APORTES DE LA MÍSTICA TERESIANA A LA LITERATURA
APORTES DE LA MÍSTICA TERESIANA A LA LITERATURA
RUBÉN DARÍO RAMÍREZ ARROYAVE
CONTENIDO
Pág.
INTRODUCCIÓN
OBJETIVO GENERAL
OBJETIVOS ESPECÍFICOS
9
12
13
¿Cuál es el aporte de la mística Teresiana a la literatura? 14
1.
Prólogo
17
2
2.1
Marco teórico
La literatura en la comprensión de la razón, la fe y la razón y la historia.
19
19
3
3.1
La razón y la fe.
Abriendo brecha en la comprensión de las verdades eternas.
27
27
4.
Una contrarespuesta
32
4.1
El protestantismo.
32
5.
La experiencia humana, demasiada humana del modernismo.
34
6.
Literatura: Un Universo interior en la palabra de teresa de Jesús.
37
6.1
Mi Amado para mí.
43
7.
Estética y comunicación. ¿Verdad o asombro?
48
7.1
7.2
8.
9.
9.1
10.
Búscate en mí.
El oasis.
La estética Teresiana es el arte del arrobamiento.
Teoría de la Transcursividad.
Entréme donde no supe. (Juan de la Cruz)
Anexos.
Bibliografía
50
53
60
75
77
92
101
INTRODUCCIÓN.
La literatura es un espacio del alma que permite plasmar los sentimientos de quien ve en la vida una oportunidad para ser en el mundo algo distinto a lo que está establecido. Es dejar que la pluma haga magia, pues escribir es plasmar en la hoja en blanco los sueños de un escritor.
Al hacer este texto sobre Teresa de Jesús, lo que se pretende es llegar a su propia inspiración. Leer en ella su vida y permitir reconocer su legado Literario. Dejar ver en su palabra escrita la exégesis de una literatura que es la vida misma, el sueño de infinito y de grandeza de una mujer que luchó consigo misma para alcanzar el reconocimiento de una “grande entre los grandes”.
Lección que deja ver que no es necesario pensar mucho, sino desear mucho. Esta es la clave de la literatura Teresiana. Donde el protagonista: Dios es el causante de tan magna y sublime obra.
Dios permita leer en estos renglones de la historia, una vida que se hizo, en el deseo profundo de comunicar el camino que conduce a la verdad. Pero, ¿Qué es la Verdad?.
La verdad es el alma de la vida, por que en ella se recorren caminos insondables en arcaduces en el viento buscando un camino certero para la pacificación de la vida. La autenticidad es la palabra y el término se hace carne, cuando se encuentra la razón de ser de tan bello sistema de signos que representan la realidad.
¿Cómo una mujer de una época tan rica en el aspecto literario, “propio para los hombres” puede inspirar el corazón humano con tan delicadas expresiones poéticas que no brotan de su razón práctica sino de su sentimiento más profundo? Por medio de la literatura: y ésta como paisaje interior, como tal queda plasmada en las ansias de quien la interpreta, para luego ser contada sin más preámbulos que el arte. ¿Pues de qué otra manera se puede representar lo que no se puede decir con palabras, sino con el arte?.
La propuesta de este trabajo es cautivar al lector en la visión de una literatura que brota del sentimiento, y que como tal se plasma. Dejando de lado que solo lo que se racionaliza es la respuesta más verídica para hallar el camino de la felicidad.
La palabra escrita parte de una usanza de vida y como tal se relata para la propia experiencia y la de los otros, pues cuando se lee una obra literaria, en ella se refleja la psicología del autor. En un texto literario se plasman los sueños de las verdades encontradas, pero también los sueños que quedan por construir. El bastimento es dialógico, es decir se construye en un diálogo constante entre el autor y lo que pretende fundar el lector. La pasión de leer es tan sublime que la voluntad construye las verdades que debieron ser contadas.
Esta exploración en la vida de la santa Avilense es detalle sagrado en tanto que en ella se vislumbran los sonidos de Dios encontrados en el corazón humano. Teresa es una oyente del silencio y en este la magia de su mundo se articulo con el cielo, un cielo que para ella lo es todo. El cielo no es un lugar azuloso donde Dios es un espíritu sobrehumano que recoge datos de la tradición humana, para luego recompensar las virtudes o reprochar sus actos veleidosos. No. Para la Santa el cielo es ella misma. Al respecto escribe:
“/…/ no es otra cosa el alma del justo sino un paraíso adonde dice El tiene sus deleites. Pues ¿qué tal os parece que será el aposento adonde un Rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes se deleita? No hallo yo cosa con que comparar la gran hermosura de un alma y la gran capacidad; y verdaderamente apenas deben llegar nuestros entendimientos, por agudos que fuesen, a comprenderla, así como no pueden llegar a considerar a Dios, pues El mismo dice que nos crió a su imagen y semejanza.
Pues si esto es, como lo es, no hay para qué nos cansar en querer comprender la hermosura de este castillo; porque puesto que hay la diferencia de él a Dios que del Criador a la criatura, pues es criatura, basta decir Su Majestad que es hecha a su imagen para que apenas podamos entender la gran dignidad y hermosura del ánima”[1]
El anterior aparte de las moradas da cuenta de la profundidad teológica de la reformadora Carmelita y también, evidencia el gusto por la narrativa literaria, pues en un solo fragmento de su obra se evidencia formas de construcción literaria como la belleza en la definición, la comparación y la exhortación.
OBJETIVO GENERAL
Contribuir a la definición de la literatura como ciencia de la palabra que se fundamenta en el arte de lo sublime, lo bello y lo estético, por medio de la integración, comprensión y manifestación de los aportes plasmados en la obra escrita de Santa teresa De Ávila.
OBJETIVOS ESPECÍFICOS
Reconocer el valor artístico de la obra literaria de Teresa de Ávila y su impacto en la narrativa Universal. Interpretar el término literario como arte de lo sublime que se potencia en las acciones naturales del ser humano. Definir pautas para la indagación hermenéutica de los escritos Teresianos, como prodigio de aparición fenomenológica en las letras, como un arte de la narrativa del alma y no solo de una comprobación racional. Analizar lo sublime, bello y estético en la obra literaria de Santa Teresa de Jesús, como aporte para una concepción teológica de la literatura.
¿Cuál es el aporte de la mística Teresiana a la
Literatura?
La literatura en La Santa Española es una norma de vida. Esto significa que solo mediante el recurso de la poesía y la prosa, pudo especificar todo su sentir humano, que trascendía los límites de su razón.
La mujer, hecha una con el sueño de su corazón desplegó todo su ingenio y fantasía, para poder así poner un nombre a aquello que brotaba desde adentro como una ráfaga de luz que recorría toda su pasión, “quizá su mente” para luego volcarla en un éxtasis delirante de dulzura inquebrantable.
Las hondonadas del amor se hacían una, en el delirio poético de su voz y su alma.
La palabra recreada en su profundidad se componía métricamente, sin saber de donde brotaba tal perfección, la Santa, lo que buscaba era decir lo que la fuerza interior le proveía con palabras.
Cantar la búsqueda de los consuelos profundos, que la estética de sus letras embellecía con la poesía. Como lo refleja el siguiente aparte de la poesía compuesta en el año de 1542, con la que plasma su sentir frente a la muerte. Desde su experiencia de mujer en contacto con lo profundo:
“¡Ay, que larga es esta vida,
Qué duros estos destierros,
Esta cárcel y estos hierros
En que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
Me causa dolor tan fiero,
Que muero porque no muero”.
Hablar de Teresa de Jesús no es solo referir:
Una experiencia Religiosa. La Santa trasciende los contenidos de la ascética. Busca más bien entrañar un problema fundamental de la fenomenología, como representación del arte como manifestación.
Sus escritos no son una autobiografía sentimental. Ella escribe desde una experiencia demasiadamente humana. Todo lo que escribe está sujeto a una manera de vivir. La Literatura es una experiencia de vida que se construye en las acciones propias del ser y no como una sola fantasía de verdades acumuladas. “y este amor junto con los años y experiencia que tengo, me han valido para ya no creer en nada distinto de lo que mis propios pasos en la vida me enseñan. Ahora lo veo todo como en un espejo, tan claro que pareciese que el retrato de mis acciones se reflejaran cada vez más con mayor prontitud y menos embeleso”[2]
Sus escritos no son un libro de piedad. Son textos de amplio bagaje intelectual en el conocimiento de la filosofía, teología, psicología y ciencias humanas. Lo que es algo sobrenatural, en tanto que la Santa nunca pisó una universidad. Lo que hace a Teresa una conocedora de las letras es su gran capacidad lectora. Siempre estuvo inclinada a la lectura de obras de caballería, las cuales le movían la fantasía y la capacidad de crear historias.
Este trabajo es un rastreo a la vida de la Mística Española. En cada momento de la búsqueda; definir sus aportes a la literatura, no como una normatividad dogmática, pero sí como una condición de ver al hombre y a la mujer como buscadores de una experiencia trascendente; a modo no de una definición puramente ideal, sino como una manera de ver la grandeza de su palabra que permite recrear la vida y construir con experiencias humanas la verdadera realización de la existencia, que aunque resulte en ocasiones inexplicables, se vale del arte para dilucidar lo inenarrable.
PRÓLOGO.
Novalis[3], pensador Alemán hace un gran aporte a las ciencias humanas: el término del adjetivo romántico, este es una puerta para comprender el trasfondo y límite de la verdad, pues la subjetividad permite crear y recrear la propia historia desde una postura fantástica de la vida, pero también posando los principios de la palabra en la definición de lo que parece confuso.
La definición, es la capacidad que se tiene de decir que es tal o cual cosa, su utilidad y su descripción, entendida esta como la manera de convencer sobre que algo es necesariamente y que no podría ser distinto a lo que ya es.
Por el contrario en el adjetivo romántico, las definiciones toman una nueva apariencia, pues nada tiene más valor que lo que no se puede expresar con palabras. Este es el valor del signo como manifestación de la realidad.
Atreverse a decir lo que parece no es, le es propio a la palabra poética, pues es ella quien dibuja mundos paralelos entre la realidad y la ficción.
A tal punto escribe el también Romántico Caspar David Friedrich[4]:
“El arte no debe en modo alguno proponerse el engaño, y ejecuciones de tal dimensión constriñen la imaginación del espectador; la imagen sólo debe insinuar, y, ante todo, excitar espiritualmente y entregar a la fantasía un espacio para su libre juego, pues el cuadro no debe pretender la representación de la naturaleza, sino sólo recordarla”
De la misma manera que Cavalis deduce la abstracción de las formas puras y las hila con la actividad literaria. Caspar David friederich[5], propone una manera de comprender lo espiritual como una representación artística de la belleza de las imágenes inexplicables, pero llenas de sentido para quien las vislumbra. En consonancia con ambos, Teresa de Jesús salió de su mundo religioso para adentrarse a la dilucidación de la palabra que no se dice con palabras y que la llevan a un arrebato de pasión en donde ella vislumbra lo eterno, puro y mágico en la poesía.
Poesía que es un velo de su propia inteligencia. Palabras escritas en las noches monásticas de la Villa de Ávila donde el encanto de los muros y el silencio del claustro la envuelven en las sombras de su cuerpo que le estorba para el encuentro con su amado.
El amado es aquel que la tomó para sí y que la obligo a dejar su propia nada para empezar la ruta por ella desconocida, y ahora definida en una eternidad conmensurada.
Marco teórico
La Literatura en la comprensión de la razón, la fe y la Historia.
Cada época marca el derrotero en el pensamiento de quienes definen el comportamiento, a partir de su motivación, ocupación o inquietud por las preguntas de la existencia o de la vida misma.
No es raro pensar que desde que el hombre tuvo uso de razón se haya cuestionado sobre lo que ve, y también sobre lo que no ve, que son verdades reales, pero que están en el alma y en la mente como un cúmulo de posibilidades frente a lo que cree, vive o espera vivir.
Aristóteles cuando quiso cuestionar la verdad, se dio cuenta que la verdad no existe, que es solo un deseo constante por ser un buen ciudadano, allí, en ese componente ético: en el buen vivir, está la clave para indagar con más profundidad sobre el sentido que tiene la persona en el mundo.
Desde todo punto de vista la reflexión filosófica parte de un cuestionamiento humano, en la correspondencia a su propia identidad que sintetiza los principios de razón pura, práctica y fina, entendida esta última como la capacidad para optar por lo mejor, lo que potencie la vida y le dé un sentido de profundidad a la existencia en el Cosmos. Para luego pasar a otros niveles más puramente formales como son el alma, Dios, las formas puras y los valores correspondientes a la axiología.
El Filósofo Alemán Sören Kierkegaard. En su libro, Entre la inmediatez y la relación, establece la necesidad de apelar a las ideas propias de la voluntad para atreverse a construir un mundo paralelo ente lo que desea la persona llegar a ser, incluso en medio de la ignorancia en los conocimientos propios de la historia, así mismo como en lo que desea lograr. Tales puntos son claves a la hora de atreverse a navegar en el mundo del conocimiento, pues no existe ninguna persona que tenga su mente como una “tabula rassa”, algún pensamiento tiene, y de este es propio valerse para construir algo más perfecto, más sublime, estético y potencial al arte, la Ciencia o la literatura.
El autor Existencial escribe:
“La voz de la conciencia es el principio de toda cuestión religiosa, articulista o literaria, Pues ella como león rugiente la lanza a descubrir nuevas formas de conocer la vida y la historia, de indagar sobre los principios que regulan su existencia, o a diferenciar el caos del orden universal. Bueno fuera que cada ser en el camino de la verdadera construcción tomara como fundamento su propia vida enmarcada en la historia, e hiciera de ella un espacio donde ser el protagonista, y no el que se deja manejar por los hilos invisibles de la ignorancia”[6]
Desde el punto de vista de la historia, el hombre es quien ejercita su propia voluntad, Él sale a la búsqueda de sus sueños, sean estos cuales fueran, pues el caso no es la calidad del sueño, ¡el ideal es tenerlo!. Con este principio un tanto contrario al planteamiento de la racionalidad pura, quien afirma que la calidad del pensamiento está en la máxima expresión de lo que espera recibir, es considerable poner en contra corriente tal definición, y decir simplemente que mientras somos caminantes de este mundo, vamos descubriendo cada día, alternativas de vida que son las que abren la brecha para el cumplimentero del proyecto humano, que no es otro que la felicidad.
¿Qué es la felicidad?
Como lo hemos estudiado en alguna clase de biología: la amígdala cerebral y el hipotálamo son espacios que participan en la especificación de las emociones. El Neocortex es quien organiza más deliberadamente las sensaciones que recibimos. Llegando a esclarecer cuáles son óptimas, de las menos buenas, las regulares y las definitivamente desagradables.
La unión de estas tres, permiten que se logre evidenciar una conciencia plausible sobre un acontecimiento. Hay que destacar que son incompatibles, pero que gracias a su interacción presupuestada, es decir reconociendo el uso de cada una frente a la necesidad al que se somete el individuo, se ha podido dar en el proceso de evolución una respuesta acertada. Por medio de un informe límbico. Este permite que la conciencia defina frente a circunstancias de placer una optimización de los sentidos que se encuentran todos unidos entre sí para llegar a comprender que algo esta propiciando gran felicidad. Tal como lo representa el siguiente gráfico: el cual sintetiza el proceso de autorrealización, como el último paso para la trascendencia y la felicidad.
FELICIDAD. ES HACER LO CORRECTO, EN EL MOMENTO PRECISO
CON INTELIGENCIA Y CON DOMINIO DE SÍ MISMO.
Desde una postura ética es bueno dejar que sea Aristóteles quien nos de alguna especificación de lo que significa la ética. “La felicidad, consiste en el ejercicio perfecto de la actividad propia del hombre. Tal actividad no es otra que la actividad del alma que para que sea perfecta debe ser acompañada por todas las virtudes, propias del natural del hombre”[7]
Tal definición permite aclarar la búsqueda de sentido y de realización del ser humano a lo largo de la historia, pues ¿qué es la vida sino un espacio abierto a la realización de la propia vocación humano?
Cuando se habla de lo humano no se hace a modo de Dogma, pues la persona posee un don sublime que se llama Libertad para la acción, en la cual recaen sus juicios valorativos de la calidad de sus acciones. Lo anterior se enfrenta con la posición de Kant, quien define la moral como un cumplimiento imperante de las leyes morales. Para que exista una verdadera ética, debe haber una normatividad que se debe cumplir por ley. Pues de no ser así, lo que es correcto para algunos, termina siendo algo incorrecto para los otros. Y al punto de vista del autor racionalista este es la hecatombe de liberalidad que carcome la verdadera libertad. “La razón, es el lugar donde mejor caben los conceptos de la eticidad, ya tan elaborado por los grandes genios del pensamiento, pero cabe decir que el error de los planteamientos tan esquivos a la realidad consisten en que hay lugar para la antítesis racional del verdadero sentido de los juicios sintéticos de la voluntad, que no es otro que el deterioro de la libertad. No es posible ser libre cuando la voluntad determina una acción equivoca a la decisión del común”[8]
De la libertad pasa necesariamente la persona por un segundo nivel que es el de la virtud. Aristóteles la llama ejercicio perfecto, porque no es algo lejano a la auténtica comprensión de los valores propios de la dignidad humana, la que lleva a decidirse por lo más perfecto. Lo que le da sentido a la vida y lo que potencia los valores. La virtud es correspondiente a lo humano. Y la pregunta que surge es ¿Existirá alguien en el mundo que no tenga virtudes?
Desde una postura axiológica, no. Pues la virtud es la capacidad para obrar de alguna manera el bien. El bien es lo que le da sentido a la vida, y el sentido está de modo análogo en cada una de las acciones que realizamos.
“No basta que la acción tenga un carácter determinado para que la conducta sea justa o buena; es preciso también que el hombre actué de un modo determinado ante todo, que obré en pleno uso de su libertad; en segundo lugar, que proceda en razón de una decisión consciente y que prefiera esa acción por si misma; finalmente, que actué desde una posición firme e inquebrantable"[9]
Las buenas acciones han hecho de las ciencias del alma un vacío lleno de acontecimientos eternos tales como la vida, el alma y la muerte, quienes han dejado que las palabras fluyan de dentro de cada ser que ve en el sueño de su felicidad una oportunidad para decirle si a la vida e invitar a otros a escribir su propia historia, que no es una biografía pero sí un idilio llamado esperanza.
La historia es entonces fundamental para las humanidades, y es que en ella se han perfilado todos los movimientos, momentos y espacios propios de la antítesis de la existencia.
Por eso, se pretende realizar una compilación de las letras de Santa Teresa de Jesús y ver en ellas la manera como La santa Madre define cada paso de su Historia, dentro de la misma historia, en la forma como ella concibe la vida, la eternidad, Dios y la realidad de su época.
Hablar de Teresa de Ávila es casi como hablar del genio de su poesía, ambos están tan compenetrados que no puede vivir el uno sin el otro.
Es por ello que hay que hacer una separación entre ambos para comprender la forma como la historia las vislumbra a ambas por separado.
Es adecuado pensar que hoy comenzamos a comprender que la Literatura es lo mismo que la felicidad, y que ésta, tiene una gran afinidad con lo eterno. Es decir que cada una (La literatura y la felicidad) aportan para que el sueño de la vida este más cercano a su pleno reconocimiento y cumplimiento, evadiendo añoranzas sin forma, ajenas a todo estado de búsqueda de los sublime, lo estético y lo bello.
La poesía es la palabra oculta en la mirada de quien ve en el firmamento estrellas de colores que difieren en formas y tamaños y que cada una traza sendas por la vida con sus destellos de luz.
Amainando la soledad y siendo la guía, LA PALABRA, que llena de sentido los rincones vacíos de un corazón que sueña con un mañana diferente.
La palabra hecha poesía, es la eternidad misma. Es un recóndito lugar desconocido. Una huella del tiempo que se aclara en el paso violento de los días. Pero ante todo: la Poesía es para mí juicio, la recreación de los lugares donde solo cabe el sentimiento, sea este cual fuere. Solo basta con sentir. Con llenar de vitalidad el alma y esparcir en el papel lo que la voz del alma le dicta.
San Agustín al respecto escribe:
“La vida del escritor es una vela que se consume cada día, pero que mientras perdura su luz enciende las oscuridades del entorno, la llama se compara a su palabra en que ilumina la vida de quienes en las sombras no ven más que la nada. Pero, parece que la comparación es equivoca, pues la vela se acaba, y no queda más que una cera sucia, derretida y sin forma. Pues no, lo que hace que la vela sea vela es su carácter de luz, una luz que permite tener en la conciencia la verdad de los momentos reflejados en la propia vida.[10]
Veremos en Teresa una llama que aún perdura en el mágico mundo de las letras.
LA RAZÓN Y LA FE.
Abriendo brecha en la comprensión de las verdades eternas.
Hablar de Teresa de Jesús es atreverse a definir una mujer de su Tiempo que se ubicó por encima de los presupuestos de su época.
La historia de la pervivencia de La Doctora Avilense es un retrato de la Historia del pensamiento religioso del Medioevo, el cual pretendía lograr abrir en la división de los juicios valorativos de verdad, la clara división entre razón y fe, con el único objetivo de dar a conocer a Dios como centro de una reflexión teológica.
El Medioevo se divide por sí mismo en dos grandes momentos que son: los de la corriente de la escolástica y otro de la Patrística.
La escolástica es un movimiento teológico y filosófico que aplico los conocimientos históricos de la filosofía grecolatina para explicar conceptos enmarcados dentro de la religión como son la fe, la revelación y la eternidad del alma. En una clara disputa entre fe y razón, Donde la fe está por encima de la razón, en tanto que la razón confunde los presupuestos de la fe establecidos como la creencia certera de una eternidad. La razón solo puede explicar lo que le evidencia las ciencias.
De aquí el presupuesto (Philosophia ancilla theologiae (la filosofía es esclava de la teología).
En la filosofía escolástica, los temas fundamentales son:
Dios, principalmente el problema de la fe y de la razón, de la Teología y de la Filosofía, ya que la filosofía es un medio para profundizar en la fe, Más no par definirla totalmente.
