Yami Ni Taisuru Hikari - Capitulo 1 - Hoja
Capitulo 1 Hoja
El viento arremete contra un viejo árbol cuyas hojas secas por el otoño, caen en montones, cubriendo el suelo con un manto dorado. Pero en ese árbol yace la última hoja verde, sujetada por su tallo firmemente a la rama del árbol, pero una ráfaga más fuerte, la desprende.
Cae impulsada por el viento, moviéndose lenta y rápidamente, una ráfaga tras otra, de un lado a otro, hasta terminar de golpe en el agua, unas leves ondas casi imperceptibles y comienza a moverse con la corriente.
Una mujer lavaba incesante una prenda en el rio, para colocarla sobre otro montón más que tenía al lado, tomando una tras otra de un montón más grande. De cuclillas, con su cabello en una larga trenza de cabellos rubios, una pañoleta blanca en su cabeza y un vestido verde con un chaleco negro. Miraba con detenimiento cada mancha para borrarla y dejar la ropa lo más limpia posible, así que cuando la hoja paso frente a ella en el riachuelo, no le hizo ni el mínimo caso. Sus ojos semi cerrados mientras tarareaba.
- …Y el dios bajo a la tierra a poner su fe con los hombres… - Sacaba la blusa del agua y la miraba satisfecha con una sonrisa, tomo otra y siguió cantando - …Pero el hombre de hierro lo negó y le mato en primavera… -
- ¡Eliz! – Grito una mujer vieja – ¡Eliz! –
La chica se levantó preocupada y corrió por una vereda de roca de rio que estaban fijas en la tierra. Se asomó entre unos matorrales en medio de un claro, una cabaña, troncos y piedras, una chimenea de piedra que sacaba un humo apenas visible, cerca la cabaña, un árbol donde colgaban cuerdas para la ropa. Eliz, la joven rubia corría levantando su vestido con las manos para no tropezarse, hasta que llego a las pequeñas escaleras que daban a la entrada de la cabaña, abrió presurosa y entro respirando forzosamente y agitada.
La estancia rural de la cabaña era sencilla, una mesa en medio de los sillones de madera con cojines blancos y bordados a mano. , sillas y un comedor de roble tallados, además de que en las paredes se exhibían cuadros y retratos, cuando ella paso rápidamente hacia donde se escuchó la voz, se detuvo y miro un cuadro brevemente, un hombre y una mujer, felizmente abrasados, el hombre vestido de café con un bigote del mismo color y la mujer idéntica a ella, solo que más grande y con el cabello más largo y un hermoso vestido blanco. Ella sonrió levemente y siguió con su camino, cruzo una puerta con un crujido de esta. Necesitaba aceite.
Tras de umbral, una estancia más iluminada, la estufa-chimenea ardía lentamente con una olla sobre de esta, que emitía un sonido, agua hirviendo, en la mesa central, varias tablas con vegetales y cortes de carne, junto a varios cucharones y cuchillos. Finalmente frente a la ventana, en una silla, yacía una anciana sentada con sus ojos fruncidos y un bastón tembloroso en su mano, su cabello blanco en una coleta que casi rozaba el piso, su piel blanca y arrugada. Su vestido de color jade oscuro con un cinturón café.
- ¿Qué sucede abuela? – Dijo Eliz reponiendo el aire.
- Eso – Señalo con su bastón a una orilla de la ventana donde un pequeño ser picoteaba incesante por salir mientras revoloteaba. Un colibrí amarillo.
La muchacha miro con molestia a la anciana.
- Abuela… - Contuvo con respiración - … Eso es solo un colibrí – Sonreía forzada.
- No me importa – Dijo la anciana más molesta aun – Sácalo de aquí ese picoteo me está haciendo enloquecer – Bajo el bastón y siguió mirando con enojo al pequeño volador.
- Si abuela –
Eliz subió a un balcón y abrió la ventana, tomo al colibrí con una mano y lo dejo libre tras cruzar con su mano el umbral de la ventana. Este voló acercándose a unas flores que había debajo de la ventana. Ella observaba fascinada recargándose en el marco, como el pequeño animalillo revoloteaba y picoteaba las flores.
- Y también aleja eso de aquí – Refunfuño la abuela – Apuntando hacia un pequeño claro.
- ¿Qué cosa? – Eliz alzo la mirada y se alejó con susto.
