Cenizas.
No debí volver. Uno piensa que el tiempo cura las heridas, pero hay cicatrices tan visibles que no puedes dejar de ver. Como quemaduras en la cara. Yo no las tuve, pero otros sí.
Todavía recuerdo el camino a casa, muy lento, no podía correr por la cantidad de alcohol que había en mis venas. Mis amigos se fueron, tuve que echarlos de casa porque mi esposa se quejó del ruido. Tenía razón, éramos como animales festejando nada, tomando cerveza como si fuera navidad. Los niños estaban durmiendo, ella no quería que los despertemos con nuestros gritos. Tenía razón, no debí beber tanto. Cuando subí para acostarme en la habitación, sentí un frío aterrador. No quería molestar a nadie, así que bajé y encendí la chimenea. Miré la televisión mientras bebía las ultimas cervezas, cuando se acabaron tuve que ir a comprar más. No quise conducir porque estaba ebrio, pero el ir caminando hasta la tienda más cercana me tomaría como treinta minutos, ir y volver. Antes de irme eché más leña al fuego, quería que esté aún más caliente para cuando vuelva. A mitad de camino pienso si cubrí la chimenea como era debido, es probable que no. Seguí caminando… un pedazo de leña tiene que haber rodado fuera. En la tienda compré cervezas, también un paquete de pañales y leche. Regresando a casa podía ver un humo negro que se esparcía por el cielo, y cuanto más me acercaba, mi rostro se iluminaba por la luz del incendio. Caminé lento, entrando en shock, rescataron a mi esposa porque se había desmayado en la parte de abajo. La caldera explotó y no pudieron volver a entrar.
Eso es todo. Vi cómo se la llevaron, gritando y suplicando por nuestros hijos. La casa se redujo a cenizas. Un bello hogar era ahora un agujero negro, con restos de felicidad, con restos de esperanza. Estallé en llanto cuando vi que se llevaban los pequeños cuerpos incinerados. No podía entender que había sucedido, si a medianoche no era más que un borracho feliz. Tenía esposa, tenía hijos, lo tenía todo. En un segundo perdí mi vida, o eso creí. Lo único seguro es que nuestro matrimonio murió con nuestros hijos.
Mientras me interrogaban contaba todo esto con frialdad. Pensé que me llevarían preso, al fin y al cabo, por mi culpa murieron tres almas inocentes. Soy un asesino, y no quiero serlo, pero lo soy.
Página 2
-Cometiste un error, como miles de personas cada día. No vamos a crucificarte. No es un crimen lo que hiciste, es solo un trágico error. Si hay novedades te llamaremos, puedes irte. ¿Tienes alguien que te acompañe?
Mi padre y mi hermano esperaban afuera. Sabía que no podía continuar viviendo sin represalias, así que haría un desesperado intento por estar en paz. Mientras salíamos, tomé el arma de un oficial y traté de dispararme en la cabeza. El arma tenía seguro, fallé. Por eso estoy aquí, viendo cimientos distintos, pero lugares similares.
A mi esposa le llamaba Katy, tantas veces la llamé con ese apodo que no recuerdo su nombre real. Me llamó cuando supo que estaba en la ciudad, al principio no quise contestarle, pero no la ignoraría para siempre.
Traté de ser amable, es difícil hablar con ella. Me contó de su vida, se había vuelto a casar y estaba por tener un hijo. Sentí un gran alivio, sería injusto que dos vidas se arruinaran por la acción de una. Un mes después ya había dado a luz, no pude posponer la conversación más tiempo.
Cara a cara.
Katy llevó a su niño, era muy hermoso, tanto como ella. No me recriminó nada, de hecho, me pidió disculpas llorando desconsolada.
-Dije muchas cosas terribles. Sé que jamás serías capaz de…
Traté de detenerla, no quería su perdón, no quería nada de ella más que verla feliz.
-Mi corazón está roto, Lee. Siempre estará roto, pero sé que tu corazón está roto también.
No quise escucharla. Tiene un nudo en la garganta, pero todo lo que me pudo decir era cierto. Ella es una víctima, yo no.
“Quizá no quieras hablar conmigo nunca más” No es que no quiera, es que no puedo. “No puedes morir” Y no lo haré, pero solo quisiera ver a Katy lejos de mí, nada más. Romperíamos en llanto tratando de decirnos cosas, ninguno estaba listo para esa conversación. Tuve que irme, escapé como un joven de la casa de su amante, para no volver. Ella podía soportar el hecho de no odiarme si así lo quisiese. Katy necesitaba perdonarme, pero yo jamás me lo perdonaré.
Cada vez que veo el fuego, quiero que me consuma, a mí y a otra casa, donde solo esté yo. Mientras veo la televisión, me quedo dormido y mis hijos regresan a mi lado.
¿Papi?
-Que pasa cariño.
¿No puedes vernos arder?
-No cariño, no están ardiendo.
Página 3
Y entonces, el humo entra por mi boca desesperado. Conoce mi sangre, la quiere en su lista. Volveré a verlos, a todos ellos. Sin embargo, no será hoy.
El llanto de un bebé significa vida, y todo lo que represento es una silenciosa muerte.
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