En esta dinámica surgen entonces tres posturas:
La propuesta por los Dialécticos, quienes afirman que la fe debe ser argumentada y demostrada por la razón, tal es el caso de Juan Escoto, a saber: “La razón es el don más preciado de Dios, Él la otorgo desde el mismo día en que creó al hombre, y lo sometió bajo sus paradigmas de hombre centro de lo creado. A él le otorgó la capacidad para elegir entre lo que era adecuado, siempre y cuando fuera a corriente de sus preceptos. Pero el Hombre se dejó tentar por su razón y eligió gracias a su propiedad de juicio lo que no estaba conforme a la voluntad de Dios. Si fuera la elección de Dios conforme solo a la fe, todos seríamos perfectos. La razón es la que delibera, y cumple el precepto”[11]
Otro grupo importante son los llamados antidialécticos, los cuales afirman que la única verdad acerca de la sabiduría es la que está bajo los parámetros de la fe. Cualquier postura distinta es a consecuencia del orgullo o soberbia de la voluntad humana. Pedro Damiano Escribe al respecto: “La fe es la consecuencia de un pensamiento solo en último fin que es la salvación. Es el camino seguro para vencer la soberbia del alma y para conocer al único sabedor de todo bien. Jesucristo el Señor”[12]
Surge también una antítesis o afirmación entre ambas posturas en el siglo XI, con Gerberto de Aurillac, Pensador que sin excluir la razón de la fe, afirma la necesidad de ambas para llegar a las posibilidades de la verdad.
De esta línea surge el más grande y eximio representante de este movimiento de disputa entre fe y razón:
Santo Tomás de Aquino en el albor del siglo XIII. El Doctor de la Iglesia afirma que Fe y razón son en su esencia distintas, pero que ambas son el camino que llevan al mismo puerto de la Verdad. Juntas proceden de la mente inteligente de Dios, es así que si la razón opera correctamente no se puede concluir algo contrario a las disposiciones de la fe. La Filosofía y la Teología son disciplinas distintas pero que en el único objetivo de hallar el camino de la salvación, se retroalimentan. Según el Doctor de la Iglesia:
1. La filosofía demuestra algunas verdades de la fe como son las vías de la existencia de Dios.
2. La inmortalidad del alma. desde el planteamiento Aristotélico, el alma es eterna, pues no puede morir el lugar donde ocurren todas las experiencias reales de la vida. En el caso de la fe, la inhabitación Trinitaria, que corresponde al caso de la moración divina.
3. La Teología, devela el conocimiento estructurado y sistemático de Dios. Un dios que es: revelado, que es uno y trino.
En Palabras del Santo ”La filosofía era considerada como la sirvienta de la teología, porque ella era un hueco que no llevaba a la verdad de la fe. Pero quiero decir que no es verdad tal disquisición en tanto que no se puede pretender negarle la oportunidad a una ciencia que explique según su objeto de estudio la causa última de su legado. La de la filosofía es claro que es la explicación racional de los acontecimientos que regulan las verdades concernientes a la voluntad divina. Que no es otra que la verdad... La verdad en sí misma no existe, se debe ir acercando al concepto racional de verdad, que es creíble porque se explica mediante las fórmulas de los juicios valorativos de verdad. ¡Es evidente que existe la verdad! Porque el que niega que existe la verdad, conoce que la verdad existe. Si, pues, no existe la verdad, es verdad que la verdad no existe”[13]
La educación entonces estaba comprendida en el siguiente legado: (Magister dixit -lo dice un Maestro) lo cual pone por consideración dos puntos importantes que son:
1. El magisterio estaba encargado de reproducir la enseñanza, según el parecer de la doctrina establecida.
2. Solo los hombres tenían la potestad para emitir un juicio valorativo sobre algún tema concerniente a la formación moral, ética o religiosa de los ciudadanos.
3. En relación con lo que se pretende en esta investigación, el tema bíblico era de vital importancia. El libro sagrado contenía todas las verdades profundas que la persona pudiera considerar como cierta. Y este es el mensaje de Cristo y su acción redentora y salvadora.
El Medioevo termina en 1492. Año del descubrimiento de América. Aquí se da apertura a una nueva manera de ver la realidad de la Religión que se encuentra aún ligada a las formas de la Cristiandad medieval la cual ahora permite buscar el bien del hombre que es la moral intrínseca a su comportamiento social, y el desarrollo de sus potencialidades como lo son el arte y la Literatura. Siempre teniendo en cuenta la obediencia a la moral de la Iglesia.
Los intelectuales, políticos, príncipes y Personas del Clero De la España de 1500 También son cristianos, pero buscan el bien del hombre en el sometimiento a la voluntad divina que está presupuestado en la voz de los jerarcas de la Iglesia.
UNA CONTRARESPUESTA
El Protestantismo.
Martín Lutero.
(Eisleben, Turingia, 1483-1546).
En la afluencia de 1520, ya el Luteranismo estaba recorriendo Europa, con la puesta en común de los planteamientos reformitas propuestas por el Teólogo Martín Lutero, quien saliendo de la Comunidad religiosa Católica de la orden de Padres Agustinos emprende la tarea de hacer una nueva exégesis bíblica, atreviéndose a decir que el texto sagrado es asequible para todos, y que no solo los católicos romanos pueden comprenderla.
La voluntad determinada del Teólogo impulso a la renovación del cristianismo, que según Él se encuentra sesgado frente a las enseñanzas doctrinales bíblicas. Puestas solo a consideración de la Teología Ortodoxa romana.
Su Pensamiento se resume en:
· “En el concepto de justificación por la fe, que negaba toda teoría romana/ortodoxa sobre los méritos de la salvación.
· La mediación de los santos y el culto de las imágenes.
· Denunció la venta de indulgencias y la obtención de los perdones a cambio de bienes, así como la venta de cargos eclesiásticos
· Niega la autoridad del papa, jerarca del miedo y la protección “doble moral”.
· Niega el dogma del purgatorio.
· Las escrituras por sí mismas poseen todo el valor de las salvación hay que creerle y aplicarles conocimiento intrínseco de la fe”[14]
LA EXPERIENCIA HUMANA, DEMASIADO HUMANA
DEL MODERNISMO.
Al finalizar el Medioevo, se nota un claro interés por descubrir al hombre como el centro de la reflexión filosófica, literaria y científica.
El hombre es el que posee el ideal de la voluntad puesta en balanza la razón. El racionalismo no es otro que la opción por el reconocimiento de las formas puras del pensamiento las cuales pueden ser sometidas a un juicio crítico mediante la indagación a posibles verdades resultantes de la tan codiciada teoría del pensamiento lógico.
Cabe decir que un hombre tan programado, en tanto al valor que posee frente a sí mismo y frente a Dios, abre los caminos para reconocerse en la libertad de su expresión.
Expresión que desde la fenomenología da cuenta de los resultados de su expresión frente al mundo, la Naturaleza y frente a Dios. Tal concepción da píe para comprender el arte como la manifestación estética de lo que se piensa, se medita, se razona y se plasma. Tal juego dialéctico hizo de las obras de pintura y de las letras su común reintegración a la realidad operante.
Cuando Leonardo Davinci, plasma la objetividad de su obra, deja ver los subjetivo de su espíritu, el cual expresa sin verdad alguna la verdad que se esconde en sus pinceladas, trazos y líneas, que sin un principio valorativo de la realidad finalizan en una representación de sus ideales más profundos y vertiginosos.
Al Igual que el arte de la pintura el Modernismo plantea miles de opciones por el descubrimiento de la verdad oculta ante la mirada nueva del mundo como un espacio abierto a la creatividad al asombro y los nuevos descubrimientos.
En 1492 se da la llegada de Colón a América, lo cual da lugar a la reinterpretación de la regularidad de la vida en el cosmos. España, tras el pilotaje de Cristóbal colón se aventura a “Civilizar” a los nuevos habitantes del mundo, por medio de la transmisión del idioma, la religión y la cultura Occidental.
El Universo Literario es un espacio lleno de posibilidades. Lo único que hay que hacer es optar por un estilo particular que responda a los contenidos de la época, la historia y la propia experiencia.
Tal es el objetivo de esta obra, dejar tocar el alma por un autor que dejo en su pluma el seguimiento palmo a palmo de los acontecimientos de su vida. Una vida que está abierta a las voluntades eternas y que consuman en su palabra la misión para la que fue llamada. Monja de Capa caída, Fundadora, escritora, Poeta, Mística, doctora de la Iglesia, Maestra de Espirituales, Máxima representante de la poesía del siglo de oro español, y esposa de Cristo.
De ella es posible decir que es la mujer más grande de todos los tiempos, la orante, la potencializadora del amor divino, la mujer de su época que frente a los temores propios del momento no flaqueó.
Teresa es el mismo cielo, ella con su palabra ha dado la vida a quien se sentía perdido, porque al leer su vasta obra quedamos suspendidos ante la inmensidad de su decir. Un decir que es Literatura, el arte de lo sublime, bello y estético que recoge fina y detalladamente la inspiración de un alma que ve en Dios su Gloria y su contento.
LITERATURA:
UN UNIVERSO INTERIOR EN LA PALABRA DE
TERESA DE JESÚS.
Soneto
“Si para recobrar lo recobrado
tuve que haber perdido lo perdido
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado.
Si para estar ahora enamorada
fue menester haber estado herida
tengo por bien sufrido lo sufrido
tengo por bien llorado lo llorado.
Porque después de todo he comprendido
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido.
Porque después de todo he comprobado
que lo que tiene el árbol de florido
vive de lo que tiene sepultado”.
Soneto Compuesto por la Santa Madre, Para expresar su sentir frente a las fatigas de la vida cuando no tiene otro contento más que la propia experiencia de vida.
Menéndez y Pelayo escribe: “El oficio de las Letras tiene la virtud de permitir a quien escribe el expresar desde el corazón, lo que con la boca jamás podría, la variedad en la comunicación es tan amplia, como amplia es la narrativa textual. El autor es una página en blanco que va poniendo signos a medida que va reconociendo que tiene algo por decir”[15]
Teresa de Cepeda y Ahumada; Más conocida como Teresa de Jesús es una maestra del buen decir.
Jamás piso una universidad, a no ser con su imaginación que la tenía de las más subidas. Ella caminaba plácidamente en la mente de su genio y figura. Creaba la palabra oportuna para definir su vocación religiosa en contrarespuesta al llamado que Dios le hacía a entregarse por completo a la Misión que Él le encomendaba cada día y la cual se constituía en la de ser maestra de espirituales.
Escribir sobre Teresa es atreverse a volar con ella a cada rincón, aunque recóndito de su alma. Es explorar su sentir más profundo frente a lo que ella considera un castillo interior donde tiene su morada el amor, que no es otro que Dios mismo.
Nos cuenta la santa en su obra “El libro de la vida” escrito entre 1562 y 1565, que contiene la experiencia de su vida prácticamente desde la infancia hasta la fundación del primer convento reformado de San José de Ávila, el primer acercamiento que tiene la Santa con la escritura se relaciona con la narrativa caballeresca, muy propia de la época.
Siempre le impresionó el mundo de caballeros andantes que conquistan sus sueños en las grandes contiendas y debates verbales, con la finura propia de la expresión cortesana. “Era aficionada a libros de caballerías y no tan mal tomaba este pasatiempo como yo le tomé para mí, porque no perdía su labor, sino desenvolvíamonos para leer en ellos, y por ventura lo hacía para no pensar en grandes trabajos que tenía, y ocupar sus hijos, que no anduviesen en otras cosas perdidos. De esto le pesaba tanto a mi padre, que se había de tener aviso a que no lo viese. Yo comencé a quedarme en costumbre de leerlos; y aquella pequeña falta que en ella vi, me comenzó a enfriar los deseos y comenzar a faltar en lo demás; y parecíame no era malo, con gastar muchas horas del día y de la noche en tan vano ejercicio, aunque escondida de mi padre. Era tan en extremo lo que en esto me embebía que, si no tenía libro nuevo, no me parece tenía contento”[16]
La imaginación es para la Santa, Así mismo como para la literatura el primer requisito para escribir. Soñar con mundos irreales que se tornan de repente como una borrasca de inquebrantable poder, arrasando a su paso las intenciones de la comunicación pictórica y potenciando en grado sumo las voces del alma que al furor más “recio” de la palabra se torna en suave deleite.
La garantía y la novedad de los libros radica en que cada uno es un mundo de irrealidades tan ciertas que resultan en su totalidad una antítesis de a vida misma.
El estilo de la Autobiografía le da a los escritos de La Mística genial su extraordinaria finura Literaria y fue la mejor manera para definir en sus escritos no solo una manera detallada del impacto de las letras en su formación autodidacta sino para dar a conocer su amplio magisterio espiritual, en el deseo de que sus monjas siguieran un camino de perfección, en línea a lo establecido en su unión espiritual con Cristo.
Escribir no es un ejercicio netamente físico. No es la transposición del código literario el mero signo quien tiene la amplitud reservada a la comprensión de la mera forma. No. El escribir lleva consigo la carga de la existencia. Es mirar dentro y ver recreados en la mente y en el corazón los nobles ideales de la persona, envuelta en una realidad que parece trastocar los límites del miedo, las fauces de la ansiedad o la corriente vertiginosa de la alegría. Los amores que de plano tientan los sentidos, o los malévolos planes que agotan la destreza por vivir.
Escribir es si, y solo sí, saber mirar. Como diría san Juan de la Cruz, “Es un no se qué, que queda balbuciendo”
Los Místicos, y en este caso Teresa de Ávila nos comparte su experiencia de escritora y a la par de sus bellas composiciones nos detalla lo que ni ella misma comprende, escribir sin saber que se escribe, ni mucho menos como lo hace.
“Pocas cosas que me ha mandado la obediencia, se me han hecho tan dificultosas como escribir ahora cosas de oración; lo uno, porque no me parece me da el Señor espíritu para hacerlo ni deseo; lo otro, por tener la cabeza tres meses ha con un ruido y flaqueza tan grande, que aun los negocios forzosos escribo con pena.
Mas, entendiendo que la fuerza de la obediencia suele allanar cosas que parecen imposibles, la voluntad se determina a hacerlo muy de buena gana, aunque el natural parece que se aflige mucho; porque no me ha dado el Señor tanta virtud que el pelear con la enfermedad continua y con ocupaciones de muchas maneras se pueda hacer sin gran contradicción suya. Hágalo el que ha hecho otras cosas más dificultosas por hacerme merced, en cuya misericordia confío”[17]
Es pretexto de Teresa, la Obediencia para escribir. Se nota que su puño y letra compaginan perfectamente con su pensamiento. Segunda característica de la Literatura. El común del arte de las letras es la intensión de expresar la verdades dl alma. La novela por ejemplo parte de un dialogo interior de un autor que dibuja todo un universo físico en su mente, para luego dejar permutar unos personajes que quieren tomar forma en el encuentro de diálogos anhelantes y de delirios innombrables.
El personaje que se dibuja en la obra Teresiana, es ella misma. Protagonista viva de los romances que buscan enaltecer su corazón en un éxtasis de amor inquebrantable como la muerte misma. Un agonizante paso por la historia de su vida que refleja en su rostro el encuentro de su amado, que para siempre la ha tomado en su regazo y del cual nunca podrá escapar.
Como lo narra la siguiente poesía, compuesta por la Santa:
Mi amado para mí
Ya toda me entregué y di,
y de tal suerte he trocado,
que mi amado es para mí
y yo soy para mi amado,
que mi amado es para mí
y yo soy para mi amado.
Cuando el dulce cazador
me tiró y dejó rendida,,
en los brazos del amor
mi alma quedó caída.
Y cobrando nueva vida
de tal manera he trocado,
que mi amado es para mí
y yo soy para mi amado,
que mi amado es para mí
y yo soy para mi amado.
Hirióme con una flecha
enarbolada de amor
y mi alma quedó hecha
una con su creador.
Yo ya no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado
que mi amado es para mí
y yo soy para mi amado,
que mi amado es para mí
y yo soy para mi amado.
Por medio de la Literatura pudo explicar su propia experiencia, embelleciendo cada acontecimiento con su propio estilo de escritora. Ella misma dice, “sin escribir ni yo misma me hubiese comprendido”[18]
Sus profundas experiencias místicas pasaron luego al papel, narrando detalle a detalle cada proceso de vivencia interior. Y así como el Maestro Jesús, apela a las comparaciones literarias o parábolas para decir lo que quiere decir, dejando claro que la intensión es la experiencia y el objeto, es el recurrente en su forma de expresar el sentido de hondonada del verso en la escritura.
· «No hacía sino poner comparaciones para darme a entender» (Libro de la Vida 27, 3)
· «Una vez entendí cómo estaba el Señor en todas las cosas y cómo en el alma, y púsoseme comparación de una esponja que embebe el agua en sí» (Cuentas de conciencia 49, 1)
· «Ahora tornemos a nuestra huerta o vergel, y veamos cómo comienzan estos árboles a empreñarse para florecer y dar después fruto, y las flores y claveles lo mismo para dar olor. Regálame esta comparación, porque muchas veces en mis principios, me era gran deleite considerar ser mi alma un huerto y al Señor que se paseaba en él» (Libro de la Vida 14, 9).
· No es otra cosa el alma del justo sino un paraíso adonde dice El tiene sus deleites. Pues ¿qué tal os parece que será el aposento adonde un Rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes se deleita? No hallo yo cosa con que comparar la gran hermosura de un alma y la gran capacidad; y verdaderamente apenas deben llegar nuestros entendimientos, por agudos que fuesen, a comprenderla, así como no pueden llegar a considerar a Dios, pues El mismo dice que nos crió a su imagen y semejanza. (Moradas, 1,1)
· Pues si esto es, como lo es, no hay para qué nos cansar en querer comprender la hermosura de este castillo; porque puesto que hay la diferencia de él a Dios que del Criador a la criatura, pues es criatura, basta decir Su Majestad que es hecha a su imagen para que apenas podamos entender la gran dignidad y hermosura del ánima. Moradas cap. 3,1)
· Pues consideremos que este castillo tiene, como he dicho muchas moradas, unas en lo alto, otras embajo, otras a los lados; y en el centro y mitad de todas éstas tiene la más principal, que es adonde pasan las cosas de mucho secreto entre Dios y el alma. Es menester que vayáis advertidas a estas comparaciones.. Moradas 1,3
· 1. Harto me he divertido; más importa tanto lo que queda dicho, que quien lo entendiere no me culpará. Tornemos ahora al amor que es bien y lícito nos tengamos (1), del que digo es puro espiritual. No sé si sé lo que me digo. Al menos paréceme no es menester mucho hablar en él, porque le tienen pocos. A quien el Señor se le hubiere dado, alábele mucho, porque debe ser de grandísima perfección. En fin, quiero tratar algo de él. Por ventura hará algún provecho, que poniéndonos delante de los ojos la virtud, aficiónase a ella quien la desea y pretende ganar. (Camino. capítulo 6 – 1)
Cada palabra escrita por la santa lleva su sello de garantía espiritual. Lo espiritual no es un aparte de la fragilidad humana. Es la persona en su integridad. La profundidad de su vida y la delicadeza de su ser.
Muchos suelen confundir lo espiritual con rezos o técnicas de relajación. Y si bien pueden ayudar a encontrar el camino a lo íntimo de su ser con Dios, la naturaleza, los ángeles, Lo espiritual es la identidad del ser humano. Es decir aquel lugar de su intimidad donde se establecen los vínculos de trascendencia y sentido de la condición de la existencia.
La mujer que narra su proceso de conversión es altamente humana. El padecer la hizo fuerte, y su vocación le dio las alas para volar alto. Tan alto que ni la inquisición pudo detener tal fuego y fuerza de su personalidad.
Teresa escribe con el alma. Y Lo que viene de dentro con la fuerza y la convicción de lo que se dice no puede sino causa r un efecto de admiración y asombro en los que le escuchan. Esta es la relación entre la estética y la comunicación.
Estética y comunicación
¿Verdad o asombro?
El tema de la estética y la comunicación ha sido portavoz de reflexión literaria durante mucho tiempo, pues la comunicación es una facultad que permite la expresión del conocimiento en medio de un acto dialógico, técnico, instrumental, simbólico, callado o escrito. Y sin más atavíos lo que busca es expresar-se.
La expresión, ¡dichosa ventura! Que sería de la humanidad sin expresión. Callando todos sus pensamientos, reservados tal vez para los dioses quienes los engañaron al ponerlos en un lugar donde su voz silenciosa era el eco de sus dolores.
La mirada contrapuesta en su imaginario solo para sí tiene valor, y nada de lo que se dice tiene el significado de lo que es, por que la expresión callada es la expresión dolorosa del vacío.
Afortunadamente los dioses: gallardos y valientes dioses pusieron en nuestra torpe humanidad la palabra. Con ella el viento lleva consigo los mensajes que brotan de dentro para ser escuchados a fuera. Y la voz toma el matiz de los sueños y alberga las nadas y los todos para con la razón darle sentido a los que es y decirlo como un soneto de letras que se unen y cantan la grandeza de la vida. Pero también devela la miseria del hombre y sus afanes.
Si la palabra comunicadora de verdades no existiera ni Teresa de Jesús fuera la poeta del amor, ni Gabriel García Márquez el andariego de macondo buscando historias para ser narradas para el reconocimiento de la fantasía que representa nuestra Latinoamericanidad.
¿Pero qué es lo que hace que la comunicación sea enaltecida como el don maravilloso de la literatura?
La respuesta única vertiente de posibilidad. LA ESTÉTICA.
Este movimiento por el cual los filósofos modernos Lucanor por defender como la herramienta propia de la belleza, sutilidad, pulcritud en la expresión y ante todo y por encima resaltaron lo bello.
Lo bello es lo que perdura en el tiempo, dice Heidegger. “Bello es el cielo que refleja la luz del medio día, pero más bella la maestría de plasmar tal paisaje en las artes, que parecen salir de si para quedarse plasmada en un espacio, donde la vista, el oído y el tacto del hombre trasportan su ideal a un nivel de grandeza superior a su propia naturaleza.[19]
1. Según lo anterior el aporte a la estética literaria en Teresa de Jesús es impresionante, pues ella primero que todo tuvo la intuición de componer armónicamente sus palabras, pensarlas, meditarlas y escribirlas. De su más puro sentir brota en la noche, a tiempo y destiempo una palabra bella, cálida de una gran finura y Profundidad.
