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Publicado en Apr 05, 2021
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“Si todos buscáramos lo mejor y no simpatizáramos con la mediocridad y las malas energías, este sería un mundo mejor”
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Y bueno por esas cosas de la vida me hice fans, fanático, ultra fanático, mega fanático de un estilo musical llamado Heavy Metal, hasta el día de hoy aún escucho sus temas y me elevan de adrenalina, pero no me provocan en lo más minino, el toque celestial que solo un contacto con dios te puede dar. Corría el año 2009, la agrupación mundialmente conocida como Iron Maiden se presentaba en la capital de país, era primera vez que la veía, así que no podía faltar su celebración claro está, la noche anterior al evento, no recuerdo donde estuve celebrando, pero sé que llegue a la ciudad amanecido, en el lugar nos juntamos con otros metaleros, un mar de poleras negras y de números seiscientos sesenta y seis  por doquier, la locura en su máxima expresión, bebiendo a destajo y fumando mariguana con sus respectivos cigarros, cabeceando antes de ingresar al concierto el cual reunía a unas sesenta mil personas. Saltando y gritando en los días de otoño de aquel marzo ya perdido en el tiempo, cabello largo, pantalón y polera rajada, no debí de haber olido muy bien. Me creía el dueño del mundo, era Maiden, o sea, lo mejor de lo mejor a mi parecer. Recuerdo que estando en la fila del concierto apareció un carabinero montado a caballo y yo tenía una cerveza de vidrio en la mano, la cual cobardemente le pase a un amigo al ver a la ley, fue un reflejo involuntario, una de las cosas de las cual me arrepentiría siempre, así como tantas otras que iré desempolvando, el policía le dijo a mi amigo que botara la cerveza y menos mal que nada paso a mayores, era una mente desecha en ese tiempo, no lo niego y aún estoy en proceso de limpieza. Luego entramos corriendo como corresponde, pero entre ese mar de gente se perdió mi socio y no lo vine a encontrar hasta unas horas más adelante en medio de esa masa de gente heavy alabando al 666 de la bestia como lo dice una de sus canciones más conocidas, aún me dejo dominar por sus melodías, son veinte años de metal y una adicción es difícil abandonar de un día a otro. Comenzó el tan anhelado show, recuerdo que nos fuimos de los primeros, la gente apretaba como en el infierno, el calor era insoportable, el humo de los fuegos nos llegaba, faltaba el aire, sentía a morir, no resistía tuve que salir, a los primeros temas, ¿Para qué?, pues para encontrarme con una pálida de los mil demonios, para los que no saben que es esta famosa pálida, es la reacción del cuerpo al exceso de marihuana y trago, uno convulsiona, se marea, se desmaya, vomita, traspiras helado, los músculos se duermen y es como si San Pedro cerrara la puerta del cielo y las cadenas del infierno las oyes arrastrar en tus oídos, es como morir, caí antes de salir de la masa y hay quede solo tirado con las piernas abiertas, vomitando de costado, con los ojos pegados en una pantalla gigante en donde lo artistas hacían todo lo que yo veía desde años solo en cintas de vhs y decía: ¡Que genial, si tan solo me pudiera poner en pie… ¡en mi salida vomite  a algunas personas, menos mal no me dieron problemas, la gente no se atrevía a tocar este mal trecho cuerpo y otros no estaban ni ahí si moría o no, tampoco le veía nada malo a la situación, solo erase algo que estaba pasando, lo que si se sentía horrible, al pasar de varios temas nos encontramos con mi socio, me levanto y nos fuimos a un lugar más tranquilo a disfrutar el evento, una muerte había pasado por mis ojos. ¡Hasta qué punto señores el joven busca la satisfacción que no le da la vida en el alcohol?, se refugia en las drogas y en las malas juntas, siempre la pobreza ha sido el semillero de los viciosos, gente inconformé que busca en una botella barata la felicidad que no encuentra en su hogar. Nos ponemos una polera negra con un satán dibujado y nos identificamos como rebeldes contra la sociedad a la cual aunque no queramos, pertenecemos, no se ve eso, solo vemos el que las cosas las estoy haciendo de buena manera, pero no, solo me transforme en una lacra que no podía controlar sus adicciones, borrando la mente, dañando al cuerpo, insultando a mi dios, siendo blasfemo y creyendo ser el peor de los peores, cuando siempre fui un niño que se vistió de metal oxidado para buscar llamar la atención en una sociedad que de niños nos pide encajar en su desequilibrado sistema. Ciego por la vida, sin escuchar los buenos consejos, huyendo de dios en cada sorbo, con un pie en el abismo en cada camino, tan perdido que no puedo creer haber vivido de esa forma. Pero que le conviene a la disonancia, al mal, al otro extremo, pues eso, que te enojes con la sociedad que mates tus capacidades, que te embriagues todos los fin de semana y el lunes salgas a trabajar odiando tu trabajo y a todos los que te rodean, porque no pudiste descansar bien, gastas el dinero que no tienes con gente igual de perdida que tú, pero no importa, tengo amigos soy feliz, celebremos, hablemos estupideces, que bella noche para embriagar el cuerpo y desordenarse. Ciegos a la verdad y con los años se hace costumbre, ya no se sabe hacer otra cosa los fines de semana, o cualquier día de la semana, que beber y juntarte con tu socio hacer la misma rutina de siempre, quejarse del mundo, hacer alguna idiotez o tener sexo libre con alguna mujer igual de sucia que uno. Matar el tiempo, viejo matar el tiempo, como si la vida fuese una condena que estamos pagando obligadamente, amantes de caretas sin buscar nada, sin siquiera preguntarse qué hay más allá, qué se yo, tal vez todo el mundo se pregunte esas cosas en el silencio de la noche, cuando ya no hay nadie conectado y no pueden distraer sus mentes. Tal vez este errado y yo soy el que va mal, pero lo escribiré igual y al que le caiga el poncho que se lo coloque, no es normal beber todos los días, todos los fines de semana, antes bebía dos semanas seguidas luego una semana, luego cuatro días, luego tres días con sus noches, luego veinticuatro horas, luego los fin de semana, luego una vez al mes, ahora lo hago cada cincuenta días, repito no es fácil dejar una adicción, pero lo intento, aún no puedo dejarlo a totalidad, pero estoy dando pelea firme y dios me está ayudando. Hay una vida bella que vale la pena vivir lucido, hay una vida hermosa que dios no has dado para evolucionar espiritualmente, pero eso no le conviene a las grandes corporaciones, ni a quienes gobiernan, si tu despiertas ellos pierden el poder, por eso harán lo posible por mantenerte en tu letargo. No es normal que uno vea esta vida como normal, digo, o sea, nacer, trabajar, morir, todo esto es efímero a la grandeza del más allá, al avance del espíritu, tenemos pedazo de maquina como cerebro, estamos formados por materias interestelares y las ocupamos para mantenernos como bobos, esperando el chisme del día, para comprar la baratija de moda, así no se puede, sé que los que piensan o ven diferente me entenderán, al resto le parecerán palabras salidas de una persona desequilibrada mentalmente, bueno tal vez hay algo de verdad en eso, pero más loco en fingir que todo marcha bien, cuando en realidad todo se está yendo al abismo. буден
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Foto del autor Jonathan Ibarra Luman
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3.

Palabras Clave: 3.

Categoría: Cuentos & Historias

Subcategoría: Relatos



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J. C.

Como siempre: ¡Trepidante!
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April 06, 2021
 

Jonathan Ibarra Luman

He aprendido una nueva palabra, gracias J.C.
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April 06, 2021

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