Detallar la simplicidad de la noche, lo cotidiano de su cálida, gélida, dependiendo el corazón, cortina de humo de ébano.Limitar a palabras burdas e insuficientes la tranquilidad de sus aguas donde nuestras cavilaciones encuentran su edén.
¿Has visto temblar las estrellas al compás de la melodía fortuita del corazón y sus penas?; acostumbro estibar amores en esos momentos, a abrazar la ilusión, amor, a pensarte y pensarnos, a no.
A fumarte y extinguirte y arrojarte aún con vida al vacío, ardiendo, con la esperanza de que vuelvas como cada otoño, y que tu humo conviva con la noche y tus ojos no tiemblen más.
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