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                        La sencillez                        de tierra, viento y agua,                        en sus enaguas se prensa                        y no enoja a las lanas gruesas.                        En su camino simplícimo,                       marcha sin perder mirada                       haciéndole el malecón                       de escollera que no estalla.                       Tierra, viento y agua                       se perfuman al unísono                       por un ancho mar de plata:                       No quieren saber de rimas                       ni de las hojitas íngrimas                       de arbolitos con escamas:                       son tres y una ese trío                       en que el elemento brota                      desde las cunetas blancas. 
La sencillez
Autor: Richard Albacete 
En: Poesía 
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“Cada detalle de la vida es un interesante matiz que, si les ordenamos adecuadamente, pueden conformar un importante drama…” JCRC                                                                          - I - El mejor y elemental matiz que integraba su esplendor era, sin dudarlo, la deliciosa y particular esencia que le rodeaba y, precisamente, el más nítido recuerdo suyo que de inmediato me salta, es aquel de mi olfativa memoria salpicada, lamentablemente, por una inevitable humedad nostálgica,    pero buscando de si y con premura esa adorable y privilegiada esencia que le pertenecía exclusivamente, la de su piel aromada por el delicado bouquet de su jabón de cara.    Así mismo, se produce en mi epitelio sensorial, el exquisito olor herbáceo de sus aventados cabellos sueltos…¡fragantes… divinos… soñados..! que, cuando libres, ondeaban en las otoñales brisas de nuestro idilio y se apoderaban de las ansiosas expectativas de mis neuronas.  También, de fácil manera, llega a mi añoranza, el recuerdo suave del efluvio de sus besos,  gustosos a sedosa tibieza pincelada con mieles de secretos…    los que me hacían perder la noción del centro y extraviarme, obnubilado, en el laberinto de su constructa semblanza.   -II - Un segundo matiz de su recuerdo era el no menor detalle que, en mucho, definía su personalidad:  Cada uno de los relevantes instantes de sus placeres culpables,  aquellos que, con recato e íntimamente, ella misma me confesara;  específicamente los inéditos y bellos versos de su propiedad, plasmados en geniales poemas,   encarnados por sí en una gran escena concurrida y con su voz encantadora y especial. Además, cuando nos obsequiaba sus interpretaciones musicales    con aquel acariciador contralto vocal que dominaba fácilmente      y capaz de infundir, en los que le oíamos, nítidas vivencias y sensaciones de tierno arrullo.  No obstante, si de culpables placeres hablamos, tampoco olvido lo mucho que gozaba con el lúdico y cadencioso contoneo de su cuerpo, espontáneo, galán y coqueto, que, de cara a los inusitados compases que se emitían en la radio,  bailaba espontánea, sensual y risueña sobre las paredes de mi cuerpo,  como una seductora maja gitana danzando la rumba…   Disfrutaba, también, su sentido éxtasis interno causado por el efecto esculpido en los rostros inocentes de sus alumnos infantes de la clase de historia, que, tras sus didácticos relatos, acababan con un merecido aplauso…     Pero la mayor dicha suya, era la inmensa conformidad causada por ESTA vida que, según su convencimiento, disponía ella –la vida--, para todos nosotros:  de la fruta, el pan, la tierra, las dichas, el amor…   (nosotros, los gentiles seres de buena voluntad, dignas criaturas del Señor ???), lo que agradecía con cabizbaja humildad en su nombre, el mío, el de la familia y de toda la humanidad, al Dios Todopoderoso, por todos sus designios, bondades y concesiones; tema que, en muchas y demasiadas ocasiones, discutimos de seria e intensa manera, llevándonos, incluso, a un  tenaz enojo mutuo, lo cual –esto—me produce hoy un lacerante arrepentimiento, por no haberle dado la razón y haberle brindado el mejor de todos sus placeres culpables.                                                       -III- El concupiscente matiz de mi recuerdo… Pese al respeto que ahora reservo para su trascendido virtuosismo, sería una hipocresía de mi parte negar que inspiraba en mí potentes señales de lascivia, dado que su deliciosa figura pueril, aparentemente inmadura, con apetitosas –para mí-- puntualidades que solo eran propias en cuerpos adolescentes… fijaban en mí obsesiones. Como, por ejemplo, su pecho pequeño, erguido y sugerente que me tentaba a morderle su botoncito rosa y libarlo suavemente, o su reducida población pubiana de ligeros vellos rubiales, perfectamente triangular que, con su detalle, embellecía aún más la desnuda curvatura de su cadera y me hacían soezmente fotografiarle;    más aquel mágico tono suyo de piel marmoleada como el de las estatuas de las diosas griegas,   lo que me obliga hoy, secretamente, a confesar que tales rasgos suyos enajenaban seriamente mis instintos. No obstante, la generosidad de su incondicional amor por nuestra unión férrea, nunca la restó para imponer límites o evasiones porque, dichosa, siempre se empapó con una determinada actitud en el derroche desenfrenado de mipasión.                                                     -IV- El idealizado matiz que tengo yo de su recuerdo,  hace que se forjen en mí, rebeldes protestas por la mezquina indiferencia social institucional para las generosas y conspicuas ideas suyas que, de haberlas oído mayormente la gente, la hubieran colmado de merecidas glorias   y haber cubierto sus abrigadas y múltiples esperanzas,   con justificada abundancia, de frutos sustentables  y haber inmortalizado, sin objeciones, su bien invertida capitalización transcendental de sus pensamientos,   porque su idealismo para la vida, para el mundo y para los semejantes, le acercó siempre a una divinidad maravillosa y ser, casi,  una verdadera santa.                                                    -V- El acongojado matiz de su recuerdo recrea en mí esa angustiada mirada de sus ojitos medio apretados,    aprehendida a mi infecundo  y baldío amparo que, acaso, buscaban  el milagroso bálsamo para su horrendo padecer inocente, o la rápida salida de esa hoguera insolente y aterradora que le abrazaba… Fue, sin dudas,  esa rechazada e injustificada agonía suya, taxativamente, la que destrozó mi maldita y reducida fe que aún me quedaba por deducir, luego de agotarlo todo; el no menor universo de mis recursos materiales, el reforzado y mayoritario repertorio de indulgencias solicitadas por amistades y familiares, hechas en medio de un infinito mar de dolores y lágrimas y conmigo estúpidamente hincado frente a una lucha estéril,  burda y podridamente indolente… ---------------   P.D.: María José falleció el 16 de febrero de 2024 a las 0:20 hrs a la edad de 33 años, tras ser víctima de un paro cardíaco causado por su agresivo cáncer. A su lado estuvimos acompañándole, hasta su último instante, todos sus seres más queridos y en la ciudad de Viña del Mar, lugar que albergaba a nuestro hogar. Sus restos serán trasladados a Santiago el día 17 de febrero y velados de manera privada en la capilla del cementerio
      Bendita inspiración:          Di, por favor, quién te necesita?          Existes o no existes en tu solar de aire?   Yo te busqué en agosto, y febrero y después              y no estabas prendida de mi desilusión.    Te esperé cuál destino que viene en traje grave.           Creí que calzarias tus botines de luz       y un arcoiris brotaría de tus serenos vidrios .        Más que a hogaza de pan yo te busqué,        En el Africa absorta de tribus sin metales.  Te persegui hasta el Asia para hallarte en exilio      y no te encontré a ni a tu cetro de nieve.       Te llamé con los gritos y todas las vocales          de este contexto mío, más no encontré      más que el cardo que ruega agua al arrecife.       Yo te creía magnanima, matriarca del poeta        pero de ti no halle ni una pisada ambigua y,         ni siquiera en retazo de tu ser en el aire.     Jamás viniste a mi con tus delirios rojos       y no bebí una copa de tus anales místicos,  pues no me la cediste en mis diarios desmayos      y supe entonces que te atrapó el crepúsculo  /con sus celos de otoño y que estábamos huérfanos /     de tus bellos lunares y tu manto velloso:    Que cada quien debía valerse con sus manos.
Bendita
Autor: Richard Albacete 
En: Poesía 
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       El ardid            pende y se prende                 en las ramas más sagacez                       aparentando prudencia                      perspicaz y espabilada                         y nadie sabe la astucia                               que ese mañoso gasta ....                                 Ladino que no da angustia                                   hasta enterrarte la estaca.....                                     En las sienes más agudas                                        entra sin vestir de caza                                           siendo sutil al despierto                                            cuando le pone la trampa:                                  El ardid que me trozó en mí no encontró piel lozana:                                       le hice perder el tiempo de engañar con malas mañas. 
El ardid
Autor: Richard Albacete 
En: Poesía 
7 Lecturas
No quedarán mis pasos en el asfaltoquedarán mis textosY ese creo es el mejor caminoque puede dejar unx ser humanx       
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