Caminando hacia la cabaña, una silueta, con una capa gris y capucha, un saco café con parches en su espalda. Un paso lento y firme, además del silencio, le daban un toque misterioso y ciertamente atemorizante.
- Vamos, aléjalo de aquí – Refunfuño la abuela.
- Abuela… esto… ese es un… forajido… supongo… - Ella temblaba oculta bajo el marco de la ventana con las manos en el pecho – De seguro… quiere nuestras cosas… nuestro dinero… - Ella temblaba.
- Ñah – Dijo la abuela – Patrañas – Intento levantarse – Si no lo haces tú, lo hare yo.
Eliz la detuvo y vio como el sujeto se dirigía a la entrada principal, ella intuyo que no las vio así que tomo a su abuela y por una puerta la dirigió al cuarto, no sin antes tomar un sartén, lo primero que se le vino a la mente como posible arma.
- ¿A dónde carajos me llevas? – Gruño la abuela intentando frenarla.
- Te pondré en un lugar seguro abuela – Dijo ella jalándola levemente sin lastimarla, poniéndola sobre la cama – Necesito que te quedes aquí, veré que quiere ese forastero.
- Carajo Eliz – Intento ponerse de pie la abuela – Déjame salir yo a darle una tunda que nunca olvidara – La anciana hizo un movimiento brusco para que Eliz la soltase.
- Abuela, no – Repuso rápidamente Eliz – Es por tu bien, te dejare aquí y yo veré que sucede – La soltó y la miro de manera que no seguiría discutiendo.
- Al carajo – Dijo la abuela molesta – Si no vuelves en cinco minutos saldré yo a darles una tunda a ambos – Refunfuño apoyándose en su bastón y mirando fijamente con sus ojos avellana a Eliz.
- Si abuela, como digas – Dijo ella tomando el sartén con miedo por la mirada de la abuela, se volteo y comenzó a andar – Deséame suerte – Dijo con palabras casi audibles.
La abuela hizo una mueca de inconformidad y molestia, pero ambas se vieron mutuamente cuando un sonido familiar les llego y las aterrorizo a la vez.
Alguien abrió la puerta principal.
Eliz trago saliva y siguió andando, lentamente se acercó a la puerta. Se escuchaban unos pasos lentos en la sala principal, la única puerta en ella, era la que daba al cuarto donde estaban Eliz y la abuela. Lentamente, Eliz acerco su mano al picaporte, el frio del metal le resulto más fuerte, su mano sudorosa comenzó a girar lentamente el picaporte. Ni siquiera la abuela hacia ruido, el picaporte se movía milímetro por milímetro, Eliz sentía el sudor frio en su mente. Lo único audible eran esos pasos en la sala, hasta que se detuvieron y se escuchó el mullido sonido del sillón. Alguien sentando sobre él.
Finalmente la puerta se movió lentamente, Eliz con su peso apoyado sobre ella, dando lentos pasos mientras ocultaba la mitad de su rostro, con su otra mitad intentaba ver quien era ese intruso. Su respiración era casi inaudible, sostenía con fuerza el sartén y se aferraba al marco de la puerta mientras se abría paso lentamente. Sus ojos negros, bueno en este caso, su ojo negro pronto vio que era lo que había ahí.
En el sofá frente a la puerta, que en el que se sentase le daba la espalda a la misma, estaba esa extraña silueta sentada, con la capucha y capas grises cubriéndole impidiendo que se vieran sus rasgos. Pronto y para el miedo de Eliz, esta se movió. Unas manos blancas sujetaron la capucha y la hicieron hacia atrás de manera rápida. Ella vio lo mechones de cabello rubio oscuro, mezclados con negro, revueltos en desorden, pero un desorden, ¿Ordenado? Ella pensó eso, una locura, ese cabello rubio aunque estaba en girones, parecía tener orden.
Ella se alejó de ese pensamiento, tomo con más fuerza el sartén y dando unos agonizantes pasos hasta tener al alcance de golpe a ese extraño, lo levanto de manera lenta como todo lo que hacía, para evitar hacer ruido. Sonrió de manera macabra cuando considero tener el sartén a una buena altura y sin más lo dejo caer de golpe, directo a la cabeza del intruso.
Lo que siguió, tardo tiempo en procesarlo.
No solo fallo el golpe, bueno hubiese acertado, pero el intruso esquivo con un movimiento el golpe, se hizo de lado y volteo a ver sonriente a Eliz. Ojos cafés, una sonrisa amplia con unos dientes blancos, un pequeño colmillo sobresaliendo. Ella lo miro detenidamente, pero casi de inmediato intento atinarle otro golpe que fallo de nuevo cuando él se hizo hacia abajo.
