¿Esto? No lo sé. A cuantos relato el suceso me inventan historias que les satisfagan. Sucedió en esta habitación. Con él ahí donde usted lo ve. Cuando joven, me lo regalaron de un poblado cercano a la selva. Allí nació y entre sus cuatro hermanos fue el único negro. Al mirarnos, a pesar del tiempo transcurrido, nos preguntamos lo mismo. De alguna manera me siento culpable aunque nunca le he confesado nada. Entré a la sala y estaba en el centro de la habitación, agitando su cola de manera amistosa y mirando hacia la pared. No había nadie más pero continuaba moviendo su cola y saltando con entusiasmo. Le observé sin llamarle la atención, para no distraerlo, esperando que se calmara. Su retozo aumentó. Entonces me le acerqué porque deseaba acariciarle la cabeza y mostrarle que yo estaba allí.  Fue un zarpazo certero donde el brazo se desprendió como si le hubieran hecho una invisible cirugía. No hubo sangre. Mi perro ladró y corrió a ocultarse bajo una silla. Ningún dolor. Ahí sigue en la vitrina, ni siquiera desprendí el reloj. Acérquese y mírelo, la camisa sigue igual de impecable, sin arrugas, sin ninguna gota de sangre.
 
7140

Cargando comentarios...