Búscate en mí
Alma, buscarte has en Mí,
Y a Mí buscarme has en ti.
De tal suerte pudo amor,
Alma, en Mí te retratar,
Que ningún sabio pintor
Supiera con tal primor
Tal imagen estampar.
Fuiste por amor criada
Hermosa, bella, y ansí
En mis entrañas pintada,
Si te pierdes, mi amada,
Alma, buscarte has en Mí.
Que Yo sé que te hallarás
En mi pecho retratada
Y tan al vivo sacada,
Que si te ves te holgarás
Viéndote tan bien pintada.
Y si acaso no supieres
Donde me hallarás a Mí,
No andes de aquí para allí,
Sino, si hallarme quisieres
A Mí, buscarme has en ti.
Porque tú eres mi aposento,
Eres mi casa y morada,
Y ansí llamo en cualquier tiempo,
Si hallo en tu pensamiento
Estar la puerta cerrada.
Fuera de ti no hay buscarme,
Porque para hallarme a Mí,
Bastará solo llamarme,
Que a ti iré sin tardarme
Y a Mí buscarme has en ti.
La anterior poesía compuesta por la santa en el año de 1579. Expresa la experiencia personal de la Mística Teresiana. Mística es una palabra que en la sinonimia sería “Misterio”. Aquellas verdades ocultas reservadas para un alma que sea capaz de elevarse por encima de su propia naturaleza hasta la comprensión de las verdades sobrenaturales en las cuales el paso de la historia es solo un hito de momento, para la pasión de un alma enamorada solo las letras puede encausar su sentir.
En el siguiente verso La Mística Carmelita define:
“De tal suerte pudo amor,
Alma, en Mí te retratar,
Que ningún sabio pintor
Supiera con tal primor
Tal imagen estampar”
La pasión que le embriaga la presencia del amado en su experiencia religiosa, que solo el amor puede elevar su sentir a un nivel más exquisito de la representación simbólica. Nadie, Ningún otro artista dentro de su expresividad podría decir lo indecible, solo ella en la palabra mágica de su literatura pudo decir tan bella mente su sentir humano, demasiado humano en contraste con lo divino, “exquisito y bello”, arte de la palabra hecho poesía en un rincón recóndito de su alma, pura, limpia sencillamente mágica. Donde el amor la potenciaba a narrar su experiencia de mujer con mirada profunda al nivel de contemplar racionalmente lo que para ella era natural. La naturalidad de la Literatura brota de la intensión de expresar solo el sentir de una afección interior. El desborde debe encausar meticulosamente las acciones para abrir la madeja que permita el vínculo entre lo vivido, lo acaecido en la imaginación, lo descrito con imágenes en formas, lugares, acontecimientos y la mistagogía que es el nivel en que la Literatura se hace experiencia. Al respecto El Joven escritor Venezolano Jorge Gómez Jiménez[20] nos narra en un cuento esto que intuyó la santa y que lo definió tan claro en el poema búscate en Mí.
“El oasis
Había oído hablar, de quienes lo habían experimentado, de los espejismos que la sed y el cansancio provocan en el caminante cuando se interna en la inmensa soledad vacía del desierto. Por ello le extrañó comprobar que el agua era real, y que los destellos que el sol producía en ella no eran resultado del agotamiento sino que verdaderamente estaban allí, deslumbrándolo con el incesante fulgor que, según sabía por lo que le habían contado, diferencia a los oasis de verdad de los espejismos.
Llevaba ya varios días sin probar otra agua que la de su cantimplora, sucia y con el sabor gastado del interior de la última tubería a la que había pertenecido. Su presente se había vuelto peligrosamente duradero, casi como si su función de ser viviente fuera caminar y caminar sobre la arena caliente y bajo aquel sol inhóspito. Ahora, ante el oasis, cayéndole el agua por el cuello y los brazos, le parecía extraño que sus ojos agradecieran a ese mismo sol toda la luz con la que el agua inventaba aquellos hermosos destellos, como de luz propia.
El agua del oasis parecía estar superpuesta entre las dunas, como si realmente fuera agua suspendida, como si no tocara la arena. Las cuatro palmeras apostadas a la orilla daban constantemente unos dátiles como él jamás los hubo visto. Por otra parte, el agua era tan cristalina que casi podía verse el fondo, y era tan dulce y fluida como si proviniera del nacimiento de un manantial. Y, sí, mientras más se le observaba podía uno concluir que su luz le era propia, que bien podrían estar los destellos iluminando el sol en lugar de lo que las leyes físicas prescriben. Se preguntaba cómo se conservaba el agua del oasis, si no veía ni una nube hacia ninguno de los horizontes que se disputarían después la atención de sus pasos.
Así, pues, ante su vista insomne había un oasis de veras extraño e interesante, con un agua tan pura que parecía ahuyentar los peregrinos granos de arena que intentaran posarse sobre ella durante una ventisca. Como conocía las escasas probabilidades de conseguir otro oasis en mucho tiempo, decidió darse un baño y, mientras se desnudaba frente al agua, iba dándose cuenta, poco a poco, de la existencia de una bien definida propiedad en los destellos. Una vergüenza absurda estremeció su piel antes de que el agua lo cubriera hasta el cuello.
Comió algunos dátiles que no le permitieron percatarse de que había sobrevenido la noche, ese elemento que se hace difícil y siempre bienvenido en los desiertos. Recostó la mitad de su espalda en una palmera y estuvo largo rato contemplando el oasis. No había viento, sin embargo los destellos seguían sucediéndose con extraña agitación. A pesar de la oscuridad nocturna podía distinguirse la limpieza y la personalidad acogedora del agua. Entonces se convenció de que el oasis debía estarle sonriendo, y se quedó profundamente dormido.
Estuvo allí varios días, comiendo dátiles y compartiéndose a sí mismo con las cristalinas y dulces aguas del oasis. Un día, cuando ya estaba totalmente repuesto, decidió continuar el camino. Volvió a vestir sus ropas como antes. Quiso llevarse algo del oasis y hundió la cantimplora en el agua. Luego tomó algunos dátiles y los metió en la mochila para comerlos por el trayecto.
Se quedó un rato de pie ante el oasis, viendo los destellos juguetones. Pensó que si no tomaba nunca el agua que llevaba en la cantimplora podría, quizás, al arribar a destino seguro, apreciar aquellas llamaradas de luz propia que a él le producían una especie de encantamiento. Mientras observaba, un gran sobrecogimiento creció en su interior. Comparó entonces las cristalinas aguas con la sosa estupidez de la arena; comprendió que entre aquel oasis y cualquier otra cosa buena podría haber más de un millar de dunas. Arriba, el sol se empeñaba en demostrar que sólo sobre el oasis era un sol tranquilo, y que fuera de él era inmisericorde.
Ya había empezado a atardecer. Continuaba allí, de pie e indeciso. El oasis sólo parecía sonreírle. Dejó la cantimplora en la orilla, se recostó de una palmera y se dejó invadir por un cálido sentimiento de paz interior.
—Bueno —se dijo—. Mañana habrá tiempo para decidir”.
El Oasis sin lugar a dudas es un símbolo de la pasión que consume a quien quiere escribir. Es la saciedad en medio de la sequedad. Una sequedad que no es el vacío o carencia total de algo. No. es la mirada al sol clamando por el agua, viendo mundo fantásticos que representan nuestro miedo a perderlo todo. Es un grito silencioso que en medio del silencio hace un eco balbuciente en la soledad quizá el miedo.
Es verano, invierno y otoño. Cada uno en un momento acontece tan vivamente en el alma que solo la teatralidad incandescente puede explicarlo, y mortificarlo a su antojo.
Que sería de las ciencias sin la belleza de la Narrativa. No sería posible cantar las cantigas maliciosas del Medioevo, que aturdían los silencios de los campos apostados de delicias y malicias de los cantaores de recitales que brotaron de su interior como una llamarada que encendía el corazón de nobles y vasallos.
Donde estaría el molino gigantesco del quijote sobre el que la más absurda palabra no cabría a contener tal imaginario. Un hombre frente a su miedo. Peleando con el viento y las aspas del molino el cual escapaba ante la pericia de un soñador que se conserva en la historia como el andariego que recorrió la vasta castilla para explicar que la locura es el miedo a ser distinto a lo que el formalismo natural exige.
¿Cuántos oasis más en las entrañas dibujados?
Los de Shakespeare. En el delirio de Hamlet. Que espectáculo tan maravilloso al dibujar la personalidad de tal hombre. Magia hay en cada una de sus palabras. La locura es el delirio de los que se atreven a ser distintos. Esta Obra teatral invita a navegar en el mundo de la fantasía y de la moralidad clásica, la cual enseña que cada acción nefasta debe ser cancelada hasta el último centésimo.
Si comparásemos a Hamlet con la vida de un hombre actual, no contendría dentro de los idearios de nuestra mentalidad. Es necesario el rey muerto reclamando su libertad del infierno. La reina. La traidora y vil mujer que se enfrenta a su ambición y deseo por su cuñado con el cual planea la muerte de su esposo. Ofelia es un azar del destino. Es la pasión pero también la frustración de un sueño de amor Irrealizable. Quizá Hamlet pensaba que podría terminar igual que su padre muerto y olvidado.
Melibea. Si la caprichosa historia de la mujer que la Magia transformo en servil, para acallar las afrentas del amor.
Las mariposas amarillas creadas en el mágico mundo de Gabriel García Márquez, el cual en su hermosa obra nos enseña que la imaginación es la voluntad divina de aquellos que se reflejan en su propia historia. Cuanta belleza en una sola función de la Narrativa Literaria. El reflejo interior de sus ansias más profundas de hacer arte. Donde lo narrado se vuelve la imagen de la misma creación, y se confunde con la realidad y la ficción. A tal punto El místico San Juan de la Cruz. Contemporáneo de la Santa Española escribe.
“Oh cristalina fuente
si en esos tus semblantes plateados
formaces de repente
los ojos deseados
que tengo en mis entrañas dibujados”[21]
La cristalina fuente es la Narrativa, donde se confunde la mirada de lo que se ve con la imaginación y que luego se manifiesta en otras realidades más profundas. Llámese Dios, amor o cualquier realidad plasmada en los escritos de la Literatura Universal.
LA ESTÉTICA TERESIANA
ES EL ARTE DEL ARROBAMIENTO.
No hay literatura sin mística. Es decir sin un amor profundo por lo que se quiere decir. Los versos más hermosos que se han compuesto han nacido de una experiencia de vida que potencia los sueños y los deseos de un autor. Arrobarse significa salir de sí, volcarse sobre algo superior que trascienda la naturaleza humana, y que permita la creación delirante de nuevos infinitos que realcen la belleza natural que todo posee.
Se cuenta que la santa Madre, en momentos de oración salía de sí y se transfiguraba de tal modo que parecía un ángel. Al respecto la Santa escribe:
"Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal sino espiritual aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aún harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento"[22]
La anterior expresión cargada de gran belleza y experiencia es de los relatos más profundos de la bendita Mujer, pues narra con imágenes detalladas la usanza de su amor por el único amor que no le cansa. Dios.
También cabe decir que el anterior fragmento de sus páginas fueron la inspiración del gran pintor Italiano Gian Lorenzo Bernini, quien en el Siglo XVI creara su obra “el éxtasis de santa Teresa” Tal es.
(En línea www.google.com/artessacros.org/mex)
“iriome con una flecha
enerbolada de amor
y mi alma quedo hecha
una con su criador”.
La poesía mística es el relato de la unión de lo humano con lo divino. Un éxtasis tan grande un solo ángel pareciese todos los Ángeles juntos.
La belleza de la comparación es igual al placer humano que refleja la santa en lo que escribe tan finamente.
Refleja la narrativa teresiana el amor, pero también el dolor, un dolor sabroso y eterno el cual deja inflamada su alma en un estado de arrobamiento.
La flecha es una figura delicada, en la más pura construcción…oro fino. La cual al ser clavada en el pecho de ella misma siente un estado de entrega tan perfecto que solo en el desnudo amor se ve reflejada.
La ropa del Ángel está siendo despojada y la mujer se encuentra en una visión profética de encuentro y de amor con el mismo Cristo, su Amado. Al respecto la santa escribe:
“Esta visión quiso el Señor le viese ansí: no era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos que parecen todos se abrasan (…); víale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego; éste me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas; al sacarle, me parecía las llevaba consigo y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor que me hacía dar aquellos quejidos y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay deseo que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal, sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento.”[23]
El amor es deleite de las almas espirituales, es el sosiego de los ímpetus del cuerpo, pero ante todo es la inspiración para narrar el encuentro furtivo de los amantes que amándose a solas en las postrimerías de solo los cuartos, salen arrebatados a otros idilios que se consuman en el matrimonio espiritual.
Compara la acción del encuentro “en el deleitoso momento” con el fuego, que la consume y abrasa en las afecciones vividas y narradas a su amado en el momento de la unión espiritual.
“Paréceme que el alma y el espíritu debe ser una cosa; sino que como un fuego que si es grande y ha estado disponiéndose para arder, ansí el alma de la disposición que tiene con Dios, como el fuego, ya que de presto arde, echa una llama que llega a lo alto. El alma es arrebatada y puesta en éxtasis, en gozo. La herida del amor de Dios deja un dolor sin herir y, sin dolor, deshace el amor de las criaturas”[24]
La flecha penetra el corazón humano de la Santa, “Transverberación” un estado de tan alta contemplación que la inducen a la experiencia del desposorio espiritual. Un trance tan sublime que la muerte es un juego ante el arrebato de tal momento. Queda La mujer en trance en un momento donde la conciencia la enceguece pero no le deja perder la razón, para que pueda corroborar el más fino placer. Las sensaciones son la imagen de la trama de la experiencia inenarrable de su encuentro más pleno con el amado que lo relata sin palabras en el acontecer poético de su gracia.
Cada época trae consigo un gran cúmulo de autores quienes al igual que La Mística Española proponen una forma de ver la vida, siempre desde la vocación por trascender los límites de la narrativa.
Julio Cortázar[25] Narrador fantástico de literatura Latinoamericana se ennoblece en la composición de los relatos fantásticos en su magia narrativa. Cada cuento es un mundo mágico abierto a la novedad retórica, la fantasía y el estupor son las bondades de su obra, detallada en líneas y espacios que recrean las voluntades humanas en mundos paralelos entre la narración, la ficción y la burla de la realidad.
Frente al estupor del arrobamiento literario aparece un cuento cargado de intencionalidad crítica, en tanto involucra la realidad con la fantasía. Arte de leer y de inmiscuirse en la obra. Lo que hace de Los escritores como Cortázar y Teresa unos maestros de la escritura: se reflejan en cada línea de sus escritos.
“Continuidad de los parques”
“Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.
Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano. la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela”.[26]
El anterior relato es una radiografía de la intensión literaria que no debe ser otra que la de figurar la verdad, y recrear los sentidos. La belleza del cuento radica en que cada palabra hilada en espacio y hondura lleva al lector a sentirse involucrado en la trama y lo lleva a dilucidar sus sentimientos y las ansias de ser mejor persona útil al mundo y generador de esperanza.
El oficio de escribir experiencias, es el arte de amar lo que se dice, pero más de adorar lo que se vive.
Hace algún tiempo que el autor se enfrentó a su propio miedo, y en él, en medio del silencio de una tarde, mirando el reflejo del sol en las montañas, y las márgenes del libro correctamente distribuidas en líneas espaciadas en lapso y en profundidad, se reflejó sin más miramientos que su propia historia.
Una historia de dolor o miedo, de risa, quizá llanto. En últimas, una historia de recreación ante el aparente absurdo, donde las lágrimas no son gotas que brotan del sentimiento, sino la fecunda e insólita elipsis de la risa.
Y el libro… el instrumento fantástico. Las páginas al viento con tradiciones que deben ser contadas, en donde la magia de la narrativa juega desmesuradamente con los sueños del lector. Él, sin más atavíos y sin ningún reparo axiológico, se retrata se retrata en cada historia contada: en el sueño de su alma que con la pluma define paulatinamente sus ansias más profundas de hacer Literatura, es decir, crear un juego de palabras en el contexto de las apariencias e ilusiones desmedidas para crear mundos paralelos en el arge[27] del arte de escribir.
“Ilusión novelesca que lo ganó casi enseguida, cuando gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles”.[28]
El texto antes descrito parece ser al abrebocas para la más vasta comprensión literaria, pues deja ver en su particular, un historial de sucesos contados por un autor. Es un destello estético que permite abrir los niveles de comprensión no solo de las obras en sí, sino también de la preeminencia de la vida, que no es otra que un buscar en los ventanales de la historia la propia realidad que confluye del sentido del corazón.
Ya en el siglo XV, El Doctor de la Iglesia y contemporáneo de Santa Teresa: Juan de la cruz, en su poesía mística o narrativa del corazón permite presuponer que nada de lo escrito se fundamenta solo en el signo Lingüístico, como algunos fundamentalistas lo insinúan[29]. No, para el Santo Español, debe haber un particular asombro por lo que se ve mejor con los ojos del alma, traducido luego sublimemente en letras descritas en formas que al ser hiladas dan un sentido de profundidad y belleza a lo expresado.
La profundidad en su definición es el sentido que trasciende el mismo sentido del texto. Es decir, la amplitud definitoria que logra distribuir los márgenes de comprensión, para dar realce y sentido a un texto.
En lo anterior Los místicos españoles son unos genios y artistas, Pues descubren un mundo paralelo entre lo que la reflexión teológico – filosófica les ha insinuado y lo vinculan estéticamente con su ideal de poetas, escritores del amor.
San Juan de la cruz en su poesía El cántico espiritual precisa de modo admirable su visión de la búsqueda del hombre por encontrar un sentido a la vida interior, donde el horizonte natural converge con ese paisaje interior donde el alma es el campo cargado de belleza y fantasía, la cual al paso de Dios se hace más hermosa que la misma obra creada por la mano del Amado. La poética San Juanista le acredita ser al santo Místico junto a Teresa de Ávila ser los máximos representantes del siglo de oro de La poesía Española.
Con tal narrativa, como una sonata del más alto nivel, logra ascender a las más altas esferas de la tradición religiosa, definiéndola, y ampliándole su borde hermenéutico. En lo que Gadammer llama: “Los signos aparentes la obra Escrita debe trascender la comprensión de lo real, en lo definitorio y totalizante, dando un nuevo sentido a la voluntad plena de la comprensión, más allá de lo visto como código… tal vez otro sentido.”[30]
Escribir para los místicos es:
1. Plasmar la contemplación de lo superior en la mente de su propia creación, Para luego estéticamente hacerlo poesía en el papel.
2. La escritura de aquellas verdades encontradas, presupone un deseo de expresar la experiencia vivida.
3. Su literatura se hace vida, en cuanto deja entrever que lo narrado no es sino una experiencia propia que al ser contada se vuelve útil para otros.
La literatura es una expansión del pensamiento, es sin lugar a dudas un mundo que permite delimitar espacios del alma que ninguna razón prudencial puede equiparar. Es ir en la distancia de lo que separa la verdad de la ficción, buscando un horizonte que señale un último lugar a donde llegar, descansar y ser feliz.
Es una huella del pasado que se establece en el presente, es un rumor del viento y de las olas que desde una mirada interior devela los más delicados misterios de la naturaleza humana.
El cántico espiritual en los versos 4 y 5 escribe:
“¡Oh bosques y espesuras,
plantadas por la mano del Amado!
¡Oh prado de verduras,
de flores esmaltado!
Decid si por vosotros ha pasado.
5. Mil gracias derramando
pasó por estos Sotos con presura,
e, yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó
de gracia y hermosura[31]”
El anterior fragmento encierra el sentido no solo del sentimiento del autor, sino también lo que significa la narrativa literaria, que no es otra que dejar formar en el interior una imagen delicada de un semblante que presupone otra realidad.
Los semblantes son los distintos modos de comprender el arte. En el Místico es la poesía. La cual le permite formar nuevas verdades que parten de una única verdad en su propia mirada del mundo, de dios y del alma.
Aunque parezca abrupto, el doctor de la Iglesia abrió una línea en la intuición del genio y figura Julio Cortázar, tan distintos en su proyecto de vida, tan cercanos en el empleo de la palabra.
Cortázar explota para su narrativa elementos que desbordan la fantasía y la imaginación, pero no son unas ideas sueltas en el papel. Para Él cada trama es una experiencia que representa las hondas verdades del ser Humano, realidades que no se definen solo bajo un sentimiento delicado y fino, sino que tras la sombra de lo indefinible esconde sus más arraigados encantos. La vida es tan sencilla que no se puede definir con palabras exactas, hay que trascender los términos del miedo y quitar las máscaras que no permiten disfrutar de las sonrisas que se han puesto en el rostro como manifestación de lo maravilloso de la experiencia insondable de vivir. (Pese a los mismos vacíos de la existencia)
Cuando Cortázar escribe la continuidad de los parques, similar a Juan de la Cruz, lo que pretende es ir más lejos de lo establecido y así contar el modo de la escritura que brota no solo de su imaginación, sino también de su propia declaración de la vida.
¿Quién como Cortázar puede explicar tan bellamente tal principio literario?
Es una conjunción disyuntivada en el sacro mundo de las letras, en (P.Q). (c)
P v q = c
C v p.q v p = q
P v q v c = p.q.c
La continuidad de los parques es un juego matemático elaborado en la concepción metalingüística del autor, donde cada expresión está manufacturada desde un concepto de la realidad aparente en el sentido, envuelta perfectamente en la circunstancia concreta de lo que aspira, un juego de verdades aparentes que desprenden una mímesis de otra situación. Si P = Percepción de un mundo paralelo entre Q= la realidad. Entonces creación de la plausible e interminable obra narrativa, que no es un cuento como cualquier otro, sino una expresión circular que no tiene un final plenamente detallado con lujo de referencias que arguye el llanto o la risa, en C= Literatura.
En este cuento P se hace uno en Q, tan existente para quien lo escribe, tan cierto para quien lo lee.
Se hace inseparable la fantasía de las letras con la memoria de una historia que comienza el día en que se define la existencia real de un mundo abierto a la narrativa, y la Garcilesca idea de una simbiosis entre el personaje que divide la madeja retórica, que lo conduce hasta el vientre de la misma historia, y le permite la descripción cortarziana del relato sin fin.