- ¿Así saludan en esta región? – Dijo inocentemente viendo a Eliz detenidamente – Lo único malo es que yo no tengo de esas cosas – Señalo el sartén.
- ¿Saludar? – Dijo ella molesta - ¿Por qué saludaría a un intruso que quiere robar nuestras cosas? –
- ¿Robar? – Se puso de pie - ¿Alguien quiere robar tus cosas?, ¿Dónde está? – Mostro sus puños deseoso – Le daré una lección que no olvidara… -
Ella hervía en ira.
- ¡ERES TU IDIOTA! – Dijo molesta Eliz - ¡¿COMO CREES QUE TE SALUDARIA?! –
- ¿Ehh?– Dijo el muchacho con extrañeza - ¿IDIOTA!, ¿A QUIEN LLAMAS IDIOTA?! –
- ¡A TI MALDITO INVASOR! – Replico Eliz furiosa.
El sujeto se quedó en silencio un momento y Eliz hervía en furia.
- ¿Invasor? – Dijo con un tono bajo de voz.
- ¡SI TU! – La furia de Eliz no bajaba.
- Pero solo venia de paso… - Dijo lentamente.
- ¡Y POR QUE ENTRASTE SIN MAS AQUI! – Eliz todavía replicaba.
- Así es costumbre de dónde vengo – Dijo sin más y extendió la mano. - Soy Dozuga –
- ¡¿CREES QUE AUN ASI VOY A QUERER SALUDARTE?! – Eliz alzo el sartén amenazante.
- ¡MALDITA SEA SOLO QUERIA HACER LAS PACES! –
Alrededores de la Ciudad de Furi.
Un denso bosque rodeaba los imponentes muros de una ciudad, rodeada también por cumbres rocosas y con capas de gruesa nieve en sus cimas. Esa ciudad de lejos parecía impenetrable, pero al acercarse, uno se percataba del enorme hueco en sus muros, rodeado de trozos de esto y sin reparación La ciudad estado de Furi, tomada por las tropas de extraños seres con poderes particulares y ciertamente asombrosos, se hicieron de un nombre raro y extrovertido, “Atrapa Vidas”, y nadie era peor que su líder. Gagoru, el rey de los mercenarios inhumanos, vencedor de Furi, ¿Pero porque ataco la ciudad?
En las épocas arcaicas, como las llamaban aquí, Furi fue la capital del imperio Aqueleni, un estado firme y poderoso, pero su último rey, padre de cuatro príncipes, dividió el reino, dejo la mitad del este pasó al mayor y la mitad del oeste se dividió en tres y nacieron cuatro reinos. Los reinos del oeste, Taran, Eri y Denia y en el este el imperio de Akala. Pasaron siglos de paz, hasta que comenzaron guerras entre los reinos del oeste, consumiéndoles sus recursos y fuerzas. Furi, la antigua capital, se mantenía libre de cualquier reino, poderosa y bien ubicada era una ciudad rica, pero en la última década, Akala entro en guerra, quería reunificar el imperio.
Los débiles reinos del oeste olvidaron las guerras y se unieron para intentar frenar a Akala, la cual introdujo a los Atrapa Vidas en la contienda. Furi cayó en manos de Gagoru en tres días. El mundo veía atónito y esperaba la siguiente movida del atroz imperio de Akala y sus sanguinarios Atrapa Vidas.
Una mujer camina con un niño sujetándole mientras desvarían por los caminos del bosque, alejándose de la ciudad, se nota demacrada y débil, ella y el niño manchados y con la ropa en girones. Miradas vacías y grises, ladeándose, débiles, enfermos. Intentan caminar con firmeza pero no pueden, hasta que un sonido, el crujir de unas ramas les obliga a girarse lo más rápido que puede, es lento su giro, pero no logran ver nada.
- Creo que no fue nada –
Dice ella lentamente, tomando de nuevo al niño con firmeza voltean, pero se detienen de golpe, alguien está frente a ellos. Un sujeto con partes de armadura, sonriente y con una espiga de trigo saliendo de sus dientes.
- ¡Hey! – Dice con una voz aguda y espantosa - ¿A dónde van? – Pregunta con cinismo – La ciudad está del otro lado –
El niño solo atina a esconderse tras su madre, pero ese ser aparece tras de el de la nada.
