Vingerhouters
Lo sueño, lo visiono a la luz del día.
El escalofrío que provoca el color de la sangre,
los tenebrosos policías: cada grito separado
de la multitud.
Luego limpiaron los grandes charcos sanguíneos
con camiones cisterna. Y la noche se abate:
no es una noche, son un millón de cuervos.
Mientras, en los sueños, los fusilamientos suenan
una vez tras otra en la cuna del cerebro.
Y la mente se desmorona,
perdida la fe, agujereada a tiros la esperanza.
Cada grito separado de la multitud es un crimen
por pagar. En las calles y en las plazas
sobrevuela el aliento de los dioses: los superhombres
que destrozan el mundo de puro enfermos
que están, megalomanía del desvarío.
Encerrados en casa, no decimos nada,
no escribimos nada a nadie.
Y tú, ¿Qué haces?
El escalofrío que provoca el color de la sangre,
los tenebrosos policías: cada grito separado
de la multitud.
Luego limpiaron los grandes charcos sanguíneos
con camiones cisterna. Y la noche se abate:
no es una noche, son un millón de cuervos.
Mientras, en los sueños, los fusilamientos suenan
una vez tras otra en la cuna del cerebro.
Y la mente se desmorona,
perdida la fe, agujereada a tiros la esperanza.
Cada grito separado de la multitud es un crimen
por pagar. En las calles y en las plazas
sobrevuela el aliento de los dioses: los superhombres
que destrozan el mundo de puro enfermos
que están, megalomanía del desvarío.
Encerrados en casa, no decimos nada,
no escribimos nada a nadie.
Y tú, ¿Qué haces?
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