Según la inverosímil, Cortázar crea un estilo propio, comenzó su peculiar Universo literario en la asimilación del realismo descriptivo, que se vuelve en Él un existencialismo puro, que lo hace ser un gran contador de historias.
TEORÍA DE LA TRANSCURSIVIDAD.
Arrobamientos y ansias de lo eterno.
El monólogo interior es una de las más fuertes expresiones en la obra escrita de La Fundadora excelsa. Tal monólogo se conoce con el nombre de transcursividad, a manera de un yo psicológico que navega en la mente de la escritora, y que le permite el diseño de mundos aparentes e ideales que compaginan en el modo de cómo concibe su propia identidad religiosa.
William James explica el yo psicológico como un enlace entre la conciencia y la razón. Donde se relacionan un mundo de formas sobrenaturales, que aparecen y desdoblan la persona, dejando que la imagen deseada brote en el estado natural humano que pasa luego a una escala superior de lo sobrenatural.
En un estudio serio sobre este tema, Edgar Garavito Pardo en su libro crítica de la identidad sicológica escribe:
“Para que el yo permanezca se exige, entonces, que los estados de conciencia que permiten el reconocimiento se enlacen entre sí, apoyándose sobre factores empíricos: un nombre, un rostro, unas relaciones de parentesco, unos recuerdos concretos. Solo de esta manera el yo presente y el yo pasado se intuirán como un solo yo psicológico”[32].
Lo anterior explica los estados en que la Santa Madre se veía cada vez que intentaba recrear un episodio de oración contemplativa, o alguna ocasión en que escribiendo quedaba sumergida en unos estados de inalteración llamados arrobamientos místicos.
Los arrobamientos, en el contexto de la transcursividad se pueden ejemplarizar del mismo modo en un aparte de la mística española.
En un poema que narra la salida de sí del santo Español, Místico y Maestro de espirituales San Juan de la Cruz, quien en el silencio de su claustro, con la pluma en su mano, la luz encendida y el corazón despierto a la magia del amor detalla la aventura del encuentro con su amado.
Dios en los recónditos lugres de su alma tomo posesión de sí, lo elevó al juicio de su valoración religiosa y le concedió la comprensión de la ciencia del amor verdadero. Furtivo y fugaz, pero que en un momento describe una eternidad sin límites, razón y voluntad.
La Mística es secreto deleitoso de amor. La poesía es el detalle descriptivo de lo que se cree vivir, nunca de la realidad total del encuentro. Detalla apartes del encuentro y de los destellos de lo acaecido, pero jamás develará en su totalidad la expresión total del momento de la comunicación espiritual.
Por eso se vale el autor de la más preciada estética literaria. No quiere que ningún detalle deje de ser contado ni evadido por el lector. Cada momento es un haz de luz que irradia la inspiración del amor, del deleitoso transe. El dialogo entre Dios y el alma es un episodio de la más alta contemplación espiritual, por ello el momento es y será siempre el abrigar de lo mas pleno del sentido humano.
“ENTRÉME DONDE NO SUPE”
(Juan de la Cruz)
“Entréme donde no supe,
y quédeme no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.
Yo no supe donde entraba,
pero, cuando allí me vi,
sin saber donde me estaba,
grandes cosas entendí;
no diré lo que sentí
que me quede no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.
De paz y de piedad
era la ciencia perfecta,
en profunda soledad,
entendida vía recta;
era cosa tan secreta,
que me quedé balbuciendo,
toda ciencia trascendiendo.
Estaba tan embebido,
tan absorto y ajenado
que se quedó mi sentido
de todo sentir privado;
y el espíritu dotado
de un entender no entendiendo.
toda ciencia trascendiendo.
El que allí llega de vero,
de sí mismo desfallece;
cuanto sabía primero
mucho bajo le parece;
y su ciencia tanto crece,
que se quede no sabiendo,
y toda ciencia trascendiendo.
Cuanto más alto se sube,
tanto menos entendía
que es la tenebrosa nube
que a la noche esclarecía;
por eso quien la sabía
queda siempre no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.
Este saber no sabiendo es de tan alto poder,
que los sabios arguyendo
jamás le pueden vencer:
que no llega su saber
a no entender entendiendo,
toda ciencia trascendiendo.
Y es de tan alta excelencia
aqueste sumo saber,
que no hay facultad ni ciencia
que le puedan emprender;
quien se supiere vencer
con un no saber sabiendo,
irá siempre trascendiendo.
Y, si lo queréis oír,
consiste esta suma ciencia
en un subido sentir
de la divinal Esencia:
es obra de su clemencia
hacer quedar no entendiendo,
toda ciencia trascendiendo[33]”.
Con la anterior poesía perfectamente constituida, se definen no solo las ansias de infinito del ser que busca su consuelo en lo eterno, sino también la expresión de la grandeza de la vida que se haya en suave deleite en lo más perfecto.
Con todo lo dicho, es menester decir también, que el anterior escrito narra la aventura de un autor que decide escribir palmo a palmo su experiencia de vida. Atreverse a decir con palabras lo que siente en lo más hondo de su corazón. Esta es, la más perfecta definición literaria.
Los diálogos interiores parten de una construcción de la palabra, como una necesidad de decir lo que no se puede decir con símbolos. De igual manera el Místico toma postura frente a lo que siente y balbucea una palabra que le de alguna posibilidad de decir lo que a su vez pareciese imposible de expresar.
La literatura Desde sus orígenes apela al Mito para tratar de decir algo frente a lo que ve y que no puede explicar.
Los Mitos son la narrativa de lo que es, coexistiendo otra cosa distinta de lo que parece ser. Los dioses aparecen entonces en el escenario para tratar de decir desde un modo más puramente irracional lo que no cabe en un juicio valorativo de la inteligencia humana.
La belleza de la literatura radica en que con lujo de comparaciones, va permitiendo abrir la madeja retórica e ir desgajando poco a poco lo que la voluntad logra aprehender. Si el mito es la raíz de la indagación literaria, cabe entonces decir que las voces internas de los discursos literarios, resultan a modo de cúmulo de fantasías ocultas para la realidad, pero que aparecen con lujo de detalles a la hora de concebir ciertas verdades más profundas como lo son la misma vida, la naturaleza, Dios, el alma y la mismidad humana.
La ciencia jamás podrá explicar el origen total de la vida, pues la vida no solo es lo que se mira en un pálpito resquebrajado de miradas jadeantes de sentido. No es el estremecerse solo un corazón, que sujeto en el pecho de los amantes del vivir, desea ser considerado no el motor del dolor y del miedo del mismo amor.
No es la risa acomodada en la boca, que deja de lado su ser natural para combatir en el cuerpo las emociones que producen las alegrías en el alma.
…No es Dios solamente con su canto celestial,
…No los ángeles, ni mucho menos los demonios que constriñen en la dialéctica constante entre el bien y el mal.
…No es la flor en el rastrojo consumada en el invierno,
…No es el río caudaloso que se lleva la vida de por medio en las ráfagas tumultuosas del invierno.
…No soy Yo, pobre mortal que se consume día y noche buscándole lado a la vida misma, y ella toda enrojecida en las llamas del furor eterno de la muerte.
Cabizbajo y meditabundo trato de ser lo que la apariencia me permite mostrar y dejar de lado otros mundos tan reales, pero tan absurdos en lo que nosotros hacemos de ellos.
La poesía es el alma de las aspiraciones humanas, con ella los cantores de sueños dibujan un universo interior y lo expresan tan bellamente que pareciese que todo toma una nueva vida, en lo que oculta la razón, pues no solo lo racional es lo que deja a las artes definir la trama de lo que desean contar
ANEXOS.
VIVO SIN VIVIR EN MÍ
(Teresa de Jesús)
Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.
Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí:
cuando el corazón le di
puso en él este letrero,
que muero porque no muero.
Esta divina prisión,
del amor en que yo vivo,
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.
¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.
¡Ay, qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga:
quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.
Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo el vivir
me asegura mi esperanza;
muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.
Mira que el amor es fuerte;
vida, no me seas molesta,
mira que sólo me resta,
para ganarte perderte.
Venga ya la dulce muerte,
el morir venga ligero
que muero porque no muero.
Aquella vida de arriba,
que es la vida verdadera,
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva:
muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.
Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios que vive en mí,
si no es el perderte a ti,
para merecer ganarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero.
Análisis de Lexias, de un fragmento de la poesía de Santa Teresa
VIVO SIN VIVIR EN MÍ.
VIVO SIN VIVIR
Antítesis, característica de los escritos teresianos, que siempre insinúan una verdad que aunque suena contradictoria, lo que expresa, es el sentir profundo de la Santa frente a los conceptos del amor de Dios en su alma.
Vivir para ella no es vivir, sino es en el amor de aquel que su corazón ha encontrado, lejos del amado. Objeto de su poesía, la palabra no tiene ninguna razón de ser, por ello compone los versos en honor de la vida verdadera encontrada en el seno de su corazón donde viviendo recuerda el toque maravilloso de Dios para su vida.
EN MÍ
Teresa se expresa como narradora autodiegética. Es decir en ella recae todo el monólogo interior. Ella lo consuma en su sentir más profundo, es la protagonista del romance. El personaje: el Amado, es quien le manifiesta a su corazón el deseo creciente de amor, y lo aviva en cada experiencia de intimidad poética.
Y TAN ALTA VIDA ESPERO.
Esperar es propio de los místicos, ellos caminantes en buscan establecerse en un universo interior donde la experiencia del amor se funde para siempre y los haga portavoces de verdad y de esperanza, solo en esperar la dulce y callada voz del amado que los guié a tal fin es el anhelo de su palabra y vocación.
La esperanza verdadera no se encuentra para ellos en la tierra, por ello Teresa lo Llama alta vida, un lugar superior, donde se consuma por fin todo el fuego de su vocación de mujer, de monja y de esposa de Cristo y de la Iglesia.
QUE MUERO PORQUE NO MUERO.
Nuevamente la poeta, acude a dos opuestos para definir su pensamiento. “Muero porque no muero” La alta vida verdadera no escapa al natural humano. Es un deleite tan grande el pensar en la muerte que para ella el morir no es morir. ¿Si de verdad la vida que se espera es tan alta y tan sublime, que más da la muerte?. Morir es nacer cada día, es develar la verdad humana que no es otra que el ir cada día perdiendo un poco de la vida que se recibió un día como gran don. La vida verdadera es aquella que brota de la intimidad profunda del corazón, aquella que no se compra con dinero porque está dada desde el seno para el servicio profundo de la propia experiencia humana.
VIVO YA FUERA DE MÍ.
Vivir fuera de sí, es para la Santa Madre, la originalidad de su pensamiento. Porque en el reconocimiento de su esencia de esposa de Cristo logó patentizar que vivía pero de una manera distinta.
Pudo establecer una nueva manera de comprender su propia historia. Vivir fuera de ella es adentrarse en lo misterioso de su fe, es volar a lugares donde se posibilite un encuentro secreto con aquel que alguna vez le robo el corazón, y la tomó en su heredad, para que desde entonces le compusiera las poesías más bellas que le cantaran su propia expresión de amor. A manera de la esposa de la literatura Hebrea, el cantar de los cantares.
Vivir fuera de ella se evidencia en cada palabra literaria que brota de su expresión, magnifica composición entendida como lo que sin ser es, por que nace del ser profundo de un amor que es la verdad única que le devuelve la infalible esperanza de que lo que escribe, es por que lo siente en el contacto secreto e íntimo con aquel que la arrebató para él.
DESPUÉS QUE MUERO DE AMOR.
Reconoce la autora que su muerte es muerte de amor. Los éxtasis de la santa Madre se revelaban en como acontecer de amor. El amor es una impresión deleitosa que lleva a la intimidad perfecta del sentimiento, lo cual debe elevar a un superior nivel, pues mientras mas puro es el estremecimiento, tantos más efectos de unión sobrenatural humano se logran evidenciar.
Nuestros amores a veces son frívolos y rutinarios. Carentes de verdadera pasión. Teresa nos dice que amar es elevar la mente y el corazón totalmente al objeto amado, y ello arraigara el sentimiento de tal modo que matará sin matar.
PORQUE VIVO EN EL SEÑOR
QUE ME QUISO PARA SÍ.
No es un interrogante que hace la Mística española, es una afirmación. Tiene claro que su vida se estableció en el amor, al cual aquí le pone un nombre: El señor. Vive en el señor como el dueño de su vida. La literatura Teresiana es un narrar todo lo que este señor hizo en su vida, desde el momento en que leyere las confesiones de san Agustín ella supo que su camino estaba destinado a leer la historia de su vocación, ya no desde la rutina de los claustros Avilenses, pues Dios la detuvo en su camino de mujer soberbia y arrogante y le quitó las viandas de mujer noble, para llamarla simplemente a “nacer de nuevo” Para ella, para Él y para toda la Iglesia.
CUANDO EL CORAZÓN LE DÍ
PUSO EN EL ESTE LETRERO
QUE MUERO PORQUE NO MUERO.
Entregar el corazón es propio de los poetas, quienes no teniendo modo de demostrar todo el largor de su amor, entonces lo entregan para simbolizar el tamaño de su amor.
Corazón es sinónimo de:
Núcleo.
Principal.
Centro.
Ánimo.
Espíritu.
Alma.
Esfuerzo.
Todo esto entregó la mujer, la poeta en el delirio de su amor.
Y el amado le devuelve la finura escribiendo en la totalidad de su persona, que al igual que ella, él, muriendo por ella tampoco muere. Ambos se comunican en el morir, naciendo a la plenitud de este amor que ni la misma expiración puede distanciar ni separar jamás.
ESTA DIVINA PRISIÓN.
Llama a la prisión divina. Una antitesis con la realidad. La prisiones son lugares de castigo, de vació, de soledad. La Santa la convierte en un recurso contrafáctico, (es decir volver sagrado lo profano)
La prisión en la que se establece es ella misma, su alma se convierte en un lugar donde ya no caben más encuentros deleitosos sino con el mismo dueño de su amor.
La divina prisión, es su voluntad allí sin más atavíos que la pasión que le produce el encuentro, se encarcela para poseer la verdadera libertad.
DEL AMOR EN QUE YO VIVO.
Compara aquí la prisión como el lugar del amor.
· El amor todo lo puede en ella, y es magnifico saber que este sentimiento la lleve al monólogo interior, y luego a transformar en poesía el sentir de su corazón enamorado.
· El arte se manifiesta como expresión de grandeza del interior del ser humano, que busca decir con palabras lo que balbucea en el interior.
· La poesía es el arte de la magnanimidad del sentimiento, que siempre se quiere donar como acontecimiento personal.
HA HECHO A DIOS MI CAUTIVO
Y LIBRE MI CORAZÓN.
Dios es el cautivo, el amante. Quien la tomo para sí en el arrebato místico , que la elevó a la contemplación de su propia naturaleza divina.
La poesía de La Mística siempre estuvo acompañada de un sentir humano que tratara de comprender los límites de la naturaleza omnipotente, buscando acercar a una realidad trascendental que comunique las verdades eternas de su alma.
En el proceso de escritura de la Santa Avilense, se logra entrever un serio proceso de conversión, que particularmente en este fragmento se evidencia. A saber La libertad que le produce el encuentro con Dios. Él es el portador de una autentica independencia, entre los límites humanos y los deseos de eternidad.
Y CAUSA EN MÍ TAL PASÍÓN
VER A DIOS MI PRISIONERO.
El anterior pasaje expresa los sentimientos orantes de la Santa, que se vuelven literatura en el momento cuando afirma la pasión que le causa ver no solo a Dios como su más cercano, sino también el poderlo expresar.
QUE MUERO PORQUE NO MUERO.
Repite el pasaje para reconfirmar los sentimientos expresados en su poesía.
· Morir es nacer para la vida, es brotar de las nadas de la experiencia, cuando todo parece perdido, entonces el amor enciende en ella el fuego de su amor.
· Morir es la poesía del amor, un amor que como semilla da frutos en su espiritualidad de Mujer, Fundadora, Mística, Poeta, Madre y Esposa de Cristo.
· No morir es confiar en que más allá de lo que vemos, hay un espacio reservado para la creación. La literatura siempre parte de lo que no se ve. “lo esencial es invisible a los ojos” (Antoine de Saint Exúpery, en el Principito)
· La condición de no morir es el reconocimiento de la eternidad de su adhesión a Cristo y a la Iglesia; así mismo como la eterización de su palabra.
· La Santa jamás pensó que años siglos después sería reconocida con títulos de tan alta dignidad como son.
1. Doctora de La Iglesia Universal.
2. Maestra de espirituales.
3. Máxima representante del siglo de oro de la literatura española.
4. Reconocida como la Mística más grande la historia del pensamiento universal
REFERENCIAS
[1] DE JESÚS Teresa, Las Moradas, editorial monte Carmelo, Madrid 1999. Pág. 15
[2] DE JESUS Teresa, Libro de la Vida, editorial Monte Carmelo, Barcelona 1998. pag. 23
[3] En el siglo XVIII surge el movimiento romántico como expresión contra los lineamientos propuestos por l clasicismo y academicismo artísticos y literarios. Entre sus figuras más representativas se encuentra Friedrich Leopold von Handerberg (Novalis1), quien nace el 2 de mayo del año 1772 en la hacienda paterna de Oberwiederstädt, en el Condado de Mansfeld (Alta Sajonia2
[4] Pintor romántico alemán del siglo XIX cuyos impresionantes paisajes y marinas no son sólo fruto de una meticulosa observación de la naturaleza, sino que tienen también carácter alegórico. Nació el 5 de septiembre de 1774 en Greifswald y estudió en la Academia de Copenhague. En 1798 se estableció en Dresde, donde entró a formar parte de un círculo literario y artístico imbuido de los ideales del movimiento romántico.
[5] (1774- 1840) Notable pintor Alemán quien en su arte de la pintura logró plasmar el símbolo como representación. Para tal fin acude al paisaje como una manera de referir los sentimientos propios del alma y no como una verdad sustancial. Logra evocar la psicología humana en la distribución de sus formas, dándole realce a la intuición de la verdad, que por lo general es aparente y no una evidencia total de lago. Por ejemplo evoca los sentimientos en un paisaje, viendo el hombre como mira la luna en una noche trémula. esto le permite recrear la experiencia de contemplación de las verdades inexplicables, que no son argumentadas con la razón, pero si dilucidadas por el arte.
[6] KIERKEGAARD Sören, Entre la inmediatez y la relación, editorial alfaguara, México 1998. Pag. 43
[7] ARISTÓTELES, Ética Nicomaquea, Editorial Porrúa, México 1999. Pág. 12
[8] KANT, Manuel, Teoría y praxis, editorial Porrúa, México 2000. Pág. 45
[9] ARISTÓTELES, Ética Nicomaquea, Editorial Porrúa, México 1999. Pág. 17
[10] DE HIPONA Agustín, La Ciudad de Dios, Alfaguara, Madrid 1994. Página 18.
[11] ESCOTO, Duns, Ordinatio, BAC. Madrid, 1990. Página 56
[12] DAMIANO, Pedro, Las cuestiones dialécticas de la fe, BAC. Madrid 1989. Página 33.
[13] DE AQUINO, Santo Tomás, Laudamos et laudare fide est. BAC. Madrid 1989. Pág. 20
[14] Diccionario de Autores Cristianos, BAC. Madrid 1997.
[15] MENENDEZ Y Pelayo, Estética de las formas Literarias, Editorial Alfaguara, México 2006. P
[16] SANTA Teresa, Libro de la Vida. Cap 2,1. Editorial Monte Carmelo.
[17] SANTA Teresa, Moradas, (Prólogo 1,2) Editorial Monte Carmelo.
[18] VALK Louis, Palabras inteligentes de Santos inteligentes, editorial, monte Carmelo, Madrid 2008.
[19] MARÏAS Luis, palabras al viento de filosofía, editorial Porrúa, México 2001. Pág. 32
[20] Jorge Gómez Jiménez es un gran escritor Venezolano, nacido el 16 de mayo de 1971. es considerado el alma mater de la importante revista electrónica LETRALIA, una pàgina que circula por Internet y que lleva 10 años de servicio. Donde el cibernauta puede recorrer el mundo literario en la magia de la narrativa latinoamericana.
[21] DE LA CRUZ Juan. Cántico espiritual, Editorial Monte Carmelo. Madrid 1999.
[22] DE JESÚS Teresa, Libro de la vida, capítulo 29. Editorial monte Carmelo Madrid 1996.
[23] DE ÁVILA Teresa, Obras completas, Libro de la vida, cap. 29,13. editorial Monte Carmelo, Madrid 1999. Pág. 45
[24] Ibid. Cartas 173.
[25] Julio Cortázar escritor e intelectual argentino. (Bruselas, Bélgica, 26 de agosto de 1914 - París, Francia 12 de febrero de 1984)
Se le considera uno de los autores más innovadores y originales de su tiempo, maestro del relato corto, la prosa poética y la narración breve en general, comparable a Jorge Luis Borges, Antón Chéjov o Edgar Allan Poe, y creador de importantes novelas que inauguraron una nueva forma de hacer literatura en Latinoamérica, rompiendo los moldes clásicos mediante narraciones que escapan de la linealidad temporal y donde los personajes adquieren una autonomía y una profundidad psicológica pocas veces vista hasta entonces.
[26] ARGÜELLO Mario y otros. Cuentos de verdades no tan ciertas, Editorial Alfaguara Buenos Aires 2007.
[27] Termino griego utilizado por los Filósofos Presocráticos para designar el principio motor de la vida.
[28] CORTÁZAR Julio, Todos los cuentos, Editorial Alfaguara, Buenos Aires 1999.
[29] Al respecto algunos estudiosos de literatura como Jhon Gray, David Strauss, dicen que la evidencia de la escritura, no es otra cosa que la escritura misma. El asigno como tal. Solo la forma define los contextos y los contextos son la realidad única de un texto escrito.
[30] GADAMMER, Verdad y método. Editorial Paidos, Madrid 1997.
[31] DELA CRUZ Juan, Cántico espiritual, Editorial Monte Carmelo, Madrid 1999. Pág. 79
[32] GARAVITO Pardo Edgar, Crítica de la identidad sicológica, Editorial Universidad Nacional, Medellín 1997. Pag. 43.
