DISCURSO PSICOLÓGICO A PROPÓSITO DE LA NOVELA DEL NOBEL PERUANO “ELOGIO DE LA MADRASTRA”
DISCURSO PSICOLÓGICO
A PROPÓSITO DE LA NOVELA DEL NOBEL PERUANO “ELOGIO DE LA MADRASTRA”
Elogio a la madrasta la célebre novela del escritor peruano Vargas Llosa, es la síntesis de las pasiones secretas, esas mismas que despiertan el corazón en hondadas y deleitosas sensaciones que a su vez y sin reparo dejan todo en completo caos; ese desconcierto que brota de la aflicción de los secretos y callados momentos de encuentros furtivos de una mujer pasionaria que se entrega a la fugacidad de sus momentos de placer, sin contar que ese sería su principal atisbo del abismo donde caería y del cual ella sería portadora por siempre en cada detalle de su onírica fantasía.
Teniendo en cuenta la complejidad de esta romanza de nuestros tiempos de buena literatura, me propongo entonces hacer un comentario que versará principalmente en una comparación crítica entre literatura y la dimensión psicológica o rastreo etopéyico llevado a cabo en cada línea de la obra. Para tal fin emplearé la dimensión literaria esgrimida por Vargas Llosa y los aportes hechos por Vygotsky, en su rastreo a la dimensión psicológica y fantástica que develan las narraciones
A principios del siglo XX, Este psicopedagogo, nos va a dar a conocer sus postulados teóricos acerca de los procesos de imaginación arte y literatura en el hombre desde su infancia. Nos permite con ello delimitar en sus presupuestos que el hombre tiende a la ficcionalización, para apropiarse de su mundo, desde las narraciones primigenias que entendemos como mitos, hasta las reconfiguraciones del lenguaje que brindan elementos fantásticos a las construcciones subjetivas que poseen alguna carga emocional y por ende estética. Nos enuncia también que dichos métodos, por demás psicológicos, a razón de sus procesos que vinculan lenguaje y por ende significación semántica, hacen que el hombre genere sujeciones con las construcciones fantásticas desde su contexto real. El autor lo expone de la siguiente manera:
La primera forma de relación de fantasía y realidad consiste en que toda elucubración se compone siempre de elementos tomados de la realidad extraídos de la experiencia anterior del hombre. Sería un milagro que la imaginación pudiese crear algo de la nada, o dispusiera de otras fuentes de conocimiento distinta de la experiencia pasada” ( Vigotsky, 1999)
En la anterior cita, el psicólogo soviético nos expone la primera forma de apropiación de fantasía y realidad, la cual traemos a colación como instancia primordial en los procesos de vinculación imaginativa al contexto objetivo del hombre, trascurso que va a venir a modelar el prodigio como una mera manifestación de la literatura en el drama de la existencia humana. Declarado en el estremecimiento de la protagonista creada en la novela del escritor Peruano, “Lucrecia”, al contacto con “Foncito”, objeto sensible de sus pasiones furtivas.
… porque cuando lo veía pequeñín, arrodillado en el suelo, contemplándola como si su madrastra acabara de bajar del Paraíso, o cuando sus bracitos y su cuerpo frágil se soldaban a ella… doña Lucrecia no podía impedir que le sobresaltara a veces un ramalazo de excitación, una vaharada de deseo…” (Vargas LLosa, 2011)
La segunda forma en cuestión, parte en palabras del mismo Vygotsky, entre productos preparados de la fantasía y algunos fenómenos complejos de la realidad. Este proceso se da en gran medida, a la intervención de la memoria en elementos significativos colectivos, a saber, las imágenes que de eventos familiares que se representan en escenas concretas de la cotidianidad, por citar un ejemplo, pueden ser reconfiguradas para una nueva creación de corte fantástico. Dichas experiencias, aunque lejanas al creador de la ficción, generan vínculos imaginativos, para la configuración de un discurso literario acuñado por la psicología. Y como negar el carácter eminentemente síquico que se desprende de cada una de las acciones que aparecen en la trama de la novela, donde cada personaje en sus reflejos inconscientes dejan aparecer ese “yo” interior que los representan en la trama, construida en cada situación de su portavoz de carácter elemental en sus relaciones y de los resultados obtenidos en el contacto simple y directo con el otro.
