No quiero extrañarte, quiero recuperarte,
tengo que aceptar
el raciocinio de la madurez
en no buscarte
y respetar que el no saber de ti
es también una señal.
Sigo yendo al psicólogo,
pero sigo mal,
mal por darle un cierre o un final
a lo que nunca pudimos hablar.
Pero debo considerar
que no soy quien para quitarte tu estabilidad,
ni tengo el derecho de confundirte
después de 3 años sin hablar.
Sigues con tu vida
y yo con la mía.
Solo queda soltar este mensaje
a quien le pueda llegar
y prendo una velita todas las noches
para dejarte de pensar.
Y se
que lo que siento
no es lo correcto,
pero es mi deber seguir y no alterar el ciclo natural
de no interactuar más.
Por: Susana Rangel Padilla
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