A veces me tengo tan cerca que me estorbo y desearía no poseerme. Son las tardes, son las noches y las madrugadas en que siento un peso enorme de mi misma sobre yo. 
Como si ya hubiera borrado a todos mis hombres, a todos mis nombres, a todos cuanto amé en tiempos pasados que aún miran por la ventana. La playa está llena de mis sombras, atestada como las aceras del centro de la ciudad.
A veces desearía un pensamiento más liviano, algo así como un baile ligero, una sonrisa jovial de ésas que desaparecen al momento. Y sin el peso de Dios... 
Si en el peso de mi tradición encima del cuerpo frágil que me representa. 
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