Vergüenza
Porque ya no podés mirarlos a los ojos,
porque sentís el peso de haber decepcionado.
Y en medio del caos
tragás el orgullo
y dejás que descarguen sobre vos toda la tormenta.
Escuchás cada reto,
cada grito,
cada palabra dicha con rabia,
y las soportás
como cuchillos entrando una y otra vez en la piel.
Pero aun así,
sabés que lo peor todavía espera.
Porque llega el silencio.
Y cuando las voces de afuera se apagan,
empiezan las de adentro.
Esas que no descansan.
Las que conocen cada miedo,
cada error,
cada herida.
Y entonces te juzgás más fuerte
de lo que cualquiera podría hacerlo jamás.
Porque los gritos externos lastiman…
pero los internos
desgarran.
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