- No tengas miedo amiguito – El niño gira en un sobresalto – No te hare daño, no por ahora - Su sonrisa asqueante y tétrica.
La mujer jala al niño frente a ella y ese sujeto aparece frente de ellos de nuevo.
- Ahora bien – Dice mirándola con sus enormes pupilas negras – Toma a ese niño y vuelve y haremos que aquí no pasó nada –
- Pero… - Dijo ella levemente –
- ¿Espera? – Dijo el - ¿Qué? – La miro fastidiado – Yo creí que un ratón te comió la lengua, no de seguro tú te lo comiste a él. – Estallo en unas horribles carcajadas - Bien, bien, ahora vuelvan a la ciudad – Dijo volteándose.
- Pero… ahí no hay comida… no hay nada… solo muerte y ruina – Ella dijo con algo de valor sujetando con firmeza al niño.
- Eso no me importa a mí – Su voz se tono lúgubre y seca mientras volteaba de nuevo – Quiero decir… no pueden salir – Su voz aguda volvió con una sonrisa que erizo al pequeño con un escalofrió – De seguro este pequeñín no quiere alejarse de casa –
Ella tomo al niño y lo puso tras ella de golpe antes de que ese sujeto lo tocara.
- No toques a mi niño – Dijo ella con la mirada en rabia y lágrimas de odio – Nos iremos de este espantoso sitio aunque sea lo último que hagamos – Ella miraba con desafío al hombre que seguía hincado.
- Es hermoso – Se puso de pie – La voluntad de una madre – Dijo con su voz aguda tranquilamente – Lastima… - Sus pupilas crecieron ocupando todos sus ojos - … Que será lo último que hagas – Su voz volvía a ser gruesa y seca.
La mujer intento correr, pero no pudo, en dos pasos cayo con el cuello partido y una mueca de horror, el niño también cayó junto a ella, muerto.
- Esta gente puede ser tan molesta – Dijo el sujeto de nuevo con la voz aguda – En fin, que se le hará –
- No tenías que matarlos – Escucho una voz en los arboles –
- Ahh, eres tu Daizo – Dijo estirándose - ¿Viste todo?
- Solo lo último, el jefe me mando por ti - El hombre bajo del árbol, vestía una túnica verde y un cabello negro y largo, con el rostro cubierto excepto un ojo que era de iris verde.
- ¿Ehh? – Dijo el hombre de voz aguda - ¿Gagoru me llama? – Seguía estirándose – Vamos esto ya no nos dará problemas mirando indiferente los cuerpos inertes en el suelo.
Avanzando en el bosque ambos pronto vieron sombras y luces en un claro que se extendía dentro del propio bosque, vieron varias tiendas y banderines ondeando con el viento de verano, el campamento de los Atrapa Vidas.
- Hogar dulce hogar – El hombre de voz aguda rio mirando a tras del viendo como el otro le seguía sin responder.
- Como digas – Se limitó a decir.
Cuando entraron en el campamento varias miradas se voltearon a ellos y volvieron a lo suyo cuando les reconocieron, algunos alzaron la mano saludando y otros rugían de alegría. Varios con armaduras, armas, comiendo, platicando, riendo, etc. Un lugar lleno de vida.
- Mierda, se ha caído el caldo – Gruño uno en una improvisada mesa de piedra –He tú, adefesio, venid y limpiar. –
Tras los arbustos salió un hombre magullado, sin medio brazo, con ropajes en trozos comenzó a limpiar inmediatamente sin levantar sus ojos cansados del suelo donde cayó desplomado, cansado. El hombre le piso bruscamente la pierna y un crujido se oyó, el hombre tomo su herida pierna y se arrastró lejos con lágrimas en los ojos.
- Te ha ido bien, si no hubiese terminado como tu brazo – Siguió comiendo sonoramente bocado tras bocado.
- ¡Que buen día tenemos hoy! – Dijo alegre el hombre de voz aguda.
En ese momento salió un hombre menudo, con una cabellera rojiza. Todos se giraron y pusieron de pie, pues tras el estaba la tienda principal y su llegada, significaba que el saldría.
