Es que yo
me pongo a pensar
qué hago en esta buena Tierra,
en esta buena casa,
en la pobreza que traigo conmigo
de mi país.
Es que yo
de repente
pienso en los míos,
en los que dejé allá
tras la cordillera.
En los que en este instante
no tienen pan,
en los que no tienen luz,
en los sin trabajo.
Y yo aquí
leyendo una carta
de mi compañera,
que reitera lo mismo.
Por eso nace desnudo mi canto.
Por eso es que,
de repente,
extraño el murmullo del arroyo,
el canto del tordo,
el verde del campo,
el regaño de ella,
sus manos pequeñas.
Es que yo,
de repente,
me pongo a pensar
que soy sólo un intruso,
en la pampa.
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