CATALOGO DE UN IRREVERENTE
CATALOGO DE UN IRREVERENTE
Las circunstancias de la vida me indicaron que era más peligroso dar y ofrecerse que esperar y recibir. Que amordazar la palabra y esconder la verdad otorga mayores dividendos que hablar, denunciar o exponerse a los golpes arteros de las conveniencias y la hipocresía. Que agacharse y arribar arrastrado se premia con retribuciones que brindan incluso sitiales de riqueza y reconocimiento. Que obedecer hasta el servilismo es garantía de una subsistencia estable y cómoda, que ampara incluso a la misma descendencia. Pero a pesar de ello me ofrecí y di de todas maneras. Sustenté mis palabras y mis actitudes con mi nombre, así me juzgara un injusto veredicto. Mantuve mi conciencia limpia y no vendí mi dignidad ni compré la complicidad ajena, así se desatara el holocausto. Demostré mi altivez y dignidad arriesgándome a la libertad cada momento. Se que escogí el camino más difícil, pero me asquee al pensar que podía hipotecar mi vida, a cambio de una existencia apaciguada y débil, estirada hacia el futuro apenas como un hilo o elevada a los honores tras los que se esconde la falsedad de unos principios pisoteados. Mis actitudes no pasaron desapercibidas ni resultaron tímidas en el enfrentamiento con el mundo. Mi condición resultó obstáculo para las componendas, y debí arriesgar la estabilidad y los derechos por defender lo que era cierto y justo. Incluso me llegó la soledad, porque el entorno desea alguien manipulable y débil que no establezca sus criterios y se apabulle ante la menor amenaza o acondicionamiento, Ahora la vida ha avanzado con una velocidad vertiginosa y los alcances de la existencia realizan en mi su inventario con un dedo implacable, haciéndome establecer de golpe mis logros y carencias. Se que dejo mucho por la senda, porque entendí hace tiempo que el carácter del Hombre es su destino. Se que mi suficiencia molesta a los farsantes que soterradamente colocan trampas para entorpecer o impedir el desarrollo de mis actividades y querencias. Soy conciente de que sacrifiqué muchas aspiraciones, e incluso el vital y oportuno estímulo de una compañía. Mi afán por vivir me sensibilizó al máximo, y no podía permanecer atado a la mediocridad de las costumbres, ni al desasosiego del sometimiento. Ahora sólo me queda la libertad y las vivencias, el fragor de los recuerdos, las circunstancias vividas, la autonomía revitalizada. Ahora comprendo que realicé una de las mas grandes tareas que puede desarrollar un Hombre: construirse a si mismo como persona, trepar por las escalas de la sabiduría y el conocimiento, obtener la paz interior y la estabilidad e independencia emocional y material vigentes, y entender la compenetración con el entorno como una realización de la Armonía. Llego a un punto en el que se decantan con lucidez las prioridades, y en el que los afectos no son el afán por entablar la subordinación y el condicionamiento, sino la capacidad de entender el complemento asumiendo una relación como el continuo esfuerzo al mutuo aporte, y al deseo de enriquecer la vida. Se que poseo la fuerza del carácter, y que tengo claro que lucharé por el respeto, la dignidad, la altivez y la valentía. Mi orgullo se alza como un garrote contra quien intente anularme con la sutileza de sus mañas y los actos nefastos de su falsa clemencia. Rechazo la corrupción y el soborno, la apatía y la mentira, lo mediocre y solapado, le hago la guerra al chisme y a la intriga. Defiendo lo que pienso, lo que tengo y lo que amo, con el desprendimiento que me otorga la grandeza y la robustez que me asignan mis instintos, porque ello es fruto de mi dedicación y mi entereza, y se ha construido a pulso en el devenir de la existencia. Tengo la certeza del anonimato, porque el régimen no admite la contradicción de su estamento, ni da oportunidad a quien no tiene vocación para encubrir sus liviandades, ni argumentos para defender sus culpas. No dejo ni mi actitud ni mi ejemplo, porque cada uno escogerá su rumbo y descubrirá el modo de manejar sus pasos. Avanzaré hasta el final sin aspavientos, y no le daré tregua a la condición de tránsfuga o de hiena con la que se consigue el ascenso y la riqueza. Viviré conforme con lo que tengo y puedo, porque asi suplo el nivel de mis necesidades. No aspiro a acumular más de lo logrado porque no quiero ser esclavo de las cosas, ni postrarme frente a mis flaquezas, ni resultar prisionero de las necedades que asedian. El ocio dañino no anidará en mi alma, y al afán de lo superfluo no inclinará la decisión de mi balanza. Diré que si a la iniciativa y al emprendimiento, y me sacudiré de quienes pretendan utilizarme para aprovechar con impunidad los frutos de mi esfuerzo A la vida le debo su enseñanza, y a Dios que es la Armonía vigente en todo el Universo, la fortaleza y la huella que no desampara mi andar por el camino.
