Bajo el influjo de la palabra del señor
Era un velatorio. En Teodelina. El papá del niño fallecido, pastor evangélico. El niño iba al segundo grado de la escuela primaria 6382, uno de los establecimientos construidos durante el gobierno de Perón. Sus compañeros notaron su ausencia por una semana y jamás imaginaron que iba a desencadenarse tal fatalidad. De cualquier manera, el mundo para ellos en nada cambió. Siguió girando con su misma intensidad.
Reunidos en derredor del cajón, conocidos íntimos de la familia, en su totalidad manifestantes de la misma fe religiosa. Si carecía de la participación de gentes de otras extracciones se debía a que había malestar en la sociedad. Hipócritas e indiferentes, los demás proferían todo tipo de blasfemias contra la religión de la familia del niñito fallecido.
- Lucianito está con el señor. No hay que llorar, no hay que malgastar muchas lágrimas, para no enojar al señor. El niño está en un lugar mejor, donde está él no hay maldad, ni envidia ni la gente murmura. El Lucianito era un niño muy bueno. Un niño que fue criado en la fe del señor. Por eso mismo en estos momentos el señor lo eligió de entre los chicos de la tierra.
Si bien sabemos que la gente en este pueblo es mala y se deja de llevar por los malos comentarios hay que perdonarlos porque nosotros somos mejores que ellos y dentro nuestro no existe lugar para la envidia.
Nosotros dejamos todo en manos del señor. Lucianito estuvo tres días debatiéndose entre la vida y la muerte, y tenía mucho sufrimiento en su cuerpo y en su alma. El señor decidió que era una persona muy buena para que esté sufriendo de esa manera y prefirió que se fuera a su lado. Para nosotros es una bendición que él esté allá junto al señor. Significa que no hemos fallado en nuestro rol de educadores de la fe religiosa.
Lo que nos queda es orar para que las cosas mejoren en este mundo dominado por el diablo, ese diablo que se disfraza con distintos nombres: alcoholismo, drogas, ciencia y violencia. El diablo hoy tiene formas seductoras y la gente se desvía del camino con mucha facilidad. Pero oremos por esas almas, para que puedan volver al rebaño del señor.
Y oremos finalmente por este pueblo de Teodelina y su gente, pobres de ellos…
Reunidos en derredor del cajón, conocidos íntimos de la familia, en su totalidad manifestantes de la misma fe religiosa. Si carecía de la participación de gentes de otras extracciones se debía a que había malestar en la sociedad. Hipócritas e indiferentes, los demás proferían todo tipo de blasfemias contra la religión de la familia del niñito fallecido.
- Lucianito está con el señor. No hay que llorar, no hay que malgastar muchas lágrimas, para no enojar al señor. El niño está en un lugar mejor, donde está él no hay maldad, ni envidia ni la gente murmura. El Lucianito era un niño muy bueno. Un niño que fue criado en la fe del señor. Por eso mismo en estos momentos el señor lo eligió de entre los chicos de la tierra.
Si bien sabemos que la gente en este pueblo es mala y se deja de llevar por los malos comentarios hay que perdonarlos porque nosotros somos mejores que ellos y dentro nuestro no existe lugar para la envidia.
Nosotros dejamos todo en manos del señor. Lucianito estuvo tres días debatiéndose entre la vida y la muerte, y tenía mucho sufrimiento en su cuerpo y en su alma. El señor decidió que era una persona muy buena para que esté sufriendo de esa manera y prefirió que se fuera a su lado. Para nosotros es una bendición que él esté allá junto al señor. Significa que no hemos fallado en nuestro rol de educadores de la fe religiosa.
Lo que nos queda es orar para que las cosas mejoren en este mundo dominado por el diablo, ese diablo que se disfraza con distintos nombres: alcoholismo, drogas, ciencia y violencia. El diablo hoy tiene formas seductoras y la gente se desvía del camino con mucha facilidad. Pero oremos por esas almas, para que puedan volver al rebaño del señor.
Y oremos finalmente por este pueblo de Teodelina y su gente, pobres de ellos…
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