La imaginación adquiere una función de mucha importancia en la conducta y en el desarrollo humano, convirtiéndose en medio de ampliar la experiencia del hombre que, al ser capaz de imaginar lo que no ha visto, al poder concebir basándose en relatos y descripciones ajenas lo que no experimentó personal y directamente, no está encerrado en el estrecho círculo de su propia experiencia, sino que puede alejarse mucho de sus límites asimilando, con ayuda de la imaginación, experiencias históricas o sociales ajenas” ( Vigotsky, 1999)
La literatura expone esta forma de relación en la estructura de sus composiciones, por ejemplo cuando hablamos de una novela psicológica y su combinación significativa de eventos reales y la más genial ficción de un autor para enriquecer la narración, se permite apreciar la descripción de los sentimientos humanos que se enfrentan con los miedos propios de la infamia y el sinsentido de los afectos. La literatura abre entonces en su obra una mirada en perspectiva de abandono a las miradas que denotan los más crueles deseos humanos, que se definen en líneas y espacios expresivos, que sin ningún miramiento ético, simplemente permiten el desenlace de la trama que no ha de ser otro que el despliegue de la pasión atiborrada de momentos de intimidad de unos personajes.
Nos han dejado sin secretos, mi amor. Esa soy yo, esclava y amor, tu ofrenda. Abierta en canal como una tórtola por el cuchillo del amor. Rajada y latiendo, yo. Lenta masturbación, yo. Chorro de almíbar, yo. Dédalo y sensación, yo. Ovario mágico, semen, sangre y rocío del amanecer: yo. Esa es mi cara para ti, a la hora de los sentidos. Esa soy yo cuando, por ti, me saco la piel de diario y de días feriados. Esa será mi alma, tal vez. Tuya de ti. (Vargas LLosa, 2011)
La tercera forma de vinculación entre imaginación y realidad, versará en el vínculo emocional que de hombre y realidad deviene. Los tintes sentimentales de los alarmes humanos, generan cordones de unión en la forma de interpretar el mundo. En las obras creadas, ya reverbera el germen emocional, el autor definió su matiz estético bajo los parámetros de sus emociones, y por su parte el lector ingresa a este mundo con la invitación que surge de sus líneas y la promesa de ser tocado, conmovido, alterado, entendido, identificado, y el sin fin de inquietes que de esta cadena de significantes al que llamamos literatura, puedan surgir.
“Las imágenes de la fantasía brindan también lenguaje interior a nuestros sentimientos seleccionando determinados elementos de la realidad y combinándolos de tal manera que responda a nuestro estado interior del ánimo y no a la lógica exterior de estas propias imágenes” ( Vigotsky, 1999)
Es así que al ser arrebatado, el lector tiene derecho a imaginar y crear un mundo afeccionado, en donde vive la obra para sí. Y haciendo las veces de lector-narrador reconfigura su cosmos con las más conmovedoras imágenes que la obra le haya dejado. Un despertar a las imágenes que en el texto del Nobel, son de carácter perverso; pero con la diferencia que están bellamente definidas en la metáfora adusta de la buena literatura, lo que permite la confabulación en ese juego de palabras que logran compenetrar en la situación vinculada de quien lee y las enajenaciones delirantes de los personajes.
Cerro los ojos y le pareció escuchar el lento movimiento de la sangre temprana bajo esa piel elástica. «Esta es la vida latiendo, la vida viviendo», pensó, maravillada. Desde que hizo el amor con el niño por primera vez, había perdido los escrúpulos y ese sentimiento de culpa que antes la mortificaba tanto. Ocurrió al día siguiente del episodio de la carta y de sus amenazas de suicidio. Había sido algo tan inesperado que, cuando doña Lucrecia lo recordaba, le parecía imposible, algo no vivido sino soñado o leído. (Vargas LLosa, 2011)
En la cuarta forma de vinculación, nos encontramos con la respuesta netamente imaginativa que el lenguaje puede llegar a crear, aunque muy relacionada con la anterior forma, tal cual lo expone Vigotsky, el producto erigido por esta cuarta propuesta, formula la creación subjetiva del individuo. Una representación mental que su lenguaje la convierte en narración y por ende real para sus afectos.
