Dias
Existen días donde quisiera ser cualquiera menos yo… ¿saben? Alguien más simple, sin tantos miedos, ni dudas. Alguien que no necesite preguntar y escarbar hasta encontrar las respuestas, aun después de ver como sangran sus dedos. Alguien que todo el tiempo sepa quién es, y que nunca, ni por un segundo, se deje desmoronar por las opiniones, que, sin querer, llegan a sus oídos. Alguien que no necesite sonreírles a todos, alguien que no quiera ser especial, que le de lo mismo ser el primero que el ultimo, alguien más… o quizá menos.
Porque llegan los días donde la palabra “ingenua” y “demasiado buena” se agrandan y aplastan todo lo demás, donde adquieren una forma casi humana y señalan con tanta violencia que duele. Me hieren profundamente, mas aun cuando las trato de negar o justificar.
Y en esos días todo se vuelve pesado, todo lo malo que puede haber conmigo parece brillar y gritar, todo para llamar mi atención. El constante temor de no ser suficiente, la diaria y viva imagen de la derrota, el pasado, el futuro, la necesidad de vivir un paso adelante… todo pesa.
Y si, existen esos días, esos malditos días donde las risas en mi mente suenan y me doblegan a su antojo. Pero luego recuerdo lo que soy. Lo que realmente soy.
Porque hay días donde soy jodidamente valiente ¿saben? Donde nada me detiene, ni el dolor, ni las heridas, ni el pasado, ni el futuro, ni las imágenes reales o ficticias y eso es increíble. Días donde nadie me frena, nadie, ni siquiera esas voces tercas y groseras. Hay días donde puedo ver el maravilloso color que posee mi alma, llena de tanto amor, tan dulce y si, ¿por qué no? tan hermosamente ingenua, que no necesito de ningún espejo para admirarla. Y mejor aun no necesito de nadie mas que me lo diga.
Hay días donde la palabra “demasiado buena” se me inca en el pecho y lo llevo con un orgullo que en estos momentos me hace aflorar las lágrimas. Un orgullo que he forjado con cada golpe, con cada recuerdo.
Porque soy lo que quisiera ver en este mundo de mierda. Soy la excepción a la regla que dictan los demás, y ¿saben qué?, es lo que más admiro de mí.
Soy la que escoge la ingenuidad simplemente porque me niego a creer que todo lo bueno de este mundo ha muerto, porque creo que la luz siempre puede brillar más y que la flor, por mas pequeña puede florecer en el concreto.
Porque llegan los días donde la palabra “ingenua” y “demasiado buena” se agrandan y aplastan todo lo demás, donde adquieren una forma casi humana y señalan con tanta violencia que duele. Me hieren profundamente, mas aun cuando las trato de negar o justificar.
Y en esos días todo se vuelve pesado, todo lo malo que puede haber conmigo parece brillar y gritar, todo para llamar mi atención. El constante temor de no ser suficiente, la diaria y viva imagen de la derrota, el pasado, el futuro, la necesidad de vivir un paso adelante… todo pesa.
Y si, existen esos días, esos malditos días donde las risas en mi mente suenan y me doblegan a su antojo. Pero luego recuerdo lo que soy. Lo que realmente soy.
Porque hay días donde soy jodidamente valiente ¿saben? Donde nada me detiene, ni el dolor, ni las heridas, ni el pasado, ni el futuro, ni las imágenes reales o ficticias y eso es increíble. Días donde nadie me frena, nadie, ni siquiera esas voces tercas y groseras. Hay días donde puedo ver el maravilloso color que posee mi alma, llena de tanto amor, tan dulce y si, ¿por qué no? tan hermosamente ingenua, que no necesito de ningún espejo para admirarla. Y mejor aun no necesito de nadie mas que me lo diga.
Hay días donde la palabra “demasiado buena” se me inca en el pecho y lo llevo con un orgullo que en estos momentos me hace aflorar las lágrimas. Un orgullo que he forjado con cada golpe, con cada recuerdo.
Porque soy lo que quisiera ver en este mundo de mierda. Soy la excepción a la regla que dictan los demás, y ¿saben qué?, es lo que más admiro de mí.
Página 2
Soy la que escoge perdonar, soy la que escoge creer. Soy la que se admira del talento que hay en un libro y subraya en él sus frases favoritas. Soy la que entiende cada mitad de la historia y es capaz de llorar con una y después con la otra.
Soy la que escoge la ingenuidad simplemente porque me niego a creer que todo lo bueno de este mundo ha muerto, porque creo que la luz siempre puede brillar más y que la flor, por mas pequeña puede florecer en el concreto.
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