15/03/2008±- En el reino animal, los depredadores buscan señales de vulnerabilidad en sus posibles presas. Si una presa se comporta de manera inesperada, el depredador podría interpretarlo como una situación más peligrosa. Como resultado, al no mostrar ningún tipo de reacción, se altera la expectativa del cazador, lo que puede influir en su estabilidad emocional. En el contexto humano, cuando una persona no responde ante un acto de hostigamiento, su falta de reacción puede generar un comportamiento aún más amenazador que el del agresor, ya que contradice sus expectativas. Frecuentemente, los hostigadores suponen que su ataque generará miedo o sumisión, pero al no recibir la respuesta que buscan, se encuentran en un escenario que los descontrola y les resulta incontrolable. Esta ausencia de respuesta indica que la víctima no se siente amenazada, y esto modifica la dinámica de poder establecida. Sin duda, la expresión más repulsiva del universo es el ser humano. Su existencia malvada se ha dispersado como polvo a través del espacio. No hay argumentos que puedan defender a esta especie, pues su principal prueba es que no ha logrado actuar de manera auténticamente humana. Fundacionalmente malvado, débil y vulnerable, hubo un tiempo en el que alcanzó una grandeza tal que no supo controlar su propia fuerza. Esto resultó en una implosión, manifestándose en un estallido interno tan violento que lo ha reducido a la insignificancia que nunca debió tener, enfrentándose a las consecuencias de su naturaleza, bien merecido.
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