[un día que nunca fue de 2007]

“Me han enviado una foto de un jambo que murió en su casa, solo, y que han encontrado un mes más tarde. Imagínate el pestazo. Con este calor. Qué puto asco, el viejo to podrío. Tengo un par de colegas polis que me envían estas movidas. Flipas. ¿Quieres verla?” No, gracias. Es el descanso del turno de noche. Sentados en taburetes altos, apoyados en mesas altas y largas para fomentar la conversación y el trabajo en equipo. Algunos pies, con zuecos de plástico y calcetines blancos, cuelgan sin llegar al suelo. Unos comen tuppers de desayuno y otros de cena. Remuevo con el tenedor la fruta pelada, cortada y cada vez más pocha. ¿Quién pagará mi entierro? ¿Fosa común? Miro a mi compañero, que observa atento la foto de un cadáver mientras devora su phoskito. Fosa común está bien.

Cuando muera no habrá nadie. Bueno, los que queden vivos, creo. Ser la pequeña del clan siempre viene con esta idea de regalo, de final sin retransmitir. De final sin retransmitir, si no se te acaban las fichas antes, claro. Pensamiento que causa profunda incomodidad hasta que lo analizas: Imagina que tu último cometido, ya muerto, sea un evento social de mierda, el puto centro de la puta atención. Menuda grandísima puta broma de mierda.

En eso pensaba cuando recordé que hay gente que me odia. O que me odiaba. Yo no soy importante, en serio. Cuando tu madre tiene que decir la retahíla de nombres de tus quince hermanos hasta encontrar el tuyo, aprendes que el ego es principalmente para los hijos únicos y para los gilipollas.

Pero esa gente jodida, de triste y de vacía. De los que cualquier persona se convierte en raíz a la que agarrarse para no observar el abismo de sus propias vidas. Lo fácil que debe ser vivir agarrados a los demás sin mirar hacia abajo, siendo básicos, subnormales perdidos. Y lo bien que parecen pasarlo. El odio, creo, crecía en la ausencia. La raíz quebradiza. Querer que les quieran, siempre. Querer que les quieran, ¡querer que les quieran! ¿Pero cómo te va a querer, cómo te va a salvar, alguien que aún no sabe existir? Crac, adiós. ¡Eres lo peor, hija de puta! Querer a cambio de atención. ¡Quiéreme o te odio!

Saber ver por detrás de los ojos es una mierda de poder.

Página 2

Íbamos con la moto por la Gran Vía. “Eres de esas personas que nacen para hacer algo grande”, me gritaste girando un poco la cabeza y chocando los cascos. Una parte de mi cayó rodando carretera abajo mientras avanzábamos a 60km/h por la salida 2 de la C-31. Te hubiera hecho un nido de raíces para protegerte del mundo, pero era demasiado pequeña para poder hacerlo, ¿entiendes?

Nunca supe explicártelo. Cuando muera […] cuando muera no estarás tú.

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