Yo no vine huyendo de la guerra.
No fui un perseguido político.
vine a este país persiguiendo a una mujer
cuyos padres fueron envueltos
por la retórica de un polítíco malévolo
Una palabra tras otra,
el discurso de grandeza
se volvió polvo de derrota.
Ya no quedaron hombres
para limpiar los escombros.
Fueron las mujeres.
con manos sangrantes retiraron
el mortero que todavía olía a bomba.
Pero fue con esos ladrillos limpios
con los que abrieron el camino,
el cimiento para un nuevo comienzo
Un cimiento levantado por el sur lejano:
manos que molieron el carbón,
manos que fundieron el acero.
Con la fuerza de ambos
forjaron el motor
que le dio a este país su segundo viento.
Reconstruir la tierra sobre las cenizas,
cambiar la piedra de la ruina por la historia.
Sostener el mundo con las manos,
aprender de nuevo a levantar la vida.
Yo no vine huyendo de la guerra.
No fui un perseguido político.
Yo vine siguiendo al amor.
Pero mis maletas no venían vacías:
traían el esfuerzo del trabajador mexicano,
que con sus impuestos pagó mi educación.
Y ahora, con mis conocimientos de arquitecto,
sigo construyendo edificios en Alemania.
Levanto un jardín de niños,
un espacio donde la infancia empieza de nuevo.
Quizás ahí los niños jugarán a los soldaditos,
imaginando fronteras en la arena,
pero al día siguiente
sus enemigos volverán a ser sus amiguitos.
Reconstruir la tierra sobre las cenizas,
cambiar la piedra de la ruina por la historia.
Sostener el mundo con las manos,
aprender de nuevo a levantar la vida.
olvidemos esa nueva retórica política
que quiere repetir la historia
dejemos a los niños a ser amigos.
Nada más.
Amigos al final del día.
olvidemos esa nueva retórica política
que quiere repetir la historia
aprendamos a respetar la vida...
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