- Ante ustedes – Dijo con voz congestionada y graciosa – El vencedor de Furi, conquistador de la paz y líder de los Atrapa Vida, ¡Gagoru el Rugido del Apocalipsis! –
Todos rugieron y vitorearon alzando sus armas. Volteaban como bestias a verse unos a otros sonrientes, finalmente las telas se abrieron y emergió el. Un hombre imponente. De larga cabellera y barba negra con su grueso bigote. Una armadura color oxido y un hacha de doble filo en su mano, una mirada de gran satisfacción y de barbaridad, el ejemplo de un líder bárbaro ante ellos, su líder bárbaro.
Alzo sus imponentes brazos y rugió sonoramente, todos se taparon los tímpanos con muecas de dolor, pero el comenzó a reír seguido por todos. Cuando se detuvo todos lo hicieron inmediatamente. Mirándolo fijamente. Su sonora gruesa voz no se hizo esperar.
- Hace ya dos meses que conquiste la ciudad de Furi – Todos alzaron sus armas pero sin hacer casi ruido – Gracias – Dijo mostrando sus amarillentos dientes – Bien, hace dos meses que nos asentamos aquí y el imperio de Akala, nuestros aliados no nos dan ordenes, he descubierto por que – Todos lo miraron impacientes - Su rey ha muerto – Un murmullo se extendió entre la multitud hasta que el alzo su mano y hubo silencio – Pero eso no es señal de que nos debemos replegar o retirar, no, al contrario, es la señal de que la era de los humanos, agoniza y la nuestra, los Atrapa Vidas, comienza – Sonrió maléficamente, todos lo hicieron – Pero – Dijo dejando de sonreír – Debemos esperar dos semanas para nuestro avance… -
- ¿Por qué? – La voz aguda se escuchó en medio de la multitud silenciosa.
- Buena pregunta Det – Respondió Gagoru – En dos semanas vendrá el mensajero de Akala a informarme la situación, si es que vendrán a ayudarnos con el avance o se retiraran a su reino –
- ¿Para que los necesitamos – Dijo de nuevo la voz aguda – Nosotros nos las apañaríamos bien -
El murmullo comenzó con afirmaciones y comentarios entre susurros.
- Porque – La voz de Gagoru detuvo el murmullo de todos – Se imaginan la desgracia de que sus tropas murieran en accidentes en los montes y lagos de oeste y no volvieran a defender a su reino de otra amenaza inminente – Su voz daba a entender todo, todos rieron y sonreían gustosos.
En ese momento llego un sujeto al campamento con otro amagado.
- Mi señor – Todos le veían – Este mensajero estaba en los alrededores, apuesto que es de Denia, lo capture, decida usted que será de su vida –
Todos voltearon a Gagoru. Este bajo del podio de piedra sonoramente y todos se abrían como el agua para que el pasase hacia el prisionero. Paso al lado de Det y este le dijo a su amigo entre susurros.
- He aquí al autor de nuestra obra – Sonriente.
- Si… el – Dijo con un odio nato que fue fácil reconocer.
En cuestión de segundos lo que paso cambio el curso de todo. Daizo saco su espada y se lanzó de golpe contra Gagoru sin que nadie le detuviera o viera lo que sucedía, todos se detuvieron y miraron como la espada daba de lleno clavándose.
- Esto es por los inocentes que murieron por tu mano y la de estos salvajes – Rugió echando chispas de furia –
Todos contuvieron el aliento en espera de que sucedería, finalmente Gagoru hablo como si nada ocurriera.
- ¿Qué clase de mierda tengo tras de mí? – Tomo la espada clavada en la parte trasera de su armadura y se la arrebato sin miramientos a Daizo quien no daba crédito a lo que miraba.
- Pero… esto es…. Imposible… imposible… - Dijo anonado por el hecho – Imposible –
- Lástima amigo – Dijo Gagoru – En la vida solo hay una de estas oportunidades – Lo tomo por el cuello y lo alzo a la vista de todos - Y tu pequeña escoria, te la acabaste estúpidamente – Tomo con su mano la cabeza del sujeto y comenzó a apretarla hasta que un fuerte chasquido sonó. Varios se asquearon pero todos miraron atentos, tomo el cuerpo, cual muñeco de trapo y lo lanzo hacia unos árboles donde cayó bruscamente al piso. – Bien – Dijo limpiándose la mano en un parte de su capa - ¿Qué le haremos a este sujeto? – Su tono persuasivo invito ofertas.
Pronto los gritos no se hicieron esperar y varias ideas retorcidas sacaban risas incluso al gran líder, hasta que la voz aguda sonó.