Consiste su esencia en que el edificio erigido por la fantasía puede representar algo completamente nuevo, no existe en la experiencia del hombre ni semejante a ningún otro objeto real; pero al recibir forma nueva, al tomar nueva encarnación material, esta imagen cristalizada, convertida en objeto, empieza a existir realmente en el mundo y a influir sobre los demás objetos. ( Vigotsky, 1999)
Dicha encarnación de la palabra escrita, sin temor a equivocarnos, ha representado y cimentado los más bellos productos de la literatura universal, así al hablar por ejemplo de un Macondo de García Márquez, se aprecia entre líneas su sueño por recrear el origen de nuestra propia identidad, el autor entonces nos permite que seamos nosotros los artífices indirectos de su vasta obra. También al adentrarnos en la novela Elogio a la madrasta del nobel, Vargas Llosa, nos estamos permeando de esta devastadora historia de amor, que se desenvuelve en un mundo real, como afirma (Cortázar, 2005), “donde la ilusión novelesca trasciende su lenguaje y nos permite ocultar lo meramente lo imaginativo para manifestar una realidad sitiada entre las líneas asombrosas de las páginas del texto”. Cuántos amores ocultos saldrían a flote si nos miráramos implícitos en la imaginativa del nobel y cuántos deseos se permearían en nuestra piel, cuántas huellas que deseáramos borrar o cuántos abrazos que desearíamos compartir nuevamente. Si la literatura no nos permite sacar ese fuego oculto en nuestra mismidad humana, de nada valdría; sería solamente una palabra insulsa que no da pie a imaginar mundos ideales incluyendo aquellos que nos tocan la piel y el alma. Pero en la lectura de esta bellas obra, retorcer más la piel, porque a su paso de las páginas al viento, nos deja estremecidos y ávidos de pedirle a la vida más de lo que ocultamos en el misterio insondable de la existencia desnuda.
Bibliografía
Vigotsky, L. (1999). La imaginación y el arte en la infancia. Alfaguara: México.
Cortázar, J. (2005). Cuentos Completos. Buenos Aires: Alfaguara.
Vargas LLosa, M. (2011). Elogio de la madrastra. Argos: Buenos Aires.
A PROPÓSITO DE LA NOVELA DEL NOBEL PERUANO “ELOGIO DE LA MADRASTRA”
Elogio a la madrasta la célebre novela del escritor peruano Vargas Llosa, es la síntesis de las pasiones secretas, esas mismas que despiertan el corazón en hondadas y deleitosas sensaciones que a su vez y sin reparo dejan todo en completo caos; ese desconcierto que brota de la aflicción de los secretos y callados momentos de encuentros furtivos de una mujer pasionaria que se entrega a la fugacidad de sus momentos de placer, sin contar que ese sería su principal atisbo del abismo donde caería y del cual ella sería portadora por siempre en cada detalle de su onírica fantasía.
Teniendo en cuenta la complejidad de esta romanza de nuestros tiempos de buena literatura, me propongo entonces hacer un comentario que versará principalmente en una comparación crítica entre literatura y la dimensión psicológica o rastreo etopéyico llevado a cabo en cada línea de la obra. Para tal fin emplearé la dimensión literaria esgrimida por Vargas Llosa y los aportes hechos por Vygotsky, en su rastreo a la dimensión psicológica y fantástica que develan las narraciones
A principios del siglo XX, Este psicopedagogo, nos va a dar a conocer sus postulados teóricos acerca de los procesos de imaginación arte y literatura en el hombre desde su infancia. Nos permite con ello delimitar en sus presupuestos que el hombre tiende a la ficcionalización, para apropiarse de su mundo, desde las narraciones primigenias que entendemos como mitos, hasta las reconfiguraciones del lenguaje que brindan elementos fantásticos a las construcciones subjetivas que poseen alguna carga emocional y por ende estética. Nos enuncia también que dichos métodos, por demás psicológicos, a razón de sus procesos que vinculan lenguaje y por ende significación semántica, hacen que el hombre genere sujeciones con las construcciones fantásticas desde su contexto real. El autor lo expone de la siguiente manera:
La primera forma de relación de fantasía y realidad consiste en que toda elucubración se compone siempre de elementos tomados de la realidad extraídos de la experiencia anterior del hombre. Sería un milagro que la imaginación pudiese crear algo de la nada, o dispusiera de otras fuentes de conocimiento distinta de la experiencia pasada” ( Vigotsky, 1999)
En la anterior cita, el psicólogo soviético nos expone la primera forma de apropiación de fantasía y realidad, la cual traemos a colación como instancia primordial en los procesos de vinculación imaginativa al contexto objetivo del hombre, trascurso que va a venir a modelar el prodigio como una mera manifestación de la literatura en el drama de la existencia humana. Declarado en el estremecimiento de la protagonista creada en la novela del escritor Peruano, “Lucrecia”, al contacto con “Foncito”, objeto sensible de sus pasiones furtivas.
