Ahogamiento
Anhelo la fresca temperatura de la lluvia, en realidad no lo sé. No quiero ser como ella, el calor en mi interior, aunque dañino, me agrada. La peor forma de ser, podría ser el hecho de no ser. Camino bajo la lluvia sin ocultarme de ella, el gris de las nubes tiende a un gris más oscuro en esta tarde. Esta tarde mi mente se torna oscura como el cielo y tampoco puedo ver con claridad. En esta ocasión mis pasos no me llevan a ninguna parte, ¿camino en círculos? Esto parece, o no; en realidad no lo sé. Aunque sé que esta tarde, como muchas otras, no es mi tarde. El agua corre por mi piel sin arrastrar con ella mis penas. Qué puedo hacer, si no puedo hacer nada en realidad. De repente el agua estancada entorpece mis pasos. No puedo caminar más, el agua empieza a cubrir mis piernas, luego llega a mi cadera, sube más y más. Pronto me hayo sumergido en un océano. Éste mar eterno, el mar de mi mente y mis pensamientos. Mis pensamientos turbios, que más adelante, se sienten como un remolino en este océano, de esos que sólo te llevan más y más profundo aún. Siento que estoy tocando fondo, dando patadas de hombre que lucha por no ahogarse. “Me estoy ahogando en las aguas de mi alma”. Por un largo rato me sumerjo, pero luego floto, a la deriva. Esperando por el momento en el que pueda atascarme, aunque sea en la arena, o en algún afilado arrecife; cualquier cosa por salir de este papel de náufrago. El agua salada de mis ojos ahora no es nada. Nada queda al final, suelo pensar esto cuando naufrago. Cómo desearía dar pronto con tierra firme, y poder quedarme ahí por un largo tiempo. Nada es eterno, pero yo anhelo algo más que lo efímero que acostumbro. Floto en mis pensamientos, con hastío, el cielo infinito ahora no puede sorprenderme; en ocasiones giro mi cuerpo boca abajo para no ver nada; pero empiezo a ahogarme. Más que las ganas, los reflejos me hacen regresar por momentos a posturas que no acaben con mi vida física. Mi “vida” intangible, si es que aún puedo llamarle así, se acaba poco a poco. Cada vez queda menos de lo que solía ser. Me siento tan asustado, y con el agua salada que desemboca al océano, desde mis ojos, y no se lleva mis penas. Sólo acrecienta, hace más profundas las aguas de este océano pacífico y turbio, este océano del que espero, que en algún momento me lleve a algún lugar, o que acabe de una vez conmigo; ya casi no me quedan ánimos, ya casi no me queda aliento. Miro al cielo que llora en mi rostro; y me traiciono, ¿en realidad deseo ser tan frío como estas gotas de agua que se deslizan por mi cuerpo naufrago?, no lo creo. ¿no lo creo?.
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