EL CIEGO DE JERICÓ
JESÚS HIJO DE DAVID TEN PIEDAD DE MI
Mendigaba un ciego en el camino
al oír pasar la multitud
había preguntado al tumulto
¿Quién anda por ahí?
Le han dicho, Jesús el galileo
cuya voz es río de bondad
en sus manos sanan los enfermos
y sus ojos invocan libertad
El ciego ha comprendido su momento
y se entrega en sus voces a llamar
a Jesús, el profeta galileo
pues quisiera la vista recobrar.
La gente le increpa, ya molesta
pues insiste el ciego en su clamor
irritante parece esta plegaria:
¡Jesús, hijo de David
ten piedad de mí!
El cielo grita con más fuerza
añadiendo que es un pecador
que su vida alejada está de Dios
y ahora le visto a él venir.
Jesús ha detenido la marcha
y al ciego invita a su presencia
¿Qué quieres que por ti haga?
que no tengas ya más que insistir?
Oh, Jesús así como mi alma te ha visto
así con mis ojos quiero ver
extiende tus manos sobre mí
y al fin puedan mis ojos sonreír.
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