… porque cuando lo veía pequeñín, arrodillado en el suelo, contemplándola como si su madrastra acabara de bajar del Paraíso, o cuando sus bracitos y su cuerpo frágil se soldaban a ella… doña Lucrecia no podía impedir que le sobresaltara a veces un ramalazo de excitación, una vaharada de deseo…” (Vargas LLosa, 2011)
La segunda forma en cuestión, parte en palabras del mismo Vygotsky, entre productos preparados de la fantasía y algunos fenómenos complejos de la realidad. Este proceso se da en gran medida, a la intervención de la memoria en elementos significativos colectivos, a saber, las imágenes que de eventos familiares que se representan en escenas concretas de la cotidianidad, por citar un ejemplo, pueden ser reconfiguradas para una nueva creación de corte fantástico. Dichas experiencias, aunque lejanas al creador de la ficción, generan vínculos imaginativos, para la configuración de un discurso literario acuñado por la psicología. Y como negar el carácter eminentemente síquico que se desprende de cada una de las acciones que aparecen en la trama de la novela, donde cada personaje en sus reflejos inconscientes dejan aparecer ese “yo” interior que los representan en la trama, construida en cada situación de su portavoz de carácter elemental en sus relaciones y de los resultados obtenidos en el contacto simple y directo con el otro.
La imaginación adquiere una función de mucha importancia en la conducta y en el desarrollo humano, convirtiéndose en medio de ampliar la experiencia del hombre que, al ser capaz de imaginar lo que no ha visto, al poder concebir basándose en relatos y descripciones ajenas lo que no experimentó personal y directamente, no está encerrado en el estrecho círculo de su propia experiencia, sino que puede alejarse mucho de sus límites asimilando, con ayuda de la imaginación, experiencias históricas o sociales ajenas” ( Vigotsky, 1999)
La literatura expone esta forma de relación en la estructura de sus composiciones, por ejemplo cuando hablamos de una novela psicológica y su combinación significativa de eventos reales y la más genial ficción de un autor para enriquecer la narración, se permite apreciar la descripción de los sentimientos humanos que se enfrentan con los miedos propios de la infamia y el sinsentido de los afectos. La literatura abre entonces en su obra una mirada en perspectiva de abandono a las miradas que denotan los más crueles deseos humanos, que se definen en líneas y espacios expresivos, que sin ningún miramiento ético, simplemente permiten el desenlace de la trama que no ha de ser otro que el despliegue de la pasión atiborrada de momentos de intimidad de unos personajes.
Nos han dejado sin secretos, mi amor. Esa soy yo, esclava y amor, tu ofrenda. Abierta en canal como una tórtola por el cuchillo del amor. Rajada y latiendo, yo. Lenta masturbación, yo. Chorro de almíbar, yo. Dédalo y sensación, yo. Ovario mágico, semen, sangre y rocío del amanecer: yo. Esa es mi cara para ti, a la hora de los sentidos. Esa soy yo cuando, por ti, me saco la piel de diario y de días feriados. Esa será mi alma, tal vez. Tuya de ti. (Vargas LLosa, 2011)
La tercera forma de vinculación entre imaginación y realidad, versará en el vínculo emocional que de hombre y realidad deviene. Los tintes sentimentales de los alarmes humanos, generan cordones de unión en la forma de interpretar el mundo. En las obras creadas, ya reverbera el germen emocional, el autor definió su matiz estético bajo los parámetros de sus emociones, y por su parte el lector ingresa a este mundo con la invitación que surge de sus líneas y la promesa de ser tocado, conmovido, alterado, entendido, identificado, y el sin fin de inquietes que de esta cadena de significantes al que llamamos literatura, puedan surgir.
