Como si estuvieras entre nubes, en su lecho de agua
y frio, gris, gris, gris... Eres ahora un cuerpo mudo,
no te buscan las pollas rojas, ni las manos
enamoradas, los labios huyen de ti
como si fueras algo dibujado en un papel.
Así: A no tener piel has llegado mi amor,
a no oler a sudor, a que tu pelo negro
parezca triste carbón. Gris, gris, gris...
Como una muerta sobre mí, y yo te acepto
cúal si no tuviera nada más que abrazar.
abril de 2010
  
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