[33] DE LA CRUZ Juan, Obras completas, Editorial Monte Carmelo, Madrid, 1999.
RUBÉN DARÍO RAMÍREZ ARROYAVE
CONTENIDO
Pág.
INTRODUCCIÓN
OBJETIVO GENERAL
OBJETIVOS ESPECÍFICOS
9
12
13
¿Cuál es el aporte de la mística Teresiana a la literatura? 14
1.
Prólogo
17
2
2.1
Marco teórico
La literatura en la comprensión de la razón, la fe y la razón y la historia.
19
19
3
3.1
La razón y la fe.
Abriendo brecha en la comprensión de las verdades eternas.
27
27
4.
Una contrarespuesta
32
4.1
El protestantismo.
32
5.
La experiencia humana, demasiada humana del modernismo.
34
6.
Literatura: Un Universo interior en la palabra de teresa de Jesús.
37
6.1
Mi Amado para mí.
43
7.
Estética y comunicación. ¿Verdad o asombro?
48
7.1
7.2
8.
9.
9.1
10.
Búscate en mí.
El oasis.
La estética Teresiana es el arte del arrobamiento.
Teoría de la Transcursividad.
Entréme donde no supe. (Juan de la Cruz)
Anexos.
Bibliografía
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INTRODUCCIÓN.
La literatura es un espacio del alma que permite plasmar los sentimientos de quien ve en la vida una oportunidad para ser en el mundo algo distinto a lo que está establecido. Es dejar que la pluma haga magia, pues escribir es plasmar en la hoja en blanco los sueños de un escritor.
Al hacer este texto sobre Teresa de Jesús, lo que se pretende es llegar a su propia inspiración. Leer en ella su vida y permitir reconocer su legado Literario. Dejar ver en su palabra escrita la exégesis de una literatura que es la vida misma, el sueño de infinito y de grandeza de una mujer que luchó consigo misma para alcanzar el reconocimiento de una “grande entre los grandes”.
Lección que deja ver que no es necesario pensar mucho, sino desear mucho. Esta es la clave de la literatura Teresiana. Donde el protagonista: Dios es el causante de tan magna y sublime obra.
Dios permita leer en estos renglones de la historia, una vida que se hizo, en el deseo profundo de comunicar el camino que conduce a la verdad. Pero, ¿Qué es la Verdad?.
La verdad es el alma de la vida, por que en ella se recorren caminos insondables en arcaduces en el viento buscando un camino certero para la pacificación de la vida. La autenticidad es la palabra y el término se hace carne, cuando se encuentra la razón de ser de tan bello sistema de signos que representan la realidad.
¿Cómo una mujer de una época tan rica en el aspecto literario, “propio para los hombres” puede inspirar el corazón humano con tan delicadas expresiones poéticas que no brotan de su razón práctica sino de su sentimiento más profundo? Por medio de la literatura: y ésta como paisaje interior, como tal queda plasmada en las ansias de quien la interpreta, para luego ser contada sin más preámbulos que el arte. ¿Pues de qué otra manera se puede representar lo que no se puede decir con palabras, sino con el arte?.
La propuesta de este trabajo es cautivar al lector en la visión de una literatura que brota del sentimiento, y que como tal se plasma. Dejando de lado que solo lo que se racionaliza es la respuesta más verídica para hallar el camino de la felicidad.
La palabra escrita parte de una usanza de vida y como tal se relata para la propia experiencia y la de los otros, pues cuando se lee una obra literaria, en ella se refleja la psicología del autor. En un texto literario se plasman los sueños de las verdades encontradas, pero también los sueños que quedan por construir. El bastimento es dialógico, es decir se construye en un diálogo constante entre el autor y lo que pretende fundar el lector. La pasión de leer es tan sublime que la voluntad construye las verdades que debieron ser contadas.
Esta exploración en la vida de la santa Avilense es detalle sagrado en tanto que en ella se vislumbran los sonidos de Dios encontrados en el corazón humano. Teresa es una oyente del silencio y en este la magia de su mundo se articulo con el cielo, un cielo que para ella lo es todo. El cielo no es un lugar azuloso donde Dios es un espíritu sobrehumano que recoge datos de la tradición humana, para luego recompensar las virtudes o reprochar sus actos veleidosos. No. Para la Santa el cielo es ella misma. Al respecto escribe:
“/…/ no es otra cosa el alma del justo sino un paraíso adonde dice El tiene sus deleites. Pues ¿qué tal os parece que será el aposento adonde un Rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes se deleita? No hallo yo cosa con que comparar la gran hermosura de un alma y la gran capacidad; y verdaderamente apenas deben llegar nuestros entendimientos, por agudos que fuesen, a comprenderla, así como no pueden llegar a considerar a Dios, pues El mismo dice que nos crió a su imagen y semejanza.
Pues si esto es, como lo es, no hay para qué nos cansar en querer comprender la hermosura de este castillo; porque puesto que hay la diferencia de él a Dios que del Criador a la criatura, pues es criatura, basta decir Su Majestad que es hecha a su imagen para que apenas podamos entender la gran dignidad y hermosura del ánima”[1]
El anterior aparte de las moradas da cuenta de la profundidad teológica de la reformadora Carmelita y también, evidencia el gusto por la narrativa literaria, pues en un solo fragmento de su obra se evidencia formas de construcción literaria como la belleza en la definición, la comparación y la exhortación.
OBJETIVO GENERAL
Contribuir a la definición de la literatura como ciencia de la palabra que se fundamenta en el arte de lo sublime, lo bello y lo estético, por medio de la integración, comprensión y manifestación de los aportes plasmados en la obra escrita de Santa teresa De Ávila.
OBJETIVOS ESPECÍFICOS
Reconocer el valor artístico de la obra literaria de Teresa de Ávila y su impacto en la narrativa Universal. Interpretar el término literario como arte de lo sublime que se potencia en las acciones naturales del ser humano. Definir pautas para la indagación hermenéutica de los escritos Teresianos, como prodigio de aparición fenomenológica en las letras, como un arte de la narrativa del alma y no solo de una comprobación racional. Analizar lo sublime, bello y estético en la obra literaria de Santa Teresa de Jesús, como aporte para una concepción teológica de la literatura.
¿Cuál es el aporte de la mística Teresiana a la
Literatura?
La literatura en La Santa Española es una norma de vida. Esto significa que solo mediante el recurso de la poesía y la prosa, pudo especificar todo su sentir humano, que trascendía los límites de su razón.
La mujer, hecha una con el sueño de su corazón desplegó todo su ingenio y fantasía, para poder así poner un nombre a aquello que brotaba desde adentro como una ráfaga de luz que recorría toda su pasión, “quizá su mente” para luego volcarla en un éxtasis delirante de dulzura inquebrantable.
Las hondonadas del amor se hacían una, en el delirio poético de su voz y su alma.
La palabra recreada en su profundidad se componía métricamente, sin saber de donde brotaba tal perfección, la Santa, lo que buscaba era decir lo que la fuerza interior le proveía con palabras.
Cantar la búsqueda de los consuelos profundos, que la estética de sus letras embellecía con la poesía. Como lo refleja el siguiente aparte de la poesía compuesta en el año de 1542, con la que plasma su sentir frente a la muerte. Desde su experiencia de mujer en contacto con lo profundo:
“¡Ay, que larga es esta vida,
Qué duros estos destierros,
Esta cárcel y estos hierros
En que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
Me causa dolor tan fiero,
Que muero porque no muero”.
Hablar de Teresa de Jesús no es solo referir:
Una experiencia Religiosa. La Santa trasciende los contenidos de la ascética. Busca más bien entrañar un problema fundamental de la fenomenología, como representación del arte como manifestación.
Sus escritos no son una autobiografía sentimental. Ella escribe desde una experiencia demasiadamente humana. Todo lo que escribe está sujeto a una manera de vivir. La Literatura es una experiencia de vida que se construye en las acciones propias del ser y no como una sola fantasía de verdades acumuladas. “y este amor junto con los años y experiencia que tengo, me han valido para ya no creer en nada distinto de lo que mis propios pasos en la vida me enseñan. Ahora lo veo todo como en un espejo, tan claro que pareciese que el retrato de mis acciones se reflejaran cada vez más con mayor prontitud y menos embeleso”[2]
Sus escritos no son un libro de piedad. Son textos de amplio bagaje intelectual en el conocimiento de la filosofía, teología, psicología y ciencias humanas. Lo que es algo sobrenatural, en tanto que la Santa nunca pisó una universidad. Lo que hace a Teresa una conocedora de las letras es su gran capacidad lectora. Siempre estuvo inclinada a la lectura de obras de caballería, las cuales le movían la fantasía y la capacidad de crear historias.
Este trabajo es un rastreo a la vida de la Mística Española. En cada momento de la búsqueda; definir sus aportes a la literatura, no como una normatividad dogmática, pero sí como una condición de ver al hombre y a la mujer como buscadores de una experiencia trascendente; a modo no de una definición puramente ideal, sino como una manera de ver la grandeza de su palabra que permite recrear la vida y construir con experiencias humanas la verdadera realización de la existencia, que aunque resulte en ocasiones inexplicables, se vale del arte para dilucidar lo inenarrable.
PRÓLOGO.
Novalis[3], pensador Alemán hace un gran aporte a las ciencias humanas: el término del adjetivo romántico, este es una puerta para comprender el trasfondo y límite de la verdad, pues la subjetividad permite crear y recrear la propia historia desde una postura fantástica de la vida, pero también posando los principios de la palabra en la definición de lo que parece confuso.
La definición, es la capacidad que se tiene de decir que es tal o cual cosa, su utilidad y su descripción, entendida esta como la manera de convencer sobre que algo es necesariamente y que no podría ser distinto a lo que ya es.
Por el contrario en el adjetivo romántico, las definiciones toman una nueva apariencia, pues nada tiene más valor que lo que no se puede expresar con palabras. Este es el valor del signo como manifestación de la realidad.
Atreverse a decir lo que parece no es, le es propio a la palabra poética, pues es ella quien dibuja mundos paralelos entre la realidad y la ficción.
A tal punto escribe el también Romántico Caspar David Friedrich[4]:
“El arte no debe en modo alguno proponerse el engaño, y ejecuciones de tal dimensión constriñen la imaginación del espectador; la imagen sólo debe insinuar, y, ante todo, excitar espiritualmente y entregar a la fantasía un espacio para su libre juego, pues el cuadro no debe pretender la representación de la naturaleza, sino sólo recordarla”
De la misma manera que Cavalis deduce la abstracción de las formas puras y las hila con la actividad literaria. Caspar David friederich[5], propone una manera de comprender lo espiritual como una representación artística de la belleza de las imágenes inexplicables, pero llenas de sentido para quien las vislumbra. En consonancia con ambos, Teresa de Jesús salió de su mundo religioso para adentrarse a la dilucidación de la palabra que no se dice con palabras y que la llevan a un arrebato de pasión en donde ella vislumbra lo eterno, puro y mágico en la poesía.
Poesía que es un velo de su propia inteligencia. Palabras escritas en las noches monásticas de la Villa de Ávila donde el encanto de los muros y el silencio del claustro la envuelven en las sombras de su cuerpo que le estorba para el encuentro con su amado.
El amado es aquel que la tomó para sí y que la obligo a dejar su propia nada para empezar la ruta por ella desconocida, y ahora definida en una eternidad conmensurada.
Marco teórico
La Literatura en la comprensión de la razón, la fe y la Historia.
Cada época marca el derrotero en el pensamiento de quienes definen el comportamiento, a partir de su motivación, ocupación o inquietud por las preguntas de la existencia o de la vida misma.
No es raro pensar que desde que el hombre tuvo uso de razón se haya cuestionado sobre lo que ve, y también sobre lo que no ve, que son verdades reales, pero que están en el alma y en la mente como un cúmulo de posibilidades frente a lo que cree, vive o espera vivir.
Aristóteles cuando quiso cuestionar la verdad, se dio cuenta que la verdad no existe, que es solo un deseo constante por ser un buen ciudadano, allí, en ese componente ético: en el buen vivir, está la clave para indagar con más profundidad sobre el sentido que tiene la persona en el mundo.
Desde todo punto de vista la reflexión filosófica parte de un cuestionamiento humano, en la correspondencia a su propia identidad que sintetiza los principios de razón pura, práctica y fina, entendida esta última como la capacidad para optar por lo mejor, lo que potencie la vida y le dé un sentido de profundidad a la existencia en el Cosmos. Para luego pasar a otros niveles más puramente formales como son el alma, Dios, las formas puras y los valores correspondientes a la axiología.
El Filósofo Alemán Sören Kierkegaard. En su libro, Entre la inmediatez y la relación, establece la necesidad de apelar a las ideas propias de la voluntad para atreverse a construir un mundo paralelo ente lo que desea la persona llegar a ser, incluso en medio de la ignorancia en los conocimientos propios de la historia, así mismo como en lo que desea lograr. Tales puntos son claves a la hora de atreverse a navegar en el mundo del conocimiento, pues no existe ninguna persona que tenga su mente como una “tabula rassa”, algún pensamiento tiene, y de este es propio valerse para construir algo más perfecto, más sublime, estético y potencial al arte, la Ciencia o la literatura.
El autor Existencial escribe:
“La voz de la conciencia es el principio de toda cuestión religiosa, articulista o literaria, Pues ella como león rugiente la lanza a descubrir nuevas formas de conocer la vida y la historia, de indagar sobre los principios que regulan su existencia, o a diferenciar el caos del orden universal. Bueno fuera que cada ser en el camino de la verdadera construcción tomara como fundamento su propia vida enmarcada en la historia, e hiciera de ella un espacio donde ser el protagonista, y no el que se deja manejar por los hilos invisibles de la ignorancia”[6]
Desde el punto de vista de la historia, el hombre es quien ejercita su propia voluntad, Él sale a la búsqueda de sus sueños, sean estos cuales fueran, pues el caso no es la calidad del sueño, ¡el ideal es tenerlo!. Con este principio un tanto contrario al planteamiento de la racionalidad pura, quien afirma que la calidad del pensamiento está en la máxima expresión de lo que espera recibir, es considerable poner en contra corriente tal definición, y decir simplemente que mientras somos caminantes de este mundo, vamos descubriendo cada día, alternativas de vida que son las que abren la brecha para el cumplimentero del proyecto humano, que no es otro que la felicidad.
¿Qué es la felicidad?
Como lo hemos estudiado en alguna clase de biología: la amígdala cerebral y el hipotálamo son espacios que participan en la especificación de las emociones. El Neocortex es quien organiza más deliberadamente las sensaciones que recibimos. Llegando a esclarecer cuáles son óptimas, de las menos buenas, las regulares y las definitivamente desagradables.
La unión de estas tres, permiten que se logre evidenciar una conciencia plausible sobre un acontecimiento. Hay que destacar que son incompatibles, pero que gracias a su interacción presupuestada, es decir reconociendo el uso de cada una frente a la necesidad al que se somete el individuo, se ha podido dar en el proceso de evolución una respuesta acertada. Por medio de un informe límbico. Este permite que la conciencia defina frente a circunstancias de placer una optimización de los sentidos que se encuentran todos unidos entre sí para llegar a comprender que algo esta propiciando gran felicidad. Tal como lo representa el siguiente gráfico: el cual sintetiza el proceso de autorrealización, como el último paso para la trascendencia y la felicidad.
FELICIDAD. ES HACER LO CORRECTO, EN EL MOMENTO PRECISO
CON INTELIGENCIA Y CON DOMINIO DE SÍ MISMO.
Desde una postura ética es bueno dejar que sea Aristóteles quien nos de alguna especificación de lo que significa la ética. “La felicidad, consiste en el ejercicio perfecto de la actividad propia del hombre. Tal actividad no es otra que la actividad del alma que para que sea perfecta debe ser acompañada por todas las virtudes, propias del natural del hombre”[7]
Tal definición permite aclarar la búsqueda de sentido y de realización del ser humano a lo largo de la historia, pues ¿qué es la vida sino un espacio abierto a la realización de la propia vocación humano?
Cuando se habla de lo humano no se hace a modo de Dogma, pues la persona posee un don sublime que se llama Libertad para la acción, en la cual recaen sus juicios valorativos de la calidad de sus acciones. Lo anterior se enfrenta con la posición de Kant, quien define la moral como un cumplimiento imperante de las leyes morales. Para que exista una verdadera ética, debe haber una normatividad que se debe cumplir por ley. Pues de no ser así, lo que es correcto para algunos, termina siendo algo incorrecto para los otros. Y al punto de vista del autor racionalista este es la hecatombe de liberalidad que carcome la verdadera libertad. “La razón, es el lugar donde mejor caben los conceptos de la eticidad, ya tan elaborado por los grandes genios del pensamiento, pero cabe decir que el error de los planteamientos tan esquivos a la realidad consisten en que hay lugar para la antítesis racional del verdadero sentido de los juicios sintéticos de la voluntad, que no es otro que el deterioro de la libertad. No es posible ser libre cuando la voluntad determina una acción equivoca a la decisión del común”[8]
De la libertad pasa necesariamente la persona por un segundo nivel que es el de la virtud. Aristóteles la llama ejercicio perfecto, porque no es algo lejano a la auténtica comprensión de los valores propios de la dignidad humana, la que lleva a decidirse por lo más perfecto. Lo que le da sentido a la vida y lo que potencia los valores. La virtud es correspondiente a lo humano. Y la pregunta que surge es ¿Existirá alguien en el mundo que no tenga virtudes?
Desde una postura axiológica, no. Pues la virtud es la capacidad para obrar de alguna manera el bien. El bien es lo que le da sentido a la vida, y el sentido está de modo análogo en cada una de las acciones que realizamos.
“No basta que la acción tenga un carácter determinado para que la conducta sea justa o buena; es preciso también que el hombre actué de un modo determinado ante todo, que obré en pleno uso de su libertad; en segundo lugar, que proceda en razón de una decisión consciente y que prefiera esa acción por si misma; finalmente, que actué desde una posición firme e inquebrantable"[9]
Las buenas acciones han hecho de las ciencias del alma un vacío lleno de acontecimientos eternos tales como la vida, el alma y la muerte, quienes han dejado que las palabras fluyan de dentro de cada ser que ve en el sueño de su felicidad una oportunidad para decirle si a la vida e invitar a otros a escribir su propia historia, que no es una biografía pero sí un idilio llamado esperanza.
La historia es entonces fundamental para las humanidades, y es que en ella se han perfilado todos los movimientos, momentos y espacios propios de la antítesis de la existencia.
Por eso, se pretende realizar una compilación de las letras de Santa Teresa de Jesús y ver en ellas la manera como La santa Madre define cada paso de su Historia, dentro de la misma historia, en la forma como ella concibe la vida, la eternidad, Dios y la realidad de su época.
Hablar de Teresa de Ávila es casi como hablar del genio de su poesía, ambos están tan compenetrados que no puede vivir el uno sin el otro.
Es por ello que hay que hacer una separación entre ambos para comprender la forma como la historia las vislumbra a ambas por separado.
Es adecuado pensar que hoy comenzamos a comprender que la Literatura es lo mismo que la felicidad, y que ésta, tiene una gran afinidad con lo eterno. Es decir que cada una (La literatura y la felicidad) aportan para que el sueño de la vida este más cercano a su pleno reconocimiento y cumplimiento, evadiendo añoranzas sin forma, ajenas a todo estado de búsqueda de los sublime, lo estético y lo bello.
La poesía es la palabra oculta en la mirada de quien ve en el firmamento estrellas de colores que difieren en formas y tamaños y que cada una traza sendas por la vida con sus destellos de luz.
Amainando la soledad y siendo la guía, LA PALABRA, que llena de sentido los rincones vacíos de un corazón que sueña con un mañana diferente.
La palabra hecha poesía, es la eternidad misma. Es un recóndito lugar desconocido. Una huella del tiempo que se aclara en el paso violento de los días. Pero ante todo: la Poesía es para mí juicio, la recreación de los lugares donde solo cabe el sentimiento, sea este cual fuere. Solo basta con sentir. Con llenar de vitalidad el alma y esparcir en el papel lo que la voz del alma le dicta.
San Agustín al respecto escribe:
“La vida del escritor es una vela que se consume cada día, pero que mientras perdura su luz enciende las oscuridades del entorno, la llama se compara a su palabra en que ilumina la vida de quienes en las sombras no ven más que la nada. Pero, parece que la comparación es equivoca, pues la vela se acaba, y no queda más que una cera sucia, derretida y sin forma. Pues no, lo que hace que la vela sea vela es su carácter de luz, una luz que permite tener en la conciencia la verdad de los momentos reflejados en la propia vida.[10]
Veremos en Teresa una llama que aún perdura en el mágico mundo de las letras.
LA RAZÓN Y LA FE.
Abriendo brecha en la comprensión de las verdades eternas.
Hablar de Teresa de Jesús es atreverse a definir una mujer de su Tiempo que se ubicó por encima de los presupuestos de su época.
La historia de la pervivencia de La Doctora Avilense es un retrato de la Historia del pensamiento religioso del Medioevo, el cual pretendía lograr abrir en la división de los juicios valorativos de verdad, la clara división entre razón y fe, con el único objetivo de dar a conocer a Dios como centro de una reflexión teológica.
El Medioevo se divide por sí mismo en dos grandes momentos que son: los de la corriente de la escolástica y otro de la Patrística.
La escolástica es un movimiento teológico y filosófico que aplico los conocimientos históricos de la filosofía grecolatina para explicar conceptos enmarcados dentro de la religión como son la fe, la revelación y la eternidad del alma. En una clara disputa entre fe y razón, Donde la fe está por encima de la razón, en tanto que la razón confunde los presupuestos de la fe establecidos como la creencia certera de una eternidad. La razón solo puede explicar lo que le evidencia las ciencias.
De aquí el presupuesto (Philosophia ancilla theologiae (la filosofía es esclava de la teología).
En la filosofía escolástica, los temas fundamentales son:
Dios, principalmente el problema de la fe y de la razón, de la Teología y de la Filosofía, ya que la filosofía es un medio para profundizar en la fe, Más no par definirla totalmente.