“Las imágenes de la fantasía brindan también lenguaje interior a nuestros sentimientos seleccionando determinados elementos de la realidad y combinándolos de tal manera que responda a nuestro estado interior del ánimo y no a la lógica exterior de estas propias imágenes” ( Vigotsky, 1999)
Es así que al ser arrebatado, el lector tiene derecho a imaginar y crear un mundo afeccionado, en donde vive la obra para sí. Y haciendo las veces de lector-narrador reconfigura su cosmos con las más conmovedoras imágenes que la obra le haya dejado. Un despertar a las imágenes que en el texto del Nobel, son de carácter perverso; pero con la diferencia que están bellamente definidas en la metáfora adusta de la buena literatura, lo que permite la confabulación en ese juego de palabras que logran compenetrar en la situación vinculada de quien lee y las enajenaciones delirantes de los personajes.
Cerro los ojos y le pareció escuchar el lento movimiento de la sangre temprana bajo esa piel elástica. «Esta es la vida latiendo, la vida viviendo», pensó, maravillada. Desde que hizo el amor con el niño por primera vez, había perdido los escrúpulos y ese sentimiento de culpa que antes la mortificaba tanto. Ocurrió al día siguiente del episodio de la carta y de sus amenazas de suicidio. Había sido algo tan inesperado que, cuando doña Lucrecia lo recordaba, le parecía imposible, algo no vivido sino soñado o leído. (Vargas LLosa, 2011)
En la cuarta forma de vinculación, nos encontramos con la respuesta netamente imaginativa que el lenguaje puede llegar a crear, aunque muy relacionada con la anterior forma, tal cual lo expone Vigotsky, el producto erigido por esta cuarta propuesta, formula la creación subjetiva del individuo. Una representación mental que su lenguaje la convierte en narración y por ende real para sus afectos.
Consiste su esencia en que el edificio erigido por la fantasía puede representar algo completamente nuevo, no existe en la experiencia del hombre ni semejante a ningún otro objeto real; pero al recibir forma nueva, al tomar nueva encarnación material, esta imagen cristalizada, convertida en objeto, empieza a existir realmente en el mundo y a influir sobre los demás objetos. ( Vigotsky, 1999)
Dicha encarnación de la palabra escrita, sin temor a equivocarnos, ha representado y cimentado los más bellos productos de la literatura universal, así al hablar por ejemplo de un Macondo de García Márquez, se aprecia entre líneas su sueño por recrear el origen de nuestra propia identidad, el autor entonces nos permite que seamos nosotros los artífices indirectos de su vasta obra. También al adentrarnos en la novela Elogio a la madrasta del nobel, Vargas Llosa, nos estamos permeando de esta devastadora historia de amor, que se desenvuelve en un mundo real, como afirma (Cortázar, 2005), “donde la ilusión novelesca trasciende su lenguaje y nos permite ocultar lo meramente lo imaginativo para manifestar una realidad sitiada entre las líneas asombrosas de las páginas del texto”. Cuántos amores ocultos saldrían a flote si nos miráramos implícitos en la imaginativa del nobel y cuántos deseos se permearían en nuestra piel, cuántas huellas que deseáramos borrar o cuántos abrazos que desearíamos compartir nuevamente. Si la literatura no nos permite sacar ese fuego oculto en nuestra mismidad humana, de nada valdría; sería solamente una palabra insulsa que no da pie a imaginar mundos ideales incluyendo aquellos que nos tocan la piel y el alma. Pero en la lectura de esta bellas obra, retorcer más la piel, porque a su paso de las páginas al viento, nos deja estremecidos y ávidos de pedirle a la vida más de lo que ocultamos en el misterio insondable de la existencia desnuda.
Bibliografía
Vigotsky, L. (1999). La imaginación y el arte en la infancia. Alfaguara: México.
Cortázar, J. (2005). Cuentos Completos. Buenos Aires: Alfaguara.
Vargas LLosa, M. (2011). Elogio de la madrastra. Argos: Buenos Aires.
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