Vi luces brillar, vi figuras formadas con esas luces moverse. Al estar sobre las luces, vi una ciudad. Al ver la ciudad, recordé mi cuna natal.
Camine por las calles, la gente iba en sentido contrario, o quizá era yo quien estaba caminando de esa forma. Recordé mi ciudad. Donde la gente caminaba en el mismo sentido que yo. Donde podía llegar a mi casa caminando desde cualquier punto de la misma. Pero ahora estoy en esta, donde vivo cuatro horas al día en un transporte, dos de ida y dos de venida, y si le sumo el tiempo que doy a la actividad que realizo, puedo concluir que mi vida está en este sentido y no le doy yo sentido a la vida.
En mi ciudad veo el sol por todos lados, en esta ciudad hay sitios donde veo el sol y sitios donde solo veo sombra. Este sol, esta luz pueden ser las mismas personas, estas sombras no son solo la falta de los rayos luminosos, también pueden ser los pensamientos de esas personas.
Llegue acá desconociendo todo lo que debía vivir, desconociendo todo lo que tenía que trabajar. Pero me convertí en un autómata.
Empecé a buscar la forma de dejar de serlo. De cambiar las rutinas que adquirí con esta vida. Cambie los sitios para pasear, la forma de tomar el transporte, los sitios donde he vivido.
Conocí cada parque, cada plaza, cada frio, y lo compare con cada parque, cada plaza y cada calor de la ciudad donde nací.
Un día mi compañero me dijo, - Vayamos a caminar con el perro – Yo acepte.
Era domingo. Un domingo normal de esta ciudad. Con temperatura de 16 grados centígrados, sol brillante y gente quejándose de calor.
Durante este paseo contemple todo tipo de personas. Los que caminan para que los vean caminar; los que pasean al perro para que los vean pasearlo; los que sacan la bicicleta, para que los vean pedalear la bicicleta; yo caminaba por ver la ciudad desde otro aspecto, por cambiar mi rutina, por estar con mi compañero y por complacer a mi perro.
De repente tuve la certeza de que tenía algo para poder cambiar mi vida, de que podía tener en mí una razón para vivir. El cambio, el acercarme a alguien contribuyo enseguida a la nueva forma de ver que tuve de la vida en ese instante.
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Ahora no comparaba por comparar, lo hacía por la necesidad de sentir que tenía un sitio nuevo para hacer mío. Esta ciudad.
Cuando llegas por primera vez a un sitio, lo primero que haces es buscar cosas parecidas a las del sitio de dónde vienes. Entonces teniendo en cuenta esto, lo primero que hice fue buscar un sitio donde vendieran cosas de comer como las de mi tierra. ¡Oh sorpresa! Son carísimas. A precio de oro. O como diría mi papá – Así como el queso, lo venden en las joyerías –
Camine por una avenida muy larga, vi letreros de comida de allí y de por allá, comida ligera o pesada, hecha por criollos para que te sientas en casa o por chef para sentir placer en tu paladar.
Pero así como tome la decisión de hacer mía esta ciudad, también tome la decisión de hacer mío su paladar. Hay que aprender a comer. Pero este es el segundo paso. Ahora tenía que apropiarme de su vida y su sustancia, de su gente y de su armonía. Tenía que aprender a tolerar su intolerancia. Pasar por encima de los estereotipos.
Hay personas que llegan a un sitio y decantan todo su pintoresco modo de ser, y eso se convierte en el común denominador para el resto de quienes son de su mismo punto de origen. Además de eso, programas de televisión, de radio, películas absurdas en el cine, y cosas que llevan a pensar a todo el mundo que todos los de tu mismo terruño son iguales.
Esto me sucedió, y me dio pie para cambiar la imagen. Sé que solo soy un grano de arena en este montón pero por algo se empieza. Y lo contare así: una mujer de esta tierra con su acento casi como de niña forzada, me molesta como uñas rasgando un pizarrón verde, pero a ella le molesta mi acento pues dice que hablo muy rápido y “golpeado”. Entonces tengo que ver las cosas por el término medio y aceptar lo que está a mí alrededor. Pero en el interior sigo sintiendo ese molesto ruido en mis oídos cuando las escucho hablar.
Cambiar, cambiar, cambiar. Eso suena como eco en mi cabeza de manera eterna. Pero más allá de cambiar, adaptarme.
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Me acerque al SENA, mi objetivo era aprender a hacer ropa. Pero he descubierto mi vocación como técnico en el área que estudio. Me acerco y aprendo. Me acerco y me relaciono. Me acerco y veo como acepto a mis congéneres y ellos me aceptan a mí.
Me involucro en actividades, me relaciono con mis compañeros. Antes era difícil que hiciera amigos, pero acá estoy relacionándome y creciendo como persona. Es una aventura diaria. Una aventura que comienza al despertar a las cuatro de la mañana a diario. Tomar una ducha fría, salir corriendo y subir a un bus que da una vuelta de casi hora y media hasta mi destino. Pero es un camino que disfruto a diario, a pesar del tamaño del bus, que hace que incline mi cabeza para poder ir cómodo.
Llego siempre temprano, a veces no voy por falta de dinero para el pasaje en bus, pero ya he logrado una subvención por parte de una empresa, eso me ha dado más ánimo para continuar mi camino.
Pero no todo es desarrollar mi tolerancia o acercarme a las personas. También he logrado caminar a través de mi personalidad, y convertirme en otro ser. Es acá donde volvemos nuevamente a la vida en mi región y en esta ciudad.