Las circunstancias de la vida me indicaron que era más peligroso dar y ofrecerse que esperar y recibir. Que amordazar la palabra y esconder la verdad otorga mayores dividendos que hablar, denunciar o exponerse a los golpes arteros de las conveniencias y la hipocresía. Que agacharse y arribar arrastrado se premia con retribuciones que brindan incluso sitiales de riqueza y reconocimiento. Que obedecer hasta el servilismo es garantía de una subsistencia estable y cómoda, que ampara incluso a la misma descendencia. Pero a pesar de ello me ofrecí y di de todas maneras. Sustenté mis palabras y mis actitudes con mi nombre, así me juzgara un injusto veredicto. Mantuve mi conciencia limpia y no vendí mi dignidad ni compré la complicidad ajena, así se desatara el holocausto. Demostré mi altivez y dignidad arriesgándome a la libertad cada momento. Se que escogí el camino más difícil, pero me asquee al pensar que podía hipotecar mi vida, a cambio de una existencia apaciguada y débil, estirada hacia el futuro apenas como un hilo o elevada a los honores tras los que se esconde la falsedad de unos principios pisoteados. Mis actitudes no pasaron desapercibidas ni resultaron tímidas en el enfrentamiento con el mundo. Mi condición resultó obstáculo para las componendas, y debí arriesgar la estabilidad y los derechos por defender lo que era cierto y justo. Incluso me llegó la soledad, porque el entorno desea alguien manipulable y débil que no establezca sus criterios y se apabulle ante la menor amenaza o acondicionamiento, Ahora la vida ha avanzado con una velocidad vertiginosa y los alcances de la existencia realizan en mi su inventario con un dedo implacable, haciéndome establecer de golpe mis logros y carencias. Se que dejo mucho por la senda, porque entendí hace tiempo que el carácter del Hombre es su destino. Se que mi suficiencia molesta a los farsantes que soterradamente colocan trampas para entorpecer o impedir el desarrollo de mis actividades y querencias. Soy conciente de que sacrifiqué muchas aspiraciones, e incluso el vital y oportuno estímulo de una compañía. Mi afán por vivir me sensibilizó al máximo, y no podía permanecer atado a la mediocridad de las costumbres, ni al desasosiego del sometimiento. Ahora sólo me queda la libertad y las vivencias, el fragor de los recuerdos, las circunstancias vividas, la autonomía revitalizada. Ahora comprendo que realicé una de las mas grandes tareas que puede desarrollar un Hombre: construirse a si mismo como persona, trepar por las escalas de la sabiduría y el conocimiento, obtener la paz interior y la estabilidad e independencia emocional y material vigentes, y entender la compenetración con el entorno como una realización de la Armonía. Llego a un punto en el que se decantan con lucidez las prioridades, y en el que los afectos no son el afán por entablar la subordinación y el condicionamiento, sino la capacidad de entender el complemento asumiendo una relación como el continuo esfuerzo al mutuo aporte, y al deseo de enriquecer la vida. Se que poseo la fuerza del carácter, y que tengo claro que lucharé por el respeto, la dignidad, la altivez y la valentía. Mi orgullo se alza como un garrote contra quien intente anularme con la sutileza de sus mañas y los actos nefastos de su falsa clemencia. Rechazo la corrupción y el soborno, la apatía y la mentira, lo mediocre y solapado, le hago la guerra al chisme y a la intriga. Defiendo lo que pienso, lo que tengo y lo que amo, con el desprendimiento que me otorga la grandeza y la robustez que me asignan mis instintos, porque ello es fruto de mi dedicación y mi entereza, y se ha construido a pulso en el devenir de la existencia. Tengo la certeza del anonimato, porque el régimen no admite la contradicción de su estamento, ni da oportunidad a quien no tiene vocación para encubrir sus liviandades, ni argumentos para defender sus culpas. No dejo ni mi actitud ni mi ejemplo, porque cada uno escogerá su rumbo y descubrirá el modo de manejar sus pasos. Avanzaré hasta el final sin aspavientos, y no le daré tregua a la condición de tránsfuga o de hiena con la que se consigue el ascenso y la riqueza. Viviré conforme con lo que tengo y puedo, porque asi suplo el nivel de mis necesidades. No aspiro a acumular más de lo logrado porque no quiero ser esclavo de las cosas, ni postrarme frente a mis flaquezas, ni resultar prisionero de las necedades que asedian. El ocio dañino no anidará en mi alma, y al afán de lo superfluo no inclinará la decisión de mi balanza. Diré que si a la iniciativa y al emprendimiento, y me sacudiré de quienes pretendan utilizarme para aprovechar con impunidad los frutos de mi esfuerzo A la vida le debo su enseñanza, y a Dios que es la Armonía vigente en todo el Universo, la fortaleza y la huella que no desampara mi andar por el camino.
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