En ese entonces el silencio no dolía. A veces era el silencio acompañado de los latidos y respiros de alguien que viviendo me hacía vivir. Ahora me quedo solo y en silencio, recordando cómo cada vez que podía pensar no me caía en pedazos. Es extraña pero bella la sensación de su aroma en mi nariz, incluso después de todo. Sentir en cada latido, sus latidos. Solía pensar en cuan bello estuvo cada momento, desde el primero. Las palabras que salieron de mi boca como escupidas de la forma más torpe para el ser más bello. Cada sonrisa que se asemejaba a la luna creciente que en noches sonreía por y para nosotros. Su boca de sabores le dio sabor a mi vida, el que no había tenido. Las fibras de mi ser sienten su alma tocando la mía. El sabor del riesgo nunca podría ser lo mismo, ya los viví al lado de ese ser. Cómo se puede seguir tan lleno de alguien que ya no está. 
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