En un ángulo de la habitación dos ojos color miel, me observan. Me miran dulcemente, como si dijeran muchas palabras de amor, de cariño, de apoyo.
Yo lo miro y no sé qué pensamientos extraños se agolpan en mi mente.
Extiendo mi mano y corre hacia mí para demostrarme su amor. Suavemente coloca su cabecita debajo de mi mano extendida y espera mis caricias. ¡Qué feliz es! Yo también, mirándolo regodearse del cariño demostrado, lo miro con intensidad y sé que siempre será así.
Que nunca será de otra manera, que su amor es incondicional y magnífico.
Que hoy, ayer y siempre estará junto a mí dándome lo mejor de sí, acompañando mis días y mis noches, sin una queja, sin un rezongo. Hasta que la muerte nos separe, eternamente unidos por el cálido sentimiento de la fidelidad y el amor.
Y eres, el mejor, el más especial del mundo, porque eres mi perro querido. Por algo, tu nombre, lo dice todo. Te llamas Khalil, que en árabe, simboliza al buen compañero.
 
                                                               - CIELO -
8120

Cargando comentarios...