En esta dinámica surgen entonces tres posturas:
La propuesta por los Dialécticos, quienes afirman que la fe debe ser argumentada y demostrada por la razón, tal es el caso de Juan Escoto, a saber: “La razón es el don más preciado de Dios, Él la otorgo desde el mismo día en que creó al hombre, y lo sometió bajo sus paradigmas de hombre centro de lo creado. A él le otorgó la capacidad para elegir entre lo que era adecuado, siempre y cuando fuera a corriente de sus preceptos. Pero el Hombre se dejó tentar por su razón y eligió gracias a su propiedad de juicio lo que no estaba conforme a la voluntad de Dios. Si fuera la elección de Dios conforme solo a la fe, todos seríamos perfectos. La razón es la que delibera, y cumple el precepto”[11]
Otro grupo importante son los llamados antidialécticos, los cuales afirman que la única verdad acerca de la sabiduría es la que está bajo los parámetros de la fe. Cualquier postura distinta es a consecuencia del orgullo o soberbia de la voluntad humana. Pedro Damiano Escribe al respecto: “La fe es la consecuencia de un pensamiento solo en último fin que es la salvación. Es el camino seguro para vencer la soberbia del alma y para conocer al único sabedor de todo bien. Jesucristo el Señor”[12]
Surge también una antítesis o afirmación entre ambas posturas en el siglo XI, con Gerberto de Aurillac, Pensador que sin excluir la razón de la fe, afirma la necesidad de ambas para llegar a las posibilidades de la verdad.
De esta línea surge el más grande y eximio representante de este movimiento de disputa entre fe y razón:
Santo Tomás de Aquino en el albor del siglo XIII. El Doctor de la Iglesia afirma que Fe y razón son en su esencia distintas, pero que ambas son el camino que llevan al mismo puerto de la Verdad. Juntas proceden de la mente inteligente de Dios, es así que si la razón opera correctamente no se puede concluir algo contrario a las disposiciones de la fe. La Filosofía y la Teología son disciplinas distintas pero que en el único objetivo de hallar el camino de la salvación, se retroalimentan. Según el Doctor de la Iglesia:
1. La filosofía demuestra algunas verdades de la fe como son las vías de la existencia de Dios.
2. La inmortalidad del alma. desde el planteamiento Aristotélico, el alma es eterna, pues no puede morir el lugar donde ocurren todas las experiencias reales de la vida. En el caso de la fe, la inhabitación Trinitaria, que corresponde al caso de la moración divina.
3. La Teología, devela el conocimiento estructurado y sistemático de Dios. Un dios que es: revelado, que es uno y trino.
En Palabras del Santo ”La filosofía era considerada como la sirvienta de la teología, porque ella era un hueco que no llevaba a la verdad de la fe. Pero quiero decir que no es verdad tal disquisición en tanto que no se puede pretender negarle la oportunidad a una ciencia que explique según su objeto de estudio la causa última de su legado. La de la filosofía es claro que es la explicación racional de los acontecimientos que regulan las verdades concernientes a la voluntad divina. Que no es otra que la verdad... La verdad en sí misma no existe, se debe ir acercando al concepto racional de verdad, que es creíble porque se explica mediante las fórmulas de los juicios valorativos de verdad. ¡Es evidente que existe la verdad! Porque el que niega que existe la verdad, conoce que la verdad existe. Si, pues, no existe la verdad, es verdad que la verdad no existe”[13]
La educación entonces estaba comprendida en el siguiente legado: (Magister dixit -lo dice un Maestro) lo cual pone por consideración dos puntos importantes que son:
1. El magisterio estaba encargado de reproducir la enseñanza, según el parecer de la doctrina establecida.
2. Solo los hombres tenían la potestad para emitir un juicio valorativo sobre algún tema concerniente a la formación moral, ética o religiosa de los ciudadanos.
3. En relación con lo que se pretende en esta investigación, el tema bíblico era de vital importancia. El libro sagrado contenía todas las verdades profundas que la persona pudiera considerar como cierta. Y este es el mensaje de Cristo y su acción redentora y salvadora.
El Medioevo termina en 1492. Año del descubrimiento de América. Aquí se da apertura a una nueva manera de ver la realidad de la Religión que se encuentra aún ligada a las formas de la Cristiandad medieval la cual ahora permite buscar el bien del hombre que es la moral intrínseca a su comportamiento social, y el desarrollo de sus potencialidades como lo son el arte y la Literatura. Siempre teniendo en cuenta la obediencia a la moral de la Iglesia.
Los intelectuales, políticos, príncipes y Personas del Clero De la España de 1500 También son cristianos, pero buscan el bien del hombre en el sometimiento a la voluntad divina que está presupuestado en la voz de los jerarcas de la Iglesia.
UNA CONTRARESPUESTA
El Protestantismo.
Martín Lutero.
(Eisleben, Turingia, 1483-1546).
En la afluencia de 1520, ya el Luteranismo estaba recorriendo Europa, con la puesta en común de los planteamientos reformitas propuestas por el Teólogo Martín Lutero, quien saliendo de la Comunidad religiosa Católica de la orden de Padres Agustinos emprende la tarea de hacer una nueva exégesis bíblica, atreviéndose a decir que el texto sagrado es asequible para todos, y que no solo los católicos romanos pueden comprenderla.
La voluntad determinada del Teólogo impulso a la renovación del cristianismo, que según Él se encuentra sesgado frente a las enseñanzas doctrinales bíblicas. Puestas solo a consideración de la Teología Ortodoxa romana.
Su Pensamiento se resume en:
· “En el concepto de justificación por la fe, que negaba toda teoría romana/ortodoxa sobre los méritos de la salvación.
· La mediación de los santos y el culto de las imágenes.
· Denunció la venta de indulgencias y la obtención de los perdones a cambio de bienes, así como la venta de cargos eclesiásticos
· Niega la autoridad del papa, jerarca del miedo y la protección “doble moral”.
· Niega el dogma del purgatorio.
· Las escrituras por sí mismas poseen todo el valor de las salvación hay que creerle y aplicarles conocimiento intrínseco de la fe”[14]
LA EXPERIENCIA HUMANA, DEMASIADO HUMANA
DEL MODERNISMO.
Al finalizar el Medioevo, se nota un claro interés por descubrir al hombre como el centro de la reflexión filosófica, literaria y científica.
El hombre es el que posee el ideal de la voluntad puesta en balanza la razón. El racionalismo no es otro que la opción por el reconocimiento de las formas puras del pensamiento las cuales pueden ser sometidas a un juicio crítico mediante la indagación a posibles verdades resultantes de la tan codiciada teoría del pensamiento lógico.
Cabe decir que un hombre tan programado, en tanto al valor que posee frente a sí mismo y frente a Dios, abre los caminos para reconocerse en la libertad de su expresión.
Expresión que desde la fenomenología da cuenta de los resultados de su expresión frente al mundo, la Naturaleza y frente a Dios. Tal concepción da píe para comprender el arte como la manifestación estética de lo que se piensa, se medita, se razona y se plasma. Tal juego dialéctico hizo de las obras de pintura y de las letras su común reintegración a la realidad operante.
Cuando Leonardo Davinci, plasma la objetividad de su obra, deja ver los subjetivo de su espíritu, el cual expresa sin verdad alguna la verdad que se esconde en sus pinceladas, trazos y líneas, que sin un principio valorativo de la realidad finalizan en una representación de sus ideales más profundos y vertiginosos.
Al Igual que el arte de la pintura el Modernismo plantea miles de opciones por el descubrimiento de la verdad oculta ante la mirada nueva del mundo como un espacio abierto a la creatividad al asombro y los nuevos descubrimientos.
En 1492 se da la llegada de Colón a América, lo cual da lugar a la reinterpretación de la regularidad de la vida en el cosmos. España, tras el pilotaje de Cristóbal colón se aventura a “Civilizar” a los nuevos habitantes del mundo, por medio de la transmisión del idioma, la religión y la cultura Occidental.
El Universo Literario es un espacio lleno de posibilidades. Lo único que hay que hacer es optar por un estilo particular que responda a los contenidos de la época, la historia y la propia experiencia.
Tal es el objetivo de esta obra, dejar tocar el alma por un autor que dejo en su pluma el seguimiento palmo a palmo de los acontecimientos de su vida. Una vida que está abierta a las voluntades eternas y que consuman en su palabra la misión para la que fue llamada. Monja de Capa caída, Fundadora, escritora, Poeta, Mística, doctora de la Iglesia, Maestra de Espirituales, Máxima representante de la poesía del siglo de oro español, y esposa de Cristo.
De ella es posible decir que es la mujer más grande de todos los tiempos, la orante, la potencializadora del amor divino, la mujer de su época que frente a los temores propios del momento no flaqueó.
Teresa es el mismo cielo, ella con su palabra ha dado la vida a quien se sentía perdido, porque al leer su vasta obra quedamos suspendidos ante la inmensidad de su decir. Un decir que es Literatura, el arte de lo sublime, bello y estético que recoge fina y detalladamente la inspiración de un alma que ve en Dios su Gloria y su contento.
LITERATURA:
UN UNIVERSO INTERIOR EN LA PALABRA DE
TERESA DE JESÚS.
Soneto
“Si para recobrar lo recobrado
tuve que haber perdido lo perdido
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado.
Si para estar ahora enamorada
fue menester haber estado herida
tengo por bien sufrido lo sufrido
tengo por bien llorado lo llorado.
Porque después de todo he comprendido
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido.
Porque después de todo he comprobado
que lo que tiene el árbol de florido
vive de lo que tiene sepultado”.
Soneto Compuesto por la Santa Madre, Para expresar su sentir frente a las fatigas de la vida cuando no tiene otro contento más que la propia experiencia de vida.
Menéndez y Pelayo escribe: “El oficio de las Letras tiene la virtud de permitir a quien escribe el expresar desde el corazón, lo que con la boca jamás podría, la variedad en la comunicación es tan amplia, como amplia es la narrativa textual. El autor es una página en blanco que va poniendo signos a medida que va reconociendo que tiene algo por decir”[15]
Teresa de Cepeda y Ahumada; Más conocida como Teresa de Jesús es una maestra del buen decir.
Jamás piso una universidad, a no ser con su imaginación que la tenía de las más subidas. Ella caminaba plácidamente en la mente de su genio y figura. Creaba la palabra oportuna para definir su vocación religiosa en contrarespuesta al llamado que Dios le hacía a entregarse por completo a la Misión que Él le encomendaba cada día y la cual se constituía en la de ser maestra de espirituales.
Escribir sobre Teresa es atreverse a volar con ella a cada rincón, aunque recóndito de su alma. Es explorar su sentir más profundo frente a lo que ella considera un castillo interior donde tiene su morada el amor, que no es otro que Dios mismo.
Nos cuenta la santa en su obra “El libro de la vida” escrito entre 1562 y 1565, que contiene la experiencia de su vida prácticamente desde la infancia hasta la fundación del primer convento reformado de San José de Ávila, el primer acercamiento que tiene la Santa con la escritura se relaciona con la narrativa caballeresca, muy propia de la época.
Siempre le impresionó el mundo de caballeros andantes que conquistan sus sueños en las grandes contiendas y debates verbales, con la finura propia de la expresión cortesana. “Era aficionada a libros de caballerías y no tan mal tomaba este pasatiempo como yo le tomé para mí, porque no perdía su labor, sino desenvolvíamonos para leer en ellos, y por ventura lo hacía para no pensar en grandes trabajos que tenía, y ocupar sus hijos, que no anduviesen en otras cosas perdidos. De esto le pesaba tanto a mi padre, que se había de tener aviso a que no lo viese. Yo comencé a quedarme en costumbre de leerlos; y aquella pequeña falta que en ella vi, me comenzó a enfriar los deseos y comenzar a faltar en lo demás; y parecíame no era malo, con gastar muchas horas del día y de la noche en tan vano ejercicio, aunque escondida de mi padre. Era tan en extremo lo que en esto me embebía que, si no tenía libro nuevo, no me parece tenía contento”[16]
La imaginación es para la Santa, Así mismo como para la literatura el primer requisito para escribir. Soñar con mundos irreales que se tornan de repente como una borrasca de inquebrantable poder, arrasando a su paso las intenciones de la comunicación pictórica y potenciando en grado sumo las voces del alma que al furor más “recio” de la palabra se torna en suave deleite.
La garantía y la novedad de los libros radica en que cada uno es un mundo de irrealidades tan ciertas que resultan en su totalidad una antítesis de a vida misma.
El estilo de la Autobiografía le da a los escritos de La Mística genial su extraordinaria finura Literaria y fue la mejor manera para definir en sus escritos no solo una manera detallada del impacto de las letras en su formación autodidacta sino para dar a conocer su amplio magisterio espiritual, en el deseo de que sus monjas siguieran un camino de perfección, en línea a lo establecido en su unión espiritual con Cristo.
Escribir no es un ejercicio netamente físico. No es la transposición del código literario el mero signo quien tiene la amplitud reservada a la comprensión de la mera forma. No. El escribir lleva consigo la carga de la existencia. Es mirar dentro y ver recreados en la mente y en el corazón los nobles ideales de la persona, envuelta en una realidad que parece trastocar los límites del miedo, las fauces de la ansiedad o la corriente vertiginosa de la alegría. Los amores que de plano tientan los sentidos, o los malévolos planes que agotan la destreza por vivir.
Escribir es si, y solo sí, saber mirar. Como diría san Juan de la Cruz, “Es un no se qué, que queda balbuciendo”
Los Místicos, y en este caso Teresa de Ávila nos comparte su experiencia de escritora y a la par de sus bellas composiciones nos detalla lo que ni ella misma comprende, escribir sin saber que se escribe, ni mucho menos como lo hace.
“Pocas cosas que me ha mandado la obediencia, se me han hecho tan dificultosas como escribir ahora cosas de oración; lo uno, porque no me parece me da el Señor espíritu para hacerlo ni deseo; lo otro, por tener la cabeza tres meses ha con un ruido y flaqueza tan grande, que aun los negocios forzosos escribo con pena.
Mas, entendiendo que la fuerza de la obediencia suele allanar cosas que parecen imposibles, la voluntad se determina a hacerlo muy de buena gana, aunque el natural parece que se aflige mucho; porque no me ha dado el Señor tanta virtud que el pelear con la enfermedad continua y con ocupaciones de muchas maneras se pueda hacer sin gran contradicción suya. Hágalo el que ha hecho otras cosas más dificultosas por hacerme merced, en cuya misericordia confío”[17]
Es pretexto de Teresa, la Obediencia para escribir. Se nota que su puño y letra compaginan perfectamente con su pensamiento. Segunda característica de la Literatura. El común del arte de las letras es la intensión de expresar la verdades dl alma. La novela por ejemplo parte de un dialogo interior de un autor que dibuja todo un universo físico en su mente, para luego dejar permutar unos personajes que quieren tomar forma en el encuentro de diálogos anhelantes y de delirios innombrables.
El personaje que se dibuja en la obra Teresiana, es ella misma. Protagonista viva de los romances que buscan enaltecer su corazón en un éxtasis de amor inquebrantable como la muerte misma. Un agonizante paso por la historia de su vida que refleja en su rostro el encuentro de su amado, que para siempre la ha tomado en su regazo y del cual nunca podrá escapar.
Como lo narra la siguiente poesía, compuesta por la Santa:
Mi amado para mí
Ya toda me entregué y di,
y de tal suerte he trocado,
que mi amado es para mí
y yo soy para mi amado,
que mi amado es para mí
y yo soy para mi amado.
Cuando el dulce cazador
me tiró y dejó rendida,,
en los brazos del amor
mi alma quedó caída.
Y cobrando nueva vida
de tal manera he trocado,
que mi amado es para mí
y yo soy para mi amado,
que mi amado es para mí
y yo soy para mi amado.
Hirióme con una flecha
enarbolada de amor
y mi alma quedó hecha
una con su creador.
Yo ya no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado
que mi amado es para mí
y yo soy para mi amado,
que mi amado es para mí
y yo soy para mi amado.
Por medio de la Literatura pudo explicar su propia experiencia, embelleciendo cada acontecimiento con su propio estilo de escritora. Ella misma dice, “sin escribir ni yo misma me hubiese comprendido”[18]
Sus profundas experiencias místicas pasaron luego al papel, narrando detalle a detalle cada proceso de vivencia interior. Y así como el Maestro Jesús, apela a las comparaciones literarias o parábolas para decir lo que quiere decir, dejando claro que la intensión es la experiencia y el objeto, es el recurrente en su forma de expresar el sentido de hondonada del verso en la escritura.
· «No hacía sino poner comparaciones para darme a entender» (Libro de la Vida 27, 3)
· «Una vez entendí cómo estaba el Señor en todas las cosas y cómo en el alma, y púsoseme comparación de una esponja que embebe el agua en sí» (Cuentas de conciencia 49, 1)
· «Ahora tornemos a nuestra huerta o vergel, y veamos cómo comienzan estos árboles a empreñarse para florecer y dar después fruto, y las flores y claveles lo mismo para dar olor. Regálame esta comparación, porque muchas veces en mis principios, me era gran deleite considerar ser mi alma un huerto y al Señor que se paseaba en él» (Libro de la Vida 14, 9).
· No es otra cosa el alma del justo sino un paraíso adonde dice El tiene sus deleites. Pues ¿qué tal os parece que será el aposento adonde un Rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes se deleita? No hallo yo cosa con que comparar la gran hermosura de un alma y la gran capacidad; y verdaderamente apenas deben llegar nuestros entendimientos, por agudos que fuesen, a comprenderla, así como no pueden llegar a considerar a Dios, pues El mismo dice que nos crió a su imagen y semejanza. (Moradas, 1,1)
· Pues si esto es, como lo es, no hay para qué nos cansar en querer comprender la hermosura de este castillo; porque puesto que hay la diferencia de él a Dios que del Criador a la criatura, pues es criatura, basta decir Su Majestad que es hecha a su imagen para que apenas podamos entender la gran dignidad y hermosura del ánima. Moradas cap. 3,1)
· Pues consideremos que este castillo tiene, como he dicho muchas moradas, unas en lo alto, otras embajo, otras a los lados; y en el centro y mitad de todas éstas tiene la más principal, que es adonde pasan las cosas de mucho secreto entre Dios y el alma. Es menester que vayáis advertidas a estas comparaciones.. Moradas 1,3
· 1. Harto me he divertido; más importa tanto lo que queda dicho, que quien lo entendiere no me culpará. Tornemos ahora al amor que es bien y lícito nos tengamos (1), del que digo es puro espiritual. No sé si sé lo que me digo. Al menos paréceme no es menester mucho hablar en él, porque le tienen pocos. A quien el Señor se le hubiere dado, alábele mucho, porque debe ser de grandísima perfección. En fin, quiero tratar algo de él. Por ventura hará algún provecho, que poniéndonos delante de los ojos la virtud, aficiónase a ella quien la desea y pretende ganar. (Camino. capítulo 6 – 1)
Cada palabra escrita por la santa lleva su sello de garantía espiritual. Lo espiritual no es un aparte de la fragilidad humana. Es la persona en su integridad. La profundidad de su vida y la delicadeza de su ser.
Muchos suelen confundir lo espiritual con rezos o técnicas de relajación. Y si bien pueden ayudar a encontrar el camino a lo íntimo de su ser con Dios, la naturaleza, los ángeles, Lo espiritual es la identidad del ser humano. Es decir aquel lugar de su intimidad donde se establecen los vínculos de trascendencia y sentido de la condición de la existencia.
La mujer que narra su proceso de conversión es altamente humana. El padecer la hizo fuerte, y su vocación le dio las alas para volar alto. Tan alto que ni la inquisición pudo detener tal fuego y fuerza de su personalidad.
Teresa escribe con el alma. Y Lo que viene de dentro con la fuerza y la convicción de lo que se dice no puede sino causa r un efecto de admiración y asombro en los que le escuchan. Esta es la relación entre la estética y la comunicación.
Estética y comunicación
¿Verdad o asombro?
El tema de la estética y la comunicación ha sido portavoz de reflexión literaria durante mucho tiempo, pues la comunicación es una facultad que permite la expresión del conocimiento en medio de un acto dialógico, técnico, instrumental, simbólico, callado o escrito. Y sin más atavíos lo que busca es expresar-se.
La expresión, ¡dichosa ventura! Que sería de la humanidad sin expresión. Callando todos sus pensamientos, reservados tal vez para los dioses quienes los engañaron al ponerlos en un lugar donde su voz silenciosa era el eco de sus dolores.
La mirada contrapuesta en su imaginario solo para sí tiene valor, y nada de lo que se dice tiene el significado de lo que es, por que la expresión callada es la expresión dolorosa del vacío.
Afortunadamente los dioses: gallardos y valientes dioses pusieron en nuestra torpe humanidad la palabra. Con ella el viento lleva consigo los mensajes que brotan de dentro para ser escuchados a fuera. Y la voz toma el matiz de los sueños y alberga las nadas y los todos para con la razón darle sentido a los que es y decirlo como un soneto de letras que se unen y cantan la grandeza de la vida. Pero también devela la miseria del hombre y sus afanes.
Si la palabra comunicadora de verdades no existiera ni Teresa de Jesús fuera la poeta del amor, ni Gabriel García Márquez el andariego de macondo buscando historias para ser narradas para el reconocimiento de la fantasía que representa nuestra Latinoamericanidad.
¿Pero qué es lo que hace que la comunicación sea enaltecida como el don maravilloso de la literatura?
La respuesta única vertiente de posibilidad. LA ESTÉTICA.
Este movimiento por el cual los filósofos modernos Lucanor por defender como la herramienta propia de la belleza, sutilidad, pulcritud en la expresión y ante todo y por encima resaltaron lo bello.
Lo bello es lo que perdura en el tiempo, dice Heidegger. “Bello es el cielo que refleja la luz del medio día, pero más bella la maestría de plasmar tal paisaje en las artes, que parecen salir de si para quedarse plasmada en un espacio, donde la vista, el oído y el tacto del hombre trasportan su ideal a un nivel de grandeza superior a su propia naturaleza.[19]
1. Según lo anterior el aporte a la estética literaria en Teresa de Jesús es impresionante, pues ella primero que todo tuvo la intuición de componer armónicamente sus palabras, pensarlas, meditarlas y escribirlas. De su más puro sentir brota en la noche, a tiempo y destiempo una palabra bella, cálida de una gran finura y Profundidad.
Búscate en mí
Alma, buscarte has en Mí,
Y a Mí buscarme has en ti.
