VENGA LA LUZ
Venga la luz por obscuro laberinto
y arroje las tinieblas del terror.
Vengan las aguas de los altos montes
a sustentar el aliento de la tierra.
De paso voy, peregrino y mensajero
al estrellado cielo habré de regresar.
No me quede eterno prisionero,
ni la llama del fuego
se extinga en mi corazón cicatrizado.
Venga por todas mis ciudades
la esperanza constelada de la gracia
¡Que nada detenga su andar alegre y soberano
y reconocida sea su divina huella!
En los días oscuros del dolor y la violencia
yo quisiera guardar esta promesa.
¡Ah, es su origen, su divino manantial
el torrente de su voz lo que me anuncia,
¡A compartir el pan de la hermandad!
E.D.A
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