En mi ciudad de origen caminaba yo a diario hacia el negocio de mi papa y lo atendía. Mi mama se dedicaba al estudio de la Biblia y mi papa a enseñar en la escuela. Mi vida tenía esa monotonía que satisfacía la vida. Todo estaba al alcance de mi mano. Pero llego un día en el que tenía que buscar algo nuevo. Así que decidí ir más allá.
Por eso y lo que he contado antes decidí venir hasta acá. Acá donde las luces brillan más, porque hay más luces, porque hay más gente, más contaminación, más cemento, más de todo.
Desarrollar a la persona en mí, tomo menos de lo que creía. Antes estaba forzado por mí mismo a no tener muchos amigos, pues consideraba que todo el mundo me hacía daño. Que todos se me acercaban para buscar algo material en mí. Mis amigos no aportaban nada a mi crecimiento o a mí como persona.
En este centro educativo donde estoy ahora veo la integración, la tolerancia y la intolerancia, veo los aspectos de cada persona que contribuyen a todo lo que es el comportamiento humano en sí.
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Es entonces que una de mis compañeras me cuenta algo sobre su vida pero a través de una anécdota, esta que habla de su familia, de sus antecesores, de mucho tiempo atrás. Me contaba que una de sus antepasadas, no sé si alguna tatarabuela o recontratatarabuela, se llamaba Lucia, y se fue muy joven a vivir con su marido en la casa de su suegra. Obviamente no hubo más que química en el amor, porque en la convivencia no había mucho de cohesión. La suegra, como toda buena suegra, no hacia buenas migas con ella, y así con el tiempo Lucia le tomo molestia. Eran tan diferentes que cada día discutían más y más. Esta señora solo criticaba y criticaba, pero recordemos las tradiciones en todas las culturas, la mujer que vive en casa de su marido termina cuidando todo. Hasta en la Biblia esta, como la historia de Noemí y Ruth. Pero estas dos querían lograr beneficio y salir de sus miserias, acá era distinto según me contaba mi amiga. Un día, Lucia decide visitar a su familia, y estos le recordaron la tradición. Pero pasó por la casa de un amigo y este le dijo: dale un veneno. Y Lucia compro hierbas que le enfermarían poco a poco. Para hacerlo tenía que volverse amable. No discutir y seguirle la corriente. Y así quiso hacerlo Lucia.
Entonces la suegra quedo contenta con este comportamiento, y así pasaba el tiempo, y así la iba matando poco a poco. Pero no se dio cuenta que tratándola bien, fue encariñándose con la suegra y entonces fue corriendo al médico para pedirle ayuda pues no quería que la señora muriera. El médico le hizo preguntas y reviso a la suegra de Lucia, en el fondo el medico comprendió todo el asunto, y Lucia confeso lo hecho. El médico le dijo que esas hierbas que la tradición le hacía creer a Lucia que iba a matar a su suegra, en realidad iban a matar toda enfermedad en la señora. Y Lucia se dio cuenta de algo que no había querido sentir antes, amor. Descubrió que una sana convivencia hacia crecer el amor. Y entonces mi amiga me ha dicho, recuerda que cuando llegaste acá no tenías sentimientos buenos hacia esta ciudad sino recelo. Acababa mi amiga de enseñarme que al sembrar en mis buenos sentimientos a la región que me acogía ahora, había crecido la tolerancia y la buena actitud con la que debía tomar el cambio.
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Si, lo había logrado. Me había convertido en parte de una ciudad con muchas personalidades, me había podido integrar a una célula social, esta institución. Me había podido integrar con un grupo de personas que me aceptan y comprenden, mis nuevos amigos que son de diverso origen, pues esta ciudad es una amalgama de muchas personalidades, de muchas regiones, de diversos orígenes.
Desde el frio hasta el calor, desde la rumba hasta la frialdad, desde el mar hasta la montaña. Ahora soy parte de un grupo que tiene diferencias pero que lo unen más cosas que se han construido en común que cosas que lo diferencian o distancian.
Y entonces llego el amor. Y con el amor la conclusión de esta vida. El amor llego, de manera muy rara. Y muy bajita. Seguido de su experiencia. Pero cuando le vi los ojos al amor, me di cuenta que necesitaba que le amaran. Y que yo tenía ese amor para compartirlo. El amor es el camino más largo que se toma y en el que tenía que probar lo que había aprendido, aparte de la tolerancia, también el aprender sobre otras culturas, pues el amor llego de muy lejos. Hasta come diferente y se vuelve ser neurótico con respecto de la limpieza.
Ya en una nueva región, en una nueva ciudad, con nuevas personas a mí alrededor. Esta persona llega y me ayuda a construir algo más, algo que va más allá y que me abre los ojos. A nuevas cosas, a nuevas maneras de ver, a nuevas maneras de sentir y de percibir. Podría decir que a tener un nuevo gusto sobre las cosas. Llegando yo a terminar de construirme como un nuevo ser humano. Una nueva persona que nace y ve el sol con otros ojos, con nueva perspectiva. Con nuevas metas. Con ganas de construir cosas nuevas.
Esto me ha enseñado algo, si voy a tener una meta en la vida, tengo que abrirme a aceptar lo que está a mi alrededor. Tengo que crecer con el medio que me rodea. Liberar las anclas de lo que viví antes. De permitir que los demás se me acerquen. Esto lo ha logrado el llegar a esta nueva región. Llegar a esta nueva institución. Tener nuevas ambiciones y cambiar rutinas. He conocido amigos, y el amor, he conocido nuevas costumbres, nuevas sensaciones, conocer la vida y vivirla como antes no lo había hecho.
Soy persona nueva, en región nueva, y veo luces brillar.
 
 
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