentrándose más y más en la niebla perdiéndose de mi vista y presencia pero dejando una solución a aquel dilema.
Un tarde fría y brumosa, (no tan diferente a el trato que tengo conmigo mismo). Me encontraba sentado en uno de los asiento del transporte público, me dirigía a mi hogar, era uno de esos días en los que mi cuerpo andaba en piloto automático, ya que en mi mente se desencadenaba un dialogo con las multitudes que me habitan. -Mi mente volaba y la esencia en la tierra andaba- mi entorno no me importaba, ni las personas, ni cuanto me tardara en llegar a mi hogar, solo iba concentrado en el dialogo interno que llevaba. De pronto un abuelo se sentó a mi lado, momentáneamente no le di importancia a ello, no quería perder la noción de lo que hacía. Pero pocos minutos después note que el abuelo me observaba detenidamente, Podía sentir como la mirada se posaba en mí, como quien admira la portada de un libro, solo que no podía saber cuál era el veredicto que tenía el de lo que veía, yo no entendía por qué me miraba, aunque en realidad no me molestaba que lo hiciera; ya que era un ser con demasiada calma y transmisor de la misma. Podía percibir en su mirada algo de gracia pero a la vez de asombro, fue muy confuso y poco común a la vez, era como si estuviese leyendo un libro o tal vez mi alma a través de esa ventana la cual son los ojos.
Por un segundo paso este pensamiento por mi cabeza, “solo es otra paranoia más.” Como un abuelo podría saber que está ocurriendo en mi cabeza ¿cabría la posibilidad? Proseguí a voltear mi mirada hacia la ventana de aquel viejo autobús para ver que “sucedía” en sus alrededores, en realidad eso era lo que menos me importaba; solo quería volver a esos pensamientos que cuestionaba pocos minutos antes de a verles interrumpido. Pensaba en esa bella mujer la cual había citado unas horas antes para tomar una taza de buen café en aquel local el cual suelo frecuentar. Ella estaba deslumbrante, era notable que se había arreglado para mí y me gustaba el detalle pero al mirar más a fondo podías ver también que se había arreglado para ella y eso simplemente me encantaba, me parecía atractiva aunque mientras charlábamos no conseguía darle la importancia debida. Sentía una gran ausencia de aquel equilibrio que ha de interesarme para una relación, sé que ella posee una gran belleza; eso es innegable, recordaba esa hermosa cascada de risos negros que la adornaban, unos bellos ojos café, el color de mi rehabilitante de vida favorito, unos preciosos labios carmesí y un hermoso cuerpo colmado de dotes, toda su belleza es angelical, es una de esas mujeres las cuales atraen miradas como pintura exhibida en galería. Pero a pesar de toda esa belleza no sentía esas ganas de estar, de hacer germinar sentimientos por esa persona, tal vez no era tan interesante como yo esperaba o simplemente yo he de idealizarle antes de haberle conocido, ese es mi dilema.
Volví a tornar la mirada con la de aquel abuelo y el seguía mirándome con la misma tranquilidad y gracia que lo acompañaba, pero esta vez él me dijo –Que tal joven, disculpe mi intromisión pero le veo un poco preocupado.- Sus palabras iban con un mensaje implícito, fue como si se lanzara una roca la cual impacta una botella de un golpe, un acierto muy certero, sin la necesidad de otra oportunidad para poder acertar. Era como si mi taciturno mirar dejara ver todo lo que por mi mente pasaba. Muy sorprendido le respondí con una sonrisa y le dije –no se preocupe, pero que le hace pensar tal acusación.
-Hijo tus ojos hablan por ti, puedo ver que una tormenta embiste ese pensamiento, quizás solo necesitas hablar con alguien sobre aquello que te preguntas y tal vez encuentres un claro en medio de esa tormenta.- Por un momento pensé en las palabras de aquel anciano… y decidí hablar del tema con él ya que era una de esas personas las cual destellan confianza, a pesar de no conocerle, yo podía sentir confianza en ese momento. – No sé cómo, pero tiene usted razón. Le he estado dando vueltas a algo y no he encontrado una buena respuesta, solución a aquello. Mi dilema tal vez es simple o tal vez yo mismo lo he de complicar, pero le he de dar su importancia porque no quiero herir a nadie y si es inevitable que el herido sea yo, me gustaría escuchar ¿Qué opina usted de la belleza?
El abuelo respondió – La belleza física es un estereotipó creado por alguien que vio su reflejo distinto y que para las mentes simples se ha convertido en una necesidad obsesiva y denigrante para quien no la posee, pero si se mira más a fondo todos poseemos belleza, en las imperfecciones la hay también; solo es posible verle cuando se observa con el alma. La belleza está hecha para admirarla solo hay que saber mirar para encontrarla… Joven es inevitable el no herir a las personas que le importamos, cuando las protegemos hiriéndonos a nosotros mismo sin darnos cuentas le herimos a ellos también y algunas veces es hasta necesario. -
Le dije – Hoy tuve la dicha de tener un momento ameno, visto desde algún punto de vista, con una mujer muy preciosa en una variabilidad de aspectos, ella es muy agradable, la verdad. Pero mientras más y más nos conocemos, con cada frase que ella deja salir, va desapareciendo el encanto, el interés, son muchas banalidades. Ella es hermosa pero para mí, la belleza no lo es todo, yo más bien esperaba un equilibrio, tal vez mi error fue ¿idealizarle antes de conocerle? -Hijo te diré estas palabras que me dijo mi padre en algún momento. “ Cuando te cases hazlo con alguien que sepa platicar, porque es más fácil enseñarle a besar que a ser interesante." Suena tal vez un poco cruel, pero a lo que él se refería es que es muy difícil cambiar personas de hecho hay quienes lo consideran imposible. Puedes quedarte con quien sepa escucharte y tenga que decir, con aquella persona que está dispuesta a compartir su tiempo con el tuyo… Mi joven amigo la mayoría de las personas tenemos la tendencia de esperar siempre algo de los demás, acciones, palabras y ese es el mayor error que cometemos, esperar algo, por ende la mayoría de las ocasiones terminamos dándole paso a la constante decepción. A lo largo de la vida me he basado en una filosofía que dijo algún sabio “todas las personas son un asco, y me sorprendo gratamente cuando conozco a alguien que no lo es.” Es preferible no esperar nada de nadie y sorprenderse con lo espontaneo,aquello que no has esperado. Tú tienes el poder de decidir qué es lo que quieres…
El abuelo me regalo una sonrisa cómo diciendo todo estará bien, algo en lo que muy poco creo, vil mentira. El miro al entorno y brevemente volvió su mirada hacia mí, pude notar como algún tipo de tristeza le invadía su rostro, su ser. Él había caído en un estado en el cual sus pensamientos, nostalgia y una mezcla de emociones se habían apoderado de él, como si sus palabras le hubiesen hecho recordar algo. El viejo autobús se detuvo en una parada no muy lejos de mi destino y el abuelo volvió a tener conciencia de su entorno, yo quería indagar que pasaba por su mente ya que de alguna manera me desconcertó tal escena, aquel abuelo me estiro su mano y me dijo -hijo este el fin de esta intersección, de nuestros caminos cruzados, gracias por tu grata conversación, recuerda tú eres el dueño de tu propio destino.- Aquel abuelo se bajó del viejo autobús yo le observaba con un poco de tristeza en mi ser, pues quería seguir hablando con él... con cada paso él iba adentrándose más y más en la niebla perdiéndose de mi vista y presencia pero dejando una solución a aquel dilema.
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