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Dulce Lady Godiva, dueña de un esquicito físico de linda mujer y de un generoso y noble corazón; tu historia enciende la pasión e inspira  atrevidos anhelos, empujando hacia el liderazgo de aventuras para una buena causa…  Eres con tu miel objeto de obsesos y lúdicos sueños, pensamientos secretos y  justificados de todo señor A horcajadas en espléndido corcel cursaste penitencia por las calles de Coventry, ocultando tu vergüenza tras el frondoso trigal de tus cabellos y  frotando en silencio la suavidad de tu vagina en la mullida montura de tu paciente animal.    Fue pacto agradecido del poblado, el retiro de las presencias callejeras y el unánime tapiar de ventanas ante el casquear de los pasos del caballar, por respeto total al digno sacrificio de tan formidable mujer. No obstante, pudo más la tentación del soez sastrecillo que a través de un indiscreto orificio, se hizo gozador de tus visibles virtudes, cuestión de lo cual  más tarde el destino se vengó cegando para siempre su visión. Curiosamente nunca nadie confirmó, después, la práctica de la rebaja de impuestos prometida por tu esposo, el conde, luego de realizada tu valiente condición.   Políticos @#¡¡$?%... Prometen…  Nunca se sabe si cumplirán.
Trato de entenderlos y de entenderte, lo juro, pero cada vez que estoy apunto me pierdo. Los labios que un día me supieron a fresa y dulzura, hoy me traen un amargo sinsabor y no puedo evitar pensar a que me sabrán al cabo de unos días ¿Serán finos o rugosos? ¿Húmedos o secos?. La incertidumbre me apresa y al cabo estoy de la locura porque los labios que un día me decían que me querían ahora permanecen callados, sellados por un secreto que harto estoy de intentar encontrar y tratar de buscarle sentido a tus labios bipolares.
Tus labios bipolares
Autor: Gael 
En: Ensayos 
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                                                       Diciembre 6 de 2021  Con bellas palabras se adorna mi vida:Son aquellas palabras perfumadascon esencias de brisas en eternasprimaveras.Son aquellas palabras que quedanentre el asombro de las flores y elencanto de la luna llena.Son aquellas palabras que hablande abrazo del sol cuando con tibieza me cobija al encontrame dormida.Son aquellas palabras que habladel brillo de mis ojos cuando lasestrellas bajan y la  madrugada seeleva.Son aquellas palabras con las quela lluvia me cuenta lo que dicen missueños cuando la noche mojadase desvela.Con bellas palabras se adorna mi vida:Son aquellas BELLAS PALABRASlas que ,como un soplo de tiernascaricias hacen latir a mi corazónmás fuerte que nunca cuando destilando amor ellas llegan...                    Raquel C. Zurita    
Bellas Palabras
Autor: Raquel 
En: Poesía 
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Esta es la historia de un hombre que se disponía a escribir la mejor historia del mundo, con una trama genuina e impactante y que pretendía ser lo mejor que cuentista o novelista haya escrito jamás… sin embargo, tenía un problema: siempre postergaba la historia. Despertaba en la mañana con “ese sueño en la cabeza otra vez” y cuando se sentaba enfrente del ordenador estirando los dedos, un hambre atroz lo sorprendía, y la mejor historia jamás contada no podía ser escrita con el estomago vacío, así que iba al refrigerador y se preparaba un sándwich. Después de desayunar, se sentaba delante de la pantalla, se acomodaba las gafas, prendía un cigarro y tecleaba “Antes de objeto y sujeto…”, en ese instante sentía un frío en los pies que le recorría la médula espinal y llegaba a la punta de los cabellos; viraba la silla giratoria y se dirigía a su habitación a colocarse las medias. Al entrar a la gélida habitación y pasar el umbral, la memoria le jugó una mala pasada y olvidó lo que pretendía hacer, miro el rayo de luz que se colaba por la ventana y se impactaba de golpe en las sábanas de la cama. El escenario se miraba muy acogedor, como un abrazo mañanero en una noche helada, se derrumbo en la cama y se colocó en posición fetal. Una inconmensurable modorra se apoderó de su vilo creativo y los ojos se le hicieron pesadísimos, poco a poco y muy en contra de su voluntad se quedó dormido. Despertó después de medio día. Un poco apenado consigo mismo caminó nuevamente al estudio, encendió otro cigarro, bostezó y escribió “…el éter era el todo y la nada, se creó y recreó en un dualidad, día y noche, bien y mal, fuego y tierra…” De repente recordó a Heráclito, el fuego, el sol, la vela y esto lo llevo inexorablemente a recordar que tenía que comprar velas para una cena romántica con su prometida. Un absurdo ritual social, que sin embargo lo complacía. Tomó su bicicleta y partió al centro comercial en búsqueda de parafinas de medianas dimensiones. Ya por los pasillos del centro comercial, los coloridos estantes llamaban su atención, lleno el carrito de supermercado de cosas vanas, innecesarias que tal vez no utilizaría pero que llenaban un vacío, un vacío hondo y dilatado, un vació con una luz al final, que cada vez que se pretendía alcanzar, esta se alejaba un poco más. Entre la ida, la fila de pago, la vuelta, los saludos con una mueca amistosa e hipócrita al mismo tiempo a los vecinos, el reloj marcaba las cuatro y media de la tarde. Se desparramó en el sillón y tomó su celular para confirmar la cita con su prometida, las notificaciones de las redes sociales lo angustiaban, lo inquietaban, así que tomo su celular y comenzó a deslizar hacía abajo, más abajo, más debajo de su consciencia y de su voluntad… cuando reaccionó eran las seis de la tarde, se sintió estúpido e infeliz. Decidido acabar la historia de una sentada, con ímpetu y sagacidad caminó hacía su escritorio, miro de reojo hacía la izquierda, hacía un muro donde un espejo colocado arbitrariamente le reflejo una figura enajenada, sucia y quejumbrosa, se acercó hacía el reflejo y se horrorizó, solo faltaba una hora para su cita, no lo pensó más y corrió hacía la ducha, se afeito, se perfumó, peinó su raudo y suave cabello y preparó preservativos y una botella de vino. Se sentó al borde del sillón y esperó a su amada, mientras en su mente hilvanaba “la historia, la trama”. Su amada llegó, y después de la cena hicieron y se asieron al amor, a la posibilidad de postergación del texto mismo. Durmieron y se acurrucaron uno al otro. El día los descobijo y el hombre se dispuso ahora sí,a escribir la mejor historia del mundo jamás contada.      
 
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