De tal suerte pudo amor,
Alma, en Mí te retratar,
Que ningún sabio pintor
Supiera con tal primor
Tal imagen estampar.
Fuiste por amor criada
Hermosa, bella, y ansí
En mis entrañas pintada,
Si te pierdes, mi amada,
Alma, buscarte has en Mí.
Que Yo sé que te hallarás
En mi pecho retratada
Y tan al vivo sacada,
Que si te ves te holgarás
Viéndote tan bien pintada.
Y si acaso no supieres
Donde me hallarás a Mí,
No andes de aquí para allí,
Sino, si hallarme quisieres
A Mí, buscarme has en ti.
Porque tú eres mi aposento,
Eres mi casa y morada,
Y ansí llamo en cualquier tiempo,
Si hallo en tu pensamiento
Estar la puerta cerrada.
Fuera de ti no hay buscarme,
Porque para hallarme a Mí,
Bastará solo llamarme,
Que a ti iré sin tardarme
Y a Mí buscarme has en ti.
La anterior poesía compuesta por la santa en el año de 1579. Expresa la experiencia personal de la Mística Teresiana. Mística es una palabra que en la sinonimia sería “Misterio”. Aquellas verdades ocultas reservadas para un alma que sea capaz de elevarse por encima de su propia naturaleza hasta la comprensión de las verdades sobrenaturales en las cuales el paso de la historia es solo un hito de momento, para la pasión de un alma enamorada solo las letras puede encausar su sentir.
En el siguiente verso La Mística Carmelita define:
“De tal suerte pudo amor,
Alma, en Mí te retratar,
Que ningún sabio pintor
Supiera con tal primor
Tal imagen estampar”
La pasión que le embriaga la presencia del amado en su experiencia religiosa, que solo el amor puede elevar su sentir a un nivel más exquisito de la representación simbólica. Nadie, Ningún otro artista dentro de su expresividad podría decir lo indecible, solo ella en la palabra mágica de su literatura pudo decir tan bella mente su sentir humano, demasiado humano en contraste con lo divino, “exquisito y bello”, arte de la palabra hecho poesía en un rincón recóndito de su alma, pura, limpia sencillamente mágica. Donde el amor la potenciaba a narrar su experiencia de mujer con mirada profunda al nivel de contemplar racionalmente lo que para ella era natural. La naturalidad de la Literatura brota de la intensión de expresar solo el sentir de una afección interior. El desborde debe encausar meticulosamente las acciones para abrir la madeja que permita el vínculo entre lo vivido, lo acaecido en la imaginación, lo descrito con imágenes en formas, lugares, acontecimientos y la mistagogía que es el nivel en que la Literatura se hace experiencia. Al respecto El Joven escritor Venezolano Jorge Gómez Jiménez[20] nos narra en un cuento esto que intuyó la santa y que lo definió tan claro en el poema búscate en Mí.
“El oasis
Había oído hablar, de quienes lo habían experimentado, de los espejismos que la sed y el cansancio provocan en el caminante cuando se interna en la inmensa soledad vacía del desierto. Por ello le extrañó comprobar que el agua era real, y que los destellos que el sol producía en ella no eran resultado del agotamiento sino que verdaderamente estaban allí, deslumbrándolo con el incesante fulgor que, según sabía por lo que le habían contado, diferencia a los oasis de verdad de los espejismos.
Llevaba ya varios días sin probar otra agua que la de su cantimplora, sucia y con el sabor gastado del interior de la última tubería a la que había pertenecido. Su presente se había vuelto peligrosamente duradero, casi como si su función de ser viviente fuera caminar y caminar sobre la arena caliente y bajo aquel sol inhóspito. Ahora, ante el oasis, cayéndole el agua por el cuello y los brazos, le parecía extraño que sus ojos agradecieran a ese mismo sol toda la luz con la que el agua inventaba aquellos hermosos destellos, como de luz propia.
El agua del oasis parecía estar superpuesta entre las dunas, como si realmente fuera agua suspendida, como si no tocara la arena. Las cuatro palmeras apostadas a la orilla daban constantemente unos dátiles como él jamás los hubo visto. Por otra parte, el agua era tan cristalina que casi podía verse el fondo, y era tan dulce y fluida como si proviniera del nacimiento de un manantial. Y, sí, mientras más se le observaba podía uno concluir que su luz le era propia, que bien podrían estar los destellos iluminando el sol en lugar de lo que las leyes físicas prescriben. Se preguntaba cómo se conservaba el agua del oasis, si no veía ni una nube hacia ninguno de los horizontes que se disputarían después la atención de sus pasos.
Así, pues, ante su vista insomne había un oasis de veras extraño e interesante, con un agua tan pura que parecía ahuyentar los peregrinos granos de arena que intentaran posarse sobre ella durante una ventisca. Como conocía las escasas probabilidades de conseguir otro oasis en mucho tiempo, decidió darse un baño y, mientras se desnudaba frente al agua, iba dándose cuenta, poco a poco, de la existencia de una bien definida propiedad en los destellos. Una vergüenza absurda estremeció su piel antes de que el agua lo cubriera hasta el cuello.
Comió algunos dátiles que no le permitieron percatarse de que había sobrevenido la noche, ese elemento que se hace difícil y siempre bienvenido en los desiertos. Recostó la mitad de su espalda en una palmera y estuvo largo rato contemplando el oasis. No había viento, sin embargo los destellos seguían sucediéndose con extraña agitación. A pesar de la oscuridad nocturna podía distinguirse la limpieza y la personalidad acogedora del agua. Entonces se convenció de que el oasis debía estarle sonriendo, y se quedó profundamente dormido.
Estuvo allí varios días, comiendo dátiles y compartiéndose a sí mismo con las cristalinas y dulces aguas del oasis. Un día, cuando ya estaba totalmente repuesto, decidió continuar el camino. Volvió a vestir sus ropas como antes. Quiso llevarse algo del oasis y hundió la cantimplora en el agua. Luego tomó algunos dátiles y los metió en la mochila para comerlos por el trayecto.
Se quedó un rato de pie ante el oasis, viendo los destellos juguetones. Pensó que si no tomaba nunca el agua que llevaba en la cantimplora podría, quizás, al arribar a destino seguro, apreciar aquellas llamaradas de luz propia que a él le producían una especie de encantamiento. Mientras observaba, un gran sobrecogimiento creció en su interior. Comparó entonces las cristalinas aguas con la sosa estupidez de la arena; comprendió que entre aquel oasis y cualquier otra cosa buena podría haber más de un millar de dunas. Arriba, el sol se empeñaba en demostrar que sólo sobre el oasis era un sol tranquilo, y que fuera de él era inmisericorde.
Ya había empezado a atardecer. Continuaba allí, de pie e indeciso. El oasis sólo parecía sonreírle. Dejó la cantimplora en la orilla, se recostó de una palmera y se dejó invadir por un cálido sentimiento de paz interior.
—Bueno —se dijo—. Mañana habrá tiempo para decidir”.
El Oasis sin lugar a dudas es un símbolo de la pasión que consume a quien quiere escribir. Es la saciedad en medio de la sequedad. Una sequedad que no es el vacío o carencia total de algo. No. es la mirada al sol clamando por el agua, viendo mundo fantásticos que representan nuestro miedo a perderlo todo. Es un grito silencioso que en medio del silencio hace un eco balbuciente en la soledad quizá el miedo.
Es verano, invierno y otoño. Cada uno en un momento acontece tan vivamente en el alma que solo la teatralidad incandescente puede explicarlo, y mortificarlo a su antojo.
Que sería de las ciencias sin la belleza de la Narrativa. No sería posible cantar las cantigas maliciosas del Medioevo, que aturdían los silencios de los campos apostados de delicias y malicias de los cantaores de recitales que brotaron de su interior como una llamarada que encendía el corazón de nobles y vasallos.
Donde estaría el molino gigantesco del quijote sobre el que la más absurda palabra no cabría a contener tal imaginario. Un hombre frente a su miedo. Peleando con el viento y las aspas del molino el cual escapaba ante la pericia de un soñador que se conserva en la historia como el andariego que recorrió la vasta castilla para explicar que la locura es el miedo a ser distinto a lo que el formalismo natural exige.
¿Cuántos oasis más en las entrañas dibujados?
Los de Shakespeare. En el delirio de Hamlet. Que espectáculo tan maravilloso al dibujar la personalidad de tal hombre. Magia hay en cada una de sus palabras. La locura es el delirio de los que se atreven a ser distintos. Esta Obra teatral invita a navegar en el mundo de la fantasía y de la moralidad clásica, la cual enseña que cada acción nefasta debe ser cancelada hasta el último centésimo.
Si comparásemos a Hamlet con la vida de un hombre actual, no contendría dentro de los idearios de nuestra mentalidad. Es necesario el rey muerto reclamando su libertad del infierno. La reina. La traidora y vil mujer que se enfrenta a su ambición y deseo por su cuñado con el cual planea la muerte de su esposo. Ofelia es un azar del destino. Es la pasión pero también la frustración de un sueño de amor Irrealizable. Quizá Hamlet pensaba que podría terminar igual que su padre muerto y olvidado.
Melibea. Si la caprichosa historia de la mujer que la Magia transformo en servil, para acallar las afrentas del amor.
Las mariposas amarillas creadas en el mágico mundo de Gabriel García Márquez, el cual en su hermosa obra nos enseña que la imaginación es la voluntad divina de aquellos que se reflejan en su propia historia. Cuanta belleza en una sola función de la Narrativa Literaria. El reflejo interior de sus ansias más profundas de hacer arte. Donde lo narrado se vuelve la imagen de la misma creación, y se confunde con la realidad y la ficción. A tal punto El místico San Juan de la Cruz. Contemporáneo de la Santa Española escribe.
“Oh cristalina fuente
si en esos tus semblantes plateados
formaces de repente
los ojos deseados
que tengo en mis entrañas dibujados”[21]
La cristalina fuente es la Narrativa, donde se confunde la mirada de lo que se ve con la imaginación y que luego se manifiesta en otras realidades más profundas. Llámese Dios, amor o cualquier realidad plasmada en los escritos de la Literatura Universal.
LA ESTÉTICA TERESIANA
ES EL ARTE DEL ARROBAMIENTO.
No hay literatura sin mística. Es decir sin un amor profundo por lo que se quiere decir. Los versos más hermosos que se han compuesto han nacido de una experiencia de vida que potencia los sueños y los deseos de un autor. Arrobarse significa salir de sí, volcarse sobre algo superior que trascienda la naturaleza humana, y que permita la creación delirante de nuevos infinitos que realcen la belleza natural que todo posee.
Se cuenta que la santa Madre, en momentos de oración salía de sí y se transfiguraba de tal modo que parecía un ángel. Al respecto la Santa escribe:
"Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal sino espiritual aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aún harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento"[22]
La anterior expresión cargada de gran belleza y experiencia es de los relatos más profundos de la bendita Mujer, pues narra con imágenes detalladas la usanza de su amor por el único amor que no le cansa. Dios.
También cabe decir que el anterior fragmento de sus páginas fueron la inspiración del gran pintor Italiano Gian Lorenzo Bernini, quien en el Siglo XVI creara su obra “el éxtasis de santa Teresa” Tal es.
(En línea www.google.com/artessacros.org/mex)
“iriome con una flecha
enerbolada de amor
y mi alma quedo hecha
una con su criador”.
La poesía mística es el relato de la unión de lo humano con lo divino. Un éxtasis tan grande un solo ángel pareciese todos los Ángeles juntos.
La belleza de la comparación es igual al placer humano que refleja la santa en lo que escribe tan finamente.
Refleja la narrativa teresiana el amor, pero también el dolor, un dolor sabroso y eterno el cual deja inflamada su alma en un estado de arrobamiento.
La flecha es una figura delicada, en la más pura construcción…oro fino. La cual al ser clavada en el pecho de ella misma siente un estado de entrega tan perfecto que solo en el desnudo amor se ve reflejada.
La ropa del Ángel está siendo despojada y la mujer se encuentra en una visión profética de encuentro y de amor con el mismo Cristo, su Amado. Al respecto la santa escribe:
“Esta visión quiso el Señor le viese ansí: no era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos que parecen todos se abrasan (…); víale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego; éste me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas; al sacarle, me parecía las llevaba consigo y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor que me hacía dar aquellos quejidos y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay deseo que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal, sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento.”[23]
El amor es deleite de las almas espirituales, es el sosiego de los ímpetus del cuerpo, pero ante todo es la inspiración para narrar el encuentro furtivo de los amantes que amándose a solas en las postrimerías de solo los cuartos, salen arrebatados a otros idilios que se consuman en el matrimonio espiritual.
Compara la acción del encuentro “en el deleitoso momento” con el fuego, que la consume y abrasa en las afecciones vividas y narradas a su amado en el momento de la unión espiritual.
“Paréceme que el alma y el espíritu debe ser una cosa; sino que como un fuego que si es grande y ha estado disponiéndose para arder, ansí el alma de la disposición que tiene con Dios, como el fuego, ya que de presto arde, echa una llama que llega a lo alto. El alma es arrebatada y puesta en éxtasis, en gozo. La herida del amor de Dios deja un dolor sin herir y, sin dolor, deshace el amor de las criaturas”[24]
La flecha penetra el corazón humano de la Santa, “Transverberación” un estado de tan alta contemplación que la inducen a la experiencia del desposorio espiritual. Un trance tan sublime que la muerte es un juego ante el arrebato de tal momento. Queda La mujer en trance en un momento donde la conciencia la enceguece pero no le deja perder la razón, para que pueda corroborar el más fino placer. Las sensaciones son la imagen de la trama de la experiencia inenarrable de su encuentro más pleno con el amado que lo relata sin palabras en el acontecer poético de su gracia.
Cada época trae consigo un gran cúmulo de autores quienes al igual que La Mística Española proponen una forma de ver la vida, siempre desde la vocación por trascender los límites de la narrativa.
Julio Cortázar[25] Narrador fantástico de literatura Latinoamericana se ennoblece en la composición de los relatos fantásticos en su magia narrativa. Cada cuento es un mundo mágico abierto a la novedad retórica, la fantasía y el estupor son las bondades de su obra, detallada en líneas y espacios que recrean las voluntades humanas en mundos paralelos entre la narración, la ficción y la burla de la realidad.
Frente al estupor del arrobamiento literario aparece un cuento cargado de intencionalidad crítica, en tanto involucra la realidad con la fantasía. Arte de leer y de inmiscuirse en la obra. Lo que hace de Los escritores como Cortázar y Teresa unos maestros de la escritura: se reflejan en cada línea de sus escritos.
“Continuidad de los parques”
“Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.
Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano. la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela”.[26]
El anterior relato es una radiografía de la intensión literaria que no debe ser otra que la de figurar la verdad, y recrear los sentidos. La belleza del cuento radica en que cada palabra hilada en espacio y hondura lleva al lector a sentirse involucrado en la trama y lo lleva a dilucidar sus sentimientos y las ansias de ser mejor persona útil al mundo y generador de esperanza.
El oficio de escribir experiencias, es el arte de amar lo que se dice, pero más de adorar lo que se vive.
Hace algún tiempo que el autor se enfrentó a su propio miedo, y en él, en medio del silencio de una tarde, mirando el reflejo del sol en las montañas, y las márgenes del libro correctamente distribuidas en líneas espaciadas en lapso y en profundidad, se reflejó sin más miramientos que su propia historia.
Una historia de dolor o miedo, de risa, quizá llanto. En últimas, una historia de recreación ante el aparente absurdo, donde las lágrimas no son gotas que brotan del sentimiento, sino la fecunda e insólita elipsis de la risa.
Y el libro… el instrumento fantástico. Las páginas al viento con tradiciones que deben ser contadas, en donde la magia de la narrativa juega desmesuradamente con los sueños del lector. Él, sin más atavíos y sin ningún reparo axiológico, se retrata se retrata en cada historia contada: en el sueño de su alma que con la pluma define paulatinamente sus ansias más profundas de hacer Literatura, es decir, crear un juego de palabras en el contexto de las apariencias e ilusiones desmedidas para crear mundos paralelos en el arge[27] del arte de escribir.
“Ilusión novelesca que lo ganó casi enseguida, cuando gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles”.[28]
El texto antes descrito parece ser al abrebocas para la más vasta comprensión literaria, pues deja ver en su particular, un historial de sucesos contados por un autor. Es un destello estético que permite abrir los niveles de comprensión no solo de las obras en sí, sino también de la preeminencia de la vida, que no es otra que un buscar en los ventanales de la historia la propia realidad que confluye del sentido del corazón.
Ya en el siglo XV, El Doctor de la Iglesia y contemporáneo de Santa Teresa: Juan de la cruz, en su poesía mística o narrativa del corazón permite presuponer que nada de lo escrito se fundamenta solo en el signo Lingüístico, como algunos fundamentalistas lo insinúan[29]. No, para el Santo Español, debe haber un particular asombro por lo que se ve mejor con los ojos del alma, traducido luego sublimemente en letras descritas en formas que al ser hiladas dan un sentido de profundidad y belleza a lo expresado.
La profundidad en su definición es el sentido que trasciende el mismo sentido del texto. Es decir, la amplitud definitoria que logra distribuir los márgenes de comprensión, para dar realce y sentido a un texto.
En lo anterior Los místicos españoles son unos genios y artistas, Pues descubren un mundo paralelo entre lo que la reflexión teológico – filosófica les ha insinuado y lo vinculan estéticamente con su ideal de poetas, escritores del amor.
San Juan de la cruz en su poesía El cántico espiritual precisa de modo admirable su visión de la búsqueda del hombre por encontrar un sentido a la vida interior, donde el horizonte natural converge con ese paisaje interior donde el alma es el campo cargado de belleza y fantasía, la cual al paso de Dios se hace más hermosa que la misma obra creada por la mano del Amado. La poética San Juanista le acredita ser al santo Místico junto a Teresa de Ávila ser los máximos representantes del siglo de oro de La poesía Española.
Con tal narrativa, como una sonata del más alto nivel, logra ascender a las más altas esferas de la tradición religiosa, definiéndola, y ampliándole su borde hermenéutico. En lo que Gadammer llama: “Los signos aparentes la obra Escrita debe trascender la comprensión de lo real, en lo definitorio y totalizante, dando un nuevo sentido a la voluntad plena de la comprensión, más allá de lo visto como código… tal vez otro sentido.”[30]
Escribir para los místicos es:
1. Plasmar la contemplación de lo superior en la mente de su propia creación, Para luego estéticamente hacerlo poesía en el papel.
2. La escritura de aquellas verdades encontradas, presupone un deseo de expresar la experiencia vivida.
3. Su literatura se hace vida, en cuanto deja entrever que lo narrado no es sino una experiencia propia que al ser contada se vuelve útil para otros.
La literatura es una expansión del pensamiento, es sin lugar a dudas un mundo que permite delimitar espacios del alma que ninguna razón prudencial puede equiparar. Es ir en la distancia de lo que separa la verdad de la ficción, buscando un horizonte que señale un último lugar a donde llegar, descansar y ser feliz.
Es una huella del pasado que se establece en el presente, es un rumor del viento y de las olas que desde una mirada interior devela los más delicados misterios de la naturaleza humana.
El cántico espiritual en los versos 4 y 5 escribe:
“¡Oh bosques y espesuras,
plantadas por la mano del Amado!
¡Oh prado de verduras,
de flores esmaltado!
Decid si por vosotros ha pasado.
5. Mil gracias derramando
pasó por estos Sotos con presura,
e, yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó
de gracia y hermosura[31]”
El anterior fragmento encierra el sentido no solo del sentimiento del autor, sino también lo que significa la narrativa literaria, que no es otra que dejar formar en el interior una imagen delicada de un semblante que presupone otra realidad.
Los semblantes son los distintos modos de comprender el arte. En el Místico es la poesía. La cual le permite formar nuevas verdades que parten de una única verdad en su propia mirada del mundo, de dios y del alma.
Aunque parezca abrupto, el doctor de la Iglesia abrió una línea en la intuición del genio y figura Julio Cortázar, tan distintos en su proyecto de vida, tan cercanos en el empleo de la palabra.
Cortázar explota para su narrativa elementos que desbordan la fantasía y la imaginación, pero no son unas ideas sueltas en el papel. Para Él cada trama es una experiencia que representa las hondas verdades del ser Humano, realidades que no se definen solo bajo un sentimiento delicado y fino, sino que tras la sombra de lo indefinible esconde sus más arraigados encantos. La vida es tan sencilla que no se puede definir con palabras exactas, hay que trascender los términos del miedo y quitar las máscaras que no permiten disfrutar de las sonrisas que se han puesto en el rostro como manifestación de lo maravilloso de la experiencia insondable de vivir. (Pese a los mismos vacíos de la existencia)
Cuando Cortázar escribe la continuidad de los parques, similar a Juan de la Cruz, lo que pretende es ir más lejos de lo establecido y así contar el modo de la escritura que brota no solo de su imaginación, sino también de su propia declaración de la vida.
¿Quién como Cortázar puede explicar tan bellamente tal principio literario?
Es una conjunción disyuntivada en el sacro mundo de las letras, en (P.Q). (c)
P v q = c
C v p.q v p = q
P v q v c = p.q.c
La continuidad de los parques es un juego matemático elaborado en la concepción metalingüística del autor, donde cada expresión está manufacturada desde un concepto de la realidad aparente en el sentido, envuelta perfectamente en la circunstancia concreta de lo que aspira, un juego de verdades aparentes que desprenden una mímesis de otra situación. Si P = Percepción de un mundo paralelo entre Q= la realidad. Entonces creación de la plausible e interminable obra narrativa, que no es un cuento como cualquier otro, sino una expresión circular que no tiene un final plenamente detallado con lujo de referencias que arguye el llanto o la risa, en C= Literatura.
En este cuento P se hace uno en Q, tan existente para quien lo escribe, tan cierto para quien lo lee.
Se hace inseparable la fantasía de las letras con la memoria de una historia que comienza el día en que se define la existencia real de un mundo abierto a la narrativa, y la Garcilesca idea de una simbiosis entre el personaje que divide la madeja retórica, que lo conduce hasta el vientre de la misma historia, y le permite la descripción cortarziana del relato sin fin.
