Almas con hilachas (Parte VII)
_ Y qué te respondió entonces a la semana siguiente?
_ Bueno el muy canalla, quedó en que lo llamara a la semana siguiente, sobre el miércoles, es decir a media semana. Pero es un desgraciado, hijo de mala madre, porque según supe después el domingo en la nochecita se fue para Colombia y se quedó más de un mes en ese país. Pero claro se aprovechó de mi enojo y me hizo caer en mi propia trampa. Con eso él ganó tiempo y yo perdí, mejor dicho nos hizo perder todo un año a nosotros con toda su verba indescifrable. Cuando fue diciembre ni siquiera quise perder tiempo, cuando terminó el torneo de la liga rosarina nos volvimos a casa, a nuestra querida y anhelada Riobamba y así se terminó nuestra odisea argentina.
Los peruanos dejaron su charla y quedaron mirando el techo. También le hacía falta una mano de pintura. Fueron unos quince minutos donde todo transcurrió en absoluto silencio, solo interrumpido por un estornudo del que nadie se hizo cargo.
Y casi al instante, volvió a abrirse la ventanilla.
_ Maschio, Nicolás, por favor acercarse.
Y se acercó un muchacho que era el mayor de todos cuantos estaban relacionados con estos eventos de sueños postergados de almas deshilachadas, pues este muchacho ya se veía casi un adulto con sus 18 años bien aparentados. Igualmente, lo acompañaba su padre, que por lejos con su traje azul era el mejor vestido de todos los progenitores.
_ Sí, somos nosotros.
Anticipó el padre, mientras se levantaba de su asiento. Como si eso fuese necesario. Pues el funcionario tenía una prodigiosa memoria y estaba al tanto de las identidades de todos aquellos que estaban a la espera de la apertura de alguna de las ventanillas. Pues los funcionarios no estaban destinados perpetuamente a una ventanilla, sino que debían ir rotando por todas y las almas pequeñas y pacientes también iban rotando en busca de mejor suerte. Y a veces se quedaban más tiempo en aquella ventanilla que les había dado mayor cantidad de buenas novedades.
Tenía el funcionario una taza de té de boldo en una mano y en la otra un megáfono. Eso significaba que aquello que iba a comunicar a continuación iba a ser oído por los presentes independientemente de las ganas que tuvieran o no de ser oyentes. Pues entre gente con un ego tan deformado no les resultaba para nada agradable que se dijeran cosas buenas de una persona diferente a ellas o a sus hijos.
Megáfono en mano comenzó el relato:
_ El hombre está en su día podríamos decir.
Enunció mirándole los ojos al muchacho, cosa rara en el funcionario de trato tan impersonal.
_ Y eso es algo digno de remarcar. Porque no cualquiera consigue que en los dos últimos días se lo esté mencionando en dos lugares tan disímiles como en una de las principales ciudades de nuestro país, como lo es Rosario, y en el histórico país de Italia, en el viejo continente. En un punto, significa que lo que este chico ha realizado ha trascendido al mero ámbito de su calle, barrio, localidad, región o país, sino que ha tenido destacadas participación a nivel internacional.
_ Bueno el muy canalla, quedó en que lo llamara a la semana siguiente, sobre el miércoles, es decir a media semana. Pero es un desgraciado, hijo de mala madre, porque según supe después el domingo en la nochecita se fue para Colombia y se quedó más de un mes en ese país. Pero claro se aprovechó de mi enojo y me hizo caer en mi propia trampa. Con eso él ganó tiempo y yo perdí, mejor dicho nos hizo perder todo un año a nosotros con toda su verba indescifrable. Cuando fue diciembre ni siquiera quise perder tiempo, cuando terminó el torneo de la liga rosarina nos volvimos a casa, a nuestra querida y anhelada Riobamba y así se terminó nuestra odisea argentina.
Los peruanos dejaron su charla y quedaron mirando el techo. También le hacía falta una mano de pintura. Fueron unos quince minutos donde todo transcurrió en absoluto silencio, solo interrumpido por un estornudo del que nadie se hizo cargo.
Y casi al instante, volvió a abrirse la ventanilla.
_ Maschio, Nicolás, por favor acercarse.
Y se acercó un muchacho que era el mayor de todos cuantos estaban relacionados con estos eventos de sueños postergados de almas deshilachadas, pues este muchacho ya se veía casi un adulto con sus 18 años bien aparentados. Igualmente, lo acompañaba su padre, que por lejos con su traje azul era el mejor vestido de todos los progenitores.
_ Sí, somos nosotros.
Anticipó el padre, mientras se levantaba de su asiento. Como si eso fuese necesario. Pues el funcionario tenía una prodigiosa memoria y estaba al tanto de las identidades de todos aquellos que estaban a la espera de la apertura de alguna de las ventanillas. Pues los funcionarios no estaban destinados perpetuamente a una ventanilla, sino que debían ir rotando por todas y las almas pequeñas y pacientes también iban rotando en busca de mejor suerte. Y a veces se quedaban más tiempo en aquella ventanilla que les había dado mayor cantidad de buenas novedades.
Tenía el funcionario una taza de té de boldo en una mano y en la otra un megáfono. Eso significaba que aquello que iba a comunicar a continuación iba a ser oído por los presentes independientemente de las ganas que tuvieran o no de ser oyentes. Pues entre gente con un ego tan deformado no les resultaba para nada agradable que se dijeran cosas buenas de una persona diferente a ellas o a sus hijos.
Megáfono en mano comenzó el relato:
_ El hombre está en su día podríamos decir.
Enunció mirándole los ojos al muchacho, cosa rara en el funcionario de trato tan impersonal.
_ Y eso es algo digno de remarcar. Porque no cualquiera consigue que en los dos últimos días se lo esté mencionando en dos lugares tan disímiles como en una de las principales ciudades de nuestro país, como lo es Rosario, y en el histórico país de Italia, en el viejo continente. En un punto, significa que lo que este chico ha realizado ha trascendido al mero ámbito de su calle, barrio, localidad, región o país, sino que ha tenido destacadas participación a nivel internacional.
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