Uno, dos…
Uno, dos…
El desespero por sus labios a veces podría ser tan evidente; ¡cielos!, ¿se puede ser tan evidente acaso? Uno, dos, tres, cuatro tragos y hasta más, esperando por el momento en el que su aliento me diera un respiro. Un buen rato siempre puede ser mejor. Una, dos, tres, cuatro canciones y más; cantamos inglés mal pronunciado a veces, pero al unísono. Uno, dos, tres, cuatro individuos y más, pues estaba la vecina. Cuantas risas se pueden sacar de un buen momento, cuando de repente tres rompe en llanto y todos acuden a socorrerle. Uno, dos, tres, cuatro personas siguen cantando al unísono. Dos quiere besar a uno, pero debe aguardar. Risas van y vienen luego del llanto, supongo que es lo que queda. Los extremos siempre están tocándose, el final con el inicio. ¡Oh círculos!, en el caso de los círculos; ahora tres, quien había llorado vuelve a reír, entonces uno, dos, tres, cuatro individuos ríen juntos de nuevo. Tic, tac, toc. Uno, dos, tres, cuatro individuos se levantan porque uno, tres y cuatro deben partir. Uno, dos, tres y cuatro minutos y hasta más pasan, y entonces deben apurarse; dos espera que las luces se vayan para besar a uno. Las luces se van y pueden hacerlo como una de esas despedidas adelantadas de las que ni tres, ni cuatro, ni ninguno otro puede enterarse; rápidamente pasa mientras salen. Dos se queda y al mismo tiempo recupera su aliento en uno, dos tres, cuatro y hasta más respiros, o eso trata de hacer. Una, dos, tres, cuatro y hasta más goteras de agua caen del cielo mientras caminan y rápidamente, uno, tres y cuatro deben irse; y así pasa. Dos, es decir yo, regreso a casa contando, uno, dos, tres, cuatro y hasta más pasos que da al ritmo de la música que sus auriculares tocan para él. Qué noche más bonita.
Cristian David Ladino González (Afónico Inefable)
El desespero por sus labios a veces podría ser tan evidente; ¡cielos!, ¿se puede ser tan evidente acaso? Uno, dos, tres, cuatro tragos y hasta más, esperando por el momento en el que su aliento me diera un respiro. Un buen rato siempre puede ser mejor. Una, dos, tres, cuatro canciones y más; cantamos inglés mal pronunciado a veces, pero al unísono. Uno, dos, tres, cuatro individuos y más, pues estaba la vecina. Cuantas risas se pueden sacar de un buen momento, cuando de repente tres rompe en llanto y todos acuden a socorrerle. Uno, dos, tres, cuatro personas siguen cantando al unísono. Dos quiere besar a uno, pero debe aguardar. Risas van y vienen luego del llanto, supongo que es lo que queda. Los extremos siempre están tocándose, el final con el inicio. ¡Oh círculos!, en el caso de los círculos; ahora tres, quien había llorado vuelve a reír, entonces uno, dos, tres, cuatro individuos ríen juntos de nuevo. Tic, tac, toc. Uno, dos, tres, cuatro individuos se levantan porque uno, tres y cuatro deben partir. Uno, dos, tres y cuatro minutos y hasta más pasan, y entonces deben apurarse; dos espera que las luces se vayan para besar a uno. Las luces se van y pueden hacerlo como una de esas despedidas adelantadas de las que ni tres, ni cuatro, ni ninguno otro puede enterarse; rápidamente pasa mientras salen. Dos se queda y al mismo tiempo recupera su aliento en uno, dos tres, cuatro y hasta más respiros, o eso trata de hacer. Una, dos, tres, cuatro y hasta más goteras de agua caen del cielo mientras caminan y rápidamente, uno, tres y cuatro deben irse; y así pasa. Dos, es decir yo, regreso a casa contando, uno, dos, tres, cuatro y hasta más pasos que da al ritmo de la música que sus auriculares tocan para él. Qué noche más bonita.
Cristian David Ladino González (Afónico Inefable)
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