Según la inverosímil, Cortázar crea un estilo propio, comenzó su peculiar Universo literario en la asimilación del realismo descriptivo, que se vuelve en Él un existencialismo puro, que lo hace ser un gran contador de historias.
TEORÍA DE LA TRANSCURSIVIDAD.
Arrobamientos y ansias de lo eterno.
El monólogo interior es una de las más fuertes expresiones en la obra escrita de La Fundadora excelsa. Tal monólogo se conoce con el nombre de transcursividad, a manera de un yo psicológico que navega en la mente de la escritora, y que le permite el diseño de mundos aparentes e ideales que compaginan en el modo de cómo concibe su propia identidad religiosa.
William James explica el yo psicológico como un enlace entre la conciencia y la razón. Donde se relacionan un mundo de formas sobrenaturales, que aparecen y desdoblan la persona, dejando que la imagen deseada brote en el estado natural humano que pasa luego a una escala superior de lo sobrenatural.
En un estudio serio sobre este tema, Edgar Garavito Pardo en su libro crítica de la identidad sicológica escribe:
“Para que el yo permanezca se exige, entonces, que los estados de conciencia que permiten el reconocimiento se enlacen entre sí, apoyándose sobre factores empíricos: un nombre, un rostro, unas relaciones de parentesco, unos recuerdos concretos. Solo de esta manera el yo presente y el yo pasado se intuirán como un solo yo psicológico”[32].
Lo anterior explica los estados en que la Santa Madre se veía cada vez que intentaba recrear un episodio de oración contemplativa, o alguna ocasión en que escribiendo quedaba sumergida en unos estados de inalteración llamados arrobamientos místicos.
Los arrobamientos, en el contexto de la transcursividad se pueden ejemplarizar del mismo modo en un aparte de la mística española.
En un poema que narra la salida de sí del santo Español, Místico y Maestro de espirituales San Juan de la Cruz, quien en el silencio de su claustro, con la pluma en su mano, la luz encendida y el corazón despierto a la magia del amor detalla la aventura del encuentro con su amado.
Dios en los recónditos lugres de su alma tomo posesión de sí, lo elevó al juicio de su valoración religiosa y le concedió la comprensión de la ciencia del amor verdadero. Furtivo y fugaz, pero que en un momento describe una eternidad sin límites, razón y voluntad.
La Mística es secreto deleitoso de amor. La poesía es el detalle descriptivo de lo que se cree vivir, nunca de la realidad total del encuentro. Detalla apartes del encuentro y de los destellos de lo acaecido, pero jamás develará en su totalidad la expresión total del momento de la comunicación espiritual.
Por eso se vale el autor de la más preciada estética literaria. No quiere que ningún detalle deje de ser contado ni evadido por el lector. Cada momento es un haz de luz que irradia la inspiración del amor, del deleitoso transe. El dialogo entre Dios y el alma es un episodio de la más alta contemplación espiritual, por ello el momento es y será siempre el abrigar de lo mas pleno del sentido humano.
“ENTRÉME DONDE NO SUPE”
(Juan de la Cruz)
“Entréme donde no supe,
y quédeme no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.
Yo no supe donde entraba,
pero, cuando allí me vi,
sin saber donde me estaba,
grandes cosas entendí;
no diré lo que sentí
que me quede no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.
De paz y de piedad
era la ciencia perfecta,
en profunda soledad,
entendida vía recta;
era cosa tan secreta,
que me quedé balbuciendo,
toda ciencia trascendiendo.
Estaba tan embebido,
tan absorto y ajenado
que se quedó mi sentido
de todo sentir privado;
y el espíritu dotado
de un entender no entendiendo.
toda ciencia trascendiendo.
El que allí llega de vero,
de sí mismo desfallece;
cuanto sabía primero
mucho bajo le parece;
y su ciencia tanto crece,
que se quede no sabiendo,
y toda ciencia trascendiendo.
Cuanto más alto se sube,
tanto menos entendía
que es la tenebrosa nube
que a la noche esclarecía;
por eso quien la sabía
queda siempre no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.
Este saber no sabiendo es de tan alto poder,
que los sabios arguyendo
jamás le pueden vencer:
que no llega su saber
a no entender entendiendo,
toda ciencia trascendiendo.
Y es de tan alta excelencia
aqueste sumo saber,
que no hay facultad ni ciencia
que le puedan emprender;
quien se supiere vencer
con un no saber sabiendo,
irá siempre trascendiendo.
Y, si lo queréis oír,
consiste esta suma ciencia
en un subido sentir
de la divinal Esencia:
es obra de su clemencia
hacer quedar no entendiendo,
toda ciencia trascendiendo[33]”.
Con la anterior poesía perfectamente constituida, se definen no solo las ansias de infinito del ser que busca su consuelo en lo eterno, sino también la expresión de la grandeza de la vida que se haya en suave deleite en lo más perfecto.
Con todo lo dicho, es menester decir también, que el anterior escrito narra la aventura de un autor que decide escribir palmo a palmo su experiencia de vida. Atreverse a decir con palabras lo que siente en lo más hondo de su corazón. Esta es, la más perfecta definición literaria.
Los diálogos interiores parten de una construcción de la palabra, como una necesidad de decir lo que no se puede decir con símbolos. De igual manera el Místico toma postura frente a lo que siente y balbucea una palabra que le de alguna posibilidad de decir lo que a su vez pareciese imposible de expresar.
La literatura Desde sus orígenes apela al Mito para tratar de decir algo frente a lo que ve y que no puede explicar.
Los Mitos son la narrativa de lo que es, coexistiendo otra cosa distinta de lo que parece ser. Los dioses aparecen entonces en el escenario para tratar de decir desde un modo más puramente irracional lo que no cabe en un juicio valorativo de la inteligencia humana.
La belleza de la literatura radica en que con lujo de comparaciones, va permitiendo abrir la madeja retórica e ir desgajando poco a poco lo que la voluntad logra aprehender. Si el mito es la raíz de la indagación literaria, cabe entonces decir que las voces internas de los discursos literarios, resultan a modo de cúmulo de fantasías ocultas para la realidad, pero que aparecen con lujo de detalles a la hora de concebir ciertas verdades más profundas como lo son la misma vida, la naturaleza, Dios, el alma y la mismidad humana.
La ciencia jamás podrá explicar el origen total de la vida, pues la vida no solo es lo que se mira en un pálpito resquebrajado de miradas jadeantes de sentido. No es el estremecerse solo un corazón, que sujeto en el pecho de los amantes del vivir, desea ser considerado no el motor del dolor y del miedo del mismo amor.
No es la risa acomodada en la boca, que deja de lado su ser natural para combatir en el cuerpo las emociones que producen las alegrías en el alma.
…No es Dios solamente con su canto celestial,
…No los ángeles, ni mucho menos los demonios que constriñen en la dialéctica constante entre el bien y el mal.
…No es la flor en el rastrojo consumada en el invierno,
…No es el río caudaloso que se lleva la vida de por medio en las ráfagas tumultuosas del invierno.
…No soy Yo, pobre mortal que se consume día y noche buscándole lado a la vida misma, y ella toda enrojecida en las llamas del furor eterno de la muerte.
Cabizbajo y meditabundo trato de ser lo que la apariencia me permite mostrar y dejar de lado otros mundos tan reales, pero tan absurdos en lo que nosotros hacemos de ellos.
La poesía es el alma de las aspiraciones humanas, con ella los cantores de sueños dibujan un universo interior y lo expresan tan bellamente que pareciese que todo toma una nueva vida, en lo que oculta la razón, pues no solo lo racional es lo que deja a las artes definir la trama de lo que desean contar
ANEXOS.
VIVO SIN VIVIR EN MÍ
(Teresa de Jesús)
Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.
Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí:
cuando el corazón le di
puso en él este letrero,
que muero porque no muero.
Esta divina prisión,
del amor en que yo vivo,
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.
¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.
¡Ay, qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga:
quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.
Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo el vivir
me asegura mi esperanza;
muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.
Mira que el amor es fuerte;
vida, no me seas molesta,
mira que sólo me resta,
para ganarte perderte.
Venga ya la dulce muerte,
el morir venga ligero
que muero porque no muero.
Aquella vida de arriba,
que es la vida verdadera,
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva:
muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.
Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios que vive en mí,
si no es el perderte a ti,
para merecer ganarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero.
Análisis de Lexias, de un fragmento de la poesía de Santa Teresa
VIVO SIN VIVIR EN MÍ.
VIVO SIN VIVIR
Antítesis, característica de los escritos teresianos, que siempre insinúan una verdad que aunque suena contradictoria, lo que expresa, es el sentir profundo de la Santa frente a los conceptos del amor de Dios en su alma.
Vivir para ella no es vivir, sino es en el amor de aquel que su corazón ha encontrado, lejos del amado. Objeto de su poesía, la palabra no tiene ninguna razón de ser, por ello compone los versos en honor de la vida verdadera encontrada en el seno de su corazón donde viviendo recuerda el toque maravilloso de Dios para su vida.
EN MÍ
Teresa se expresa como narradora autodiegética. Es decir en ella recae todo el monólogo interior. Ella lo consuma en su sentir más profundo, es la protagonista del romance. El personaje: el Amado, es quien le manifiesta a su corazón el deseo creciente de amor, y lo aviva en cada experiencia de intimidad poética.
Y TAN ALTA VIDA ESPERO.
Esperar es propio de los místicos, ellos caminantes en buscan establecerse en un universo interior donde la experiencia del amor se funde para siempre y los haga portavoces de verdad y de esperanza, solo en esperar la dulce y callada voz del amado que los guié a tal fin es el anhelo de su palabra y vocación.
La esperanza verdadera no se encuentra para ellos en la tierra, por ello Teresa lo Llama alta vida, un lugar superior, donde se consuma por fin todo el fuego de su vocación de mujer, de monja y de esposa de Cristo y de la Iglesia.
QUE MUERO PORQUE NO MUERO.
Nuevamente la poeta, acude a dos opuestos para definir su pensamiento. “Muero porque no muero” La alta vida verdadera no escapa al natural humano. Es un deleite tan grande el pensar en la muerte que para ella el morir no es morir. ¿Si de verdad la vida que se espera es tan alta y tan sublime, que más da la muerte?. Morir es nacer cada día, es develar la verdad humana que no es otra que el ir cada día perdiendo un poco de la vida que se recibió un día como gran don. La vida verdadera es aquella que brota de la intimidad profunda del corazón, aquella que no se compra con dinero porque está dada desde el seno para el servicio profundo de la propia experiencia humana.
VIVO YA FUERA DE MÍ.
Vivir fuera de sí, es para la Santa Madre, la originalidad de su pensamiento. Porque en el reconocimiento de su esencia de esposa de Cristo logó patentizar que vivía pero de una manera distinta.
Pudo establecer una nueva manera de comprender su propia historia. Vivir fuera de ella es adentrarse en lo misterioso de su fe, es volar a lugares donde se posibilite un encuentro secreto con aquel que alguna vez le robo el corazón, y la tomó en su heredad, para que desde entonces le compusiera las poesías más bellas que le cantaran su propia expresión de amor. A manera de la esposa de la literatura Hebrea, el cantar de los cantares.
Vivir fuera de ella se evidencia en cada palabra literaria que brota de su expresión, magnifica composición entendida como lo que sin ser es, por que nace del ser profundo de un amor que es la verdad única que le devuelve la infalible esperanza de que lo que escribe, es por que lo siente en el contacto secreto e íntimo con aquel que la arrebató para él.
DESPUÉS QUE MUERO DE AMOR.
Reconoce la autora que su muerte es muerte de amor. Los éxtasis de la santa Madre se revelaban en como acontecer de amor. El amor es una impresión deleitosa que lleva a la intimidad perfecta del sentimiento, lo cual debe elevar a un superior nivel, pues mientras mas puro es el estremecimiento, tantos más efectos de unión sobrenatural humano se logran evidenciar.
Nuestros amores a veces son frívolos y rutinarios. Carentes de verdadera pasión. Teresa nos dice que amar es elevar la mente y el corazón totalmente al objeto amado, y ello arraigara el sentimiento de tal modo que matará sin matar.
PORQUE VIVO EN EL SEÑOR
QUE ME QUISO PARA SÍ.
No es un interrogante que hace la Mística española, es una afirmación. Tiene claro que su vida se estableció en el amor, al cual aquí le pone un nombre: El señor. Vive en el señor como el dueño de su vida. La literatura Teresiana es un narrar todo lo que este señor hizo en su vida, desde el momento en que leyere las confesiones de san Agustín ella supo que su camino estaba destinado a leer la historia de su vocación, ya no desde la rutina de los claustros Avilenses, pues Dios la detuvo en su camino de mujer soberbia y arrogante y le quitó las viandas de mujer noble, para llamarla simplemente a “nacer de nuevo” Para ella, para Él y para toda la Iglesia.
CUANDO EL CORAZÓN LE DÍ
PUSO EN EL ESTE LETRERO
QUE MUERO PORQUE NO MUERO.
Entregar el corazón es propio de los poetas, quienes no teniendo modo de demostrar todo el largor de su amor, entonces lo entregan para simbolizar el tamaño de su amor.
Corazón es sinónimo de:
Núcleo.
Principal.
Centro.
Ánimo.
Espíritu.
Alma.
Esfuerzo.
Todo esto entregó la mujer, la poeta en el delirio de su amor.
Y el amado le devuelve la finura escribiendo en la totalidad de su persona, que al igual que ella, él, muriendo por ella tampoco muere. Ambos se comunican en el morir, naciendo a la plenitud de este amor que ni la misma expiración puede distanciar ni separar jamás.
ESTA DIVINA PRISIÓN.
Llama a la prisión divina. Una antitesis con la realidad. La prisiones son lugares de castigo, de vació, de soledad. La Santa la convierte en un recurso contrafáctico, (es decir volver sagrado lo profano)
La prisión en la que se establece es ella misma, su alma se convierte en un lugar donde ya no caben más encuentros deleitosos sino con el mismo dueño de su amor.
La divina prisión, es su voluntad allí sin más atavíos que la pasión que le produce el encuentro, se encarcela para poseer la verdadera libertad.
DEL AMOR EN QUE YO VIVO.
Compara aquí la prisión como el lugar del amor.
· El amor todo lo puede en ella, y es magnifico saber que este sentimiento la lleve al monólogo interior, y luego a transformar en poesía el sentir de su corazón enamorado.
· El arte se manifiesta como expresión de grandeza del interior del ser humano, que busca decir con palabras lo que balbucea en el interior.
· La poesía es el arte de la magnanimidad del sentimiento, que siempre se quiere donar como acontecimiento personal.
HA HECHO A DIOS MI CAUTIVO
Y LIBRE MI CORAZÓN.
Dios es el cautivo, el amante. Quien la tomo para sí en el arrebato místico , que la elevó a la contemplación de su propia naturaleza divina.
La poesía de La Mística siempre estuvo acompañada de un sentir humano que tratara de comprender los límites de la naturaleza omnipotente, buscando acercar a una realidad trascendental que comunique las verdades eternas de su alma.
En el proceso de escritura de la Santa Avilense, se logra entrever un serio proceso de conversión, que particularmente en este fragmento se evidencia. A saber La libertad que le produce el encuentro con Dios. Él es el portador de una autentica independencia, entre los límites humanos y los deseos de eternidad.
Y CAUSA EN MÍ TAL PASÍÓN
VER A DIOS MI PRISIONERO.
El anterior pasaje expresa los sentimientos orantes de la Santa, que se vuelven literatura en el momento cuando afirma la pasión que le causa ver no solo a Dios como su más cercano, sino también el poderlo expresar.
QUE MUERO PORQUE NO MUERO.
Repite el pasaje para reconfirmar los sentimientos expresados en su poesía.
· Morir es nacer para la vida, es brotar de las nadas de la experiencia, cuando todo parece perdido, entonces el amor enciende en ella el fuego de su amor.
· Morir es la poesía del amor, un amor que como semilla da frutos en su espiritualidad de Mujer, Fundadora, Mística, Poeta, Madre y Esposa de Cristo.
· No morir es confiar en que más allá de lo que vemos, hay un espacio reservado para la creación. La literatura siempre parte de lo que no se ve. “lo esencial es invisible a los ojos” (Antoine de Saint Exúpery, en el Principito)
· La condición de no morir es el reconocimiento de la eternidad de su adhesión a Cristo y a la Iglesia; así mismo como la eterización de su palabra.
· La Santa jamás pensó que años siglos después sería reconocida con títulos de tan alta dignidad como son.
1. Doctora de La Iglesia Universal.
2. Maestra de espirituales.
3. Máxima representante del siglo de oro de la literatura española.
4. Reconocida como la Mística más grande la historia del pensamiento universal
REFERENCIAS
[1] DE JESÚS Teresa, Las Moradas, editorial monte Carmelo, Madrid 1999. Pág. 15
[2] DE JESUS Teresa, Libro de la Vida, editorial Monte Carmelo, Barcelona 1998. pag. 23
[3] En el siglo XVIII surge el movimiento romántico como expresión contra los lineamientos propuestos por l clasicismo y academicismo artísticos y literarios. Entre sus figuras más representativas se encuentra Friedrich Leopold von Handerberg (Novalis1), quien nace el 2 de mayo del año 1772 en la hacienda paterna de Oberwiederstädt, en el Condado de Mansfeld (Alta Sajonia2
[4] Pintor romántico alemán del siglo XIX cuyos impresionantes paisajes y marinas no son sólo fruto de una meticulosa observación de la naturaleza, sino que tienen también carácter alegórico. Nació el 5 de septiembre de 1774 en Greifswald y estudió en la Academia de Copenhague. En 1798 se estableció en Dresde, donde entró a formar parte de un círculo literario y artístico imbuido de los ideales del movimiento romántico.
[5] (1774- 1840) Notable pintor Alemán quien en su arte de la pintura logró plasmar el símbolo como representación. Para tal fin acude al paisaje como una manera de referir los sentimientos propios del alma y no como una verdad sustancial. Logra evocar la psicología humana en la distribución de sus formas, dándole realce a la intuición de la verdad, que por lo general es aparente y no una evidencia total de lago. Por ejemplo evoca los sentimientos en un paisaje, viendo el hombre como mira la luna en una noche trémula. esto le permite recrear la experiencia de contemplación de las verdades inexplicables, que no son argumentadas con la razón, pero si dilucidadas por el arte.
[6] KIERKEGAARD Sören, Entre la inmediatez y la relación, editorial alfaguara, México 1998. Pag. 43
[7] ARISTÓTELES, Ética Nicomaquea, Editorial Porrúa, México 1999. Pág. 12
[8] KANT, Manuel, Teoría y praxis, editorial Porrúa, México 2000. Pág. 45
[9] ARISTÓTELES, Ética Nicomaquea, Editorial Porrúa, México 1999. Pág. 17
[10] DE HIPONA Agustín, La Ciudad de Dios, Alfaguara, Madrid 1994. Página 18.
[11] ESCOTO, Duns, Ordinatio, BAC. Madrid, 1990. Página 56
[12] DAMIANO, Pedro, Las cuestiones dialécticas de la fe, BAC. Madrid 1989. Página 33.
[13] DE AQUINO, Santo Tomás, Laudamos et laudare fide est. BAC. Madrid 1989. Pág. 20
[14] Diccionario de Autores Cristianos, BAC. Madrid 1997.
[15] MENENDEZ Y Pelayo, Estética de las formas Literarias, Editorial Alfaguara, México 2006. P
[16] SANTA Teresa, Libro de la Vida. Cap 2,1. Editorial Monte Carmelo.
[17] SANTA Teresa, Moradas, (Prólogo 1,2) Editorial Monte Carmelo.
[18] VALK Louis, Palabras inteligentes de Santos inteligentes, editorial, monte Carmelo, Madrid 2008.
[19] MARÏAS Luis, palabras al viento de filosofía, editorial Porrúa, México 2001. Pág. 32
[20] Jorge Gómez Jiménez es un gran escritor Venezolano, nacido el 16 de mayo de 1971. es considerado el alma mater de la importante revista electrónica LETRALIA, una pàgina que circula por Internet y que lleva 10 años de servicio. Donde el cibernauta puede recorrer el mundo literario en la magia de la narrativa latinoamericana.
[21] DE LA CRUZ Juan. Cántico espiritual, Editorial Monte Carmelo. Madrid 1999.
[22] DE JESÚS Teresa, Libro de la vida, capítulo 29. Editorial monte Carmelo Madrid 1996.
[23] DE ÁVILA Teresa, Obras completas, Libro de la vida, cap. 29,13. editorial Monte Carmelo, Madrid 1999. Pág. 45
[24] Ibid. Cartas 173.
[25] Julio Cortázar escritor e intelectual argentino. (Bruselas, Bélgica, 26 de agosto de 1914 - París, Francia 12 de febrero de 1984)
Se le considera uno de los autores más innovadores y originales de su tiempo, maestro del relato corto, la prosa poética y la narración breve en general, comparable a Jorge Luis Borges, Antón Chéjov o Edgar Allan Poe, y creador de importantes novelas que inauguraron una nueva forma de hacer literatura en Latinoamérica, rompiendo los moldes clásicos mediante narraciones que escapan de la linealidad temporal y donde los personajes adquieren una autonomía y una profundidad psicológica pocas veces vista hasta entonces.
[26] ARGÜELLO Mario y otros. Cuentos de verdades no tan ciertas, Editorial Alfaguara Buenos Aires 2007.
[27] Termino griego utilizado por los Filósofos Presocráticos para designar el principio motor de la vida.
[28] CORTÁZAR Julio, Todos los cuentos, Editorial Alfaguara, Buenos Aires 1999.
[29] Al respecto algunos estudiosos de literatura como Jhon Gray, David Strauss, dicen que la evidencia de la escritura, no es otra cosa que la escritura misma. El asigno como tal. Solo la forma define los contextos y los contextos son la realidad única de un texto escrito.
[30] GADAMMER, Verdad y método. Editorial Paidos, Madrid 1997.
[31] DELA CRUZ Juan, Cántico espiritual, Editorial Monte Carmelo, Madrid 1999. Pág. 79
[32] GARAVITO Pardo Edgar, Crítica de la identidad sicológica, Editorial Universidad Nacional, Medellín 1997. Pag. 43.
[33] DE LA CRUZ Juan, Obras completas, Editorial Monte Carmelo, Madrid, 1999.
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