- Un… un juego – Dijo alegremente desbordándose en felicidad –
- ¿Un juego? – Pregunto Gagoru - ¿Sobre qué? –
- Que pelee contra nosotros, veamos contra cuantos puede antes de morir – Rio alucinado –
- Excelente idea Det – Dijo Gagoru, mientras veía el cuerpo a lo lejos una idea concibió en su mente. – Aunque, esperen un momento – Dijo mientras el silencio se generalizaba – Por lo visto no todos los que son como nosotros, están de acuerdo a nuestra forma de ser – Señalo el cadáver – Que tal si les incitamos a venir aquí en busca de revancha contra mí –
- ¿Co…cómo? - Pregunto Det –
- Fácil querido colega – Respondió con un brillo en sus ojos Gagoru – Lemia – Dirigiéndose al pelirrojo que lo presento – Anota – El hombrecillo saco un trozo de pergamino – El gran Gagoru, mostrándose compasivo con los reinos aliados, les invita a lo siguiente, aquel hombre o atrapa vidas que lo puede vencer a combate, será considerado, el libertador de Furi – Todos se miraban extrañados a su líder –
- A que va esto Gagoru – Interrumpió Det.
- Sera una forma de matar el tiempo mientras llega el mensaje de Akala – Sonrió – Además, nos quitaremos de encima a los atrapa vidas rebeldes – Se dirigió a sus tropas – Con esto, no quedara enemigo en pie ante nosotros – Todos rugieron en alegría.
- Eso es todo lo del escrito señor – Pregunto Lemia –
- No – Lo miro Gagoru – Agregue esto, si no hay vencedor, todos los prisioneros de Furi, serán ejecutados – Todos miraron con asombro las palabras –
- Listo - Escribió velozmente - ¿Algo más? –
- No Lemia – Respondió Gagoru, a sabiendas de que habiendo vidas en juego, muchos guerreros fuertes vendrían a él, sonrió con malicia y cuando el anciano Lemia entregaba el papel al soldado cautivo dijo con voz poderosa – Aumentemos la apuesta, quien me derribe en combate, no solo obtendrá la ciudad y su asqueante gente, s no que también… será el nuevo líder de los atrapa vidas – Sonrió de manera muy enigmática. –
Todos estaban perplejos.
- Mi señor, ¿Está seguro de eso? – Pregunto Lemia atónito –
- Completamente – Dijo confiado –
- Esto… esto será…. Alucinante – Dijo Det sonriendo inhumanamente.
- No Det – Respondió Gagoru riendo – Sera una masacre –
Todo el campamente estallo en risas mientras el soldado se alejaba.
Bosque de Notre.
Eliz servía una taza de té en la mesa y se sentaba todavía molesta frente al joven de cabello rubio quien ya bebía la propia y comía una galleta.
- Esta delicioso – Dijo mientras comía apresurado la galleta masticando sonoramente – Hace tiempo que no comía algo tan dulce como esto –
- No comas así - Dijo ella mientras bebía lentamente él té – Es ciertamente asqueante –
- Lo siento – Dijo tomándose de golpe el resto del te – Gracias por esto – Sonrió inocentemente mientras Eliz sentía el odio desvanecerse.
- De nada – Fue lo único que ella pudo decir.
- Pero qué clase de modales tengo – Dijo el mientras dejaba la tasa en la mesa y extendía su mano hacia Eliz en forma de saludo – Mucho gusto, soy Dozuga – Dijo todavía con la sonrisa en su rostro.
Ella sonrió lentamente algo sonrojada y extendió su mano dejando la tasa en la mesa.
- Mucho gusto Dozuga, soy Eliz – Dijo ella ahora sonriendo.
- Eliz – Dijo el casi murmurando – Lindo nom… -
¡PLAF!. Dozuga se desplomo sobre la mesa de madera mientras Eliz veía una sombra erguida tras el con un bastón. Eliz se sobresaltó y sintió temor ante la amenazante aparición.
- ¿Quién?... ¿Que eres tú? – Dijo temblando.
- No te hagas la tonta conmigo – La voz vieja le era familiar – Primero me encierras y ahora salgo y tienes novio – La abuela – Jovencita descarriada.
- ¿Espera?... ¿Novio?... ¿Descarriada?... ¿Qué? –
Ella no supo que responder hasta que Dozuga se desplomo de su asiento cayendo inconsciente al suelo.
- Oh dios mío, ¿Dozuga estas bien? -
700


Cargando comentarios...